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CULTURA Y BIBLIOTECA


La cultura de un pueblo es una oportunidad que tenemos de mejorar el futuro de nuestras generaciones; como aspiración, tratamos de dejar huellas en los sentimientos, costumbres y procesos históricos de la civilización, de tal modo, aquello que marca nuestras vidas nos acompaña para alcanzar nuestros ideales.

Como fenómeno humano, el trabajo en la gestión de información–conocimiento se da en una relación del ser como usuario con la información que busca o requiere, con los documentos o soportes de la misma y con los medios por los que accede a ella. Por su esencia, los bibliotecarios se encargan de encontrar luz en la correspondencia entre la génesis y el efecto que causa la información-conocimiento, dentro de un campo concreto de percepciones bibliológico–informativas.

Si se toman en cuenta la propiedad de registro del conocimiento y su divulgación, como acciones que sólo pueden ser realizadas por el propio ser humano, entonces habrá una doble subordinación de compromisos, en primer lugar el de aquel que busca y necesita de la información y en segundo lugar, el del profesional que con su actividad permite que otros utilicen efectivamente los conocimientos que se han generado y localizado en las colecciones físicas o espacios virtuales de las bibliotecas.

Este proceso requiere tener en cuenta el contenido subjetivo que posee, pues es un ir y venir desde la producción individual a la socialización universal, por lo que se va desde el lenguaje universal al leguaje propio. Como actividad bibliotecológica–educadora se produce en un vínculo contradictorio entre la percepción de lo que piensan los bibliotecarios que los demás necesitan y lo que los que buscan expresan y piensan que saben de lo que están necesitando.

En esta interactividad se manifiesta una función cardinal del bibliotecario, su condición de educador permanente y su función de gestor de facilidades para acceder a la información–conocimiento, producida por la sociedad. Al final, es como si pudiéramos separar para su compresión en una dimensión educadora y una bibliotecaria, pero que en la práctica hacen al BIBLIOTECARIO. Al final las buenas prácticas bibliotecarias siempre han tenido el afán de servir de algo a los demás.

Como acto que encierra gérmenes de cultura en el ser humano, es una relación de correspondencia entre creencias, procedimientos y apariencias; por lo tanto expresan el grado de incoherencia entre lo que se piensa, lo que se aparenta y lo que se hace y ofrece los niveles de desarrollo constituyentes de la cultura tanto individual como colectiva.

Fuente: CULTURA; PROPOSITO DESDE LA BIBLIOTECA
Autor: Dr. Miguel Angel Ferrer López, director del SISTEMA DE INFORMACION PARA LA EDUCACION