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Componentes étnicos de la población de Puerto Padre

Principales componentes étnicos de la población de Puerto Padre
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CompEtn2.jpg
Avenida de Puerto Padre
Lugar:Puerto Padre, Las Tunas
Descripción:
Análisis de los componentes étnicos de la población de Puerto Padre
País(es) involucrado(s)
Cuba


Principales componentes étnicos de la población de Puerto Padre. Análisis de los principales componentes étnicos en Puerto Padre, Las Tunas, Cuba.

Antecedentes

En cuanto a los estudios etnográficos cubanos tienen sus antecedentes en los escritos de los cronistas de Indias a partir de la conquista y colonización de la Isla. Posteriormente desde el siglo XVIII hasta principios de XIX, la labor etnográfica se caracterizó por ser descriptiva, realizada por autores europeos y norteamericanos. La segunda mitad de este siglo constituye el período de realce de las ciencias sociales y aparecen instituciones encargadas de este tipo de estudio como La Sociedad Antropológica de Cuba en 1877, la figura relevante fue Luís Montané Dardé.

Se alcanza una mayor experiencia y madurez científica a partir de 1930, su principal precursor el padre de la etnología y tercer descubridor del país, Fernando Ortiz. . En la actualidad las instituciones fundamentales que están orientadas a este tipo de investigaciones en el país son la Fundación Fernando Ortiz, el Instituto de cubano de Antropología, el Centro de Investigación y Desarrollo de la Cultura Cubana Juan Marinello, estas en La Habana y en Santiago de Cuba, la Casa del Caribe, con su revista Del Caribe, entre otras. Entre uno de los etnólogos cubanos más destacados se encuentra Jesús Guanche Pérez, estudioso de los procesos etnoculturales y de los componentes étnicos que le dieron forma al etnos cubano.

En el caso de la provincia de Las Tunas desde 1996 existe un centro de especializado dedicado al estudio de la creación popular, la Casa Iberoamericana de la Décima, institución orientada al estudio de la décima como género representativo de la cultura popular tradicional cubana. Por su parte, en el territorio de Puerto Padre se han desarrollado investigaciones sobre diferentes grupos étnicos, llevadas a cabo por historiadores y profesionales de la cultura. Estos antecedentes posibilitan tener una visión general de la realidad tales como Presencia angloantillana en la localidad de Delicias por Clara Goodridge Altabás y Prudencio Caballero Peña. La inmigración española en la localidad de Delicias e inmigración china por Ofelia López Manzo. Inmigración libanesa en Puerto Padre por Gilberto Domínguez Serrano. Y La presencia holandesa en Cuba. Historia de los inmigrantes de Curazao, Aruba y Bonaire, por José Baéz Pérez. Además, de registros históricos de Ernesto Carralero Bosch, evidenciado en publicaciones como Crónicas de Puerto Padre y Cronología de Puerto Padre en las cuales se referencian las huellas de algunos inmigrantes en el devenir sociocultural.

Rasgos distintivos

Los rasgos distintivos de la cultura popular tradicional puertopadrense se conformaron a lo largo de los siglos y constituyen el resultado de la interacción interétnica de los grupos étnicos entremezclados en el territorio y de los procesos de transculturación así como etnoculturales que han tenido lugar entre cada uno de ellos. Estos rasgos distintivos transmitidos de generación a generación por medio de la oralidad e imitación de estos etnoses asentados en diferentes partes del territorio, sobre todo aquellos pertenecientes a la última oleada migratoria, han influenciado socioculturalmente las comunidades urbanas y rurales de La Villa Azul. Una parte de estos grupos son objeto de estudio de investigadores históricos que describen sus características pero de manera aislada y no interrelacionadas, sin embargo, no existe una investigación, en este sentido, que recoja las principales características etnodemográficas, migratorias y culturales de los grupos étnicos representativos como proceso etnocultural, así como los aportes legados a la cultura popular tradicional de la zona.

