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'''Culturas aborígenes en Santa Clara'''. Evidencias documentales y arqueológicas han demostrado que en el territorio que hoy ocupa el municipio Santa Clara, de la actual provincia [[Villa Clara]], existió presencia de comunidades aborígenes.  
  
==Inicio de los descubrimientos arqueológicos==
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Los primeros documentos relacionados con la conquista y colonización de la Isla reflejaron que en este territorio existió un cacicato llamado Cubanacán. A partir de la década de 1950 en el municipio santaclareño han ocurrido múltiples hallazgos arqueológicos que confirma la presencia de los nativos en la región.  Las principales investigaciones arqueológicas se realizaron en las décadas de 1980 y 1990 en las zonas del Yabú y en la cuenca del [[Río Ochoa|río Ochoa]]. Los hallazgos en el Ochoa, constituyen el mayor de los reportados hasta el momento en el municipio.  
Poco se conocía sobre la [[arqueología]] de santa Clara hasta la década de [[1950]], cuando un profesor  del Instituto de Segunda Enseñanza de esta ciudad, aficionado a las ciencias, el doctor [[José Álvarez Conde]], encontró aisladas por las cercanías algunas evidencias arqueológicas aborígenes, entre ellas, dos esferolitias (esferas de piedra elaborada por los aborígenes, a las que se les atribuye significado ritual) en una fosa del antiguo Colegio Teresiano, hoy ESBU Juan Oscar Alvarado; así como algunos percutores de cuarzo, un mortero de piedra con forma semiesférica, y un colgante del mismo material, en las cercanías del barrio de Provincial. Todo este material formaba parte del museo privado del investigador.
 
==Otros descubrimientos==
 
También resulta un dato curioso que, entre [[1987]] y [[1988]], durante la restauración del edificio del  círculo juvenil Alegría de Juventud, que hoy ocupan el Consejo Provincial de las Artes Plásticas y la Galería de Arte (inmueble que fuera residencia de la familia de doña Marta Abreu de Estévez), en una fosa en el patio aparecieron, entre otros objetos de procedencia colonial, varios fragmentos de cerámica de factura [[aborigen]].
 
En 1992 se descubrió el primer sitio arqueológico en las márgenes del río Ochoa, a un kilómetro aproximadamente al sur de la [[Universidad Central Marta Abreu de Las Villas (Cuba)|Universidad Central Marta Abreu de las Villas]]. En la superficie, se pudieron colectar herramientas de piedra tallada, percutores líticos y fragmentos de conchas marinas pertenecientes a ejemplares del molusco conocido como [[cobo]] (Strombus sp.).  
 
==Sobre las comunidades==
 
===Comunidades preagroalfareras con tradiciones mesolíticas===
 
  
Todo este contexto se ajusta a comunidades que no conocían la agricultura ni producían útiles de cerámica, y que basaban su subsistencia en una economía de apropiación, con actividades bien marcadas en la pesca, la recolección y, como complemento, la caza de pequeños mamíferos (jutias) y aves silvestres. Estas comunidades se clasifican hoy como preagroalfareras con tradiciones mesolíticas.
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== El cacicato Cubanacán ==
Este hallazgo es significativo si se tiene en cuenta que los grupos humanos que se encontraban en este nivel de desarrollo, por su marcado [[Nómada|nomadismo]] estacional, transitaban constantemente por el territorio que hoy ocupa la provincia de [[Villa Clara]]  en dos direcciones, sur-norte y este-oeste.
 
La componente sur-norte sugiere una línea migratoria interesante, pues estos grupos se movían casi siempre utilizando como vía de traslación o referencia, las corrientes fluviales, que preferentemente en este sitio corren en la región. Aborígenes que bien pudieron provenir del sur de las actuales provincias de [[Sancti Spiritus]] y [[Cienfuegos]] y penetraron en esta área por las cuencas de los ríos  [[Río Agabama (Fomento)|Agabama]], [[Río Zaza|Zaza]], Río Hacha. Después, al transitar por los afluentes del parteaguas norte, ingresaron en las cuencas de los ríos [[Río Sagua la Grande|Sagua la Grande]] y [[Río Sagua la Chica|Sagua la Chica]], las de mayor densidad de sitios arqueológicos reportados hasta el presente.
 
