Modesto Fornaris

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Modesto Fornaris
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Coronel del Ejército Libertador
NombreModesto Fornaris Ochoa
LealtadBandera de Cuba Ejército Libertador
Participó enGuerra de los Diez Años
Guerra Necesaria

Nacimiento17 de abril de 1848
Fray Benito, Holguín, Provincia de Oriente, Bandera de Cuba Cuba
Fallecimiento26 de febrero de 1932
Holguín, Bandera de Cuba Cuba
PadresDon Juan Fornaris

Modesto Fornaris Ochoa. Coronel del Ejército Libertador, participante de la en toda la gesta libertaria, último jefe mandi en deponer las armas.

Sólo soy Modesto Fornaris, insurrecto rendido por falta de útiles de guerra, no acepto las bases de la Capitulación ni nada del Gobierno Español; pueden fusilarme pues solamente espero tiempos mejores para reanudar la lucha”.

Datos biográficos

Nació en Fray Benito el 17 de abril de 1848, término de Holguín, El 10 de octubre de 1868, respondiendo al llamado de Céspedes, el padre de Fornaris, Don Juan Fornaris, ponía en libertad a sus esclavos y se alzaba con toda la familia en los alrededores de Chaparra. Su padre había sido ardiente partícipe de la fallida Conspiración Rayos y Soles de Bolívar y cuando él salió a Holguín en la Guerra del 68, a propuestas suyas se construyó un cañón de madera con que bombardearon las posiciones españolas.

Durante los primeros tiempos de las operaciones, cayeron prisioneros Silvino, la madre y sus dos hermanas: Araceli y Elvira, esta última ya con el grado de Capitán. También en los primeros años de la contienda, sus hermanos Arturo de 10 años, y Leopoldina de 15 años, fueron hechos prisioneros y decapitados, mientras que otros parientes residentes en Bayamo habían sido fusilados.

Como otras muchas familias de patriotas, los Fornaris pusieron su fortuna al servicio de la independencia. Los privilegios que gozaban como fundadores de la ciudad de Holguín le fueron eliminados, también les confiscaron 33 manzanas de tierra, unas 330 mil varas planas de tierra, entre las cuales se incluía el Pico Celeste del Turquino, allá al naciente de la Isla Fernandina, de donde viene la luz y nace el sol, concedido a sus antecesores por célula del Rey Fernando a fines de siglo XV.

El último insurrecto del 68 en Oriente

Los fieles funcionarios y oficiales de la Corana escondieron la soberbia ante las viriles palabras del joven oficial que aun en momentos tan desfavorables para la causa cubana, mostraba su combatividad irreductible y convertía la ceremonia de Capitulación en un acto de protesta, aprovechando la oportunidad para dejar su inquebrantable posición independentista pero los españoles, seguros por su momentáneo triunfo, se hicieron magnánimos y ocultaron sus ansías represivas cumpliendo las órdenes del Martínez Campos.

Se asombrarían de la reflexión revolucionaria, de la tosudez, dirían ellos del mambí, que rodeado de enemigos tenía el valor de expresar claramente lo que pensaba, repudiar el pacto que puso fin a la Guerra Grande de adelantos, despreciando las consecuencias que podía traer su actitud, lo que haría en los años próximos, igual que en los diez años anteriores, poner su vida al servicio de la independencia de Cuba.

Un alto en el camino

El escenario fue el Juzgado de Fray Benito, era el 10 de octubre de 1878, exactamente diez años después de haber comenzado el pueblo cubano la primera guerra por su libertad. No sin antes establecerse una fuerte discusión, en la que venció la valiente y honrosa actitud del cubano, aceptó el juez español asentar en el acta, todas las manifestaciones de repudio hacia el Gobierno Colonial hechas por Fornaris.

El entonces Capitán Modesto Fornaris Ochoa, consideraba el Pacto del Zanjón como un accidente, una transitoria en el largo camino por la libertad del país. El insurrecto era bien conocido. Las tropas españolas sabían por su propia experiencia de su legendario valor, de las acciones por él dado de la palabra “suicida”, vocablo con que ellos designaban el ardor revolucionario, la valentía y la decisión de los que pensaron hacer la Patria libre o morir en el empeño.