Componentes étnicos

Los componentes étnicos del municipio de Puerto Padre constituyen un mosaico multiétnico y pluricultural, resultado de la interacción de diversos procesos etnoculturales entretejidos a través de la historia. La conquista y colonización española de las tierras puertopadrense y el sometimiento de los primeros pobladores de la región trajo como resultado un profundo proceso de transculturación y aculturación.

El territorio de Puerto Padre perteneció inicialmente a la Villa de San Salvador de Bayamo. Al instaurarse los primeros sitios la primordial labor fue la ganadería y la agricultura, en 1752, al crearse el ayuntamiento de Holguín y por necesidad de sufragar los gastos de este, los ediles solicitaron al monarca Fernando VI la concesión de las tierras realengas para que puestas a censo y tributo ingresaran sus rentas en los fondos del municipio, razón por la cual fundamentalmente españoles comienzan a establecer numerosas fincas y haciendas para el cultivo de las tierras, condiciones socioeconómicas favorecedoras de las relaciones interétnicas originadas a partir de la implementación del sistema colonial(Carralero Bosch; 2006). La economía hacendaria facilitó la transculturación del africano. El carácter patriarcal de la esclavitud posibilitó la relación estrecha del esclavo con la familia del amo, su participación en las mismas labores agrícolas y de hecho, la convivencia en el mismo medio cultural, "hispanizó" o "criollizó" al negro.

A partir de los años 1859 se comienza la instauración y desarrollo de la industria azucarera, circunstancia que define el carácter estable del poblamiento de la región puertopadrense. La fundación del Ingenio de San Manuel, un año más tarde, hace posible que la principal fuerza de trabajo sea la mano esclava negra, conformada por una dotación de 378 esclavos africanos procedentes de las costas de Guineas así como el desarrollo ferroviario, factor económico propiciador de las primeros asentamientos habitacionales de peninsulares de manera esencial ( Carralero Bosch;2006).

Posteriormente las circunstancias sociopolíticas de mediado del siglo XIX influyó de forma decisiva en el incremento etnodemográfico de la región, debido a los efectos causados por la guerra criollo-española y sobre todo a la quema de Las Tunas, elementos que motivaron la migración interna de españoles hacia la zona norte de la actual provincia tunera. En este período comienza el desarrollo urbanístico de la ciudad, enclave social puertopadrense, que compone el espacio gestor de la comunidad etnocultural del criollo basado en la familia como asiento de formación cultural primordial.

El principal factor cultural aglutinador de los distintos grupos étnicos que conformaban la colonia fue el idioma español debido a las características etnoculturales de la clase social dominante a través de lo cual converge un conglomerado heterogéneo de diversas razas y culturas que sedimenta una nueva etnia portadora de una lengua propia; la variante criolla del español, un nuevo sujeto: el criollo puertopadrense. En la naciente sociedad colonial se presentaron tres grupos étnicos tributarios, génesis de este criollo: indocubanos, españoles y africanos. Los indocubanos entraron en un proceso de regresión, mientras que los españoles y africanos, en menor medida estos últimos, aumentaron no solo por la emigración, sino por la reproducción natural de sus descendientes en la nueva tierra.

Los elementos culturales hispánicos se fundieron entre sí durante varios siglos de integración interétnica junto a los diferentes aportes aruacos y africanos. En esos procesos es posible delimitar niveles de mayor influencia en los que corresponde al aspecto propiamente peninsular. La formación de la nacionalidad cubana y por ende, estuvo dado por el grado de maduración de la autoconciencia étnica y el sentimiento de pertenencia regional en un sector poblacional caracterizado por el anticolonialismo y antiesclavismo.

A partir de finales del siglo XIX se fortalece la penetración norteamericana en Cuba, así como en el territorio de Puerto Padre evidenciado con la creación de varios emporios azucareros. El central Chaparra fue el primero en construirse, realizando su primera zafra en 1902, para luego extenderse por la zona norteña con la compra del central San Manuel y la construcción del de Delicias, el cual inició la zafra en 1912.