===Comunidades preagroalfareras con tradiciones neolíticas incipientes===
 
  
Posteriormente, han sido descubiertos más de una decena de residuarios en las riberas del río Ochoa, pertenecientes a la cuenca del Sagua la Chica,  y en el río Yabú, afluente del Sagua la Grande. En esta última área se reportan 3 sitios con presencia de fragmentos de cerámica de factura tosca, sin decoración y provenientes de vasijas con pequeñas dimensiones. Estas pueden pertenecer a comunidades preagroalfareras con tradiciones neolíticas incipientes, toda vez que el resto de su ajuar no difiere de los grupos humanos que anteriormente se mencionaron. Los sitios, bien pudieran ser  el indicador del paso a un nivel superior  de desarrollo socioeconómico, a partir de la domesticación de algunas plantas silvestres  o del conocimiento rudimentario de cultivos, lo que llevó como respuesta a la creación de la primera sustancia artificial creada por el hombre, la [[cerámica]], para cocer los alimentos de procedencia vegetal.
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Las primeras referencias documentales sobre Cubanacán aparecen en el Diario de a bordo de [[Cristóbal Colón]]. El [[27 de octubre]] de [[1492]] el genovés avista por primera vez el archipiélago cubano y el día 30 refleja en el diario que los aborígenes les hablan de la existencia de una tierra que se encontraba a cuatro jornadas más allá del Río de Mares<ref>El Río de Mares es el nombre con que Cristóbal Colón bautizó a [[Gibara]].</ref>. Colón creyó que ese lugar era la capital del país ([[Cuba]]) y que el mismo era gobernado por el Gran Can. Sin embargo, todo parece indicar que esta fue una interpretación errónea del término Cubanacán. El Padre Bartolomé de las Casas, en Historia de las Indias, esclarece este hecho de la siguiente manera:
==Ubicación de los sitios arqueológicos==
 
