Diferencia entre revisiones de «Pío de Pietrelcina»

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(El papa Juan XXIII contra el Padre Pío)
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{{Ficha Persona
 
{{Ficha Persona
|nombre       = Padre Pío  
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| nombre = Pío de Pietrelcina
|nombre completo = Francesco Forgione  
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| nombre completo = Francesco Forgione
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| lugar de nacimiento = villa de Pietrelcina,<br>provincia de Benevento,<br>[[región de Campania]],<br>[[Italia]], {{bandera|Italia}}
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| fecha de fallecimiento = [[23 de septiembre]] de [[1968]] (81&nbsp;años)
|familiares   = Hermanos:Michele Forgione, Francesco Forgione, Grazia Forgione, Pellegrina Forgione, Felicita Forgione, Amalia  
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| lugar de fallecimiento = San Giovanni Rotondo,<br>provincia de Foggia,<br>[[región de Apulia]],<br>[[Italia]] {{bandera|Italia}}
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| padres = Grazio Mario Forgione, María Giuseppa Di Nunzio
'''Francesco Forgione(Padre Pío).''' [[Sacerdote]] nacido en [[Italia]] Heredero espiritual de [[San Francisco de Asís]], el  Padre Pío de Pietrelcina ha sido el primer sacerdote en llevar impreso sobre su cuerpo las señales de la crucifixión. Él ya fue conocido en el mundo como el "Fraile" estigmatizado. El Padre Pío, al que  Dios donó particulares carismas, se empeñó con todas sus fuerzas por la salvación de las almas.
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| familiares = Hermanos: <br> Michele Forgione, <br> Francesco Forgione, <br> Grazia Forgione, <br> Pellegrina Forgione, <br> Felicita Forgione, <br> Amalia Forgione
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==Síntesis biográfica==
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'''San Pío de Pietrelcina'''
                                 
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([[región de Campania]], [[25 de mayo]] de [[1887]] - [[región de Apulia|San Giovanni Rotondo]], [[23 de septiembre]] de [[1968]])
El Padre Pío de [[Pietrelcina]] que se llamó  Francesco Forgione, nació en Pietrelcina, en un pequeño pueblo de la provincia de Benevento, el 25 de mayo de [[1887]]. Nació en una familia humilde  donde el papá [[Grazio Forgione]] y la mamá [[Maria Giuseppa Di Nunzio]] ya tenían otros hijos.
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fue un fraile y sacerdote católico italiano, famoso por los estigmas que presentaba en las manos, los pies y el costado.<ref name="Biografía del Padre Pío">[http://www.padrepiocatholicwebservices.com/EPANOL/biografia.htm «Hagiografía del Padre Pío»,] artículo acrítico escrito en español por fanáticos del Padre Pío, publicado en el sitio web Padre&nbsp;Pio Catholic Web Services.</ref>
                                 
 
Recibió su primera instrucción de un maestro privado y a la edad de 15 años hizo su ingreso en el Noviciado de los Padres Capuchinos en la Ciudad de [[Morcone]]. De débil salud, pero de excepcional fuerza de voluntad, pudo completar sus estudios y gracias a una continua asistencia divina tuvo la ansiada ordenación sacerdotal. El 10 de Agosto de [[1910]] celebró su primera Misa, en la Catedral de [[Benevento]]. Ocho años más tarde, el 20 de [[Septiembre]] de [[1918]], aparecieron visiblemente las llagas de Nuestro Señor en sus manos, pies y costado izquierdo del pecho, haciendo del P. Pío el primer sacerdote estigmatizado en la historia de la Iglesia (recuerden que San Francisco no era sacerdote).
 
  
===Infancia===
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Nació con el nombre civil de '''Francesco Forgione'''. El nombre de Pío le fue dado cuando ingresó en la [[Orden de los Hermanos Capuchinos en Cuba|Orden de los Hermanos Menores Capuchinos]].<ref name="Biografía del Padre Pío"/>
                                 
 
Desde la tierna edad Francesco experimentó en sí el deseo de consagrarse totalmente a Dios y  este deseo lo distinguiera de sus coetáneos. Tal "diversidad" fue observada de sus parientes y de sus amigos. Mamá Peppa contó - "no cometió nunca  ninguna falta, no hizo caprichos, siempre obedeció a mí y a  su padre, cada mañana y cada tarde iba a la  iglesia a visitar a Jesús y a  la Virgen. Durante el día no salió nunca con los compañeros. A veces le dije: "Francì sal un poco a jugar. Él se negó diciendo: no quiero ir porque ellos blasfeman". Del diario del Padre Agostino de San Marco in Lamis, quien fuè uno de los directores espirituales del Padre Pío,  se enteró de que el Padre Pío, desde el 1892, cuando apenas  tenía cinco años, ya vivió susprimeras experiencias carismáticas espirituales. Los Éxtasis y las apariciones fueron tan frecuentes que al niño le pareció que eran absolutamente normales.
 
  
==historia==
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Fue beatificado en 1999 y canonizado en 2002 por el papa anticomunista [[Juan Pablo&nbsp;II]] (1920-2005).<ref name="Biografía del Padre Pío"/>
Con el pasar del tiempo, pudo realizarse para Francesco lo que fue el más grande de sus  sueños: consagrar totalmente la vida a Dios. El 6 de enero de 1903, a los  dieciséis años, entró como clérigo en la orden de los Capuchinos.  Fue ordenado sacerdote en la Catedral de Benevento, el 10 de agostode 1910. Tuvo así inicio su vida sacerdotal que a causa de sus precarias condiciones de salud, se desarrollará primero en muchos conventos de la provincia de Benevento. Estuvo en varios conventos  por motivo de salud, luego, a partir del 4de septiembre de 1916 llegó al convento de San Giovanni Rotondo, sobre el Gargano, dónde  se quedó hasta el 23 de septiembre de 1968, día de su sentida muerte.  
 
  
                                 
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== Síntesis biográfica ==
En este largo período el Padre Pío iniciaba  sus días despertándose por la noche, muy antes del alba, se dedicaba a la oración con gran fervor aprovechando la soledad y silencio de la noche.  Visitaba diariamente por largas horas a Jesús Sacramentado, preparándose para la Santa Misa, y de allí siempre sacó las fuerzas necesarias, para su gran labor para con las almas, al acercarlas a Dios en el Sacramento Santo de la Confesión, confesaba por largas horas, hasta 14 horas diarias, y así salvó muchas almas.
 
 
Uno de los acontecimientos que señaló intensamente la vida del Padre Pío  fuè lo que se averiguó la mañana del 20 de septiembre de 1918, cuando, rogando delante del Crucifijo del coro de la vieja iglesia pequeña, el Padre Pío tuvo el maravilloso regalo de los estigmas. Los estigmas  o las heridas fueron visibles y quedaron abiertas, frescas y sangrantes, por  medio siglo. Este fenómeno extraordinario volvió a llamar, sobre el Padre Pío la atención de los médicos, de los estudiosos, de los periodistas pero sobre todo de la gente común que, en el curso de muchas décadas  fueron a San Giovanni Rotondo para encontrar al  santo fraile. 
 
 
En una carta al [[Padre Benedetto]], del 22 de octubre de 1918, el  Padre Pío cuenta su "crucifixión": “¿Qué  cosa os puedo decir a los que me han preguntado como es que  ha ocurrido mi crucifixión? ¡Mi Dios que confusión y que humillación yo tengo el deber de manifestar lo que Tú has obrado en esta tu mezquina criatura!
 
 
Fue la mañana del 20 del pasado mes [[septiembre]] en coro, después de la celebración de la Santa Misa, cuando fui sorprendido por el descanso en el espíritu,  parecido a un dulce sueño. Todos los sentidos interiores y exteriores, además de las mismas facultades del alma, se encontraron en una quietud indescriptible. En todo esto hubo un total silencio alrededor de mí y dentro de mí; sentí  enseguida una gran paz y un abandono en la completa privación de todo y una disposición en la misma rutina.
 
Todo esto ocurrió en un instante. Y mientras esto se desarrolló; yo vi delante de mí un misterioso personaje parecido a aquél visto en la tarde del 5 de [[agosto]]. Éste era  diferente del  primero, porque tenía las manos,  los pies y el costado que emanaban sangre. La visión me aterrorizaba; lo que sentí enaquel instante en mí; no sabría decirlo. Me sentí morir y habría muerto, si  Dios no hubiera intervenido a sustentar mi corazón, el que me lo sentí saltar del pecho.
 
La vista del personaje desapareció, y  me percaté  de que mis  manos, pies y costado fueron horadados y chorreaban sangre. Imagináis el suplicio que experimenté entonces y que voy experimentando continuamente casi todos los días. La herida del corazón asiduamente sangra, comienza el jueves por la tarde hasta al sábado. Mi padre, yo muero de dolor por el suplicio y por la confusión que yo experimento en lo más  íntimo del alma. Temo  morir desangrado, si  Dios no escucha los gemidos de mi pobre corazón,  y tenga piedad  para retirar de mí esta  situación....”
 
 
 
Por años, de cada parte del mundo, los fieles  fueron a este sacerdote estigmatizado, para conseguir su potente intercesión cerca de Dios. Cincuenta años experimentados en la oración, en la humildad, en el sufrimiento y en el sacrificio, dónde para actuar su amor, el Padre Pío realizó dos iniciativas en dos direcciones: un vertical hacia Dios, con la fundación de los "Grupos de ruego", hoy llamados “grupos de oración” y la otra horizontal hacia los hermanos, con la construcción de un moderno hospital: "Casa Alivio del Sufrimiento." 
 
 
En  septiembre  los 1968 millares de devotos e hijos espirituales del Padre Pío se reunieron en un congreso en [[San Giovanni Rotondo]] para conmemorar juntos el 50° aniversario de los estigmas aparecidos en el Padre Pío y para celebrar el cuarto congreso internacional de los Grupos de Oración. Nadie habría imaginado que  a las 2.30 de la madrugada  del 23 de septiembre de [[1968]], sería  el doloroso final de la vida terrena del Padre Pío de Pietrelcina. De este maravilloso fraile, escogido por Dios para derramar su Divina Misericordia de una manera tan especial.
 
{{Sistema:Cita|“Cada [[Santa Misa]], escuchada con devoción, produce en nuestras almas efectos maravillosos, abundantes gracias espirituales y materiales que, nosotros mismos,  no sabemos....¡Es más fácil que la tierra exista sin el sol que sin el Santo Sacrificio de la Misa!"  Padre Pío“}}
 
                               
 
==Los  Milagros  del  Padre  Pío==
 
  
Es muy difícil establecer una definición para la palabra "milagro". Los Milagros son considerados expresiones de lo sobrenatural. También nosotros podemos decir que un milagro es un fenómeno que ocurre distinto de las leyes naturales y obedecen  a una fuerza más avanzada: ¡la voluntad de Dios! 
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Francesco Forgione, nació en Pietrelcina [pietrelchina], un pequeño pueblo a 82&nbsp;km al noreste de [[Nápoles]]. Nació en una familia humilde donde su padre, Grazio Forgione y su madre, María Giuseppa Di&nbsp;Nunzio, ya tenían otros hijos.<ref name="Biografía del Padre Pío"/>
Toda la vida del Padre Pío estaba llena de milagros, pero nosotros tenemos que prestar  atención a la naturaleza del milagro que siempre es divino. De esta manera, el Padre Pío siempre convidó a las personas a darle gracias a Dios, verdadero autor de todo milagro.
 
                                                           
 
  
* Un milagro que se ha atribuido como el primero  del Padre Pío                        ocurrió en 1908. En ese momento él vivía en el convento de                         Montefusco. Un día en que él fuè al bosque a coleccionar los                         alazanes en una bolsa; Él quiso enviársela en Pietrelcina a su                        tía Daría. Ella siempre había sido muy afectuosa con él. La                        mujer recibió y comió los alazanes y guardó la bolsa de                         recuerdo. Tía Daría días después, estaba buscando algo                        en un cajón dónde su marido normalmente tenía  polvo. Era                        de noche, y ella se alumbraba con una vela, cuando de repente;                          el cajón se incendió. Tía Daría fuè alcanzada por el fuego.                        En un instante, ella agarrò la bolsa que contuvo los alazanes del                        padre Pío y se la  puso en la cara. Inmediatamente, su dolor                        desapareció y ninguna herida o marca de la quemadura permanecían                        en su cara.
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Recibió su primera instrucción de un maestro privado y a la edad de 15 años hizo su ingreso en el Noviciado de los Padres Capuchinos en el pueblo de Morcone, 28&nbsp;km al noroeste de Pietrelchina. De débil salud, pero de excepcional fuerza de voluntad, pudo completar sus estudios y
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el 10 de agosto de 1910 fue ordenado sacerdote en la Catedral de Benevento ―13&nbsp;km al suroeste de Pietrelchina―, donde celebró su primera [[misa]].<ref name="Biografía del Padre Pío"/>
  
                       
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No permanecía mucho tiempo en cada convento donde vivió.
* Durante                        la segunda guerra mundial, en Italia, el pan se racionó. En el                        convento del Padre Pío había siempre muchos invitados más los                        pobres que siempre iban allí pidiendo comida. Un día los Frailes                        se encontraron con que apenas tenían dos libras aproximadamente                        de pan. Todos los hermanos oraron antes de  sentarse a comer.                        El Padre Pío entró en la Iglesia, y  rato después                          regresó con muchísimo pan en sus manos. El Superior le preguntó                        al Padre Pío: "¿Dónde usted ha encontrado pan?” El                        Padre Pío contestó: “me los dìò un peregrino en la puerta".                        Nadie habló,  pero todos pensábamos que sólo el                          Padre Pío  podía encontrar a ese peregrino.
 