Producto del “boom” o el estallido azucarero se sientan las bases para la emigración masiva de varias etnias a la región propiciadas principalmente por la necesidad de mano de obra barata. La compañía norteamericana emprende una serie de campañas y acciones políticas-económicas que convierten a la zona en una región ideal para el éxito social de las familias.

Migraciones

Varias oleadas migratorias asumieron características etnoculturales peculiares causa que definió la influencia cultural ejercida en la cultura popular tradicional puertopadrense como muestra del grado de consolidación cultural alcanzado por los cubanos pero a la vez constituyeron grupos étnicos reforzadores de anteriores componentes étnicos.

A la región entraron en mayor cuantía españoles, los que representaron gran parte de la clase alta y media. Los anglocaribeños, seguido por los neerlandeses; procedentes estos últimos de las antillas holandesas, que constituyeron en su generalidad clase explotada, desposeída y discriminada. Los chinos, que significaron mayormente capas explotadas y marginadas también, además del desarrollo económico de algunos que le hizo situarse en la clase media y alta. Los libaneses por su parte, fungieron como la clase alta y media. Por otro lado, la presencia de los norteamericanos, grupo dominante en cuanto al poder y el sistema económico, factor de clase que limitó el alcance de la influencia de muchos valores etnoculturales hacia los sectores populares, así como la presencia indudable del componente haitiano en menor medida.

El número de personas, el desarrollo socioeconómico, y las características etnofamiliares constituyeron factores decisivos en el alcance y asimilación de la transmisión etnocultural desplegada durante la primera mitad del siglo XX.

Componente hispánico

Las principales condiciones sociales, económicas y políticas internas que provocan la emigración española hacia el municipio en la primera mitad del siglo XX estuvieron dadas de manera esencial por los efectos de la crisis agraria de España ocurrida entre 1880 y 1905, luego la extrema pobreza en que vivían los peninsulares y la guerra de Marruecos originada entre 1909 y 1920, motivo que trajo como resultado una emigración joven en edad militar. Sumado a esto la guerra civil española un poco más tarde entre 1936 al 39.

El flujo migratorio más significativo está dado entre los años 1914 hasta 1921, conocido como la etapa “masiva”, arriban al territorio gallegos, seguidos de asturianos, catalanes e isleños y en menor medida los andaluces, motivados además por el apogeo de la industria azucarera.

Esta población hispánica constituyó el mayor grupo étnico en cuanto al número de sus miembros y la más importante por la influencia e impacto cometido en la región.

Los oficios que desempeñaron los españoles estaban relacionados con la fuente de trabajo fundamental, la zafra de la caña de azúcar, la mayoría ocupó puestos como obreros de esta industria, una segunda parte en cargos de capataces en las distintas colonias azucareras, y una tercera se dedicaron al comercio, empresas que de forma gradual alcanzaron prosperidad, junto a otros negocios menores, mientras que el resto realizó trabajos mecánicos, manuales así como una evidente participación en las labores de vía y obras.

Los principales lugares de asentamiento, jerarquizado de acuerdo al rango de representatividad y concentración demográfica fueron los siguientes: Este grupo étnico predominó en la cuidad de Puerto Padre, mientras que la localidad de Delicias le siguió en concentración; ubicados en diferentes barrios de dicha localidad como El Rincón, Leyva, el barrio Sales y zonas rurales adyacentes esencialmente al río como el Chorrillo y la zona rural de La Pedrera favorecido por la existencia de trabajo en las canteras de piedras en Delicias; preferencia dada por la similitud de características topográficas de las regiones rurales españolas con las del territorio cubano, otros asentamientos en menor importancia se detectaron en las localidades de San Manuel y Vázquez.


La constitución de la familia española estuvo determinada por varios factores relacionados con las diferencias existentes entre las capas y sectores sociales. Las élites españolas practicaban frecuentemente la endogamia étnica para preservar el poder económico de los grupos y sectores a que pertenecían, definidos por un comportamiento socioclasista; de la misma forma que existía una vinculación entre los apellidos. Algunos peninsulares pertenecientes a los sectores populares, los menos, se unieron a mujeres españolas en correspondencia con la posición social; y otros fueron a buscar sus mujeres a la Península. Estos matrimonios intraétnicos propiciaron con más fuerza la transmisión etnocultural, no solo hacia el interior de la familia, lo que provocó un fuerte autorreconocimiento étnico por parte de la descendencia, sino hacia fuera del grupo.

