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Virginia Woolf

Virginia Woolf
Información sobre la plantilla
Virginia Woolf001.jpg
Escritora
NombreAdeline Virginia Stephen
Nacimiento25 de enero de 1882
Londres, Bandera de Inglaterra Inglaterra
Fallecimiento28 de marzo de 1941
Sussex, Bandera de Inglaterra Inglaterra
Causa de la muerteSuicidio
NacionalidadBritánica
OcupaciónEscritora y editora
CónyugeLeonard Woolf
PadresJulia Jackson Duckworth y Leslie Stephen

Virginia Woolf. Escritora de imaginación desmedida, una imaginación sin frenos, que se autoanalizaba para observar sus subidas y sus bajadas, su dolor y su capacidad para seguir escribiendo.

Síntesis biográfica

Adeline Virginia Stephen nació el día 25 de enero de 1882, en el 22 de Hyde Park Gate, Kensington, Londres. Era hija de Sir Leslie Stephen fundador del Dictionary of National Biography y de Julia Duckworth (de soltera Jackson). El matrimonio tendría cuatro hijos: Vanessa Stephen (1879-1961), Julian Thoby Stephen (1880-1906), Adeline Virginia Stephen (1882-1941) y Adrian Leslie Stephen (1883-1948).

Virginia Stephen creció rodeada de un ambiente literario y cultísimo. Su padre poseía una amplia biblioteca y cuando ella cumplió los dieciséis años por fin pudo entrar sola en aquel recinto consagrado a la lectura y dedicarse a explorar todo lo que deseara, lo que supondría un verdadero lujo para una chica de la época victoriana y también una situación que le sería ampliamente provechosa para su futura condición de escritora.

Empezó a leer un ejemplar tras otro: "Ginia está devorando libros, casi con más rapidez de la que yo quisiera", diría su padre, Leslie Stephen, pero, de todas formas, ella sentiría durante toda su vida que su educación había sido deficiente por razón de su sexo. Cambridge era un lugar por entonces reservado a los hombres y, por lo tanto, ellas (su hermana Vanessa y la propia Virginia) podían pasar las mañanas estudiando griego o pintura, pero las tardes se consagraban a ocupaciones más "adecuadas", como servir el té o mostrarse amables con las visitas. "Entonces ellas, las hijas, serían sacrificadas a favor de los varones."

= Bloomsbury

Thoby Stephen ingresó en el Trinity College, Cambridge, en octubre de 1899 y, gracias a él, Virginia y Vanessa Stephen entraron en contacto con los "nuevos amigos" de su hermano Thoby: Leonard Woolf, Lytton Strachey, Saxon Sydney-Turner y Clive Bell, entre otros.

Tras la muerte de Sir Leslie en 1904, los hermanos Stephen decidieron mudarse del 22 de Hyde Park Gate al 46 de Gordon Square, en el barrio de Bloomsbury, donde se formó el llamado Grupo de Bloomsbury a partir de unas veladas organizadas por Thoby en su casa las noches de los jueves. En aquella época en la que Virginia escribía, hacía crítica literaria y daba clases, se encontrando ya a una escritora de imaginación desmedida, una imaginación sin frenos, que se autoanalizaba para observar sus subidas y sus bajadas, su dolor y su capacidad para seguir escribiendo.

Con el tiempo, las personas más cercanas a ella, descubrirían que Virginia tenía que estar siempre escribiendo algo pero que, al mismo tiempo, "todas sus novelas eran una causa de ansiedad y depresión."

Obra

Revisando las fechas en las que se sucedieron algunos de sus colapsos nerviosos de mayor intensidad, se puede comprobar que las crisis de delirio en las que perdía casi por completo la conciencia de la realidad y del mundo exterior solían coincidir con los momentos en los que estaba terminando de escribir alguna de sus novelas. Pero no por ello iba a dejar de escribir sino que, al contrario, filtraba sus propias experiencias hasta convertirlas en literatura mediante las experiencias de sus personajes, como sucede en el caso de Septimus Warren-Smith, personaje de La señora Dalloway, que sufre neurosis de guerra y que terminará suicidándose. Tras superar sus accesos de locura, Virginia Woolf solía recordar gran parte de lo que le había ocurrido y, normalmente, lo primero que hacía cuando todo volvía a mostrar cierto equilibrio era empezar a trabajar en una nueva novela.

Ella misma expondría con claridad la cuestión en su admirable ensayo Una habitación propia (1929)elaborado a partir de dos conferencias pronunciadas en Cambridge en octubre de 1928 sobre el tema "Las mujeres y la narrativa"- al preguntarse por el verdadero germen de la novela o de la obra de imaginación:

"…uno se acuerda de que estas telas de araña no las hilan en el aire criaturas incorpóreas, sino que son obra de seres humanos que sufren y están ligados a cosas groseramente materiales, como la salud, el dinero y las casas en que vivimos."

Su vida estuvo dedicada por completo a la literatura. Experimentó con nuevas formas que llegarían a englobar la auténtica realidad de la existencia, y quiso bucear en los pensamientos de sus personajes para hacerlos retroceder y progresar hasta que el lector tuviese la verdadera impresión de saberlo todo sin que realmente ningún narrador hubiera tenido que explicar nada. No debemos olvidar que lo que Virginia Woolf pretendía en sus obras era desprenderse del mundo material y llegar a reflejar una realidad interna que no se ve pero que, indudablemente, existe. "…la vida es un halo luminoso, un envoltorio semitransparente que nos rodea desde el principio de la conciencia hasta el final. ¿Acaso no es tarea del novelista transmitir este espíritu variable, ignoto e indefinido, por muchas aberraciones o complejidades que ello pueda acarrear, con tan poca mezcla de lo ajeno y de lo externo como sea posible?"

