Tomás y el lápiz mágico (libro)

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Título originalTomás y el lápiz mágico
Autor(a)(es)(as)Ricardo Alcántara
Editorial:Edelvives
ColecciónAla Delta - Serie Roja
GéneroInfantil
IlustracionesGusti
Primera edición5 agosto 2002


Tomás y el lápiz mágico Tomás es un niño que vivía en una caja de zapatos. Allí se aburría un poco pero, por otro lado, se sentía muy seguro. Sin embargo, un día encontró un lápiz, dibujó una puerta y salió a ver el mundo. Luego dibujó una mariposa, una flor... Hasta que un día tropieza con una pelota que le estaba esperando. Juegan juntos y Tomás se lo pasa muy bien, pero ésta resulta demasiado pequeña para albergar sus sueños.


Sinopsis

Tomás vivía en una caja de zapatos. La caja era bastante amplia y confortable, pero… ¡de allí no se podía salir! Es que no había manera de levantar la tapa. Aunque, en realidad, al pequeño Tomás eso no le molestaba demasiado. Dentro de la caja, él se encontraba protegido y a su aire. Sabía que estando allí metido no podría sucederle nada malo.

Había momentos en que sí se preguntaba qué habría detrás de aquellas paredes de cartón. Eso le pasaba cuando se sentía solo. Pero la idea de abandonar la caja le hacía estremecer. Así que continuaba allí dentro, quietecito y recogido.

Pero un buen día sucedió algo muy extraño. Unos afirman que fue obra de los duendes. Otros dicen que fueron las hadas. Lo cierto es que dentro de la caja apareció un lápiz casi mágico. A causa de la sorpresa, el pequeño Tomás quedó boquiabierto y sin palabras. ¡No podía creerlo!

El pequeño estuvo un buen rato mirando el lápiz fijamente y con cierto recelo. Es que todo lo desconocido lo asustaba más de la cuenta. Pero, finalmente, decidió cogerlo. «¿Qué puedo hacer con él?», se preguntó. Pues…, ¡dibujar, claro está! Entonces, Tomás dibujó lo primero que se le cruzó por la cabeza: ¡una puerta!

En un periquete, la puerta quedó terminada. Y sólo entonces, Tomás cayó en la cuenta de que, si la caja tenía una puerta, él podía salir. —Oooohhh… —murmuró, y se puso pálido. «Pero…, ¿qué habrá detrás de esa puerta?», se preguntó, temeroso y asustado.

La única manera de averiguarlo era abrir la puerta y echar un vistazo. Y aunque las piernas le temblaban, eso fue lo que hizo finalmente. Asomó entonces un poquitín la cabeza. Luego dio un pasito, otro, y poco a poco arrancó a andar.

Todo estaba oscuro, ¡demasiado oscuro!, y eso le daba tanto miedo… Pero curiosamente, en el mismo momento en que Tomás dejó de pensar en el miedo, todo quedó claro y luminoso. Como si hubiera salido el sol. Entonces miró hacia un lado y hacia otro: ¡no se veía nada! «¿Qué hago aquí solo, tan lejos de la caja?», se preguntó el pequeño, poniéndose otra vez a temblar.

Bueno, tan solo no estaba, tenía el lápiz… Tomás lo miró con el ceño fruncido. ¿Sería capaz de dibujar aquello tan bonito que estaba imaginando? Pues… ¡nada costaba probarlo! Inmediatamente puso manos a la obra y…

¡Dio resultado! Con la ayuda del lápiz, Tomás dibujó una mariposa tan bonita como la que imaginaba.

Desplegando las alas, la mariposa revoloteó feliz y agitada de un lado para otro.

No se estaba quieta ni un momento siquiera. Daba gusto verla dar volteretas por el aire. Dichoso y sonriente, Tomás la seguía con la mirada.

Pero de pronto notó que la mariposa ya no estaba tan contenta. Era como si las alas le pesaran…

—¿Qué te pasa? —le preguntó el pequeño, alarmado. —Es que no tengo donde posarme —respondió ella. —Oooohhh… —balbuceó Tomás, pues no sabía cómo ayudarla. Pero… Por su imaginación cruzó una nube, y él rápidamente decidió dibujarla.

Era una nube regordeta y suave, que se balanceaba de un lado para otro como si la brisa la soplara.

«No está nada mal», pensó Tomás con cara de artista satisfecho. Y cuál no sería su sorpresa al ver que la nube crecía y crecía. «Acabará por explotar», se dijo el pequeño. Pero no, ¡qué va! La nube creció hasta volverse grande y abultada. Entonces comenzó a entonar una melodía muy suave.

Al acabar, dejó caer una gota. La gota fue bajando lentamente. Y cuando tocó el suelo, como por arte de magia nació una flor. Era una flor espléndida.

Sus pétalos tenían todos los colores del arco iris. Pero… —¡Oh!, ¿dónde estoy? —se quejó la flor.