El resto de las familias interétnicas se situaron en los sectores medios y populares al adquirir una densidad poblacional superior al resto de las familias pertenecientes a otros grupos étnicos así como del mismo grupo; rasgo que sin dudas demuestra por qué la cultura española fue la de mayor impacto sociocultural entre las diferentes culturas entremezcladas en la Villa Azul de Cuba. No obstante, en este grupo étnico hispánico existió otro tipo de relación conyugal establecida por los hombres con las mulatas y las negras, en su generalidad relaciones extramatrimoniales.

El asentamiento español en Puerto Padre desde finales del siglo XIX motivó a que el primero de junio de 1902 se fundara el Casino Español que contó con la ayuda del señor Don Manuel Marañón. La principal función que desempeñó este casino fue la de reunir a las familias españolas y en la intimidad de sus paisanos recordar la tierra natal, aunque asistían algunos cubanos. En cuanto a la comida de origen hispánico y de acuerdo a la descendencia objeto de estudio se determinó que el 95,5% de la primera generación saben preparar los platos tradicionales españoles, y el 53,3% de la segunda generación refieren saber elaborar algunos de los platos, mientras que solo el 34, 4% de la tercera lo manifestó. En las familias mixtas es notable el predominio de las prácticas culinarias procedentes de España junto con algunos platos de comida cubana, aunque en menor medida.

Entre los platos más mencionados están: el caldo gallego, la sopa de ajo, la carne con papa, el tocino, el jamón, el chorizo, el cocido, la fabada, pan, vino, montería, el unto, berenjena rebosada, lentejas. Dulces como flan, pudines, torrejas, entre otros. La preparación culinaria estaba en dependencia de la región de procedencia del inmigrante, según la cual variaban las técnicas de elaboración y la originalidad de los distintos platos de comida.

En cuanto a la lengua no constituyó un impedimento en la comunicación con los cubanos por la existencia en Cuba de la lengua materna española desarrollada durante el proceso colonización y dominación cultural que sojuzgó a las lenguas autóctonas y africanas. En la cuarta parte de los descendientes directos entrevistados en el trabajo de campo se observó y notó la influencia melódica española en el habla de ellos así como interjecciones y frases hispánicas de modo esencial, herencia que corresponde a un mantenimiento del acento español por parte de la ascendencia aun cuando interactuó con un medio lingüístico diferente.

En el mundo espiritual cultural del español, en cuanto reflejo de las diferentes formas de la conciencia social e individual, los componentes hispánicos desempeñan un papel importante en el territorio, contribuyó en primera instancia al reforzamiento de las creencias que ya existían como el cristianismo en su vertiente católica. Una gran parte de los descendientes entrevistados sugieren que continúan la creencia católica, aunque muchos no asisten a las misas ofrecidas por la iglesia, existe una tendencia dentro de los mismos a practicar algunas tradiciones religiosas como el bautizo de los niños y otras prácticas religiosas.

Los valores etnoculturales legados por el grupo étnico hispánico se encuentran en mejores probabilidades de reproducirse, asimilarse y transmitirse; con respecto a otros grupos étnicos estudiados, hacia las nuevas generaciones, elementos que permiten el fortalecimiento de la memoria histórica y el reconocimiento de una identidad cultural puertopadrense. Resultado de un largo proceso de transmisión etnocultural, que poseyó un basamento sólido y amplio, estructurado por el desarrollo socioeconómico alcanzado por los españoles, quienes impulsaron el progreso de la región en todas las esferas.

Componente anglocaribeño

La migración caribeña llegada al municipio procede fundamentalmente del Caribe de habla inglesa, producto de condiciones e intereses económicos, políticos y culturales de las compañías norteamericanas así como las diversas circunstancias sociopolíticas y legislativas originadas en el país por los sucesivos gobiernos de turno.