                       
 
                                                         
 
* Una                        vez en el convento del Padre Pío, un fraile se olvidó de                        organizar  el personal para la Sagrada Comunión. Por esta                        razón habían  solamente unas pocas personas                          disponibles. Pero después que terminó de confesar; el Padre Pío                        organizó a las personas para impartir la Sagrada Comunión; y                        permaneciendo  en el servicio, fueron mucho más de las que                        anteriormente habían.
 
                       
 
                                                         
 
* Una                        hija espiritual del Padre Pío estaba leyendo una carta del Padre                        Pío en el borde del camino. El viento se llevó la carta, hasta                        el declive de un prado. La carta ya estaba lejos, cuando de pronto                        se  detuvo, debajo de una piedra. De esta manera la mujer                        pudo recuperar su carta. El día, en que  después ella                        encontró al Padre Pío éste  le dijo: "Usted tiene que                        prestar más atención al viento la próxima vez. Si yo no hubiera                        puesto mi pie en la carta, ésta se hubiera perdido."                         
 
                       
 
                                                         
 
* La                        señora Cleonice, hija espiritual del Padre Pío dijo: - "Durante                        la segunda guerra  mundial mi sobrino estaba prisionero.                        Nosotros no habíamos recibido noticias durante un año; y                        creíamos que él estaba muerto.  Sus padres pensaban lo                        mismo. Su madre fue un día a ver al Padre Pío y se arrodillaba                        delante del fraile que estaba en el confesionario.  "Por                        favor Padre, dígame si mi hijo está vivo. Yo no me marcharé,                        hasta que UD no me conteste". El  Padre Pío simpatizó                        con ella  y teniendo piedad de sus lágrimas le dijo:                        "Levántese, y quédese tranquila”.  “Días                          después yo no resistía el dolor que los padres estaban                        sufriendo, por lo que yo decidí pedirle un milagro, al Padre Pío.                        Yo dije fielmente: "voy a escribir una carta a mi sobrino                        Giovannino. Solamente escribiré su nombre en el sobre, porque                        nosotros no sabemos donde está. Usted y su Ángel Guardián                        llevarán le llevarán la carta. “El Padre Pío no contestó, yo                        escribí la carta, y la dejé en mi mesa de noche, para por la                        mañana siguiente entregarla al Padre Pío.  Para mi gran                        sorpresa,  asombro y miedo; la carta se desapareció.                        Inmediatamente le dì gracias al Padre Pío y él me dijo: "Dé                        sus gracias a Nuestra Señora". Casi quince días después                        nuestro sobrino contestó  la carta.  Entonces todos en                        nuestra familia estábamos contentos; y dando gracias a Dios y al                        Padre Pío."
 
                       
 
                                                         
 
* Durante                        la segunda guerra  mundial, el hijo de  la señora                        Luisa; Oficial de la Marina Real Británica, era motivo de                        angustia para su madre; pues ésta oraba todos los días por la                        conversión  y la salvación de su hijo. Un día llegó un                        peregrino inglés a San Giovanni Rotondo, y trajo algunos                        periódicos ingleses. Luisa quiso leerlos. Ella leyó la noticia                        del hundimiento del barco en que su hijo viajaba Llorando va a ver                        al Padre Pío quien la consoló inmediatamente: ¿Quién le ha                        dicho que su hijo está muerto? De hecho, el Padre Pío; le pudo                        explicar exactamente el nombre y la dirección del hotel en dónde                        estaba su hijo, después de que él escapó del naufragio en el                        Atlántico. Él se acomodó en ese Hotel, mientras esperaba un                        nuevo cargo. Inmediatamente Luisa le envió una carta; y a los 15                        días,  su hijo le respondió.
 
                       
 
                                                         
 
* Había                        una mujer tan noble y buena en San Giovanni Rotondo que el Padre                        Pío dijo que era imposible, de encontrar cualquier falta en su                        alma, para perdonar. En otros términos; ella vivió para ir al                        cielo. Al final de la Cuaresma, Paolina, estaba tremendamente                        enferma. Los doctores no daban esperanzas. Su marido y sus cinco                        niños fueron al convento a orar  al Padre Pío y pedirle                        ayuda.  Dos de los cinco niños tiraron del hábito del Padre                        Pío y lloraron. ¡Pío Padre se perturbó; e intentó consolarlos                        y prometió orar por ellos, nada más!  Algunos días                        después, al principio de la Séptima hora,  las cosas                        cambiaron. De hecho él  pidió por Paulina, para que sanara                        y dijo a todos: "Ella  se recuperará el Día de Pascua.                        Pero durante el viernes santo, Paolina perdió la conciencia, y el                        sábado entró en estado de coma; finalmente, después de algunas                        horas Paolina murió. Algunos de sus parientes tomaron su traje de                        novia para ponérselo según una vieja tradición. Otros parientes                        corrieron al convento para pedirle un milagro al Padre Pío. Él                        les contestó: "Ella  resucitará” y  fuè al                        altar para dar la Santa Misa. Cuando el  Padre Pío empezó a                        cantar el Gloria y el sonido de las campanillas que anuncian la                        resurrección de Cristo, la voz del Padre Pío rompió en llanto y                        sus ojos estaban llenos de lágrimas. En el mismo momento Paolina                        resucitó y sin ninguna ayuda ella bajó de la cama, ella se                        arro
 
dilló y  oró tres veces el Credo. Luego se levantó y                        sonrió. "Ella resucitó". De hecho el  Padre Pío                        no había dicho, "ella se recuperará" sino "ella                        resucitará". Cuando le preguntaron, que le pasó durante el                        tiempo que ella estaba muerta; contestó: "Yo subí, subí,                        subí; hasta que entré en una gran luz,  y de pronto                        regresé.
 
  
==Testimonios==
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El 4 de septiembre de 1916 llegó al convento de San Giovanni Rotondo, sobre el Gargano, donde vivió el resto de su vida.<ref name="Biografía del Padre Pío"/>
                 
 
                                                         
 
* Testimonio                        de una madre: “Mi primera hija,  nació en 1953; el                          Padre Pío, le salvó la vida en forma repentina y milagrosa,                        hacen 18 meses. En la mañana del 6 de enero de 1955 mi marido y                        yo estábamos en la iglesia para asistir a la Santa Misa  y                        nuestra hija estaba en casa con su abuelo. Repentinamente                        aconteció un accidente,  y nuestra hija se quemó con una                        olla de agua caliente. La quemadura era tan grande como grave; le                        abarcaba desde el estómago hasta la parte de atrás. El doctor                        recomendó hospitalizarla inmediatamente; porque podía morirse                        debido a su estado de suma gravedad... Por esta razón él no nos                        dio ninguna medicina.  Desesperada al ver moribunda a mi                        hija, en lo que el doctor se fuè; invoqué fuertemente al Padre                        Pío, que interviniera urgentemente, mientras me preparaba                          para llevarla al hospital, ya casi era la hora del medio día;                        cuando de pronto la niña que estaba sola en su cuarto me llamó                        “Mamà, mamà, ya no tengo ninguna herida”. ¿Y quién ha                        desaparecido tus heridas, pregunté asustada y con gran                          curiosidad? Ella contestó. “mamà el Padre Pío vino, él sanó                        mis heridas poniendo sus manos llagadas sobre mi quemadura”.                        Para asombro de todos, realmente no había ninguna seña ni marca                        de que hubiera alguna quemada; el cuerpo de mi hija estaba                        completamente sano, y pensar que unos minutos antes el medico la                        desahució.                         
 
                       
 
                                                         
 
* Los                        campesinos de San Giovanni Rotondo recuerdan con gran alegría el                         evento siguiente. Era en primavera, florecieron los árboles de                        almendras prometiendo una buena cosecha. Pero desgraciadamente                        millones de orugas voraces llegaron y devoraron  las hojas y                          las flores.  No dejaron ni siquiera la cáscara. Después de                        dos días y después de intentar detener esa invasión, los                        campesinos  estaban muy preocupados, ya que para muchos de                        ellos las almendras eran el único recurso económico - decidieron                        contarle al Padre Pío el problema. El Padre Pío tenía una                        hermosa  vista de  los árboles a través  de su                         ventana  en el convento y  decidió bendecirlos.                         Se puso las sagradas vestiduras y empezó a orar. Cuando                          terminó, tomó el agua bendita e hizo la señal de la Cruz en el                        aire, en  dirección a los árboles. De inmediato                        desaparecieron las orugas, y al día siguiente de que las orugas                        habían desaparecido,  los árboles de  almendras,                          parecían nuevamente tener los retoños. Era un desastre; la                        cosecha  estaba perdida.  ¡Lo que pasó luego es                        realmente increíble!  Teníamos de repente la cosecha más                        abundante; ¿Cómo es posible que tuviéramos una cosecha más                        abundante que las que normalmente teníamos? Antes nunca, en                        tiempos normales habíamos tenido una cosecha así. Los                        científicos nunca han podido dar una explicación a éste                        fenómeno.                         
 
                       
 
                                                         
 
* En                        el jardín del convento habían varios tipos de  árboles;                        los cipreses, algunos de fruta y algún pino. Sobre todo por las                        tardes de verano, el Padre Pío disfrutaba del clima, en la                        sombra, junto con sus amigos, y algún invitado, Una vez cuando el                        Padre Pío estaba hablando con algunas personas, repentinamente                        muchísimos pájaros comenzaron a cantar y a hacer  ruido a                        la sombra de los árboles. Los pájaros habían compuesto una                        sinfonía allí; Mirlos, gorriones, y otras especies. El Padre Pío                         se molestó por la sinfonía, y  mirando a los pájaros les                        dijo: “silencio " En ese mismo instante, los pájaros,                        los grillos y las cigarras se quedaron callados.  ¡Las                        personas que estaban en el jardín, se encontraban profundamente                        sorprendidas! De hecho el Padre Pío había hablado a los pájaros,                        al igual que  San Francisco.                         
 
                       
 
  
                                                         
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Dos años más tarde, el 20 de septiembre de 1918, el Padre&nbsp;Pío afirmó que le habían aparecido las heridas de Jesucristo en las manos, los pies y el costado izquierdo del pecho.<ref name="Biografía del Padre Pío"/>
* Otro                        testimonio, de un señor que contó: “Mi madre vino de Foggia y                        era una de las primeras hijas espirituales del Padre Pío. Ella le                        había pedido al Padre Pío la conversión  y protección                          de mi padre"; cuando en abril de 1945 lo iban a fusilar. Él                        se encontraba delante del pelotón de fusilamiento; cuando de                        pronto viô al padre Pío delante de él  para protegerlo. El                        comandante del pelotón dìò  la orden de disparar; pero                        ningún tiro se disparó de los rifles que lo apuntaban Los siete                        miembros del pelotón y su comandante, sorprendidos, verificaron                        sus rifles y no encontraron ningún problema. Así que el pelotón;                        apuntó  de nuevo a mi padre, y el comandante pidió a sus                        soldados; disparar de nuevo, Y nuevamente ocurre lo mismo. Los                        rifles no funcionaron. Esta realidad misteriosa e inexplicable                        interrumpió la ejecución. Mi padre regresó a  casa y se                        convirtió, recibió  los santos sacramentos en San Giovanni                        Rotondo cuando fuè a agradecer al Padre Pío. De esta manera mi                        madre obtuvo los milagros que ella siempre había pedido al Padre                        Pío: ¡la conversión de su marido!
 
