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Revisión del 03:38 14 jul 2018
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Manuel López de la Portilla (San Luis, 1 de agosto de 1940 - Santa Cruz del Norte, 16 de julio de 1960) fue un militar y espía cubano.[1] Desarrolló una ardua actividad revolucionaria, logrando alcanzar el grado de teniente en las filas del MININT. Fue asesinado a los 19 años.
Sumario
Sínteis biográfica
Nació el 1 de agosto de 1940 en San Luis, provincia de Pinar del Río. A los 18 días de nacido quedó huérfano de padre y a partir de entonces la madre, Blanca de la Portilla, tuvo que emprender la difícil tarea de criar y educar al pequeño hijo.
Sin experiencia laboral, la madre se traslada para Isla de Pinos a trabajar como costurera de la colonia de japoneses residente en esta región.
Al extenderse la II Guerra Mundial a la zona del Pacífico en el verano de 1941, los colonos japoneses abandonan la Isla, entonces Blanca se traslada con su pequeño hijo al poblado de Surgidero de Batabanó, donde nuevamente gana, como costurera, el sustento del humilde hogar.
Estudios
El interés de la madre porque Manolito estudie, hace que se dirija hacia la capital. Ahora reside en el Vedado, y continúa trabajando como costurera para costear los estudios por manos que realiza el hijo en el colegio privado sito en Calzada y calle 20.
Posteriormente ingresa a realizar estudios superiores en la escuela de comercio “Concepción Arenal”, donde cursó hasta el tercer año. En los últimos años de esta escuela, se acoge a la sesión nocturna, pues durante el día realizaba trabajos de aprendiz de joyería, para ayudar al sostén del hogar.
Manolito López es un niño intranquilo y audaz, que gusta de la lectura, por lo que desde pequeño se compenetra con las ideas martianas. Este carácter se acentúa con el curso de los años y ya en su época juvenil constituye su rasgo distintivo.
Trayectoria revolucionaria
Comienza a participar en manifestaciones y protestas estudiantiles; en más de una ocasión estas terminaron en violentos enfrentamientos con la policía, en los cuales el joven fue brutalmente golpeado, a tal extremo que en una de ellas sufrió fractura del cráneo y por ello tuvieron que colocarle un casco de plata en la cabeza.
Esta actitud abusiva del ejército batistiano, le convierte en un luchador revolucionario a quien sus compañeros de estudio admiran.
La represión de que es objeto personalmente y el estado de miseria que sufre el país, hacen que Manolo comprenda que la lucha debe ser más organizada.
Muy joven aún, casi un niño todavía, se incorpora al Movimiento 26 de Julio (M-26-7) e integra el grupo de acción y sabotaje que dirige Gerardo Abréu Fontán. Participa en los sabotajes y actividades ejecutadas por este, así como en una de sus principales acciones: la quema de la panadería Los Pinos Nuevos.
La represión cerca cada vez más al joven revolucionario. Uno de los participantes de los sucesos de la panadería, es torturado salvajemente y denuncia la dirección de Manolo, pero con otro nombre. La actitud de un vecino que despista a la policía lo salva. A partir de entonces la madre y el hijo inician un peregrinar por casa de diferentes amigos y parientes hasta que finalmente pasan a residir en la calle 27 y A en el propio Vedado. En ocasiones, al joven revolucionario se le podía localizar en Paseo y 27, en otras en Prado No. 109, donde radicaba la dirección de la célula del M-26-7 a la que pertenecía.
El amor del joven por su patria se manifiesta en la respuesta que da a su madre, quien desconoce su afiliación revolucionaria, cuando le increpa por sus llegadas tardes:
“Tú eres algo muy importante para mí, pero la patria también lo es; porque la patria es tu madre y la mía.”
La actividad de Manuel en la clandestinidad es intensa, pinta letreros en paredes y paradas de ómnibus, riega fósforo vivo, hace prácticas de tiro, prepara cócteles molotov y distribuye bonos y propaganda del M-26-7 entre la población.
El Americano, como cariñosamente le decían sus compañeros, era de los más activos del grupo.
Luego de la huelga del 9 de abril, recibe la orden de mantenerse en la lucha clandestina, actividad en la que lo sorprende el 1 de enero.
Triunfo revolucionario
Al triunfo de la Revolución, Manuel López es situado por el local del Buró de Represión de Actividades Comunista (BRAC). En febrero de 1959 desaparece este buró y se crea un aparato encargado de velar por el buen funcionamiento de los institutos armados. Surge el Centro de Investigaciones y denuncias de los Institutos Armados Revolucionarios (CIDIAR del cual el joven Manolo es un eficiente investigador.
Al poco tiempo de permanecer en este centro, en octubre de 1959, pasa a integrar la Dirección de Información del Ejército Rebelde (DIER). La capacidad e interés investigativo del joven por la seguridad era evidentes puso de manifiesto ese mismo año, al realizar la infiltración de la organización contrarrevolucionaria La Rosa Blanca.
Manolo además de su responsabilidad y audacia se preocupaba constantemente por su superación política. En 1959 pasa, con buenos resultados, la escuela política “Frank País”. Durante su estancia en el DIER no descansó en su lucha por sofocar todo intento de actividad enemiga. También prestó importantes servicios como miembro del DIER, en la delegación del aeropuerto.
Por su trayectoria revolucionaria en la lucha clandestina y los servicios prestados a la Revolución fue ascendido en febrero de 1960 al grado de teniente.
Misión importante
A mediados de 1960, en cumplimiento de las misiones asignadas, se encuentra infiltrado en la conspiración que dirige el contrarrevolucionario Jaime Vega y que tenía ramificación en todo el país. Como parte de su labor en el grupo, Manolo recorre varias provincias, principalmente Oriente, y establece contactos con un gran número de complotados.
Ya dentro de la organización, logra que alrededor de 160 de sus miembros sean detenidos en la zona fundamental de operaciones de dicho grupo Jaruco, provincia de La Habana. Para conseguir sus objetivos de penetración se hace pasar por un mecánico de aviación, desafecto a la Revolución.
Descubrimiento que provoca su muerte
La inexperiencia de su juventud provoca que el grupo descubra su verdadera personalidad, al estacionar cerca del lugar su auto, que fue descubierto por los contrarrevolucionarios.
Al conocerse su condición de agente de la Seguridad, en la madrugada deI 16 de julio de 1960 fue conducido hasta el lugar conocido por Arenal de Jijira, en los arrecifes de la punta de Jijira, a menos de 100 metros de la Vía Blanca y a 8,8 km al oeste-noroeste del centro de la ciudad de Santa Cruz del Norte (o a 46 km al este de la ciudad de La Habana), donde sus asesinos lo golpearon sobre las rocas y finalmente le dispararon varias veces con arma de fuego.
Así, con apenas 19 años de edad y una intensa vida revolucionaria, el teniente Manuel López de la Portilla entró para siempre en las páginas gloriosas de la Historia de Cuba.
Monumento en Santa Cruz del Norte
En la vera de la Vía Blanca, en el lugar donde fue asesinado, el Gobierno revolucionario instaló un monumento en honor a Manolo López.[2]
Fuentes
- ↑ 1,0 1,1 «Manolito, el primer mártir de la seguridad cubana», artículo publicado el 26 de marzo de 2017 en el sitio web Guayacán de Cuba (La Habana).
- ↑ «Monumento a Manuel López de la Portilla (el Americano) al lado de Vía Blanca», artículo publicado en el sitio web Cu.Geoview.info.
- Mártires del MININT. Semblanzas biográficas, tomo I. La Habana: Editorial Política, 1990.