Las compañías se interesan en las colonias inglesas para contratar mano de obra, debido a las características socioculturales presentes como el idioma inglés y el cultivo de la caña de azúcar, en este sentido se desarrolló una serie de campañas publicitarias con el objetivo de reclutar mano de obra barata como fuerza de trabajo esencial en la industria azucarera cubana que venía experimentado un notable auge. Las características etnodemográficas experimentadas por este grupo étnico influyeron decisivamente en su estructura y desarrollo social. La población de inmigrantes anglocaribeños estuvo representado por una relativa correspondencia entre sexos, el 67,6% de ellos eran hombres y 51,3% estaba representado por mujeres; condicionante migratoria proporcionadota de una fuerte tendencia a la endogamia grupal con respecto a los restantes grupos étnicos estudiados, aunque el 84,4% de los antillanos llegaron al territorio como soltero y el resto con algún miembro de la familia, que posteriormente con el incremento del capital individual posibilitó el reclamo y reunificación de las familias.

Del total de braceros llegados solo la mitad permaneció en la región. Los retornos de la otra parte de inmigrados obedecieron a diferentes circunstancias sociopolíticas originadas en el país y al nivel económico alcanzado por cada inmigrante, medio que facilitó el regreso a su país de origen.

Los principales lugares de asentamiento fueron barrios marginales en su mayoría, componentes de la periferia del central azucarero. Delicias constituyó la localidad de mayor asentamiento de los “ingleses” como eran conocidos por todos los pobladores, repartidos en cuarterías con bajas condiciones de vida, en las barriadas de la Puya, Cubalán y Héctor Infante, lo que representó el 51,4%. Otro grupo conformado por el 32, 4% se ubicó en el poblado de San Manuel, localidad cercana a Delicias y con una vía de comunicación directa para el transporte de estos obreros; mientras que el 16,2% pasó a trabajar como agricultores en las colonias azucareras, de estos una primera parte logró independizarse a partir del establecimiento de pequeñas tierras.

De esta manera se comprende por qué las ocupaciones u oficios desempeñados por ellos estuvo relacionado fundamentalmente con la industria del azúcar en su período de zafra. El 76,5% de los hombres eran cortadores de caña, 5,2% operadores de máquinas ferroviarias, y el 2,2% técnicos, sin embargo, en “tiempo muerto” estas personas se vieron obligadas a recurrir a los conocimientos aprendidos en su tierra para lograr subsistir. Por tal razón, el 7,6% se dedicaban a la cría de ganado menor, 3,6% a la agricultura, a la pesca el 2,9%, otros eran vendedores ambulantes estimados en 0,5% y un 1,5% eran estibadores en el puerto del Cayo Juan Claro. Por su parte, 83,3% de las mujeres inglesas se dedicaban a prestar servicios hogareños mientras que solo el 15,5% eran amas de casa.

Las particularidades etnodeomgráficas de este grupo étnico permitieron conservar la endogamia étnica, lo que trajo consigo una mayor probabilidad de conservación y transmisión etnocultural. El 91,9% de los matrimonios establecidos fueron de tipo intraétnico, es decir, entre anglófonos así como entre anglófonos y descendientes.

Los matrimonios interétnicos constituyeron otra parte menor por la existencia de estereotipo negativos que incidieron en la aceptación y relaciones sociales.

Dentro de los matrimonios mixtos fueron las mujeres inglesas las que experimentaron una mayor tendencia a la mezcla y el mestizaje, motivado por la formación de imágenes sociales acerca de la sexualidad de las mujeres negras. No comportándose de igual forma en los hombres, esto se evidencia a partir de que el 95,5% de los cónyuges caribeños unidos a otra persona con diferente origen étnico, eran mujeres y solo 5,5% de los hombres se unieron con mujeres de distinta procedencia; tanto las mujeres como los hombres se unían preferentemente a cubanos de color negro, representado por el 73,6% y el resto a blancos.