                       
 
                                                         
 
* Testimonio                        del Padre Honorato: “Yo fui a San Giovanni Rotondo con un amigo                          en motocicleta. Llegué al convento algunos minutos antes del                        mediodía. Dando mis respetos al superior, me dirigí al                        confesionario a saludar  al Padre Pío y  besar su mano.                        Debe tenerse en cuenta que mi modelo de  motocicleta se                        llamaba  "avispa". Al verme el Padre Pío me                        dijo: “Muchacho,  ¿la "avispa" lo pinchó? "                        Yo estaba bastante sorprendido: de hecho el Padre Pío no me había                        visto cuando  llegué al convento, pero él sabía qué tipo                        de transporte yo usaba. La mañana siguiente  de que nosotros                        dejamos a San Giovanni Rotondo con mi "avispa"  y                        partimos a San Miguel, el pueblo cercano a San Giovanni Rotondo.                        El tanque de gasolina iba vacío, por lo que  nosotros                        decidimos llenarlo en Monte San                        Angelo. Pero en cuanto nosotros alcanzáramos ese pueblo pequeño                        se nos presentó un problema: todas las bombas de gasolina estaban                        cerradas. De manera que decidimos regresar a San Giovanni Rotondo.                        Realmente nosotros esperamos encontrar a alguien en el camino que                        pudiera darnos un poco de gasolina. En primer lugar yo estaba                        angustiado por mis hermanos del convento, porque iba a llegar                        tarde a la hora del almuerzo; cosa que no es gentil... Pero sin la                        gasolina, los pocos kilómetros, la moto empezó a hacer                          ruido y se detuvo. Verificamos el tanque, y estaba vacío. Con                          tristeza  le dije a mi amigo, que teníamos sól
 
o diez                        minutos para llegar al convento y almorzar con nuestros hermanos.                        No encontrábamos ninguna solución, y por esta razón, mi amigo,                        dìò un puntapié al pedal. ¡Increíble! ¡La motocicleta                        arrancó de nuevo! Emprendimos inmediatamente el viaje a San                        Giovanni Rotondo sin preguntarnos  la razón  de porque                        la motocicleta había arrancado sin  gasolina. Cuando                        llegamos a mitad del convento  la motocicleta paró de nuevo.                         Destapamos el tanque y vimos que todavía estaba seco. Asombramos                        miramos nuestros relojes: era diez minutos antes de la hora del                         almuerzo. Significaba que nosotros, habíamos cubierto quince                        kilómetros en un promedio de 180 kilómetros por hora. ¡Sin la                        gasolina! Yo entré  al convento mientras los hermanos                        estaban bajando para el almuerzo, y cuando  Fuì a buscar  al                        padre Pío, éste; se quedó mirándome y se reía.
 
                       
 
  
                                                         
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Fundó «grupos de ruego» ―hoy llamados «grupos de oración»― y consiguió las donaciones suficientes para la construcción de un moderno hospital: la Casa Alivio del Sufrimiento.<ref name="Biografía del Padre Pío"/>
* En                        mayo de 1925.  María tenía su bebé enfermo de nacimiento.                        María estaba muy angustiada por su bebé. De hecho, después de                        una visita médica, le dijeron que su niño tenía una enfermedad                        muy complicada. No había esperanzas para él: jamás  se                        podría recuperar.  María decidió ir en tren a San Giovanni                        Rotondo. Ella vivía en un pueblo pequeño al sur de Puglia, pero                        escuchando los milagros del Padre Pío, del fraile que tenía los                        estigmas de Jesús y que hacía  milagros, a los enfermos y                        daba  esperanza a los desgraciados; surgió en ella una gran                        fe e  inmediatamente se fuè de viaje, pero durante el                        trayecto  el bebé se murió. Ella había vigilado su                        cuerpecito toda la noche, y lo puso en la maleta y la cerró...                          Al día siguiente de ver morir a su hijo, estaba en el convento de                        San Giovanni Rotondo.  ¡Ya no había ninguna                          esperanza! El niño estaba muerto. Pero Maria no había perdido su                        fe. Por la tarde  estaba delante del Padre Pío. Se                        encontraba en la  fila de la confesión y tenía en sus manos                        la maleta que contenía el cadáver de su hijo. Se había muerto                        veinticuatro horas antes. Se arrodilló delante del Padre Pío                         y  lloró desesperadamente suplicándole ayuda. Él la miró                        profundamente. La madre abrió la maleta, y le mostró el cadáver                        de su hijo  al Padre Pío. El pobre Padre se condolió hasta                        las entrañas por el dolor de ésta madre. Tomó el pequeño                        cuerpo y puso sus manos estigmatizadas en su cabeza, y entonces                          oró mirando al cielo. Después de un rato, la  pobre                        criatura  estaba viva de nuevo. Un gesto, un movimiento de                        los pies, los brazos... parecía dormido y simplemente se despertó                        después de un sueño largo. Hablando a la madre le dijo: "¿Mima,                        por qué usted está llorando? Su hijo está durmiendo " La                        madre y los gritos de la muchedumbre llenaron  la iglesia.                        ¡Todos hablaban sobre el gran milagro!                         
 
                       
 
  
                                                         
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=== Los milagros del Padre&nbsp;Pío ===
* Un                        ingeniero decidió quedarse hasta tarde en el convento, pero                        cuando decide irse comenzó a llover... Así que él le dijo al                        Padre Pío: "Yo no tengo ningún paraguas " "¿Podría                        quedarme aquí hasta por la mañana? Si no,  me mojaré."                        - "Yo lo siento mi estimado, no es posible. ¡Pero no se                        preocupe! ¡Yo lo acompañaré! “le contestó el  Padre                        Pío. Pero el ingeniero pensó que habría sido mucho mejor no                        hacer esa penitencia, sin embargo, podría ser menos riguroso con                        la ayuda del Padre Pío. Se puso su sombrero, y empezó a caminar                        dos millas entre el convento y el pueblo. Pero en cuanto él                        salió  viô con sorpresa que ya no estaba lloviendo.                        Simplemente había un pequeño rocío cuando llegó a su casa. "Mi                        Dios", la mujer exclamó, cuando abrió la puerta "Usted                        también debe estar  mojado hasta  los huesos”                          “en absoluto" el ingeniero contestó - "no está                        lloviendo". Los campesinos que estaban enmudecen: "¿Qué!                        ya no está lloviendo? ¡Está vertiendo! ¡Escuche! “ellos                        abrieron la puerta de nuevo y estaba lloviendo demasiado fuerte Y                        le contaron que había estado lloviendo durante una hora sin                          interrupción. "¿Cómo usted pudo venir sin mojarse? Ellos                        le preguntaron. El ingeniero contestó: "El Padre Pío me                        dijo, que me acompañaría"; entonces, los campesinos                        comprendieron que había sido un milagro más  del Padre Pío.                        "Ahora todo está claro, y se encontraron en la cocina para                        c
 
enar cuando la mujer dijo: "Con seguridad la compañía del                        Padre Pío es mucho mejor que un paraguas "                         
 
                                                                                   
 
* Un                        señor de Ascoli Piceno (una ciudad italiana) dijo: "Hacia el                        fin de los años 1950, yo fuì a San Giovanni Rotondo con mi                        esposa, a la confesión, y antes de que yo recibiera la                        absolución, después del consejo del Padre Pío y  efectuada                        la penitencia. Por la tarde  estaba todavía en el convento y                        el Padre Pío me viô de nuevo y me dijo: ¿Usted todavía está                        aquí?  "Mi ratón no arrancó" le contesté: ¿Qué                        es exactamente el ratón? el Padre Pío preguntó "Es mi                        automóvil" contesté. “Vamos y démosle una mirada"                        me dijo. Él me invitó a dejar el monasterio, cosa  que                        nosotros hicimos sin ningún problema. Nosotros viajamos toda la                        noche y por la mañana siguiente, lo llevé al mecánico.                          Quién me dijo, después del chequeo; que el sistema eléctrico                        del automóvil estaba descompuesto. Y él no me creyó cuando                          le dije que yo había viajado con el automóvil toda la noche. De                        hecho era imposible  cubrir doscientas millas, entre San                        Giovanni Rotondo y Ascoli Piceno, con el carro en aquél estado,                        entonces yo comprendí que el Padre Pío me había ayudado, yo le                        agradecí en mi mente, y estoy seguro que me ha escuchado.                         
 
                       
 
                                                         
 
* Testimonio                        de una buena mujer pero algo tímida. Nunca era necesario repetir                        la misma frase al Padre Pío. Bastaba con pedírselo mentalmente.                        El esposo de esta buena mujer se encontraba muy enfermo. Ella                        corre al convento en busca de ayuda. Pero no sabía como localizar                        al Padre Pío, pues para una confesión, había que esperar hasta                        3 días. Así durante la  Santa Misa ella estuvo todo el                        tiempo de pie y caminaba de un lado al otro de la Iglesia.                        Finalmente  decidió decirle  su problema, y                        pidió en ese instante la ayuda del Padre Pío a Nuestra Señora.                        Así, al final de la Santa Misa, cruzó nuevamente la iglesia para                        hablar con él... Finalmente ella logró  alcanzar el                        corredor por donde el pasaría. En cuanto el padre Pío la miró,                        le dijo: "mujer que poca fe, ¿cuándo usted pedirá mi ayuda                        finalmente? ¿Usted piensa que yo soy sordo? Usted ya me lo ha                        dicho cinco veces, cuando usted estaba delante de mí, detrás de                        mí, a  mi derecha y a mi izquierda. ¡Yo                        entendí! ¡Yo entendí! ¡Vaya                        a su                        casa! Todo                        està bien. Cuando llegò a su casa; su esposo estaba                        completamente sanado.
 
                       
 
                                                         
 
En                        la crónica del convento, en la fecha del 23 de octubre de 1953,                        se puede leer esta anotación.                         
 
                       
 
"Esta                        mañana la Señorita Amelia Z., ciega nata, de 27 años, ha venido                        desde la provincia de Vicenza y ha recibido la vista. Después de                        su confesión ella le ha preguntado al Padre Pío por su vista. El                        Padre le ha contestado: "Ten fe y ruega mucho". En el                        mismo instante la joven chica vio al Padre Pío: el rostro, la                        mano que bendijo, los medios guantes que escondieron los                        estigmas.  La vista ha ido rápidamente aumentando, hasta que                        la joven ya vio bien de cerca. Le dijeron al Padre Pío acerca del                        milagro y él dijo: "Demos gracias a Dios."                         
 
                       
 
Luego                        la joven los preguntó al padre Pío si tendría la vista completa                        y contestó: “poco a poco vendrá todo."
 
                       
 
  
==Fuentes==
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==== Multiplicación de los panes ====
*[http://www.padrepiocatholicwebservices.com/EPANOL/milagros.htm]
 
*[http://www.padrepiocatholicwebservices.com/EPANOL/biografia.htm]
 