  
Todos los sitios arqueológicos reportados se ubican al norte y este-nordeste de la ciudad; en terrenos calizos,  con suelos predominantemente pardo-carbonatados que sustentaban un bosque mesófilo donde crecían muchas especies de frutales y fauna silvestres. Esto constituyó un ecosistema muy apropiado para las actividades subsistenciales, factible de explotar, acorde con el grado de desarrollo de las fuerzas productivas de las comunidades aborígenes mencionadas.
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{{Sistema:Cita|El mártes, 30 de Octubre, salió de este puerto y rio de Mares, y, costeando la costa de la mar abajo, despues de haber andado 15 leguas, vio un cabo de tierra lleno de palmas, y púsole nombre cabo de Palmas; los indios que iban en la carabela Pinta, que eran de los que tomó en la primera isla que descubrió, Guanahaní, que nombró San Salvador, dijeron que, detrás de aquel Cabo estaba un rio, y del río á Cuba, dice que, habia cuatro jornadas. Decia Martin Alonso, Capitan de la Pinta, que creia que aquella Cuba debia ser ciudad, y que toda aquella tierra era tierra firme, pues iba tanto al Norte y era tan grande, y que el Rey de aquella tierra tenia guerra con el Gran Khan, el cual, ellos llamaban Khamí (…) lo que dijo Martin Alonso que los indios decían (…) que debia ser alguna ciudad, manifiesto parece cuanto al revés entendian de lo que los indios por señas les hablaban, porque aquella Cuba no era la isla toda, que así se llama, ni era ciudad, como Martin Alonso creia, sino una provincia que se llama Cubanacan, cuasi en medio de Cuba, porque nacan quiere decir, en la lengua de estas islas, medio ó en medio, y así componian este nombre Cubanacan, de Cuba y nacan, tierra ó provincia que está en medio ó cuasi en medio de toda la isla de Cuba …!<ref>de las Casas, Bartolomé (1875): Historia de las Indias. Tomo 1. Imprenta de Miguel Ginesta, Madrid, España, p.172.</ref>}}
Los terrenos al sur de Santa Clara corresponden a rocas del complejo afiolítico (serpentina y esquistos) con suelos esqueléticos y vegetación de cuabal; con pobreza de especies comestibles, tanto de la flora como de la fauna; así quizás se explique por qué, aunque es un área bastante explorada, nos e hayan reportado evidencias arqueológicas.   
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En el libro "Cuba antes de Colón", escrito por el arqueólogo norteamericano Mark Raymond Harrington, con la traducción de [[Fernando Ortiz]] y [[Adrián del Valle]], se dice que:
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{{Sistema:Cita|En [[1512]], veinte años después del descubrimiento de la isla de Cuba por Cristóbal Colón, según el Padre Bartolomé de las Casas había una población de trescientos mil habitantes distribuidos en las quince provincias o cacicatos en que se dividía, que eran: Guaniguanico, Marien, Habana, Sabaneque, Xagua, Cubanacán, Magón, Camagüey, Ornofay, Maniabón, Cueíba, Macaca, Bayataquiri, Baracoa y Maisi<ref>Harrington, M. R. Ortiz, F. y del Valle, A. (1935): Cuba antes de Colón e Historia de la arqueología indocubana. Tomo 1. La Moderna Poesía, La Habana, 1935, p. 75.</ref>.}}
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El término cacicato o cacicazgo se aplica, en antropología social, para definir una forma organizativa de sociedades tribales y se relaciona con el territorio que está bajo el poder de un cacique. El cacicato Cubanacán se encontraba en el centro de la isla de Cuba, dominando una gran área del territorio que hoy ocupan las provincias de Villa Clara, [[Matanzas]], [[Cienfuegos]] y [[Sancti Spíritus]], teniendo como centro lo que es hoy la ciudad de Santa Clara <ref>Reyes Aguilar, Judiel (2024): Leyendas Santaclareñas. Editorial Feijóo, pp. 11-17.</ref>.
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La presencia aborigen en el territorio aparece reflejada en varias leyendas santaclareñas donde se resalta el legado de Cubanacán para la región. Diferentes autores locales refieren que, en el territorio que hoy ocupa Santa Clara, el cacicato Cubanacán tuvo un asentamiento que se encontraba en un lugar que los fundadores de la villa llamaron el «Caney» y que se encontraba en las márgenes del río Cubanicay. [[Manuel García Garófalo y Mesa]] en su versión del Güije expresa que: «donde en un lejano día fué asiento de una tribu india, quedando solo de ella el simbólico nombre del Caney» <ref>García Garófalo Mesa, Manuel (1925): Leyendas y tradiciones villaclareñas. Tomo 1. Librería La Nación, La Habana, p. 88.</ref>. Dicho nombre se le atribuye a que, a la llegada de los remedianos, en aquel lugar solo quedaban las ruinas de unos caneyes.  
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El nombre del río también está asociado al asentamiento aborigen. En un primer momento el río se llamó del Monte, pero según cuenta [[Manuel Dionisio González Yanes]] «de poco para acá, uno de nuestros poetas, le ha dado el nombre de Cubanicay, derivativo de Cubanacan, en memoria de esta población de la raza indígena, que según se crée pudo estar situada á las márgenes de dicho rio y punto que aún se conoce con el nombre del Caney»<ref>González, Manuel Dionisio (1858): Memoria histórica de la villa de Santa Clara y su Jurisdicción. Imprenta del Siglo, Villaclara, p. 469.</ref>. El nombre de Caney también se le dio a una poza en el río Cubanicay , que según el imaginario popular era la residencia del güije. Así lo cuenta Florentino Martínez:
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{{Sistema:Cita|En su tranquilo giro, y con alguna que otra poza más o menos profunda, entre ellas la del Caney (…), el Cubanicay posee un enorme y profundo charco sombreado de tupidas cañas bravas, hoy desaparecido por haberlo terraplenado el ferrocarril de Cuba, para el emplazamiento de su patio terminal; charco que fue durante muchos años, balneario, playa y escuela de natación de tres o cuatro generaciones...<ref>Martínez, Florentino (1959): Ayer de Santa Clara. Departamento de Estudios Hispánicos, Universidad Central de Las Villas, Santa Clara, p.49.</ref>}}