Condicionantes etnofamiliares como la existencia de varias generaciones, inmigrantes y descendientes, dieron lugar a la vitalidad, consistencia y arraigo de valores etnoculturales en la familia cubana o en la descendencia nacida en el país; valores comprendidos como celebraciones, bailes, música, comidas, creencias religiosas, técnicas artesanales y de trabajo, lengua y asociaciones, entre las fundamentales que se estudian en la investigación.

Las sociedades y asociaciones aglutinadoras de estos inmigrantes constituyeron una comunidad rectora de la vida sociocultural de los antillanos anglófonos. Surge producto a los sentimientos de discriminación existente en la época, sobre todo por parte de las clases de poder, quiénes le niegan la entrada incluso a las sociedades de color y a sus hijos se le discriminaba en las escuelas públicas. Por tales circunstancias se crea en septiembre de 1948 “The Brithis West Indian Progessive Association of Central Delicias”, institucionalizada y legitimada por Sir George Olivier y Sir Frank Stuork. En ella se desarrollaban diferentes acciones que promovían y preservaban la cultura de este pueblo a partir de la reproducción cultural; entre las principales fechas celebradas por ellos estaban la Semana Santa, Fin de Zafra, Acción de Gracia, Navidad y Fin de Año.

Es preciso señalar que no solo existió esta sociedad como organismo de cohesión, la iglesia Episcopal desde este punto de vista realizó las funciones sociales de una comunidad religiosa preocupada por el mantenimiento de su cultura. La religión representó el modelo de vida presente en todos los miembros de esta oleada migratoria, aún cuando una minoría no asistieron a ninguna iglesia, poseen fuertes creencias religiosas.

Otra de las denominaciones religiosas traídas y establecidas en la región por estas personas fue el Adventismo del Séptimo Día, esta le sigue en importancia, aunque es la que persiste hasta la actualidad; de la denominación anterior solo existe una célula en San Manuel producto de la destrucción del templo de madera, los restantes miembros pasaron a formar parte de la membresía de otras iglesias protestantes.

En la transmisión de la información cultural, la lengua constituye un factor esencial, es un componente de primer orden en la reproducción de los organismos étnicos. Uno de los indicadores que se tuvo en cuenta para este estudio fue el conocimiento del idioma inglés en la descendencia y su actitud hacia ella. El dominio de este idioma por parte de los descendientes directos es bastante extendido. El 67,6% dicen que hablan inglés bien, mientras el 10,8% creen no hablarlo tan bien y un 21,6% conocen algunas palabras.

El arte culinario constituyó uno de los rasgos culturales distintivos de este grupo étnico que influyó decisivamente en el gusto por una alimentación etnocultural diferente y variada. Los cubanos aprendieron a preparar estos platos por el intercambio cultural experimentado entre la comunidad caribeña y la cubana, fenómeno que obedece a los espacios compartidos por estos sujetos, barrios integrados por cubanos y antillanos que convivieron por un determinado período, en el cual confluyeron razas, costumbres y culturas. Los platos tradicionales de mayor aceptación son los siguientes jerarquizados por este criterio: Domplín, funyí, vino de saril, yaniqué, pescado en salsa, pudines de boniato y coco, huevo de yegua, congrí con coco, parish, pan patato, pan inglés, tonoubas y cucú.

La pluralidad de rasgos etnoculturales portados y reproducidos por el grupo étnico anglocaribeño hasta la actualidad, obedece a un proceso de transmisión que posee un carácter dialéctico, contextual y pragmático, debido a que los valores culturales, conformados por las diversas formas de pensamiento, conocimientos y costumbres de un grupo étnico, adquieren importancia para las nuevas generaciones cuando resultan útiles y funcionales. Estos a su vez se la transmiten a sus sucesores con el propósito de ofrecerles determinadas prácticas sociales que garantizan el provecho de la realidad.

La cultura caribeña traída a la región en todas sus manifestaciones y a través del tiempo, ha experimentado un proceso de remodelación, originado por el intercambio etnocultural interétnico. Muchos de los valores culturales portados y reproducidos por este grupo consiguen particularidades en su alcance, estado de preservación y utilidad.

