San Eufrosino

San Eufrosino
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Religión o MitologíaCatólica
Día celebración11 de septiembre, (en Alejandría y Grecia)
Patrón(a) o Dios(a) dePatrono de los Cocineros
País o región de origensiglo IX (Alejandría, Egipto)
Venerado enAlejandría, Egipto

San Eufrosino, el Cocinero obediente y fiel devoto de Dios

Historia

Eufrosino el Cocinero nació en el siglo IX en Alejandría, Egipto, en una humilde familia campesina y no recibió instrucción, pero era verdaderamente devoto y fiel de Dios. De adulto, se hizo cocinero y pudo ahorrar dinero de sus gastos privándose, pero solo por el bien de la limosna. Su posición como cocinero le permitía comer primero los mejores alimentos, pero nunca aprovechó este privilegio. Comía sus verduras y aceitunas con gratitud, mientras las carnes más apetitosas y los pescados más tentadores se cocinaban ante él.

Más tarde Eufrosino fue a un monasterio de Palestina, donde su obediencia fue trabajar en la cocina como cocinero. En el monasterio a diferencia de las comidas que solía preparar en los hoteles seculares, preparaba platos muy sencillos.

Debido a esos platos sencillos que preparaba muchas personas se quejaban y se burlaban de él. Eufrosino con esa pasividad que lo caracterizaba respondió mansamente: “La buena comida no sirve para alcanzar el Reino de los Cielos. Cuanto más anhela el cuerpo el placer, más pierde el alma lo que realmente necesita. No es mi intención castigaros”.

Algunos monjes lo despreciaban por su origen rústico y tosco, pero él soportaba su desprecio en silencio y no se inmutaba por ello. San Eufrosino se esforzaba por agradar al Señor con su vida virtuosa, que ocultaba a los demás, pero el Señor mismo se encargó de revelar a los hermanos monásticos a qué alturas espirituales había llegado su cocinero.

Visiones y curaciones

Había un sacerdote devoto en el mismo monasterio que rezaba para saber qué cosas buenas se preparan para los que aman a Dios. Una noche, mientras dormía, se encontró en un hermoso jardín, donde, para su asombro, contempló las cosas más maravillosas. Entonces vio al Padre Eufrosino, el cocinero del monasterio, de pie en el jardín y disfrutando de las cosas buenas de ese lugar.

Cuando se acercó al cocinero, le preguntó a quién pertenecía el jardín y cómo había llegado allí. San Eufrosino respondió: “Este jardín está reservado para los elegidos de Dios y, por su gran bondad, yo también habito aquí”. Entonces el sacerdote le preguntó qué hacía en el jardín. El Santo le dijo: “Tengo autoridad sobre todas las cosas que ves aquí. Me regocijo y estoy lleno de alegría y del gozo espiritual que me brindan”.

El sacerdote le preguntó de nuevo: “¿Puedes darme algo de estas cosas buenas?” “Por supuesto”, respondió, “con la gracia de Dios, toma lo que quieras”. Señalando algunas manzanas, preguntó si podía tener algunas de ellas. San Eufrosino tomó algunas de las manzanas, las colocó en la túnica exterior del sacerdote y dijo: “Recibe lo que has pedido y que te deleites en ellas”.

En ese momento se oyó el semantron, convocando a los Padres al Oficio de Media Noche. Cuando el sacerdote despertó, pensó que su visión era sólo un sueño. Pero cuando buscó su manto, encontró las manzanas que le había dado el cocinero, y todavía podía oler su maravillosa fragancia.

Se levantó de la cama y se apresuró a ir a la iglesia. Allí vio a Eufrosino y le preguntó dónde había estado esa noche. El Santo dijo: “Perdóname, Padre, no he estado en ningún lado esta noche. Sólo he venido a la iglesia o al Oficio”. El sacerdote lo instó a decir la verdad, para que la gloria de Dios pudiera manifestarse. El humilde Eufrosino le dijo: “Estaba en el lugar donde están las cosas buenas, que heredarán los que aman a Dios, y que durante muchos años deseabas ver. Allí me viste disfrutando de las bendiciones de ese jardín; porque Dios se había dignado revelarte las bendiciones de los Justos. Él ha realizado este milagro a través de mí, el humilde”.

“Padre Eufrosino, ¿qué me has dado de aquel jardín?” Él respondió: “Las deliciosas y fragantes manzanas que acabas de poner sobre tu cama. Perdóname, Padre, porque soy un gusano y no un hombre”. Al terminar el servicio de Maitines, el sacerdote contó a los hermanos su visión y les mostró las manzanas. Ellos notaron la inefable fragancia con alegría espiritual, maravillándose de lo que el sacerdote les había dicho. Corrieron a la cocina y encontraron que San Eufrosino ya había abandonado el monasterio, huyendo de la gloria de los hombres, y no lo podían encontrar. Los hermanos se repartieron las manzanas entre ellos y, como bendición, dieron trozos a quienes visitaban el monasterio, especialmente a los que necesitaban curación, pues quienes comieron las manzanas se curaron de sus dolencias.

Muerte y festividad

San Eufrosino falleció en el remoto Hesykhasthrion, alejado de las atenciones o las alabanzas de los hombres. La Iglesia, sabiendo que ni un rey ni un filósofo son más dignos de entrar en el Reino de los Cielos que un cocinero, ha incluido a Eufrosino el Cocinero entre sus santos, pues conoció la voluntad de Dios y vivió conforme a ella. Un fragmento de las reliquias del santo se encuentra en el Monasterio de Loukous, en la Santa Metrópolis de Mantineia y Kynouria, en Grecia.

La festividad de San Eufrosino es el 11 de septiembre y curiosamente cae con la temporada de las manzanas que suele comenzar a finales de agosto o principios de septiembre y dura hasta mediados o finales de octubre.

Oración

Con espíritu manso, san Eufrosino, * al ofrecer tu servicio de cocinero cortés, * te llenaste en verdad del Santo Espíritu. * Dios, por lo tanto, nos mostró, * por el justo sacerdote, * el brillo de tu gloria. * De ella haznos partícipes, * por tu intercesión ante Dios.

Fuentes