  
[[Category:Personaje_Histórico]]
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En su vejez, el Padre Pío contaba que durante la [[Segunda Guerra Mundial (1939-1945)]], en Italia el pan se racionó. En el convento había siempre muchos invitados, más los pobres que siempre iban allí pidiendo comida. Un día los frailes descubrieron que apenas tenían dos panes. Todos los hermanos oraron antes de sentarse a comer. Sin embargo el Padre&nbsp;Pío dijo que se fue a la iglesia, y un rato después regresó con varios panes en sus brazos. El Padre&nbsp;Pío dijo que el Superior le preguntó: «¿Dónde has encontrado esos panes?». El Padre&nbsp;Pío contestó: «Me los dio un peregrino en la puerta».<ref name="Padre Pío Catholic Web Services">[http://www.padrepiocatholicwebservices.com/EPANOL/milagros.htm «Milagros del Padre Pío»,] artículo acrítico escrito en español por fanáticos del Padre Pío, publicado en el sitio web Padre&nbsp;Pio Catholic Web Services.</ref>
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==== Las mujeres del Padre Pío ====
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Una de las jóvenes que vivían con el Padre&nbsp;Pío estaba leyendo una inspiradora carta espiritual del propio Padre&nbsp;Pío en el borde del camino. El viento se llevó la carta hasta el declive de un prado. La carta ya estaba lejos, cuando de pronto se detuvo, debajo de una piedra. De esta manera la niña pudo recuperar su carta. El día siguiente le contó esa anécdota al Padre&nbsp;Pío, quien sin pensarlo dos veces afirmó: «La próxima vez tienes que prestar más atención al viento: si yo no hubiera posado mi pie invisible sobre la carta, esta se hubiera perdido».<ref name="Padre Pío Catholic Web Services"/>
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==== La carta desaparecida ====
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La señora Cleonice, madre de una de las jóvenes del séquito del Padre&nbsp;Pío dijo: <br> ―Durante la Segunda Guerra Mundial mi sobrino estaba prisionero. Nosotros no habíamos recibido noticias durante un año; y creíamos que él estaba muerto. Sus padres pensaban lo mismo. Su madre fue un día a ver al Padre&nbsp;Pío y se arrodillaba delante del fraile que estaba en el confesionario: <br> ―Por favor Padre, dígame si mi hijo está vivo. Yo no me marcharé, hasta que usted no me conteste. <br> El Padre&nbsp;Pío sintió piedad por ella: <br> ―Levántese y vaya tranquila. <br> Días después yo no resistía el dolor que los padres estaban sufriendo, por lo que yo decidí pedirle un milagro al Padre&nbsp;Pío. <br> ―Voy a escribir una carta a mi sobrino Giovannino. Solamente escribiré su nombre en el sobre, porque nadie sabe donde está. Estoy segura de que usted y su [[ángel guardián]] le llevarán la carta. <br> El Padre&nbsp;Pío no contestó. Yo escribí la carta, y la dejé en mi mesa de noche, para entregársela al Padre&nbsp;Pío la mañana siguiente. Para mi sorpresa, la carta desapareció. Inmediatamente fui a darle las gracias al Padre&nbsp;Pío, pero él me dijo: <br> ―Da tus gracias a la Virgen María. <br> Casi quince días después nuestro sobrino contestó la carta. Entonces todos en nuestra familia estábamos contentos; y dando gracias a Dios y al Padre&nbsp;Pío.<ref name="Padre Pío Catholic Web Services"/>
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==== El Padre Pío recibía antes las noticias ====
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Durante la Segunda Guerra Mundial, el hijo de la señora Luisa, oficial de la Marina Real Británica, era motivo de angustia para su madre; pues esta oraba todos los días por la conversión y la salvación de su hijo. Un día llegó un peregrino británico a San Giovanni Rotondo, y habló con el Padre&nbsp;Pío. Luisa vio que traía algunos periódicos británicos y le pidió que se los leyera. En un momento el peregrino leyó la noticia del hundimiento del barco en que viajaba su hijo. Llorando va a ver al Padre&nbsp;Pío, quien la consoló inmediatamente: «¿Quién le ha dicho que su hijo está muerto?». Entonces el Padre&nbsp;Pío le dijo exactamente el nombre y la dirección del hotel en donde estaba su hijo, y le explicó que él había logrado sobrevivir del naufragio en las costas británicas. Él estaba hospedado en ese hotel, mientras esperaba un nuevo cargo. Inmediatamente Luisa le envió una carta a esa dirección, y a los 15&nbsp;días, su hijo le respondió.<ref name="Padre Pío Catholic Web Services"/>
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==== Resucita a una mujer ====
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Había una mujer tan noble y buena en San Giovanni Rotondo que el Padre&nbsp;Pío dijo que era imposible, de encontrar cualquier falta en su alma, para perdonar. En otros términos; ella vivió para ir al cielo. Al final de la Cuaresma, Paolina, estaba tremendamente enferma. Los doctores no daban esperanzas. Su marido y sus cinco niños fueron al convento a orar al Padre&nbsp;Pío y pedirle ayuda. Dos de los cinco niños tiraron del hábito del Padre&nbsp;Pío y lloraron. El Padre&nbsp;Pío se perturbó; e intentó consolarlos y prometió orar por ellos. Algunos días después, al principio de la Séptima hora, las cosas cambiaron. De hecho él pidió por Paulina, para que sanara y dijo a todos: «Ella se recuperará el Día de Pascua. Pero durante el viernes santo, Paolina perdió la conciencia, y el sábado entró en estado de coma; finalmente, después de algunas horas Paolina murió. Algunos de sus parientes tomaron su traje de novia para ponérselo según una vieja tradición. Otros parientes corrieron al convento para pedirle un milagro al Padre&nbsp;Pío. Él les contestó: «Ella resucitará» y fue al altar para dar la Santa Misa. Cuando el Padre&nbsp;Pío empezó a cantar el Gloria y el sonido de las campanillas que anuncian la resurrección de Cristo, la voz del Padre&nbsp;Pío rompió en llanto y sus ojos estaban llenos de lágrimas. En el mismo momento Paolina resucitó y sin ninguna ayuda ella bajó de la cama, ella se arrodilló y oró tres veces el Credo. Luego se levantó y sonrió. «Ella resucitó». De hecho el Padre&nbsp;Pío no había dicho, «ella se recuperará» sino «ella resucitará». Cuando le preguntaron, que le pasó durante el tiempo que ella estaba muerta; contestó: «Yo subí, subí, subí; hasta que entré en una gran luz, y de pronto regresé».<ref name="Padre Pío Catholic Web Services"/>
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==== Cura a una niña quemada ====
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Mi primera hija nació en 1953; el Padre&nbsp;Pío le salvó la vida en forma repentina y milagrosa, hace 18&nbsp;meses. En la mañana del 6 de enero de 1955 mi marido y yo estábamos en la iglesia para asistir a la Santa Misa y nuestra hija estaba en casa con su abuelo. Repentinamente aconteció un accidente, y nuestra hija se quemó con una olla de agua caliente. La quemadura era tan grande como grave; le abarcaba desde el estómago hasta la parte de atrás. El doctor recomendó hospitalizarla inmediatamente; porque podía morirse debido a su estado de suma gravedad... Por esta razón él no nos dio ninguna medicina. Desesperada al ver moribunda a mi hija, en lo que el doctor se fue; invoqué fuertemente al Padre&nbsp;Pío, que interviniera urgentemente, mientras me preparaba para llevarla al hospital, ya casi era la hora del mediodía; cuando de pronto la niña que estaba sola en su cuarto me llamó: <br> ―¡Mamá, mamá, ya no tengo ninguna herida! <br> ―¿Pero quién ha hecho desaparecer tus heridas? ―pregunté asustada y con gran curiosidad. <br> ―Mamá, vino el Padre&nbsp;Pío, él sanó mis heridas poniendo sus manos llagadas sobre mi quemadura. <br> Para asombro de todos, realmente no había ninguna seña ni marca de que hubiera alguna quemada; el cuerpo de mi hija estaba completamente sano, y pensar que unos minutos antes el médico la había desahuciado.<ref name="Padre Pío Catholic Web Services"/>
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==== Genera la mejor cosecha ====
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Los campesinos de San Giovanni Rotondo recuerdan con gran alegría el evento siguiente. Era en primavera, florecieron los árboles de almendras prometiendo una buena cosecha. Pero desgraciadamente millones de orugas voraces llegaron y devoraron las hojas y las flores. No dejaron ni siquiera la cáscara. Después de dos días y después de intentar detener esa invasión, los campesinos estaban muy preocupados, ya que para muchos de ellos las almendras eran el único recurso económico: decidieron contarle al Padre&nbsp;Pío el problema. El Padre&nbsp;Pío tenía una hermosa vista de los árboles a través de su ventana en el convento y decidió bendecirlos. Se puso las sagradas vestiduras y empezó a orar. Cuando terminó, tomó el agua bendita e hizo la señal de la Cruz en el aire, en dirección a los árboles. De inmediato desaparecieron las orugas, y al día siguiente de que las orugas habían desaparecido, los árboles de almendras, parecían nuevamente tener los retoños. Era un desastre; la cosecha estaba perdida. ¡Lo que pasó luego es realmente increíble! Teníamos de repente la cosecha más abundante; ¿Cómo es posible que tuviéramos una cosecha más abundante que las que normalmente teníamos? Antes nunca, en tiempos normales habíamos tenido una cosecha así.<ref name="Padre Pío Catholic Web Services"/>
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==== Como San Francisco, odiaba el canto de los pájaros ====
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En el jardín del convento habían varios tipos de árboles; los cipreses, algunos de fruta y algún pino. Sobre todo por las tardes de verano, el Padre&nbsp;Pío disfrutaba del clima, en la sombra, junto con sus amigos, y algún invitado, Una vez cuando el Padre&nbsp;Pío estaba hablando con algunas personas, repentinamente muchísimos pájaros comenzaron a cantar y a hacer ruido a la sombra de los árboles. Los pájaros habían compuesto una sinfonía allí; Mirlos, gorriones, y otras especies. El Padre&nbsp;Pío le molestaba esta sinfonía divina, por lo que, mirando a los pájaros les chilló: «¡¡SILENCIO!!». En ese mismo instante, los pájaros, los grillos y las cigarras se quedaron callados. Las personas que estaban en el jardín, se encontraban profundamente sorprendidas! De hecho el Padre&nbsp;Pío se había comunicado con los pájaros, al igual que San&nbsp;Francisco.<ref name="Padre Pío Catholic Web Services"/>
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==== Salva la vida de un militar [[mussoliniano]] ====
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El Padre Pío afirmaba que una de sus jóvenes «asistentes» se quedó a vivir con él desde el pueblo de Foggia [41&nbsp;km al suroeste de Giovanni Rotondo] y se convirtió en una de las primeras «hijas espirituales» del séquito del Padre&nbsp;Pío.
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Según el Padre Pío, en abril de 1945 iban a fusilar a su padre (un capitán fascista). Él se encontraba delante del pelotón de fusilamiento; cuando de pronto el Padre&nbsp;Pío dijo que se le apareció delante de él para cubrirlo. El comandante del pelotón dio la orden de disparar; pero ningún tiro se disparó de los rifles que lo apuntaban. Los siete miembros del pelotón y su comandante, sorprendidos, verificaron sus rifles y no encontraron ningún problema. Así que el pelotón apuntó de nuevo a mi padre, y el comandante pidió a sus soldados disparar de nuevo. Y nuevamente ocurrió lo mismo: los rifles no funcionaron. Esta realidad misteriosa e inexplicable interrumpió la ejecución. El padre de la niña regresó a su casa y se convirtió, recibió los santos sacramentos en San Giovanni Rotondo cuando fue a agradecer al Padre&nbsp;Pío, y envió a su hija a vivir con el Padre&nbsp;Pío.<ref name="Padre Pío Catholic Web Services"/>
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==== Hace funcionar una motocicleta sin gasolina ====
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Testimonio del Padre Honorato: <br> Yo fui a San Giovanni Rotondo con un amigo en motocicleta. Llegué al convento algunos minutos antes del mediodía. Dando mis respetos al superior, me dirigí al confesionario a saludar al Padre&nbsp;Pío y besar su mano. Debe tenerse en cuenta que mi modelo de motocicleta se llamaba Vespa (‘avispa’). Al verme el Padre&nbsp;Pío me dijo: «Muchacho, ¿la avispa lo picó?». <br> Yo estaba bastante sorprendido: de hecho el Padre&nbsp;Pío no me había visto cuando llegué al convento, pero él sabía qué tipo de transporte yo usaba. La mañana siguiente de que nosotros dejamos a San Giovanni Rotondo con mi «avispa» y partimos a San Miguel, el pueblo cercano a San Giovanni Rotondo. El tanque de gasolina iba vacío, por lo que nosotros decidimos llenarlo en Monte San Angelo. Pero en cuanto nosotros alcanzáramos ese pueblo pequeño se nos presentó un problema: todas las bombas de gasolina estaban cerradas. De manera que decidimos regresar a San Giovanni Rotondo. Realmente nosotros esperamos encontrar a alguien en el camino que pudiera darnos un poco de gasolina. En primer lugar yo estaba angustiado por mis hermanos del convento, porque iba a llegar tarde a la hora del almuerzo; cosa que no es gentil... Pero sin la gasolina, a los pocos kilómetros, la moto empezó a hacer ruido y se detuvo. Verificamos el tanque, y estaba vacío. Con tristeza le dije a mi amigo, que teníamos sólo diez minutos para llegar al convento y almorzar con nuestros hermanos. No encontrábamos ninguna solución, y por esta razón, mi amigo, dio un puntapié al pedal. ¡Increíble! ¡La motocicleta arrancó de nuevo! Emprendimos inmediatamente el viaje a San Giovanni Rotondo sin preguntarnos la razón de porque la motocicleta había arrancado sin gasolina. Cuando llegamos a mitad del convento la motocicleta paró de nuevo. Destapamos el tanque y vimos que todavía estaba seco. Asombramos miramos nuestros relojes: era diez minutos antes de la hora del almuerzo. Significaba que nosotros, habíamos cubierto quince kilómetros en un promedio de 180 kilómetros por hora. ¡Sin la gasolina! Yo entré al convento mientras los hermanos estaban bajando para el almuerzo, y cuando fui a buscar al Padre&nbsp;Pío, este; se quedó mirándome y se reía.<ref name="Padre Pío Catholic Web Services"/>
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==== Resucita a un niño ====
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El Padre Pío contaba que en mayo de 1925, su asistente María tenía su bebé enfermo de nacimiento. María estaba muy angustiada por su bebé. De hecho, después de una visita médica, le dijeron que su niño tenía una enfermedad muy complicada. No había esperanzas para él: jamás se podría recuperar.
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María decidió ir en tren a San Giovanni Rotondo. Ella vivía en un pueblo pequeño al sur de Puglia, pero escuchando los milagros del Padre&nbsp;Pío, del fraile que tenía los estigmas de Jesús y que hacía milagros a los enfermos y daba esperanza a los desgraciados; surgió en ella una gran fe e inmediatamente se fue de viaje, pero durante el trayecto el bebé murió.
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Ella había vigilado su cuerpecito toda la noche, y lo metió en la maleta y la cerró. Al día siguiente de ver morir a su hijo, estaba en el convento de San Giovanni Rotondo. ¡Ya no había ninguna esperanza! El niño estaba muerto. Pero María no había perdido su fe.
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Por la tarde estaba delante del Padre&nbsp;Pío. Se encontraba en la fila de la confesión y tenía en sus manos la maleta que contenía el cadáver de su hijo. El bebé había muerto 24&nbsp;horas antes. María se arrodilló delante del Padre&nbsp;Pío y lloró desesperadamente suplicándole ayuda. Él la miró profundamente. La madre abrió la maleta, y le mostró el cadáver de su hijo al Padre&nbsp;Pío. El pobre Padre se condolió hasta las entrañas por el dolor de esta madre. Tomó el pequeño cuerpo y puso sus manos estigmatizadas sobre la cabeza, y entonces oró mirando al cielo.
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Después de un rato, la pobre criatura estaba viva de nuevo. Un gesto, un movimiento de los pies, los brazos... parecía dormido y simplemente se despertó después de un largo sueño. Hablando a la madre le dijo: «¿Mima, por qué estás llorando? ¡Tu hijo estaba durmiendo!». La madre y los gritos de la muchedumbre llenaron la iglesia. ¡Todos hablaban sobre el gran milagro! María se quedó a vivir con el Padre&nbsp;Pío.<ref name="Padre Pío Catholic Web Services"/>
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==== Detiene la lluvia para un ingeniero ====
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Un ingeniero decidió quedarse hasta tarde en el convento, pero cuando decide irse comenzó a llover... Así que él le dijo al Padre&nbsp;Pío: <br> ―No tengo paraguas. ¿Podría quedarme aquí hasta por la mañana? Si no, me mojaré. <br> ―Lo siento, mi estimado ―le contestó el Padre&nbsp;Pío―, eso no será posible. Pero no se preocupe: yo lo acompañaré. <br> Pero el ingeniero pensó que habría sido mucho mejor no hacer esa penitencia, sin embargo, podría ser menos riguroso con la ayuda del Padre&nbsp;Pío. Se puso su sombrero, y empezó a caminar los tres kilómetros entre el convento y el pueblo. Pero en cuanto él salió dejó de llover. Simplemente había un pequeño rocío cuando llegó a su casa. <br> ―Mi Dios ―exclamó la mujer cuando abrió la puerta―, ¡usted debe estar mojado hasta los huesos! <br> ―En absoluto ―contestó el ingeniero―: no está lloviendo. <br> Los campesinos que estaban allí gritaron: <br> ―¿Qué? ¿Que no está lloviendo? ¡Esto es un diluvio! ¡Escuche! <br> Ellos abrieron la puerta de nuevo y estaba lloviendo fuertísimo. Y le contaron que había estado lloviendo durante una hora sin interrupción. <br> ―¿Cómo usted pudo venir sin mojarse? ―le preguntaron. <br> ―El Padre&nbsp;Pío me dijo que me acompañaría. <br> Entonces los campesinos comprendieron que había sido un milagro más del Padre&nbsp;Pío.<ref name="Padre Pío Catholic Web Services"/>
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==== Hace que un automóvil descompuesto se componga ====