Sintiéndose sola en aquel lugar deshabitado, quedó abatida como si le faltara el agua. Hasta que reparó en la mariposa… Y la mariposa en ella, ¡claro está! La mariposa voló apresurada al encuentro de la flor. Y la flor agitaba sus pétalos llena de entusiasmo. ¡Oh…!, ¡vaya si eran felices! Entonces entablaron una animada charla. Al verlas así de contentas, Tomás reconoció: «También a mí me gustaría tener un amigo». Y sin pensárselo dos veces, decidió ir en busca de uno.

Caminó y caminó, y mientras andaba, no dejaba de preguntarse: «¿Dónde podré encontrar un amigo?».

Pero por mucho que lo pensara, no daba con la solución. Y eso le dejaba muy serio y cabizbajo. Avanzaba mirando el suelo, o, mejor dicho, la punta de sus zapatos. Tanto que pasó junto a una pelota, ¡y ni la vio! —¡Eh!, ¿dónde vas con tanta prisa? —dijo la pelota, y empezó a botar tras Tomás. —¿Es a mí? —preguntó el pequeño, muy extrañado. —Claro, llevo aquí mucho tiempo esperándote. —Y…, ¿porqué? —¡Vaya pregunta! Pues… para jugar juntos. —¡Ah…! Y sin más explicaciones se pusieron a jugar.

Saltaban, reían con ganas, hacían mil y una piruetas… En fin, ¡se lo pasaban en grande! Al tener un amigo con quien compartir su alegría, sus travesuras y sus juegos… … ¡Tomás perdió el miedo y se sintió feliz!

Aquella pelota le había robado el corazón. Y Tomás ya no quería separarse de ella. ¡Eran amigos! Planeaban hacer juntos un sinfín de cosas. ¡Sin duda que lo pasarían requetebién! Al cabo de un rato, Tomás decidió enseñarle a su amiga el lugar donde vivía. Entonces se encaminaron hacia la caja de zapatos. —¡Qué pequeña! —comentó la pelota. —Sí —asintió Tomás, que sólo entonces se percataba de que la caja era terriblemente diminuta. Es más, ya no se sentía a gusto allí dentro. Era como si le faltara el aire… Pero pronto se olvidó de ello. Es que él y la pelota comenzaron a pensar en todo lo que les gustaría hacer. ¡Y dieron rienda suelta a la imaginación!

Imaginaban mil cosas diferentes. Y sus sueños fueron llenando la caja de zapatos.


Datos del autor

Ricardo Alcántara Sgarbi (Montevideo, 24 de noviembre de 1946) es un escritor uruguayo, residente en Barcelona, España. A los 17 años viajó a São Paulo a estudiar psicología porque en la universidad en que estudiaba había cerrado. Trabajó de artesano, cocinero y en una guardería. La editorial La Galera fue la primera en publicar sus libros. En 1979 ganó el premio Serra d'Or que por primera vez era otorgado a un libro no escrito en catalán. Después de este premio, ha sido galardonado en diversos certámenes literarios. Es una muestra la obtención del Premio Austral Infantil de 1987 por Un cabello azul. En 1987 obtuvo el premio Lazarillo con Un cuento grande como una casa. En 1990 obtuvo el premio Apel•les Mestres con Carne y uña. Ha figurado en la Lista de Honor del Banco del Libro en Venezuela y del CCEI en España. También fue seleccionado para la Antología del Cuento Español (Universidad de Nebraska, EUA). La novela ¿Quién quiere a los viejos? ha sido seleccionada para la exposición The White Ravens 1997, que organiza anualmente la Biblioteca Internacional de Múnich. Reside en el Ensanche de Barcelona.

Otros libros del autor

  • Gustavo y los miedos
  • El aguijón del diablo
  • Un cuento grande como una casa
  • ¿Quién quiere a los viejos?
  • ¿Quién dice no a las drogas?
  • Así se hicieron amigos
  • Óscar tiene frío
  • El pirata valiente
  • ¿Quién ayuda en casa?
  • El secreto de Óscar
  • !Huy, que miedo!
  • Óscar ya no se enfada
  • Mishiyu
  • Cuenta estrellas
  • Los tres deseos
  • Olor a mamá
  • Aventura en la playa
  • Tomás y la goma mágica
  • La Pata Paca
  • Tento y el diente
  • ¿Quién recoge las cacas del perro?
  • Tomás y las tijeras mágicas
  • La máquina de los sueños
  • Las ilusiones del mago
  • Un regalo fantástico
  • Tomás y las palabras mágicas
  • El muro de la piedra
  • Los vestidos de Pancheta
  • El hijo del viento
  • Anah y el silencio de la selva
  • El joven guerrero
  • El enfado de Candela
  • Tulinet, las siete vidas del gato
  • Nasario
  • Ui, quina por
  • Tento y el mar
  • El tiempo dirá
  • Tento y sus juguetes


Fuentes