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Palacio de Schönbrunn

Palacio de Schönbrunn
Información sobre la plantilla
Obra Arquitectónica  |  (Palacio)
Palacio schonbrunn.jpg
Descripción
Tipo:Palacio
Estilo:Barroco austríaco
Localización:En las afueras de la Ciudad de Viena Bandera de Austria Austria
Uso inicial:Residencia
Uso actual:Museo
Otros datos
Arquitecto(s):Johann Bernhard Fischer von Erlach

Palacio de Schönbrunn, también conocido como el Versalles Vienés, es uno de los principales edificios históricos y culturales de Austria, desde el siglo XIX ha sido una de las principales atracciones turísticas de la ciudad de Viena y ha aparecido en postales, documentales y diversos filmes cinematográficos. En el suroeste de Viena. Antigua residencia de los Habsburgo, se erige majestuoso en un área donde anteriormente se erigieron hasta tres castillos, que fueron devastados en sendos incendios y asedios a Viena, el último en 1683.

Historia arquitectónica

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En 1559 el emperador Maximiliano II hizo construir un pequeño palacio de caza que sería destruido completamente en el segundo sitio de Viena (1683). El emperador Matías II residió a partir de 1612 en el castillo que su hermano Rodolfo II mandó reconstruir en 1605, tras una incursión húngara. Durante una cacería, Matías II descubrió en los bosques una hermosa fuente (Schöner Brunnen) que acabó dando su nombre a todo el lugar: Schönbrunn. Pero la moda del palacio para la familia imperial comenzó realmente con Leonor de Gonzaga, mujer de Fernando II (1619-1637). La princesa italiana amplió el castillo y acondicionó el jardín para convertirlo en su residencia de verano, en la que dio espléndidas fiestas.

Tras la victoria de 1683, que expulsó definitivamente a los turcos de Europa, el Imperio de los Habsburgo entró en un período de paz y prosperidad. Leopoldo I y los príncipes ligados a la corte imperial aprovecharon estos años para construirse magníficos palacios en Viena. Como Schönbrunn había sido destruido durante el asedio de 1683, Leopoldo I decidió sustituirlo por un palacio digno del recuperado poder de los Habsburgo. Hizo llamar a Fischer von Erlach, arquitecto austriaco que, aunque formado en Italia, tomó como modelo Versalles, gigantesto palacio en construcción desde 1661, donde Luis XIV vivía como monarca absoluto. El proyecto que Fischer von Erlach presentó a Leopoldo I en 1690 superaba a Versalles por su desmesura, pero el emperador lo rechazó ya que no era tradición de los Habsburgo ofrecer tal imagen de pompa y lujo, tratándose de una estirpe de maneras más bien austeras.

El segundo proyecto, mucho más modesto y comedido, sí que fue aceptado: ¡el nuevo edificio contaría “sólo” con 1.441 habitaciones! De esta primera construcción sólo queda la Capilla de Palacio (Schlosskapelle) y la Escalera Azul (Blaue Stiege) con un fresco de Sebastiano Ricci. Las obras prosiguieron mucho tiempo después de la muerte del emperador y el arquitecto. Mucho menos solemne que el palacio oficial de Hafburg, Schönbrunn pronto se convirtió en la residencia favorita de los Habsburgo. Hay que tener en cuenta además que hasta bien entrado el siglo XIX este palacio estaba rodeado de bosques y separado de Viena por unos pocos kilómetros. La vida en Schönbrunn era muy diferente a la que se llevaba en Versalles —donde regía una etiqueta estricta—, tanto más cuando el castillo no albergaba a la corte.

Las águilas de Napoleón

La verja de entrada del castillo de Schönbrunn está enmarcada por dos obeliscos coronados por las águilas napoleónicas. El emperador de los franceses las hizo colocar durante sus dos estancias en Viena, tras entrar en la capital del imperio austro-húngaro después de ganar las batallas de Austerlitz, en 1805 y Wagram, en 1809. Napoleón se hospedó en la misma habitación que la emperatriz Maria Teresa utilizó tiempo atrás.

Carlos VI no mostró especial interés en Schönbrunn, pero será su hija, María Teresa quien convertiría el palacio en residencia veraniega de los Habsburgo; status que conservaría hasta el final de la monarquía en 1918. Durante el gobierno de María Teresa se procede además a una ampliación importante del palacio bajo la batuta de Nikolaus von Pacassi, quien ya había trabajado también para la familia imperial en Hofburg. La mayor parte de la decoración interior tiene su origen en esta época y es una de las pocas muestras existentes del llamado rococó austríaco

Hacia 1765 Johann Ferdinand Hetzendorf von Hohenberg, que es considerado ya un representante de la primera etapa del clasicismo, asume la dirección de los trabajos de construcción del palacio. Su obra más significativa es la Glorieta que completa ópticamente el gran parque palaciego. Entre 1817 y 1819 Johann Aman lleva a cabo una unificación y simplificación de la fachada siguiendo ya claramente los dictados del clasicismo. De esa época es también el color amarillo tan característico de la fachada, que hasta el siglo XX constituiría una de las "marcas" de la monarquía habsburga, pues todos los edificios oficiales estaban pintados con el mismo color.

Los jardines adornado con dos grandes fuentes (puestas anteriormente por la emperatriz Maria Teresa) que representan los grandes ríos y los reinos pertenecientes al Imperio, el patio de armas de Schönbrunn ha sido escenario de grandes acontecimientos: vió desfilar al Gran Ejército de Napoleón I, acogió a los soberanos ruso, británico y austríaco durante el Congreso de Viena, al ejército de Hitler, así como a los presidentes Kennedy y Jruschev en 1961, que se reunieron en la sala llamada la galería de los Espejos en un momento crítico de la Guerra Fría.

Estructura

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El interior del palacio se puede ver algunas salas del palacio, como son la oficina del rey, sus aposentos, el salón de fiestas, el comedor, y otras salas más peculiares como la decorada con estilos orientales o los baños con puerta camuflada. La mayoría de sus 1440 habitaciones son de estilo barroco austríaco, con mucho blanco, dorado y el rojo de los Habsburgo, la decoración es exquisita, mucho menos recargada que en otros grandes palacios europeos, y sobre todo muy luminosa. Son dignos de admiración los pisos de roble de Eslavonia, las arañas de cristal de Bohemia, y de Murano, las porcelanas de Dresden, todas antiguas ciudades del imperio. También el gusto de la época por Oriente está presente en varios saloncitos más íntimos que eran utilizados por María Teresa para sus audiencias privadas. Y el magnífico gran hall de baile, similar al salón de los espejos de Varsailles, invita a dejar volar la imaginación a un par de siglos atrás para recrear en nuestra mente las escenas palaciegas de entonces, donde Mozart, a la edad de 5 años, dio su primer concierto.

Pero lo más imponente de este palacio, está fuera de sus paredes, en los interminables jardines. Schönbrunn, significa en alemán, “Bella Fuente”. Amplias extensiones verdes que se extienden hasta donde abarca la vista, con increíbles “parterres” de flores al estilo francés, atravesando bellísimas fuentes para llegar en zigagueantes caminos hasta la Glorieta desde donde se ve el Palacio en su máximo esplendor, con el fondo de la ciudad de Viena, y los Alpes detrás. Galerías de tilos abren paso a senderos que conducen a los Jardines Romanos, al laberinto. al Invernadero con una variada colección de palmeras y especies tropicales, y al Jardín Zoológico, el más antiguo del mundo y de los más renombrados de Europa por su trabajo de conservación de especies en peligro de extinción.

Fuente