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Añade Manuel Dionisio que el nombre de dicha poza «se cree venga de haber estado inmediato á ese lugar, como antes he dicho, el caserío de indígenas… <ref>González, Manuel Dionisio (1858): Memoria histórica de la villa de Santa Clara y su Jurisdicción. Imprenta del Siglo, Villaclara, p.469.</ref>».
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== Primeros descubrimientos arqueológicos ==
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En la década de [[1950]], el doctor José Álvarez Conde profesor del Instituto de Segunda Enseñanza, encontró algunas evidencias arqueológicas aborígenes en la ciudad; entre ellas, dos esferolitias<ref>Esferolitias: esferas de piedra elaboradas por los aborígenes, a las que se les atribuye significado ritual. </ref> en una fosa del antiguo Colegio Teresiano, hoy ESBU Juan Oscar Alvarado; así como algunos percutores<ref>Percutores: Pieza que golpea en cualquier máquina, y especialmente el martillo. Fuente: Diccionario de la RAE.</ref> de cuarzo, un mortero de piedra con forma semiesférica y un colgante del mismo material, en las cercanías del barrio de Provincial. Todo este material formaba parte del museo privado del investigador.
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Entre [[1987]] y [[1988]], durante la restauración del edificio del Círculo Juvenil Alegría de Juventud, hoy Galería Provincial de Arte, en una fosa en el patio aparecieron, entre otros objetos de procedencia colonial, varios fragmentos de cerámica de factura aborigen<ref>Águila Zamora, H. H., Brito Santos, I., Díaz Benítez, O. C., Espinosa González, V., Hurtado Tandrón, A., Pérez Carratalá, A. y Velazco Calvo, B. (2010). Síntesis histórica municipal Santa Clara. La Habana: Editora Historia.</ref>. En la misma década de los 80, es encontrada por un trabajador agrícola en la periferia del reparto "José Martí", una esferolita de 4 cm de diámetro elaborada en caliza. Otra pieza de este tipo es descubierta en el patio de una casa en el reparto Condado. Ambas piezas se perdieron al caer en manos de individuos no familiarizados con la ciencia arqueológica.
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== Yacimientos en la zona del Yabú y en la cuenca del río Ochoa  ==
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En las décadas de [[1980]] y [[1990]], miembros de la [[Sociedad Espeleológica de Cuba]] y del Grupo Arqueológico "Arimao" radicado en el antiguo [[Universidad de Ciencias Pedagógicas Félix Varela|Instituto Superior Pedagógico "Félix Varela"]], desarrollaron una intensa labor de exploración superficial en áreas ubicadas en las afueras del núcleo urbano de la ciudad de Santa Clara. Una de las zonas estudiadas fue el [[Hatillo - Yabú (Santa Clara)|Yabú]] y sus afluentes. En el año [[1988]] en la zona de Pararrayo fueron colectadas algunas evidencias en tierras de cultivo. Las evidencias básicamente consistían en pequeños fragmentos de sílex<ref>El sílex es un mineral de gran dureza utilizado en la antigüedad como herramienta cortante y para encender el fuego.</ref> y cerámica, esta última muy tosca y de gran dureza. En aquel entonces se consideró que los asentamientos se correspondían con el mesolítico medio.
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Posteriormente en el año 1991, el arqueólogo e historiador Raúl Villavicencio Finalet y su colega Ismael Martínez realizaron otra exploración en áreas del Valle del Yabú, concretamente en la zona de Marrero, localizando esta vez dos residuarios que correspondían también con un nivel de desarrollo típico del mesolítico medio. Según las interpretaciones realizadas por los investigadores, estos sitios pueden ser considerados como sitios de tránsito o paraderos ocasionales de un mismo grupo humano o al menos de grupos de igual nivel de desarrollo e idéntica cultura <ref>Rodríguez Vallejo, E., Borges Prieto, B., y Valdivia Martínez, I. (2020). ¿Aborígenes en Santa Clara? Desentrañando incógnitas. Editorial Académica Española.</ref>.
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La otra área estudiada en eso años fue la cuenca del río Ochoa, delimitando un área de 115 km2 enmarcada desde la confluencia del río Ochoa con el Minero, y en la superior, hasta la confluencia con el Sagua la Chica. Los hallazgos encontrados en dicha zona, se consideran el mayor de los reportados hasta ahora en el municipio. Por su extensión y las favorables condiciones del área en que se encuentra se deduce que pudo ser habitado por un período largo de tiempo. Hasta el año [[1995]], en esta zona, se habían detectado un total de 15 sitios arqueológicos. Posteriormente, entre los años [[2004]] y [[2005]] fueron localizados 2 nuevos yacimientos y 7 puntos donde se colectaron piezas aisladas que reflejan la movilidad aborigen en el área.
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== Descubrimientos recientes  ==
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A partir de las diferentes evidencias, tanto documentales como de la tradición oral, en [[2013]] miembros del grupo espeleológico «Candil» de la Sociedad Espeleológica de Cuba, comienzan una investigación en las márgenes del río Cubanicay con el objetivo de buscar evidencias arqueológicas en el área donde, las leyendas refieren, se encontraba el Caney<ref>Ídem.</ref>. A pesar del alto grado de contaminación ambiental, durante el desarrollo de dicho estudio, en el sitio se han encontrado varias piezas con valores arqueológicos: una punta de proyectil elaborada en sílex, una lámina que se corresponde con una «punta simple tipo Canimar», tres fragmentos de cerámica que proceden de vasijas utilitarias y un fragmento de burén <ref>Burén: Plancha circular de hierro que se utiliza para asar, especialmente la torta de casabe.</ref>.
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Estos hallazgos demuestran la presencia aborigen en el lugar descrito por las leyendas como el Caney. Sin embargo, aún son insuficientes para poder afirmar que realmente existió un asentamiento nutrido en dicho sitio. Desentrañar este misterio requiere de investigaciones arqueológicas más profundas en el área.
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==Fuente==
 