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Un señor de Ascoli Piceno (una ciudad italiana) dijo: <br> Hacia el fin de los años 1950, yo fui a San Giovanni Rotondo con mi esposa, a la confesión, y antes de que yo recibiera la absolución, después del consejo del Padre&nbsp;Pío y efectuada la penitencia. Por la tarde estaba todavía en el convento y el Padre&nbsp;Pío me vio de nuevo y me dijo: <br> ―¿Usted todavía está aquí? <br> ―Mi ratón no arrancó ―le contesté. <br> ―¿Qué es exactamente el ratón? ―preguntó el Padre&nbsp;Pío. <br> ―Es mi automóvil ―contesté. <br> ―Vamos y démosle una mirada. <br> Él me invitó a dejar el monasterio, cosa que nosotros hicimos sin ningún problema. Nosotros viajamos toda la noche y por la mañana siguiente, lo llevé al mecánico. Quién me dijo, después del chequeo; que el sistema eléctrico del automóvil estaba descompuesto. Y él no me creyó cuando le dije que yo había viajado con el automóvil toda la noche. De hecho era imposible cubrir los 280&nbsp;km entre San Giovanni Rotondo y Ascoli Piceno, con el carro en aquel estado. Entonces yo comprendí que el Padre&nbsp;Pío me había ayudado, yo le agradecí en mi mente, y estoy seguro que me ha escuchado.<ref name="Padre Pío Catholic Web Services"/>
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==== El Padre Pío telépata ====
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Testimonio de una buena mujer pero algo tímida. Nunca era necesario repetir la misma frase al Padre&nbsp;Pío. Bastaba con pedírselo mentalmente. El esposo de esta buena mujer se encontraba muy enfermo. Ella corre al convento en busca de ayuda. Pero no sabía como localizar al Padre&nbsp;Pío, pues para una confesión, había que esperar hasta tres&nbsp;días. Así durante la Santa Misa ella estuvo todo el tiempo de pie y caminaba de un lado al otro de la Iglesia. Finalmente decidió decirle su problema, y pidió en ese instante la ayuda del Padre&nbsp;Pío a la Virgen María. Así, al final de la Santa Misa, cruzó nuevamente la iglesia para hablar con él... Finalmente ella logró alcanzar el corredor por donde el pasaría. En cuanto el Padre&nbsp;Pío la miró, le dijo: «Mujer que poca fe, ¿cuándo usted pedirá mi ayuda finalmente? ¿Usted piensa que yo soy sordo? Usted ya me lo ha dicho cinco veces, cuando usted estaba delante de mí, detrás de mí, a mi derecha y a mi izquierda. ¡Yo entendí! ¡Yo entendí! ¡Vaya a su casa! Todo está bien. <br> Cuando la mujer llegó a su casa, su esposo estaba completamente sanado.<ref name="Padre Pío Catholic Web Services"/>
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==== Devuelve la vista a una ciega ====
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En la crónica del convento, en la fecha del 23 de octubre de 1953, se puede leer esta anotación. «Esta mañana la Señorita Amelia Z., ciega nata, de 27 años, ha venido desde la provincia de Vicenza y ha recibido la vista. Después de su confesión ella le ha preguntado al Padre&nbsp;Pío por su vista. El Padre le ha contestado: «Ten fe y ruega mucho». En el mismo instante la joven chica vio al Padre&nbsp;Pío: el rostro, la mano que bendijo, los medios guantes que escondieron los estigmas. La vista ha ido rápidamente aumentando, hasta que la joven ya vio bien de cerca. Le dijeron al Padre&nbsp;Pío acerca del milagro y él dijo: «Demos gracias a Dios». Luego la joven los preguntó al Padre&nbsp;Pío si tendría la vista completa y contestó: «Poco a poco vendrá todo». La joven, llena de fe en el Padre&nbsp;Pío, se quedó a vivir y trabajar en el Hospital de Giovanni Rotondo, dirigido por el Padre&nbsp;Pío.<ref name="Padre Pío Catholic Web Services"/>
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=== Fallecimiento ===
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En septiembre de 1968 millares de devotos e hijos espirituales del Padre&nbsp;Pío se reunieron en un congreso en San Giovanni Rotondo para conmemorar juntos el 50.º aniversario de los estigmas aparecidos en el Padre&nbsp;Pío y para celebrar el cuarto congreso internacional de los Grupos de Oración.<ref name="Biografía del Padre Pío"/>
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En esos días, el Padre&nbsp;Pío (de 81&nbsp;años) enfermó gravemente. En esas semanas no tuvo acceso a su reserva de ácido nítrico ni a su perfume (con el que hacía emanar de sus heridas un «aroma de santidad», que todos describían como un penetrante perfume a rosas). Cuando estaba en su lecho de muerte, inconsciente, le quitaron los guantes que cubrían los estigmas en las palmas y en el dorso de las manos, pero inexplicablemente habían desaparecido. Al despertar, el Padre&nbsp;Pío afirmó que él mismo le había solicitado a Jesucristo que eliminara los estigmas sin dejar cicatrices, para que el Padre no se vanagloriara de ese sufrimiento.<ref>Socci, Antonio (2009): ''Il segreto di Padre Pio'' ''(El secreto del Padre Pío)'', traducido por Carlos Gumpert Melgosa; capítulo «La ciencia y la Iglesia frente a los estigmas». Roma: BUR (Biblioteca Univerzale Rizzoli), 2009. <br> El libro es mayormente una defensa del Padre Pío, escrita por un seguidor del fraile.</ref>
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Falleció a las 2:30 de la madrugada del [[23 de septiembre]] de [[1968]].<ref name="Biografía del Padre Pío"/>
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== Controversias ==
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El padre Pío fue objeto de numerosas investigaciones.<ref name=The_Stigmatist>[http://www.time.com/time/magazine/article/0,9171,855088,00.html «Religion: the stigmatist»] (‘religión: el estigmatizado’), artículo publicado el 19 de diciembre de 1949 en la revista ''Time'' (Nueva York). Consultado el 18 de octubre de 2011.</ref><ref name=Patience>[http://www.time.com/time/magazine/article/0,9171,870915,00.html «Roman catholics: a Padre’s patience»], artículo publicado el 24 de abril de 1964 en la revista ''Time'' (Nueva York). Consultado el 7 de abril de 2011.</ref>
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En el período comprendido entre 1924 a 1931, la Santa Sede hizo varias declaraciones negando que los acontecimientos en la vida del padre Pío se debieran a alguna causa divina.<ref name=The_Man>[http://www.ewtn.com/padrepio/man/biography2.htm «Padre Pio, the man (parte 2)»,] artículo publicado en el sitio web católico EWTN (Estados Unidos). Consultado el 18 de octubre de 2011.</ref>
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En un momento dado se le prohibió públicamente el desempeño de sus deberes sacerdotales, como el confesar y dar misa.<ref name=The_Stigmatist/>
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El [[Vaticano]] envió como investigador al fundador del Hospital Universitario Católico de Roma, el médico, psicólogo y sacerdote franciscano [[Agostino Gemelli]], quien concluyó que el padre Pío era «un ignorante y psicópata automutilador que se aprovecha de la credulidad de las personas».<ref name=Rehabilitation/>
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Por temor a disturbios locales, un plan para transferir al padre Pío a otro convento fue abandonado y un segundo plan fue cancelado cuando un motín estuvo a punto de suceder.<ref name=Rehabilitation/>
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En 1933 la marea empezó a cambiar, cuando el [[papa Pío&nbsp;XI]] ordenó a la Santa Sede que revirtiera la prohibición de la celebración de misa del padre Pío. El papa declaró: «No he estado mal dispuesto hacia el padre Pío, sino que me habían informado mal».<ref name=The_Man/>
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En 1934 se le permitió volver a escuchar confesiones. También se le dio permiso honorario para predicar, a pesar de no haber tomado el examen para la licencia de predicación.<ref name=The_Man/>
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El papa [[Pío&nbsp;XII]], quien asumió el papado en 1939, animó a los devotos a visitar al padre Pío.
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=== El papa Juan XXIII contra el Padre Pío ===
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De acuerdo con un reciente libro, el papa [[san Juan XXIII]] (1958-1963) no adoptó la perspectiva de su predecesor, y escribió en 1960 sobre el «engaño enorme» del padre Pío.<ref>Fisher, Ian; y Pinto, Daniele (2008): [http://www.nytimes.com/2008/04/25/world/europe/25padre.html?%20em&ex=1209268800&en=84a71c80872b2247&ei=5087%0A «Italian saint stirs up a mix of faith and commerce»], artículo en ''The New York Times'' del 25 de abril de 2008, pág.&nbsp;9. Consultado el 18 de octubre de 2011.</ref>
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El papa había recibido denuncias de algunos eclesiásticos que acusaban al monje ―que con frecuencia se azotaba con un látigo con puntas de metal― de ''«bis in hebdómada copulabat cum muliere»'' (‘dos veces en la semana copula con mujeres’).<ref name=Rehabilitation>Allen, John L. (2001): [http://www.nationalcatholicreporter.org/word/word1228.htm «For all who feel put upon by the Vatican: a new patron saint of Holy Rehabilitation»] (‘para todos los que se sienten engañados por el Vaticano: un nuevo santo patrono de la Sagrada Rehabilitación’), artículo en inglés publicado el 28 de diciembre de 2001 en el periódico ''National Catholic Reporter'' (Estados Unidos). Consultado el 24 de septiembre de 2011.</ref><ref>En esa época en la cúpula de la Iglesia católica se acostumbraba a escribir en [[idioma latino|latín]].</ref>
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El papa Juan&nbsp;XXIII autorizó que controlaran las actividades del sacerdote, incluso que lo espiaran en su confesionario.<ref name=Rehabilitation/>
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Existieron largas investigaciones para resolver al menos 23&nbsp;denuncias de seguidores íntimos, que decían que el padre Pío falsificaba los milagros y tenía relaciones sexuales con sus seguidoras más fieles. En la jerarquía de la Iglesia muchos dudaban de que su estigmas fueran reales (sugerían que las provocaba con ácido nítrico) y que utilizaba [[perfume|agua de]][[ciudad de Colonia (Alemania)|&nbsp;colonia]] para crear el «olor de santidad» que lo hacía famoso.<ref name="Vallely">Vallely, Paul (2002): [http://web.archive.org/web/http://www.independent.co.uk/news/world/europe/vaticans-startling-conversion-to-cause-of-padre-pio-the-man-it-silenced-for-years-645566.html «Vatican’s startling conversion to cause of Padre Pío, the man it silenced for years»] (‘la sorprendente conversión del Vaticano en favor de la causa del Padre Pío, el hombre al que silenció durante años’), artículo en inglés publicado el 17 de junio de 2002 en el periódico ''The Independent''. Consultado el 24 de septiembre de 2011.</ref>
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Se afirmaba que los supuestos milagros del padre Pío fueron comprobados solo con pruebas anecdóticas.<ref name="El pequeño secreto">[http://www.rationalistinternational.net/archive/es/racionalista_2008/20080425.html «El pequeño secreto del padre Pío»], artículo en español publicado el 25 de abril de 2008 en el sitio web Racionalista Internacional.</ref>
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Algunas de sus supuestas bilocaciones son coherentes con meras alucinaciones.<ref name="El pequeño secreto"/>
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Nunca se le pudo controlar continuamente para garantizar que no utilizaba productos químicos (como el [[fenol|ácido carbólico]] o [[yodo]]) para evitar la cicatrización de sus heridas.<ref name="El pequeño secreto"/><ref>González, Enric (2007): [http://elpais.com/diario/2007/10/31/sociedad/1193785212_850215.html «Desmontar a un santo. Una biografía revela que varios papas desconfiaron severamente del padre Pío, canonizado por Juan Pablo&nbsp;II»], artículo en el diario ''El País'' (Madrid) del 31 de octubre de 2007. Consultado el 23 de mayo de 2013.</ref>
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El 25 de junio de 1960, el papa [[san Juan XXIII]] escribió en su diario íntimo acerca de las actividades del padre Pío:
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{{cita|Esta mañana [recibí] de Monseñor Parente, informaciones gravísimas sobre el P.&nbsp;P. y cuanto se relaciona con San Giovanni Rotondo. El informador tenía el rostro y el corazón destruidos. [...] Con la gracia de Dios, me siento tranquilo y casi indiferente como ante una dolorosa y vastísima infatuación religiosa, cuyo fenómeno preocupante comienza con una solución providencial. Lo siento por el P.&nbsp;P., que tiene sin embargo un alma que salvar, y por quien ruego intensamente. Lo acaecido ―esto es, el descubrimiento de estas filmaciones, ''si vera quae sunt referentur'' [‘si las verdades a las cuales se refiere’, en latín], sus relaciones íntimas e incorrectas con las mujeres que forman su ''guardia pretoriana'' hasta ahora infranqueable en torno a su persona― me hacen pensar en un vastísimo desastre de almas, diabólicamente preparado para desacreditar a la Santa Iglesia en el mundo, y especialmente aquí en Italia. En la calma de mi espíritu, humildemente persisto en creer que el Señor ''faciat cum tentatione provandum'' (‘haga de la tentación una prueba’), y de este inmenso engaño vendrá una enseñanza para la claridad y la salud de muchos.|col2=Stamane da Monsignore Parente, informazioni gravissime circa P.P. e quanto lo concerne a S.&nbsp;Giov. Rotondo. L’informatore aveva la faccia e il cuore distrutto. [...] Con la grazia del Signore io mi sento calmo e quasi indifferente come innanzi ad una dolorosa e vastissima infatuazione religiosa il cui fenomeno preoccupante si avvia ad una soluzione provvidenziale. Mi dispiace di P.P. che ha pur un’anima da salvare, e per cui prego intensamente» annota il Pontefice. L’accaduto ―cioè la scoperta per mezzo di filmine, «si vera sunt quae referentur», dei suoi rapporti intimi e scorretti con le femmine che costituiscono la sua ''guardia pretoriana'' sin qui infrangibile intorno alla sua persona― fa pensare ad un vastissimo disastro di anime, diabolicamente preparato, a discredito della S. Chiesa nel mondo, e qui in Italia specialmente. Nella calma del mio spirito, io umilmente persisto a ritenere che il Signore ''faciat cum tentatione provandum'', e dall’immenso inganno verrà un insegnamento a chiarezza e a salute di molti.|[[Ángelo Roncalli]] <br> ([[San Juan XXIII]]), <br> diario del 25 de junio de 1960, en cuatro hojas; <br />permaneció inédito hasta 2007, <br> en que fue publicado por Sergio Luzzatto<ref>Cazzullo, Aldo (2007): [http://www.corriere.it/cronache/07_ottobre_25/padrepio.shtml «Padre Pio, un immenso inganno; Giovanni XXIII annotava: “I suoi rapporti scorretti con le fedeli fanno un disastro di anime”»] (‘el padre Pío, un inmenso engaño; Juan XXIII anotó: sus incorrectas relaciones con sus feligresas crean un desastre de almas’), artículo publicado el 25 de octubre de 2007 en el periódico ''Corriere della Sera'' (Roma).</ref>}}
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El 29 de julio de 1960 ―apenas un mes después de la anotación del papa―, el monseñor Carlo Maccari (1913-1997), quien más tarde se convertiría en el arzobispo de Ancona, comenzó otra investigación en nombre del papa Juan&nbsp;XXIII y el Santo Oficio. Se dice que el informe de 200&nbsp;páginas que compiló, aunque nunca se publicó en su totalidad, es devastadoramente crítico. Los rumores en el [[Santa Sede|Vaticano]] por mucho tiempo sostuvieron que el ''Expediente Maccari'' fue un obstáculo insuperable para otorgar la santidad al padre Pío.
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Hasta 2001, los seguidores del padre Pío afirmaban que el arzobispo Maccari había muerto en su lecho y que a último momento, arrepentido, le habría orado al padre Pío.<ref name=Rehabilitation/>
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Sin embargo el arzobispo Maccari falleció el 17 de abril de 1997 en la calle, en un accidente de tránsito.<ref>El arzobispo Maccari no habría muerto en un lecho sino en la calle, en un accidente de tránsito, según [https://it.wikipedia.org/wiki/Carlo_Maccari su biografía] en la Wikipedia en italiano.</ref>
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En los pasillos del [[Santa Sede|Vaticano]] el consenso decía que el padre Pío era un ingenuo histérico, o en el peor de los casos, un estafador.
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El papa Juan&nbsp;XXIII le prohibió decir la misa en público, publicar sus populares oraciones, recibir visitas, y hablar con mujeres en privado.
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Sin embargo, tras la muerte de Juan XXIII (3 de junio de 1963), el papa [[Pablo&nbsp;VI]] rechazó las acusaciones de su antecesor, aunque sin aportar ninguna prueba.<ref name=Rehabilitation/><ref name=Patience/>
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En 2007, el historiador y profesor italiano Sergio Luzzatto (1963-) publicó ''Padre Pio. Miracoli e politica nell’Italia del Novecento'' (‘Padre Pío: milagros y política en la Italia del novecientos’), donde denunció estos hechos. Entrevistó a personas que habían conocido al padre Pío personalmente:
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{{cita|El padre Pío me llamó en absoluto secreto y me pidió que no les dijera a sus hermanos; me dio personalmente una botella vacía, y me pidió si podría llevarlo a él de vuelta desde Foggia a San Giovanni Rotondo con cuatro gramos de [[fenol|ácido carbólico]] puro. Me explicó que el ácido era para desinfectar jeringas para inyecciones. También pidió otras cosas, como pastillas Valda.|Maria De Vito, prima del farmacéutico de Foggia<ref name=Estigmas_falsificados>Cline, Austin (2007): [http://atheism.about.com/b/2007/11/01/padre-pio-faked-stigmata-with-carbolic-acid-no-because-pope-is-infallible.htm «Padre Pio faked stigmata with carbolic acid? No, because Pope is infallible»] (‘¿El padre Pío creó sus estigmas con fenol? No, porque el Papa es infalible’), artículo en inglés en el sitio web Atheism, del 1 de noviembre de 2007. Consultado el 23 de mayo de 2013.</ref>}}
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Las denuncias fueron recibidas con una instantánea desmentida de los seguidores del padre Pío.
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En 2011, Stefano Campanella (director del canal de televisión y emisora de radio Tele&nbsp;Radio Padre&nbsp;Pio, en San Giovanni Rotondo) publicó el libro ''Obedientia et pax. La verdadera historia de una persecución falsa'', donde afirmó que el papa Juan&nbsp;XXIII no habría estado en contra del padre Pío.<ref>Finessi, Mariaelena (2011): [http://www.zenit.org/es/articles/padre-pio-y-la-historia-de-una-falsa-persecucion «El padre Pío y la historia de una falsa persecución»], artículo del 31 de marzo de 2011 en el diario católico ''Zenit'' (Roma), traducido al español por Carmen Álvarez. Consultado el 23 de mayo de 2013.</ref>
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== Fuentes ==
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última versión al 01:13 26 mar 2021