En libros como El cuarto de Jacob (1922), Al faro (1927) o Las olas (1931), el peso de la narración se deposita por completo sobre las reflexiones de cada personaje, y es únicamente siguiendo dichas reflexiones como podemos llegar a conocer el desarrollo de la trama novelada. Virginia Woolf lleva así a la práctica sus propias ideas sobre el modo de conducir al lector a través de los diferentes pensamientos de sus personajes. Demuestra de esta forma que la realidad interna y subjetiva suele ser mucho más interesante para el lector que cualquier otro tipo de fuerza externa.

Woolf abriría caminos antes no explorados en la manera de narrar, en la manera de verse uno mismos. Tuvo una percepción privilegiada de la realidad, una percepción descarnada y genial de todo cuanto la rodeaba. Y gracias a ella, ahora el mundo para muchos es diferente.

Muerte

El día 28 de marzo de 1941, por la mañana, a los cincuenta y nueve años de edad, la escritora Virginia Woolf se ahogó voluntariamente en el Río Ouse, cerca de su casa de Sussex. Era un día frío y luminoso.

Eran las once y media aproximadamente y caminó hasta el río apoyándose en su bastón. Al parecer ya lo había intentado anteriormente ya que unos días antes había regresado a casa con la ropa y el cuerpo completamente empapados, después de uno de sus paseos. En aquella ocasión dijo que se había caído, pero seguramente aquel fracaso le sirvió para descubrir que lo que debía hacer era meter una piedra pesada en los bolsillos de su abrigo. Así no volvería a fallar. Y eso fue lo que hizo.

Había dejado dos cartas, una para su hermana Vanessa Bell y otra para su marido Leonard Woolf, las dos personas más importantes de su vida.

Carta a su esposo

Muchas veces la muerte ha sido ocasión para la literatura. Las cartas de suicidio de escritores famosos se leen porque destilan intimidad y realidad ahí donde sólo había ficción y distancia. Son estudiadas detenidamente tanto por lectores como por académicos (baste ver, por ejemplo, ensayos sobre las últimas palabras de Virginia Woolf editados por Smith College y Yale) quizá porque el suicidio siempre ha sido un tabú, y comprenderlo es comprender un proceso categórico, largo y sucesivo.

Es por ello que muchas veces cuando un escritor se suicida se abre una suerte de “caso”. El lector da seguimiento al suceso y cree conocer la razón detrás de todo; cree reconocer, en lo que ha leído del autor, las claves que anunciaban lo que estaba a punto de pasar. Y eso siempre es grato. Volvernos detectives literarios es una actividad que una vez probada no se querrá dejar a medias. Por ejemplo, en el caso de Virginia Wolf se podría relacionar la entrada de su diario de 1904 que dice: “A veces, a penas, puedo escuchar a los pájaros cantando en griego” con el decreto que dejó en su carta de suicidio en 1941: “Estoy segura de que me vuelvo loca de nuevo […] Empiezo a oír voces y no puedo recuperarme”. De tiempo atrás su locura (¿o su extra percepción?) se anunciaba en griego y en el momento en que muere todo cobra un nuevo significado.

La carta que Woolf le dejó a su esposo Leonard antes de ahogarse en el río Ouse es fría y luminosa dentro de su austera sinceridad, y por ello persiste como persiste el imaginario de los pájaros y de Las olas. Aquí una copia del manuscrito de la nota y abajo la transcripción completa.

Carta1.JPG

"Querido:

Estoy segura de que me vuelvo loca de nuevo. Creo que no puedo pasar por otra de esas espantosas temporadas. Esta vez no voy a recuperarme. Empiezo a oír voces y no puedo concentrarme. Así que estoy haciendo lo que me parece mejor. Me has dado la mayor felicidad posible. Has sido en todos los aspectos todo lo que se puede ser. No creo que dos personas puedan haber sido más felices hasta que esta terrible enfermedad apareció. No puedo luchar más. Sé que estoy destrozando tu vida, que sin mí podrías trabajar. Y sé que lo harás. Verás que ni siquiera puedo escribir esto adecuadamente. No puedo leer. Lo que quiero decir es que te debo toda la felicidad de mi vida. Has sido totalmente paciente conmigo e increíblemente bueno. Quiero decirte que… Todo el mundo lo sabe. Si alguien pudiera haberme salvado, habrías sido tú. No me queda nada excepto la certeza de tu bondad. No puedo seguir destrozando tu vida por más tiempo.

No creo que dos personas pudieran haber sido más felices de lo que lo hemos sido nosotros.
V."

Libros

  • Fin de viaje,1915
  • Noche y día,1919
  • El cuarto de Jacob,1922
  • The Common Reader (Primera parte), 1925
  • La señora Dalloway, 1925
  • Al faro, 1927
  • Orlando, 1928
  • Una habitación propia, 1929
  • Las olas, 1931
  • The Common Reader (segunda parte), 1932
  • Flush, 1933
  • Los años, 1937
  • Tres guineas, 1938
  • Roger Fry, 1940
  • Entre actos, 1941 Póstuma

Fuente

Véase también