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* Hedy Hermina Águila Zamora y otros autores. Síntesis histórica municipal Santa Clara. Editora Historia. La Habana, Cuba 2010
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* Águila Zamora, H. H., Brito Santos, I., Díaz Benítez, O. C., Espinosa González, V., Hurtado Tandrón, A., Pérez Carratalá, A. y Velazco Calvo, B. (2010). Síntesis histórica municipal Santa Clara. La Habana: Editora Historia.
[[Category:Historia_de_Cuba]] [[Category:Historia_de_la_localidad]] [[Category:Aborígenes]] [[Categoría:Aborígenes de Cuba]] [[Categoría: Aborígenes del Caribe]]
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* González, Manuel Dionisio (1858): Memoria histórica de la villa de Santa Clara y su Jurisdicción. Imprenta del Siglo, Villaclara.
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* Harrington, M. R., Ortiz, F. y del Valle, A (1935): Cuba antes de Colón e Historia de la arqueología indocubana. Tomo 1. La Moderna Poesía, La Habana.
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* Reyes Aguilar, Judiel (2024): Leyendas Santaclareñas. Editorial Feijóo, pp. 11-17.
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* Rodríguez Vallejo, E., Borges Prieto, B. y Valdivia Martínez, I. (2020). ¿Aborígenes en Santa Clara? Desentrañando incógnitas. Editorial Académica Española.
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última versión al 16:06 6 feb 2025