Pío de Pietrelcina
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Padre pioimages.jpg
NombreFrancesco Forgione
Nacimiento25 de mayo de 1887
villa de Pietrelcina,
provincia de Benevento,
región de Campania,
Italia, Bandera de Italia
Fallecimiento23 de septiembre de 1968 (81 años)
San Giovanni Rotondo,
provincia de Foggia,
región de Apulia,
Italia Bandera de Italia
Otros nombresPadre Pío
PadresGrazio Mario Forgione, María Giuseppa Di Nunzio
FamiliaresHermanos:
Michele Forgione,
Francesco Forgione,
Grazia Forgione,
Pellegrina Forgione,
Felicita Forgione,
Amalia Forgione

San Pío de Pietrelcina (región de Campania, 25 de mayo de 1887 - San Giovanni Rotondo, 23 de septiembre de 1968) fue un fraile y sacerdote católico italiano, famoso por los estigmas que presentaba en las manos, los pies y el costado.[1]

Nació con el nombre civil de Francesco Forgione. El nombre de Pío le fue dado cuando ingresó en la Orden de los Hermanos Menores Capuchinos.[1]

Fue beatificado en 1999 y canonizado en 2002 por el papa anticomunista Juan Pablo II (1920-2005).[1]

Síntesis biográfica

Francesco Forgione, nació en Pietrelcina [pietrelchina], un pequeño pueblo a 82 km al noreste de Nápoles. Nació en una familia humilde donde su padre, Grazio Forgione y su madre, María Giuseppa Di Nunzio, ya tenían otros hijos.[1]

Recibió su primera instrucción de un maestro privado y a la edad de 15 años hizo su ingreso en el Noviciado de los Padres Capuchinos en el pueblo de Morcone, 28 km al noroeste de Pietrelchina. De débil salud, pero de excepcional fuerza de voluntad, pudo completar sus estudios y el 10 de agosto de 1910 fue ordenado sacerdote en la Catedral de Benevento ―13 km al suroeste de Pietrelchina―, donde celebró su primera misa.[1]

No permanecía mucho tiempo en cada convento donde vivió.

El 4 de septiembre de 1916 llegó al convento de San Giovanni Rotondo, sobre el Gargano, donde vivió el resto de su vida.[1]

Dos años más tarde, el 20 de septiembre de 1918, el Padre Pío afirmó que le habían aparecido las heridas de Jesucristo en las manos, los pies y el costado izquierdo del pecho.[1]

Fundó «grupos de ruego» ―hoy llamados «grupos de oración»― y consiguió las donaciones suficientes para la construcción de un moderno hospital: la Casa Alivio del Sufrimiento.[1]

Los milagros del Padre Pío

Multiplicación de los panes

En su vejez, el Padre Pío contaba que durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), en Italia el pan se racionó. En el convento había siempre muchos invitados, más los pobres que siempre iban allí pidiendo comida. Un día los frailes descubrieron que apenas tenían dos panes. Todos los hermanos oraron antes de sentarse a comer. Sin embargo el Padre Pío dijo que se fue a la iglesia, y un rato después regresó con varios panes en sus brazos. El Padre Pío dijo que el Superior le preguntó: «¿Dónde has encontrado esos panes?». El Padre Pío contestó: «Me los dio un peregrino en la puerta».[2]

Las mujeres del Padre Pío

Una de las jóvenes que vivían con el Padre Pío estaba leyendo una inspiradora carta espiritual del propio Padre Pío en el borde del camino. El viento se llevó la carta hasta el declive de un prado. La carta ya estaba lejos, cuando de pronto se detuvo, debajo de una piedra. De esta manera la niña pudo recuperar su carta. El día siguiente le contó esa anécdota al Padre Pío, quien sin pensarlo dos veces afirmó: «La próxima vez tienes que prestar más atención al viento: si yo no hubiera posado mi pie invisible sobre la carta, esta se hubiera perdido».[2]

La carta desaparecida

La señora Cleonice, madre de una de las jóvenes del séquito del Padre Pío dijo:
―Durante la Segunda Guerra Mundial mi sobrino estaba prisionero. Nosotros no habíamos recibido noticias durante un año; y creíamos que él estaba muerto. Sus padres pensaban lo mismo. Su madre fue un día a ver al Padre Pío y se arrodillaba delante del fraile que estaba en el confesionario:
―Por favor Padre, dígame si mi hijo está vivo. Yo no me marcharé, hasta que usted no me conteste.
El Padre Pío sintió piedad por ella:
―Levántese y vaya tranquila.
Días después yo no resistía el dolor que los padres estaban sufriendo, por lo que yo decidí pedirle un milagro al Padre Pío.
―Voy a escribir una carta a mi sobrino Giovannino. Solamente escribiré su nombre en el sobre, porque nadie sabe donde está. Estoy segura de que usted y su ángel guardián le llevarán la carta.
El Padre Pío no contestó. Yo escribí la carta, y la dejé en mi mesa de noche, para entregársela al Padre Pío la mañana siguiente. Para mi sorpresa, la carta desapareció. Inmediatamente fui a darle las gracias al Padre Pío, pero él me dijo:
―Da tus gracias a la Virgen María.
Casi quince días después nuestro sobrino contestó la carta. Entonces todos en nuestra familia estábamos contentos; y dando gracias a Dios y al Padre Pío.[2]

