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Virgen María

Virgen María
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Religión o MitologíaCatólica
Día celebración8 de septiembre
País o región de origenJudía.
Venerado enNazaret, Galilea

Virgen María. Una doctrina católica romana contrastada con la enseñanza de La Biblia. Su fiesta litúrgica se celebra en todas las Iglesias Católicas, el 8 de septiembre dedicado a su nacimiento.

Leyenda

Siendo niña, la Virgen fue al jardín a jugar. Florecieron las flores para verla pasar. Con sonrisa de cielo, la chiquita María mirábalas a todas, y a todas sonreía. Ellas, ingenuamente, le ofrecieron a coro sus mejores encantos, todo un regio tesoro de frescura y fragancia, de alegría y colores, que es patrimonio viejo, muy viejo, de las flores. Habló la rosa y dijo: - "A mí la primavera me ha coronado reina... si mil reinos tuviera, con tal de complacer a la Virgen María ¡los mil reinos, de hinojos, se los ofrendaría!"- Y asomaron los lirios, trémulos de blancura, y asomó la azucena, como la nieve, pura, y asomaron las dalias, con tiesura de diosas, y las tiernas campánulas, menuditas y ansiosas, sacudían sus cálices brincando de alegría, porque al pasar, la Virgen también les sonreía, tan dulce, tan graciosa, tan cariñosamente que todas se animaron a besarle la frente. Mas la Niña bendita no escogió. Vacilaba... Mirábalas a todas y a ninguna cortaba. De pronto, casi ocultas debajo de las hojas vió que había unas flores gimiendo sus congojas, tan tímidas que apenas levantaban la voz, era como si hablaran solamente con Dios. Ya no dudó un instante. Llegó y con gesto breve, cortó las florecitas con sus manos de nieve. Las dalias y azucenas se pusieron celosas, y celosos los lirios, campánulas y rosas, mientras por el sendero lentamente volvía, "Violeta entre violetas, la Reinita María".

La María de la historia

María queda incorporada a la fe de la Iglesia por un hecho histórico sencillo y fundamental: por ser la madre de Jesús, la madre del Jesús de la historia, como se dice actualmente en las nuevas reflexiones exegéticas y teológicas. A ella se alude, aunque curiosamente sin designarla por su nombre, a pesar de que parece conocer por sus nombres a la familia y a los «hermanos de Jesús.Los datos consignados en los Evangelios y en las Actas de los Apóstoles son elementales y coherentes con el conjunto de la vida de Jesús. Es una mujer israelita, domiciliada en Nazaret y casada con un hombre llamado José. Se habla de sus parientes, en repetidas ocasiones; se la reconoce como la madre de Jesús, pero llamativamente se subraya que José no era el padre natural de Jesús, no obstante las suspicacias sociales que podían suscitarse ante esta afirmación.

El sector social al que pertenecía queda bien definido tanto por el lugar ordinario de su residencia Nazaret, como por el oficio del propio Jesús. María era una mujer de muy modesta condición, perteneciente al ambiente popular de su época.Dentro de esa modestia social, aparece encuadrada tanto en el sistema político como en el socio-cultural de los tiempos de Jesús. Así se muestra cumpliendo las leyes imperiales y como buena israelita, se desposa, circuncida al niño al Octavo día, lo presenta en el templo con la oblación de los pobres, peregrina con su familia a Jerusalén con ocasión de las fiestas de la Pascua.

En el Evangelio se transparenta un cierto desconcierto de la María histórica frente a su hijo. Es un desconcierto que carece haberse iniciado en la misma infancia, dado que, como atestigua Lucas, con ocasión del acontecimiento en el templo, los padres «no comprendieron lo que quería decir (Jesús). Su madre conservaba en su interior el recuerdo de todo aquello». Durante los años de la vida pública, María se encontraba en medio de una familia, la familia de Jesús, que no entendía el nuevo camino emprendido por él, tanto que intentaban los parientes echarle mano «porque decían que no estaba en sus cabales». María aparece silenciosa, acompañando a los parientes en la búsqueda de Jesús.El Evangelio de Juan ha dejado el testimonio de que María, la madre de Jesús, acompañó a su hijo en su agonía y en su muerte al pie de la cruz.

Virtudes y cualidades

Que la Virgen María haya sido saludada por el ángel Gabriel como “llena de gracias”, es suficiente para adivinar la dimensión de sus perfecciones. En efecto, La escogida de Dios, por la eternidad, para proponerle que aceptara ser la Madre de Su divino Hijo. Redentor de todas las personas del mundo, no podía estar sino dotada de las mayores cualidades naturales, sobrenaturales y por consiguiente de todas las virtudes. Por eso, por medio de la aplicación anticipada de los méritos de la Redención, la Virgen María fue preservada, desde su concepción, del pecado original. Ese privilegio –inaudito y único- Dios lo quiso para Aquella en quien su Verbo debía encarnarse, “cuando llegó la hora de la plenitud de los tiempos”. María nació con la perfección de los dones naturales en todos los sentidos dados por el Creador a su criatura antes de la caída de Adán.

A sus dones naturales debemos agregarle las gracias del cielo! Y como en Ella ninguna debilidad personal debida al pecado original, ni incluso ningún pecado venial, han podido dificultar la recepción de la gracia de Dios, esos dones, en toda plenitud, van a irradiar su cuerpo, su alma y su espíritu hasta “llenarla de gracias”. “Llena de gracias” pero libre, María ha debido, como toda criatura, practicar las virtudes morales y teologales. Sin embargo, María permanece libre como Adán y Eva en el Paraíso y el “Sí” que le da a Gabriel, el mensajero de Dios, durante la Anunciación fue un “Sí” perfectamente libre, elegido y voluntario. Dios le propuso y María habría podido decir no...

