Allamanda hendersonii
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Allamanda hendersonii. Planta ornamental que pertenece a la familia Apocynaceae, cultivada en los países muy cálidos. Nativa de Brasil.[1]
Nombres vulgares
- alamanda
- jazmín de Cuba
- trompeta amarilla
- trompeta dorada
Características
Esta planta crece muy rápido como enredadera ornamental en los jardines; es una de las trepadoras más altas en los jardines cubanos. Tiene un follaje formado por hojas simples, grandes, opuestas, de un color verde brillante intenso, de superficie muy lisa. Las flores son solitarias, de intenso color amarillo o anaranjado, tienen su corola pentámera, formada por cinco pétalos soldados en su base (forma acampanada o embudada). Los extremos libres de los pétalos se superponen por uno de sus lados sobre el otro.[2]
En su centro los estambres, en un número de cinco, rodean el gineceo o conjunto de órganos sexuales femeninos. El fruto deja en libertad, al secarse, unas semillas con pelitos muy finos y suaves.[1]
Esta planta permanece florida todo el año y es una planta perenne muy estimada en jardinería como planta ornamental. Su crecimiento es rápido y su propagación es fácil, por medio de gajos viejos leñosos, o con nuevos que tengan una yema. Sus requisitos son: espacio, sostén, sol, tierra arenosa abonada, riego durante su desarrollo y poda al terminar su período de floración.[2]
Cultivo
El cultivo de esta planta debe ser en terrenos bien drenados, con suficiente abono. Puede propagarse mediante esquejes de unos 15 centímetros de largo o semillas. También admite la división de mata.[1]
La planta se debe poner en un lugar semisoleado, donde la luz directa solar la alcance en las horas más frescas, donde pueda gozar de una buena luminosidad, evitando el sol directo que podría causar quemaduras en las hojas. Esta planta teme el frío, por lo que en primavera se debe sacar al exterior solo cuando las temperaturas sean superiores a los 15 °C.[2]
Plagas
Las plagas que afectan a estas plantas son:
- la cochinilla
- el pulgón
- la araña roja
- la mosca blanca
Cuidados
Cada 15 días en primavera y verano se debe abonar. Si las hojas se ponen amarillas es por falta de nutrientes. Durante este período del año, es mejor abonar las plantas cada 12-20 días. Se debe escoger un abono adecuado para plantas de flores o verdes de piso, añadirlo al agua de riego. Se prefieren abonos ricos en azufre o potasio para favorecer el florecimiento y el desarrollo de la nueva vegetación.[1]
Es importante tener un tratamiento preventivo con un insecticida de amplio espectro y un fungicida sistémico para prevenir el ataque de los áfidos y el desarrollo de enfermedades causadas por hongos, a menudo favorecidas por el clima fresco y húmedo.[2]
Referencias
Fuentes
- Reyes Montoya, Deisi. La Flor. Editorial Oriente. Santiago de Cuba, 1985.
- Gardening
- Infojardin