El Padre Pío recibía antes las noticias

Durante la Segunda Guerra Mundial, el hijo de la señora Luisa, oficial de la Marina Real Británica, era motivo de angustia para su madre; pues esta oraba todos los días por la conversión y la salvación de su hijo. Un día llegó un peregrino británico a San Giovanni Rotondo, y habló con el Padre Pío. Luisa vio que traía algunos periódicos británicos y le pidió que se los leyera. En un momento el peregrino leyó la noticia del hundimiento del barco en que viajaba su hijo. Llorando va a ver al Padre Pío, quien la consoló inmediatamente: «¿Quién le ha dicho que su hijo está muerto?». Entonces el Padre Pío le dijo exactamente el nombre y la dirección del hotel en donde estaba su hijo, y le explicó que él había logrado sobrevivir del naufragio en las costas británicas. Él estaba hospedado en ese hotel, mientras esperaba un nuevo cargo. Inmediatamente Luisa le envió una carta a esa dirección, y a los 15 días, su hijo le respondió.[2]

Resucita a una mujer

Había una mujer tan noble y buena en San Giovanni Rotondo que el Padre Pío dijo que era imposible, de encontrar cualquier falta en su alma, para perdonar. En otros términos; ella vivió para ir al cielo. Al final de la Cuaresma, Paolina, estaba tremendamente enferma. Los doctores no daban esperanzas. Su marido y sus cinco niños fueron al convento a orar al Padre Pío y pedirle ayuda. Dos de los cinco niños tiraron del hábito del Padre Pío y lloraron. El Padre Pío se perturbó; e intentó consolarlos y prometió orar por ellos. Algunos días después, al principio de la Séptima hora, las cosas cambiaron. De hecho él pidió por Paulina, para que sanara y dijo a todos: «Ella se recuperará el Día de Pascua. Pero durante el viernes santo, Paolina perdió la conciencia, y el sábado entró en estado de coma; finalmente, después de algunas horas Paolina murió. Algunos de sus parientes tomaron su traje de novia para ponérselo según una vieja tradición. Otros parientes corrieron al convento para pedirle un milagro al Padre Pío. Él les contestó: «Ella resucitará» y fue al altar para dar la Santa Misa. Cuando el Padre Pío empezó a cantar el Gloria y el sonido de las campanillas que anuncian la resurrección de Cristo, la voz del Padre Pío rompió en llanto y sus ojos estaban llenos de lágrimas. En el mismo momento Paolina resucitó y sin ninguna ayuda ella bajó de la cama, ella se arrodilló y oró tres veces el Credo. Luego se levantó y sonrió. «Ella resucitó». De hecho el Padre Pío no había dicho, «ella se recuperará» sino «ella resucitará». Cuando le preguntaron, que le pasó durante el tiempo que ella estaba muerta; contestó: «Yo subí, subí, subí; hasta que entré en una gran luz, y de pronto regresé».[2]

Cura a una niña quemada

Mi primera hija nació en 1953; el Padre Pío le salvó la vida en forma repentina y milagrosa, hace 18 meses. En la mañana del 6 de enero de 1955 mi marido y yo estábamos en la iglesia para asistir a la Santa Misa y nuestra hija estaba en casa con su abuelo. Repentinamente aconteció un accidente, y nuestra hija se quemó con una olla de agua caliente. La quemadura era tan grande como grave; le abarcaba desde el estómago hasta la parte de atrás. El doctor recomendó hospitalizarla inmediatamente; porque podía morirse debido a su estado de suma gravedad... Por esta razón él no nos dio ninguna medicina. Desesperada al ver moribunda a mi hija, en lo que el doctor se fue; invoqué fuertemente al Padre Pío, que interviniera urgentemente, mientras me preparaba para llevarla al hospital, ya casi era la hora del mediodía; cuando de pronto la niña que estaba sola en su cuarto me llamó:
―¡Mamá, mamá, ya no tengo ninguna herida!
―¿Pero quién ha hecho desaparecer tus heridas? ―pregunté asustada y con gran curiosidad.
―Mamá, vino el Padre Pío, él sanó mis heridas poniendo sus manos llagadas sobre mi quemadura.
Para asombro de todos, realmente no había ninguna seña ni marca de que hubiera alguna quemada; el cuerpo de mi hija estaba completamente sano, y pensar que unos minutos antes el médico la había desahuciado.[2]

Genera la mejor cosecha

Los campesinos de San Giovanni Rotondo recuerdan con gran alegría el evento siguiente. Era en primavera, florecieron los árboles de almendras prometiendo una buena cosecha. Pero desgraciadamente millones de orugas voraces llegaron y devoraron las hojas y las flores. No dejaron ni siquiera la cáscara. Después de dos días y después de intentar detener esa invasión, los campesinos estaban muy preocupados, ya que para muchos de ellos las almendras eran el único recurso económico: decidieron contarle al Padre Pío el problema. El Padre Pío tenía una hermosa vista de los árboles a través de su ventana en el convento y decidió bendecirlos. Se puso las sagradas vestiduras y empezó a orar. Cuando terminó, tomó el agua bendita e hizo la señal de la Cruz en el aire, en dirección a los árboles. De inmediato desaparecieron las orugas, y al día siguiente de que las orugas habían desaparecido, los árboles de almendras, parecían nuevamente tener los retoños. Era un desastre; la cosecha estaba perdida. ¡Lo que pasó luego es realmente increíble! Teníamos de repente la cosecha más abundante; ¿Cómo es posible que tuviéramos una cosecha más abundante que las que normalmente teníamos? Antes nunca, en tiempos normales habíamos tenido una cosecha así.[2]

Como San Francisco, odiaba el canto de los pájaros

En el jardín del convento habían varios tipos de árboles; los cipreses, algunos de fruta y algún pino. Sobre todo por las tardes de verano, el Padre Pío disfrutaba del clima, en la sombra, junto con sus amigos, y algún invitado, Una vez cuando el Padre Pío estaba hablando con algunas personas, repentinamente muchísimos pájaros comenzaron a cantar y a hacer ruido a la sombra de los árboles. Los pájaros habían compuesto una sinfonía allí; Mirlos, gorriones, y otras especies. El Padre Pío le molestaba esta sinfonía divina, por lo que, mirando a los pájaros les chilló: «¡¡SILENCIO!!». En ese mismo instante, los pájaros, los grillos y las cigarras se quedaron callados. Las personas que estaban en el jardín, se encontraban profundamente sorprendidas! De hecho el Padre Pío se había comunicado con los pájaros, al igual que San Francisco.[2]

Salva la vida de un militar mussoliniano

El Padre Pío afirmaba que una de sus jóvenes «asistentes» se quedó a vivir con él desde el pueblo de Foggia [41 km al suroeste de Giovanni Rotondo] y se convirtió en una de las primeras «hijas espirituales» del séquito del Padre Pío.

Según el Padre Pío, en abril de 1945 iban a fusilar a su padre (un capitán fascista). Él se encontraba delante del pelotón de fusilamiento; cuando de pronto el Padre Pío dijo que se le apareció delante de él para cubrirlo. El comandante del pelotón dio la orden de disparar; pero ningún tiro se disparó de los rifles que lo apuntaban. Los siete miembros del pelotón y su comandante, sorprendidos, verificaron sus rifles y no encontraron ningún problema. Así que el pelotón apuntó de nuevo a mi padre, y el comandante pidió a sus soldados disparar de nuevo. Y nuevamente ocurrió lo mismo: los rifles no funcionaron. Esta realidad misteriosa e inexplicable interrumpió la ejecución. El padre de la niña regresó a su casa y se convirtió, recibió los santos sacramentos en San Giovanni Rotondo cuando fue a agradecer al Padre Pío, y envió a su hija a vivir con el Padre Pío.[2]

Hace funcionar una motocicleta sin gasolina

Testimonio del Padre Honorato:
Yo fui a San Giovanni Rotondo con un amigo en motocicleta. Llegué al convento algunos minutos antes del mediodía. Dando mis respetos al superior, me dirigí al confesionario a saludar al Padre Pío y besar su mano. Debe tenerse en cuenta que mi modelo de motocicleta se llamaba Vespa (‘avispa’). Al verme el Padre Pío me dijo: «Muchacho, ¿la avispa lo picó?».
Yo estaba bastante sorprendido: de hecho el Padre Pío no me había visto cuando llegué al convento, pero él sabía qué tipo de transporte yo usaba. La mañana siguiente de que nosotros dejamos a San Giovanni Rotondo con mi «avispa» y partimos a San Miguel, el pueblo cercano a San Giovanni Rotondo. El tanque de gasolina iba vacío, por lo que nosotros decidimos llenarlo en Monte San Angelo. Pero en cuanto nosotros alcanzáramos ese pueblo pequeño se nos presentó un problema: todas las bombas de gasolina estaban cerradas. De manera que decidimos regresar a San Giovanni Rotondo. Realmente nosotros esperamos encontrar a alguien en el camino que pudiera darnos un poco de gasolina. En primer lugar yo estaba angustiado por mis hermanos del convento, porque iba a llegar tarde a la hora del almuerzo; cosa que no es gentil... Pero sin la gasolina, a los pocos kilómetros, la moto empezó a hacer ruido y se detuvo. Verificamos el tanque, y estaba vacío. Con tristeza le dije a mi amigo, que teníamos sólo diez minutos para llegar al convento y almorzar con nuestros hermanos. No encontrábamos ninguna solución, y por esta razón, mi amigo, dio un puntapié al pedal. ¡Increíble! ¡La motocicleta arrancó de nuevo! Emprendimos inmediatamente el viaje a San Giovanni Rotondo sin preguntarnos la razón de porque la motocicleta había arrancado sin gasolina. Cuando llegamos a mitad del convento la motocicleta paró de nuevo. Destapamos el tanque y vimos que todavía estaba seco. Asombramos miramos nuestros relojes: era diez minutos antes de la hora del almuerzo. Significaba que nosotros, habíamos cubierto quince kilómetros en un promedio de 180 kilómetros por hora. ¡Sin la gasolina! Yo entré al convento mientras los hermanos estaban bajando para el almuerzo, y cuando fui a buscar al Padre Pío, este; se quedó mirándome y se reía.[2]

Resucita a un niño

El Padre Pío contaba que en mayo de 1925, su asistente María tenía su bebé enfermo de nacimiento. María estaba muy angustiada por su bebé. De hecho, después de una visita médica, le dijeron que su niño tenía una enfermedad muy complicada. No había esperanzas para él: jamás se podría recuperar.

María decidió ir en tren a San Giovanni Rotondo. Ella vivía en un pueblo pequeño al sur de Puglia, pero escuchando los milagros del Padre Pío, del fraile que tenía los estigmas de Jesús y que hacía milagros a los enfermos y daba esperanza a los desgraciados; surgió en ella una gran fe e inmediatamente se fue de viaje, pero durante el trayecto el bebé murió.

Ella había vigilado su cuerpecito toda la noche, y lo metió en la maleta y la cerró. Al día siguiente de ver morir a su hijo, estaba en el convento de San Giovanni Rotondo. ¡Ya no había ninguna esperanza! El niño estaba muerto. Pero María no había perdido su fe.

Por la tarde estaba delante del Padre Pío. Se encontraba en la fila de la confesión y tenía en sus manos la maleta que contenía el cadáver de su hijo. El bebé había muerto 24 horas antes. María se arrodilló delante del Padre Pío y lloró desesperadamente suplicándole ayuda. Él la miró profundamente. La madre abrió la maleta, y le mostró el cadáver de su hijo al Padre Pío. El pobre Padre se condolió hasta las entrañas por el dolor de esta madre. Tomó el pequeño cuerpo y puso sus manos estigmatizadas sobre la cabeza, y entonces oró mirando al cielo.