Pero ella dijo “Sí” , el sí de una obediencia absoluta (“que se haga según tu palabra”) ahí donde Eva, por desobediencia provocó la caída del género humano.Así, “llena de gracias” pero libre, María debió, como toda criatura, ejercer las virtudes morales (es decir, naturales) y las virtudes teologales (es decir, sobrenaturales) para caminar fielmente por la ruta que Dios le proponía y mantenerse, costara lo que costara, en esa fidelidad, a pesar de las inmensas pruebas que la llevarían hasta la crucifixión de su propio Hijo en el Calvario.Es, entonces, por virtud personal, en una elección libremente aceptada, que María dijo sí hasta el final de su vocación. En ese sentido, la Virgen María es, para cada una de las personas que quieran responder fielmente al llamado de Dios, un modelo a imitar. Ya que existe un plan de amor de Dios para cada uno de sus hijos... Y María, ella misma mejor que nadie puede ayudar a responder con un “sí” a ese plan de amor de Dios.

Nombres de María

Madre de Dios

La teología explica que la Virgen ha traído al mundo al Hijo de Dios encarnado proveyéndole de la naturaleza humana. Pero, a pesar de la dualidad de las naturalezas, la persona de Jesucristo es única. Es por eso que María ha verdaderamente traído al mundo la Persona del Hijo de Dios –o de Jesucristo– y no solamente su naturaleza humana; puede ella entonces a justo título ser llamada Madre de Dios.

San Anselmo dice que «el Hijo del Padre y el Hijo de la Virgen son un solo y mismo Hijo». El título de Theotokos (Madre de Dios) ha sido vigorosamente defendido contra los heréticos y la Iglesia de Oriente lo inscribe en letras de oro en sus iconos. Santo Tomás dice que «la Virgen está situada en los confines de la divinidad»; es por eso que ella es honrada con un culto eminente o culto de hiperdulia.

Madre de los hombres

La Virgen no es solamente Mater Dei y Mater Christi: ella es también «Mater hominum». En la cruz, Jesucristo pronuncia las palabras: «Mujer, ahí tienes a tu hijo, hijo ahí tienes a tu madre». Por ello, la Virgen ha devenido la madre del género humano según el orden de la gracia.Lo que hemos dicho del papel de la Substancia en la manifestación universal permite comprender que, ahí también, el orden principal es determinante, y que María ha devenido «Mater hominum» según la gracia porque ella lo es de alguna manera según la «naturaleza», es decir según el orden de la manifestación de los principios metafísicos.La maternidad espiritual de la Virgen tiene además consecuencias muy importantes que estudiaremos en la tercera parte.Si la Substancia «produce» la manifestación, ella debe también permitir a esta manifestación volver al Principio; es por lo tanto un principio de «vida espiritual» y un canal de la misericordia divina para la manifestación.

María mediadora

La Virgen es también «Mediadora de todas las gracias». La teología explica que la parte toma por María en la Encarnación y la Redención le vale este título. El Padre ha subordinado la venida de su Hijo al fiat de la Virgen; el Padre y el Hijo nos envían al Espíritu Santo (la gracia) pero por intermediación de María. «Todos los dones del Espíritu Santo son distribuidos por María a aquellos que ella quiere, cuando ella quiere, como ella quiere, y tanto como ella quiere», dice santa Bernadina de Siena. «Por la comunión de dolores y de voluntad entre Cristo y María, dice San Pío X, esta última a merecido llegar a ser la dispensadora de todas las bendiciones que Jesús nos ha adquirido por su sangre».

Esta intervención «actual» de María juega un papel preponderante en el mundo de la gracia. A decir verdad, es Cristo «solo» el que nos salva, y la mediación de María, por necesaria que sea, no es por ello menos «subordinada» a la de su Hijo. La teología se esfuerza en distinguir y en precisar estas dos mediaciones. La dificultad se resuelve si recordamos que estas dos mediaciones son las de la Esencia y la Substancia con relación a la manifestación. Son por tanto las dos necesarias, pero no idénticas, y la una puede verdaderamente ser denominada como «causa» de la otra. María es por lo tanto verdaderamente «Madre», a la vez de Dios, de Cristo y de los hombres. Pero ella permanece «siempre virgen», como lo hemos explicado. María es también «esposa», esposa de san José por su matrimonio con él, pero sobretodo esposa del Espíritu Santo de quien ella ha concebido.

María es por lo tanto la única mujer que es a la vez y plenamente, Madre, Virgen y Esposa; las otras mujeres pueden permanecer «vírgenes» y ser relativamente «madres» por una «maternidad espiritual»; o bien, estando casadas, pueden permanecer relativamente vírgenes por la fidelidad a su esposo. María asocia plenamente estas tres cualidades, lo que prueba que en el orden de los principios, los contrarios subsisten, pero no se oponen, y cuando un principio se manifiesta en el seno de la propia manifestación, no está sometido a las leyes de ésta.María ha provisto una naturaleza humana al Hijo de Dios. Esta naturaleza no tiene personalidad propia, sino que unida hipostáticamente al Verbo, ella es totalmente la humanidad asociada a la divinidad. María ha manifestado por lo tanto al Hombre universal, en el sentido definido más arriba; ella es por lo tanto verdaderamente la Madre universal, como hemos intentado mostrar en este capítulo.

Madre de la iglesia

En las letanías de la Virgen algunas invocaciones fueron los atributos de la Iglesia antes de ser los de María: «Arca de la Alianza», «Torre de David», «Puerta del Cielo», «Refugio de pecadores»; inversamente las imágenes de la «Esposa» y del «Tabernáculo de Dios» utilizadas en la liturgia de la Dedicacia, convienen tanto, si no mejor, a María como a la Iglesia.

Fuentes