Componente libanés

Las dos áreas urbanas en las cuales se desarrolló el trabajo de campo fueron, ciudad Puerto Padre y Vázquez, por presentar los niveles más altos de concentración demográfica libanesa de todo el municipio. La oleada migratoria árabe llegada al municipio Puerto Padre se registra a partir de los años 1906 al 1920, procedente fundamentalmente del Líbano. Las causas que provocaron este movimiento migratorio obedecen a diferentes contradicciones políticas, económicas y sociales agudizadas en los países del medio oriente, entre finales del siglo XIX y principios del XX.

La penetración cultural europea a través de misiones católicas y protestantes, en específico jesuitas franceses y prebisterianos americanos que fundaron escuelas en el Líbano y Siria desde la I Guerra Mundial, trae como consecuencia el mandato francés de estas dos regiones árabes, dominio cultural unido a la existencia de una crisis económica de la población árabe, sumida en el hambre y las enfermedades constituyeron las principales causas migratorias. Además de la obligatoriedad de los cristianos a incorporarse al servicio militar.

En este grupo étnico se determinaron las siguientes características etnodemográficas: un alto índice de masculinidad, estimado en un 74,5%, el resto conformado por mujeres, las cuales eran traídas junto con esposos, padres o algún familiar cercano. La mayoría de los hombres ostentaban una condición de solteros y una menor parte vinieron con familias o casados.

Los principales puntos de entrada de este grupo al país estuvieron dados por el puerto de La Habana en primer lugar y el de Santiago de Cuba en segundo. Los lugares de asentamiento respondieron a las particularidades del trabajo, motivo que aglutinó en la ciudad de Puerto Padre a numerosos libaneses. Las primordiales labores desempeñadas fueron significativas para el desarrollo socioeconómico del municipio, las cuales correspondían a un nivel de instrucción alto en su generalidad, mientras una pequeña parte se ubicó en las zonas rurales del municipio, por las labores agrícolas efectuadas relacionado con un bajo grado de escolaridad. El 68,3% de los libaneses eran comerciantes, el 11,5% se dedicaron a la orfebrería, el 9,6% a la relojería, el 6,7% colonos y un 3,9% jornaleros.

De modo preferente y habitual los libaneses se dedicaron en un principio a la venta ambulante, aspecto confirmado por todos los entrevistados descendientes de la primera generación de acuerdo a las informaciones obtenidas en la entrevista estructurada, luego el establecimiento de un comercio y por último, en el caso de los que obtuvieron importantes ganancias en la actividad comercial, el establecimiento de la industria textil, fundamentalmente comercio minorista, como tejidos, hilanderías, sastrerías y quincallas.

Este auge económico influyó además en uno de los rasgos propios de la emigración árabe, la cadena de llamados a parientes para ayudar en el negocio y la solidaridad comunitaria.

El éxito alcanzado en el comercio se debió a la novedosa forma de vender artículos a largo plazo entre personas humildes que de otra manera no podían resolver sus necesidades, variante que en algunos casos condujo a la ruina de los libaneses, ya que al ir a cobrar sus ventas a los campos y bateyes en épocas de determinadas cosechas muchas veces no encontraban a su deudor. Por el éxito y desarrollo socioeconómico alcanzado, se considera a los libaneses como el segundo grupo étnico en importancia en cuanto a la creación de empresas y redes económicas, después de los españoles. Constituyeron la fuerza y clase básica impulsora del desarrollo económico del territorio en la primera mitad del siglo XX.

Por otra parte, la conformación de la familia y las características de las uniones matrimoniales son categorías importantes para el estudio, mediadas por un alto índice de masculinidad y la condición de hombres solteros, produjo el incremento de matrimonios mixtos, hombres libaneses con mujeres cubanas, favorecido por un intenso proceso de mestizaje cultural. La constitución de la familia en su generalidad estaba en correspondencia con la clase social a que pertenecían dichos cónyuges. El libanés prefería a la mujer blanca y con un nivel económico semejante al de él. En este tipo de matrimonio el libanés se fundió con el cubano, aprendió la lengua española, se adaptó a muchas de sus costumbres sin perder su esencia cultural, de igual forma muchos cubanos descendientes asimilaron los valores culturales tradicionales árabes.

