Diferencia entre revisiones de «Lolita (película de 1962)»
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Revisión del 08:56 11 ene 2020
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Lolita (Filme). Adaptación de la novela homónima de Vladimir Nabokov y dirigida por Adrian Lyne, la producción narra la vida de un culto profesor llamado Humbert, al que da vida Irons, que se deja seducir por la hija, de 14 años de edad, de una viuda con la que finalmente contrae matrimonio.
Sinopsis
Humbert Humbert es un europeo muy educado y refinado, que llega a Estados Unidos para ocupar su puesto de profesor. Aunque tiene un fuerte atractivo para las mujeres, siente una atracción irrefrenable por las jovencitas. Charlotte (Melanie Griffith), una viuda que desea rehacer su vida, le hospeda en su casa y trata de conquistarle. Pero Humbert no le quita los ojos de encima a Lolita, una bonita y caprichosa niña de doce años, hija de Charlotte. Juntos emprenderán un peligroso y atractivo viaje a través de Estados Unidos.
Basada en la turbadora novela del escritor ruso afincado en Estados Unidos Vladimir Nabokov, que fue publicada en 1958. La primera versión cinematográfica la hizo el genial Stanley Kubrick en 1962. Una historia inquietante , en la que se ponen de manifiesto las obsesiones del protagonista. Jeremy Irons realiza con eficacia su escabroso papel. Dominique Swain, de quince años, fue seleccionada para interpretar a Lolita entre 2.500 aspirantes.
La versión de Kubrick era sobria, casi una crónica negra. Aquello no consistía en un capítulo de 'Vidas ejemplares', pero se agradecía la contención, el rigor narrativo. Para Adrian Lyne, Lolita reclama en los años 90 sensualidad e insinuación perpetuas –juego seductor de Swain y mirada de cordero degollado de Irons– y alguna que otra escena de alcoba. La novedad de su film –explicar el pasado del protagonista– hace más efecto de parche que de elemento clarificador. Kubrick aprovechaba bien el vigoroso clímax –en torno a él construía la historia como un flash-back que se prolongaba a lo largo de casi todo el metraje–, Lyne lo convierte en algo cercano a la bufonada.
Lyne no aprueba la desordenada conducta de los protagonistas –Humbert pide perdón a Lolita por corromperla, sabe que no actúa bien–, pero ahí se queda. Por ello, en una época en que causan pavor graves sucesos de pederastia y pornografía infantil, no debería sorprenderse de las reacciones que produjo su película. Pero la opinión pública ha de interrogarse si es hipócrita su clamor en tales cuestiones, cuando se despreocupa del contenido de otros filmes y emisiones televisivas que vacían la sexualidad de toda su riqueza.