Después de un rato, la pobre criatura estaba viva de nuevo. Un gesto, un movimiento de los pies, los brazos... parecía dormido y simplemente se despertó después de un largo sueño. Hablando a la madre le dijo: «¿Mima, por qué estás llorando? ¡Tu hijo estaba durmiendo!». La madre y los gritos de la muchedumbre llenaron la iglesia. ¡Todos hablaban sobre el gran milagro! María se quedó a vivir con el Padre Pío.[2]

Detiene la lluvia para un ingeniero

Un ingeniero decidió quedarse hasta tarde en el convento, pero cuando decide irse comenzó a llover... Así que él le dijo al Padre Pío:
―No tengo paraguas. ¿Podría quedarme aquí hasta por la mañana? Si no, me mojaré.
―Lo siento, mi estimado ―le contestó el Padre Pío―, eso no será posible. Pero no se preocupe: yo lo acompañaré.
Pero el ingeniero pensó que habría sido mucho mejor no hacer esa penitencia, sin embargo, podría ser menos riguroso con la ayuda del Padre Pío. Se puso su sombrero, y empezó a caminar los tres kilómetros entre el convento y el pueblo. Pero en cuanto él salió dejó de llover. Simplemente había un pequeño rocío cuando llegó a su casa.
―Mi Dios ―exclamó la mujer cuando abrió la puerta―, ¡usted debe estar mojado hasta los huesos!
―En absoluto ―contestó el ingeniero―: no está lloviendo.
Los campesinos que estaban allí gritaron:
―¿Qué? ¿Que no está lloviendo? ¡Esto es un diluvio! ¡Escuche!
Ellos abrieron la puerta de nuevo y estaba lloviendo fuertísimo. Y le contaron que había estado lloviendo durante una hora sin interrupción.
―¿Cómo usted pudo venir sin mojarse? ―le preguntaron.
―El Padre Pío me dijo que me acompañaría.
Entonces los campesinos comprendieron que había sido un milagro más del Padre Pío.[2]

Hace que un automóvil descompuesto se componga

Un señor de Ascoli Piceno (una ciudad italiana) dijo:
Hacia el fin de los años 1950, yo fui a San Giovanni Rotondo con mi esposa, a la confesión, y antes de que yo recibiera la absolución, después del consejo del Padre Pío y efectuada la penitencia. Por la tarde estaba todavía en el convento y el Padre Pío me vio de nuevo y me dijo:
―¿Usted todavía está aquí?
―Mi ratón no arrancó ―le contesté.
―¿Qué es exactamente el ratón? ―preguntó el Padre Pío.
―Es mi automóvil ―contesté.
―Vamos y démosle una mirada.
Él me invitó a dejar el monasterio, cosa que nosotros hicimos sin ningún problema. Nosotros viajamos toda la noche y por la mañana siguiente, lo llevé al mecánico. Quién me dijo, después del chequeo; que el sistema eléctrico del automóvil estaba descompuesto. Y él no me creyó cuando le dije que yo había viajado con el automóvil toda la noche. De hecho era imposible cubrir los 280 km entre San Giovanni Rotondo y Ascoli Piceno, con el carro en aquel estado. Entonces yo comprendí que el Padre Pío me había ayudado, yo le agradecí en mi mente, y estoy seguro que me ha escuchado.[2]

El Padre Pío telépata

Testimonio de una buena mujer pero algo tímida. Nunca era necesario repetir la misma frase al Padre Pío. Bastaba con pedírselo mentalmente. El esposo de esta buena mujer se encontraba muy enfermo. Ella corre al convento en busca de ayuda. Pero no sabía como localizar al Padre Pío, pues para una confesión, había que esperar hasta tres días. Así durante la Santa Misa ella estuvo todo el tiempo de pie y caminaba de un lado al otro de la Iglesia. Finalmente decidió decirle su problema, y pidió en ese instante la ayuda del Padre Pío a la Virgen María. Así, al final de la Santa Misa, cruzó nuevamente la iglesia para hablar con él... Finalmente ella logró alcanzar el corredor por donde el pasaría. En cuanto el Padre Pío la miró, le dijo: «Mujer que poca fe, ¿cuándo usted pedirá mi ayuda finalmente? ¿Usted piensa que yo soy sordo? Usted ya me lo ha dicho cinco veces, cuando usted estaba delante de mí, detrás de mí, a mi derecha y a mi izquierda. ¡Yo entendí! ¡Yo entendí! ¡Vaya a su casa! Todo está bien.
Cuando la mujer llegó a su casa, su esposo estaba completamente sanado.[2]

Devuelve la vista a una ciega

En la crónica del convento, en la fecha del 23 de octubre de 1953, se puede leer esta anotación. «Esta mañana la Señorita Amelia Z., ciega nata, de 27 años, ha venido desde la provincia de Vicenza y ha recibido la vista. Después de su confesión ella le ha preguntado al Padre Pío por su vista. El Padre le ha contestado: «Ten fe y ruega mucho». En el mismo instante la joven chica vio al Padre Pío: el rostro, la mano que bendijo, los medios guantes que escondieron los estigmas. La vista ha ido rápidamente aumentando, hasta que la joven ya vio bien de cerca. Le dijeron al Padre Pío acerca del milagro y él dijo: «Demos gracias a Dios». Luego la joven los preguntó al Padre Pío si tendría la vista completa y contestó: «Poco a poco vendrá todo». La joven, llena de fe en el Padre Pío, se quedó a vivir y trabajar en el Hospital de Giovanni Rotondo, dirigido por el Padre Pío.[2]

Fallecimiento

En septiembre de 1968 millares de devotos e hijos espirituales del Padre Pío se reunieron en un congreso en San Giovanni Rotondo para conmemorar juntos el 50.º aniversario de los estigmas aparecidos en el Padre Pío y para celebrar el cuarto congreso internacional de los Grupos de Oración.[1]

En esos días, el Padre Pío (de 81 años) enfermó gravemente. En esas semanas no tuvo acceso a su reserva de ácido nítrico ni a su perfume (con el que hacía emanar de sus heridas un «aroma de santidad», que todos describían como un penetrante perfume a rosas). Cuando estaba en su lecho de muerte, inconsciente, le quitaron los guantes que cubrían los estigmas en las palmas y en el dorso de las manos, pero inexplicablemente habían desaparecido. Al despertar, el Padre Pío afirmó que él mismo le había solicitado a Jesucristo que eliminara los estigmas sin dejar cicatrices, para que el Padre no se vanagloriara de ese sufrimiento.[3]

Falleció a las 2:30 de la madrugada del 23 de septiembre de 1968.[1]

Controversias

El padre Pío fue objeto de numerosas investigaciones.[4][5] En el período comprendido entre 1924 a 1931, la Santa Sede hizo varias declaraciones negando que los acontecimientos en la vida del padre Pío se debieran a alguna causa divina.[6] En un momento dado se le prohibió públicamente el desempeño de sus deberes sacerdotales, como el confesar y dar misa.[4]

El Vaticano envió como investigador al fundador del Hospital Universitario Católico de Roma, el médico, psicólogo y sacerdote franciscano Agostino Gemelli, quien concluyó que el padre Pío era «un ignorante y psicópata automutilador que se aprovecha de la credulidad de las personas».[7] Por temor a disturbios locales, un plan para transferir al padre Pío a otro convento fue abandonado y un segundo plan fue cancelado cuando un motín estuvo a punto de suceder.[7]

En 1933 la marea empezó a cambiar, cuando el papa Pío XI ordenó a la Santa Sede que revirtiera la prohibición de la celebración de misa del padre Pío. El papa declaró: «No he estado mal dispuesto hacia el padre Pío, sino que me habían informado mal».[6] En 1934 se le permitió volver a escuchar confesiones. También se le dio permiso honorario para predicar, a pesar de no haber tomado el examen para la licencia de predicación.[6] El papa Pío XII, quien asumió el papado en 1939, animó a los devotos a visitar al padre Pío.

El papa Juan XXIII contra el Padre Pío

De acuerdo con un reciente libro, el papa san Juan XXIII (1958-1963) no adoptó la perspectiva de su predecesor, y escribió en 1960 sobre el «engaño enorme» del padre Pío.[8]

El papa había recibido denuncias de algunos eclesiásticos que acusaban al monje ―que con frecuencia se azotaba con un látigo con puntas de metal― de «bis in hebdómada copulabat cum muliere» (‘dos veces en la semana copula con mujeres’).[7][9] El papa Juan XXIII autorizó que controlaran las actividades del sacerdote, incluso que lo espiaran en su confesionario.[7]

Existieron largas investigaciones para resolver al menos 23 denuncias de seguidores íntimos, que decían que el padre Pío falsificaba los milagros y tenía relaciones sexuales con sus seguidoras más fieles. En la jerarquía de la Iglesia muchos dudaban de que su estigmas fueran reales (sugerían que las provocaba con ácido nítrico) y que utilizaba agua de colonia para crear el «olor de santidad» que lo hacía famoso.[10]

Se afirmaba que los supuestos milagros del padre Pío fueron comprobados solo con pruebas anecdóticas.[11]

Algunas de sus supuestas bilocaciones son coherentes con meras alucinaciones.[11]

Nunca se le pudo controlar continuamente para garantizar que no utilizaba productos químicos (como el ácido carbólico o yodo) para evitar la cicatrización de sus heridas.[11][12]

El 25 de junio de 1960, el papa san Juan XXIII escribió en su diario íntimo acerca de las actividades del padre Pío:

Esta mañana [recibí] de Monseñor Parente, informaciones gravísimas sobre el P. P. y cuanto se relaciona con San Giovanni Rotondo. El informador tenía el rostro y el corazón destruidos. [...] Con la gracia de Dios, me siento tranquilo y casi indiferente como ante una dolorosa y vastísima infatuación religiosa, cuyo fenómeno preocupante comienza con una solución providencial. Lo siento por el P. P., que tiene sin embargo un alma que salvar, y por quien ruego intensamente. Lo acaecido ―esto es, el descubrimiento de estas filmaciones, si vera quae sunt referentur [‘si las verdades a las cuales se refiere’, en latín], sus relaciones íntimas e incorrectas con las mujeres que forman su guardia pretoriana hasta ahora infranqueable en torno a su persona― me hacen pensar en un vastísimo desastre de almas, diabólicamente preparado para desacreditar a la Santa Iglesia en el mundo, y especialmente aquí en Italia. En la calma de mi espíritu, humildemente persisto en creer que el Señor faciat cum tentatione provandum (‘haga de la tentación una prueba’), y de este inmenso engaño vendrá una enseñanza para la claridad y la salud de muchos. Stamane da Monsignore Parente, informazioni gravissime circa P.P. e quanto lo concerne a S. Giov. Rotondo. L’informatore aveva la faccia e il cuore distrutto. [...] Con la grazia del Signore io mi sento calmo e quasi indifferente come innanzi ad una dolorosa e vastissima infatuazione religiosa il cui fenomeno preoccupante si avvia ad una soluzione provvidenziale. Mi dispiace di P.P. che ha pur un’anima da salvare, e per cui prego intensamente» annota il Pontefice. L’accaduto ―cioè la scoperta per mezzo di filmine, «si vera sunt quae referentur», dei suoi rapporti intimi e scorretti con le femmine che costituiscono la sua guardia pretoriana sin qui infrangibile intorno alla sua persona― fa pensare ad un vastissimo disastro di anime, diabolicamente preparato, a discredito della S. Chiesa nel mondo, e qui in Italia specialmente. Nella calma del mio spirito, io umilmente persisto a ritenere che il Signore faciat cum tentatione provandum, e dall’immenso inganno verrà un insegnamento a chiarezza e a salute di molti.
Ángelo Roncalli
(San Juan XXIII),
diario del 25 de junio de 1960, en cuatro hojas;
permaneció inédito hasta 2007,
en que fue publicado por Sergio Luzzatto[13]

El 29 de julio de 1960 ―apenas un mes después de la anotación del papa―, el monseñor Carlo Maccari (1913-1997), quien más tarde se convertiría en el arzobispo de Ancona, comenzó otra investigación en nombre del papa Juan XXIII y el Santo Oficio. Se dice que el informe de 200 páginas que compiló, aunque nunca se publicó en su totalidad, es devastadoramente crítico. Los rumores en el Vaticano por mucho tiempo sostuvieron que el Expediente Maccari fue un obstáculo insuperable para otorgar la santidad al padre Pío.

Hasta 2001, los seguidores del padre Pío afirmaban que el arzobispo Maccari había muerto en su lecho y que a último momento, arrepentido, le habría orado al padre Pío.[7] Sin embargo el arzobispo Maccari falleció el 17 de abril de 1997 en la calle, en un accidente de tránsito.[14]

En los pasillos del Vaticano el consenso decía que el padre Pío era un ingenuo histérico, o en el peor de los casos, un estafador. El papa Juan XXIII le prohibió decir la misa en público, publicar sus populares oraciones, recibir visitas, y hablar con mujeres en privado.

Sin embargo, tras la muerte de Juan XXIII (3 de junio de 1963), el papa Pablo VI rechazó las acusaciones de su antecesor, aunque sin aportar ninguna prueba.[7][5]

En 2007, el historiador y profesor italiano Sergio Luzzatto (1963-) publicó Padre Pio. Miracoli e politica nell’Italia del Novecento (‘Padre Pío: milagros y política en la Italia del novecientos’), donde denunció estos hechos. Entrevistó a personas que habían conocido al padre Pío personalmente:

El padre Pío me llamó en absoluto secreto y me pidió que no les dijera a sus hermanos; me dio personalmente una botella vacía, y me pidió si podría llevarlo a él de vuelta desde Foggia a San Giovanni Rotondo con cuatro gramos de ácido carbólico puro. Me explicó que el ácido era para desinfectar jeringas para inyecciones. También pidió otras cosas, como pastillas Valda.
Maria De Vito, prima del farmacéutico de Foggia[15]

Las denuncias fueron recibidas con una instantánea desmentida de los seguidores del padre Pío.

El señor Luzzatto es un mentiroso [...] y propaga calumnias anticatólicas. [...] Nos gustaría recordarle al Sr. Luzzatto que ―de acuerdo con la doctrina católica―, la canonización lleva consigo la «infalibilidad» papal. Nos gustaría sugerir al Sr. Luzzatto que dedique sus energías al estudio de la religión de manera apropiada.
Pietro Siffi, presidente de la católica Liga Antidifamación[15]

En 2011, Stefano Campanella (director del canal de televisión y emisora de radio Tele Radio Padre Pio, en San Giovanni Rotondo) publicó el libro Obedientia et pax. La verdadera historia de una persecución falsa, donde afirmó que el papa Juan XXIII no habría estado en contra del padre Pío.[16]

Fuentes