Del total de matrimonios establecidos, el 71,3% eran de este tipo mientras que el resto estaba representado por matrimonios intraétnicos o entre el mismo grupo. En las familias mixtas, ocurrió un proceso de transculturación notable, mediado por el nivel económico del libanés. Si el inmigrante pertenecía a la clase media o alta, los valores y costumbres árabes estaban en mejores posibilidades de conservarse y transmitirse, sobre todo, de reconocerse por parte del resto de la familia y la sociedad cubana, elemento propiciador de una afiliación étnica libanesa de muchos descendientes nacidos en Cuba. Los matrimonios intraétnicos en particular, compusieron una cuarta parte del total de libaneses, fenómeno producido por la fuerte tendencia étnica a conservar la endogamia grupal, definida por los lazos de parentesco presentes en el establecimiento de los negocios, como se expuso en líneas anteriores.

Las influencias etnoculturales libanesas se evidencia en la transmisión de diversos rasgos culturales asumidos por los miembros de la primera y segunda generación, sobre todo en la culinaria, las creencias y las formas de comportamiento, rasgos asimilados de diversas formas en la segunda y tercera generación de descendientes.

La lengua fue el elemento de identificación y transmisión étnica fundamental, el idioma árabe por la complejidad de la escritura y la pronunciación, no pudo ser aprendido por los descendientes, además de la ubicación de estos en un medio sociocultural diferente al de sus padres, en el cual la lengua árabe careció de utilidad y funcionabilidad.

En cuanto a la comida de origen árabe el 98,9% de la descendencia directa dice que sabe preparar los platos primordiales, y el 83,4% de la segunda generación expresaron conocer los procesos de elaboración culinaria árabe así como los de tercera generación poseen algunas influencias árabes en el arte culinario. Muchos de los descendientes directos consideran difícil la elaboración de los platos por la falta de los ingredientes, aunque otra parte menor prefiere elaborarlos en ocasiones especiales y considera que pueden acceder a los ingredientes de mejor forma, entre los platos favoritos están: el kippi, kippi troge, kibet, vino, arroz con fideos, tapuli, carne en pincho, chipbara, marrones, laban o labín, meche de col, acelga rellena, hojas de uvas rellenas, homsilli, mamura, marluta, coles rellenas, teble, macrun, rusta, y las lentejas.

Al indagar en el mundo espiritual religioso de los libaneses se encuentra la preeminencia de las creencias religiosas cristianas en su vertiente católica, rasgo socioreligioso que reforzó las creencias religiosas españolas ya existentes en la región. El 94,2% de la descendencia directa refirió una afiliación a las creencias católicas aunque una parte significativa no asiste a la iglesia tienen en cuenta determinados prácticas católicas como veneración de algún santo y el bautizo infantil, peculiaridades religiosas que forman parte del sincretismo religioso cubano. Uno de los aportes culturales realizado a la región, en específico en el ámbito de la comunicación, fue la creación de la emisora radial CMKY Radio Puerto Padre, actual Radio Libertad, fundada por el comerciante libanés Pedro Zacca Cheda y Rafael López, cuya primera emisión se efectuó el 24 de febrero de 1940.

Los rasgos culturales mencionados de la ascendencia fueron evidentes en algunos de los descendientes directos, sobre todo hijos de padres libaneses, ya que tienden a identificarse más con la matriz cultural árabe. Los rasgos más significativos de este grupo étnico fueron en la esfera socioeconómica y el arte culinario. En general las especificidades del componente libanés trajeron como consecuencia una fuerte tendencia a preservarse culturalmente, fenómeno favorecedor la extensión de los valores etnoculturales hacia la población cubana y la cultura popular tradicional puertopadrense.

Fuentes

  • Aliec Justo Bosch (Tesis de Grado, Estudios Socioculturales Universidad VI. Lenin)