Con el gran Maceo en Baraguá

El 10 de octubre de 1878, el joven capitán de 30 años, hacía sentar en el acta que la sangre vertida de tantas víctimas inocentes, lo habían convertido en enemigo irreconciliable del Gobierno Español, declarando lleno de orgullo que cuando la entrevista del General Maceo con Martínez Campos, él había propuesto brindarse voluntariamente para cumplir la misión de tomarlo prisionero y ajusticiarlo por grave ofensa al honor y la dignidad, por tratar de comprar la revolución.

En los montes de Baraguá, Fornaris estuvo entre patriotas que gritaron “Independencia o muerte”, respondiendo a la consulta del Titán de Bronce sobre el posterior desarrollo de la guerra esa continúo aunque decreciendo la intensidad.

En ellos era factor primordial la carencia absoluta de materiales de guerra, acarreada por la persecución Yanqui, cómplices del Colonialismo Hispano. El 30 de mayo de 1878, depusieron las armas en Mayarí los restos del Regimiento Holguín, comandado por el General Luís de Feria. Esta era la última tropa de importancia que aun quedaba en la manigua. La mayoría de los soldados de Fornaris también se acogieron al pacto, solamente quedaron con él 10 hombres quienes lo exaltaron del grado de capitán a jefe supremo de la guerra.

Vuelta a la manigua

Con aquellos 10 compañeros el titulado cabecilla mambí, como lo calificó el Juez en el acta, continúa la guerra desnudo, descalzo, hambriento, durmiendo enterrados en el fango para protegerse del ataque de las plagas, siguen los 11 hombres en la lucha, teniendo frente a ellos las bien dotadas tropas coloniales. La pequeña partida de insurrectos, que antes por su actitud incansable tras diez años de intensos combates, sigue presentando batalla.

Durante estos duros meses son constantemente acosados. Hay fieras peleas cuerpo a cuerpo. En ellos las armas de los mambises son piedras, machetes, picos, macetas de madera, viejas escopetas cargadas con pólvora de guano de murciélago y proyectiles de balastro de hierro recortado. A instancia de amigos y por estar falta de armas de combate y municiones se acogen al Pacto. Escogen para presentarse el día que cumplían diez años de combate ininterrumpido y también celebraban el décimo aniversario del comienzo de la guerra 10 de octubre de 1878.

Además del simbolismo de la fecha está la aclaración de los insurrectos:
“en el momento más propicio volveremos a la manigua. Cuando el pie ordena a la manigua”.
Cuando el pie ordena que le entreguen los ochocientos pesos que ofrece el gobierno, Modesto Fornaris respondió
“si ustedes me dan ochocientos pesos por la sangre de un cubano, le doy un puntapié que vuelan por encima de esta casa”.
Rechaza igualmente las ropas y zapatos que le ofrecían prefiriendo seguir con las viejas y rotas que traía.
“Y siendo este el último cabecilla que faltaba, - escribe feliz el Secretario del Juzgado- , se da por terminada la guerra quedando sujeta a vigilancia mientras viva”.

Más de veinte heridos

Fornaris volvió al combate en el 95, guerra que terminó con el grado de coronel. En los treinta años de lucha contra el colonialismo español sufrió más de veinte heridas, solamente el Titán de Bronce lo superó en este heroico y peligroso record y otro General Mayía Rodríguez, les seguía a ambos. Fornaris cayó prisionero seis veces y logró burlarse de sus captores escapando del fusilamiento.

Por las heridas de armas blancas y balas casi estaba inválido, solo podía andar a caballo, o estar sentado o en hamaca pero esto no le imposibilitó para el combate, participando en la invasión dirigida por el General Maceo en el cuerpo de caballería. En la Batalla de Mal Tiempo, la fulminante carga al machete de los mambises, no más de quince minutos de combate, más de doscientos españoles muertos está mencionada en el Pacto como uno de los más destacados. Ya al final de la guerra no podía valerse de los mareos, pero aún así participaba en los combates, alertando a sus compañeros, dirigiendo.

Tenía que ser ayudado por un asistente a montar y bajarse del caballo. En la República frustrada por la intervención yanqui a base de esfuerzos, logró nuevamente valerse de las manos. Murió en la ciudad de Holguín el 26 de febrero de 1932, o sea a dos meses de cumplir los ochenta y cuatro años de edad.

Fuente

  • Pedro Ortiz
  • Para los equipos de estudio Centenario de la Protesta de Baraguá.
  • Sobre las biografías de figuras locales relevantes por su participación en la guerra por la independencia nacional (1868-1895).
  • Periódico Ahora, 7 de septiembre de 1977.