Culturas aborígenes en Santa Clara
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Concepto:Culturas aborígenes en la ciudad de Santa Clara

Culturas aborígenes en Santa Clara. Evidencias documentales y arqueológicas han demostrado que en el territorio que hoy ocupa el municipio Santa Clara, de la actual provincia Villa Clara, existió presencia de comunidades aborígenes.

Los primeros documentos relacionados con la conquista y colonización de la Isla reflejaron que en este territorio existió un cacicato llamado Cubanacán. A partir de la década de 1950 en el municipio santaclareño han ocurrido múltiples hallazgos arqueológicos que confirma la presencia de los nativos en la región. Las principales investigaciones arqueológicas se realizaron en las décadas de 1980 y 1990 en las zonas del Yabú y en la cuenca del río Ochoa. Los hallazgos en el Ochoa, constituyen el mayor de los reportados hasta el momento en el municipio.

El cacicato Cubanacán

Las primeras referencias documentales sobre Cubanacán aparecen en el Diario de a bordo de Cristóbal Colón. El 27 de octubre de 1492 el genovés avista por primera vez el archipiélago cubano y el día 30 refleja en el diario que los aborígenes les hablan de la existencia de una tierra que se encontraba a cuatro jornadas más allá del Río de Mares[1]. Colón creyó que ese lugar era la capital del país (Cuba) y que el mismo era gobernado por el Gran Can. Sin embargo, todo parece indicar que esta fue una interpretación errónea del término Cubanacán. El Padre Bartolomé de las Casas, en Historia de las Indias, esclarece este hecho de la siguiente manera:

El mártes, 30 de Octubre, salió de este puerto y rio de Mares, y, costeando la costa de la mar abajo, despues de haber andado 15 leguas, vio un cabo de tierra lleno de palmas, y púsole nombre cabo de Palmas; los indios que iban en la carabela Pinta, que eran de los que tomó en la primera isla que descubrió, Guanahaní, que nombró San Salvador, dijeron que, detrás de aquel Cabo estaba un rio, y del río á Cuba, dice que, habia cuatro jornadas. Decia Martin Alonso, Capitan de la Pinta, que creia que aquella Cuba debia ser ciudad, y que toda aquella tierra era tierra firme, pues iba tanto al Norte y era tan grande, y que el Rey de aquella tierra tenia guerra con el Gran Khan, el cual, ellos llamaban Khamí (…) lo que dijo Martin Alonso que los indios decían (…) que debia ser alguna ciudad, manifiesto parece cuanto al revés entendian de lo que los indios por señas les hablaban, porque aquella Cuba no era la isla toda, que así se llama, ni era ciudad, como Martin Alonso creia, sino una provincia que se llama Cubanacan, cuasi en medio de Cuba, porque nacan quiere decir, en la lengua de estas islas, medio ó en medio, y así componian este nombre Cubanacan, de Cuba y nacan, tierra ó provincia que está en medio ó cuasi en medio de toda la isla de Cuba …![2]

En el libro "Cuba antes de Colón", escrito por el arqueólogo norteamericano Mark Raymond Harrington, con la traducción de Fernando Ortiz y Adrián del Valle, se dice que:

En 1512, veinte años después del descubrimiento de la isla de Cuba por Cristóbal Colón, según el Padre Bartolomé de las Casas había una población de trescientos mil habitantes distribuidos en las quince provincias o cacicatos en que se dividía, que eran: Guaniguanico, Marien, Habana, Sabaneque, Xagua, Cubanacán, Magón, Camagüey, Ornofay, Maniabón, Cueíba, Macaca, Bayataquiri, Baracoa y Maisi[3].

El término cacicato o cacicazgo se aplica, en antropología social, para definir una forma organizativa de sociedades tribales y se relaciona con el territorio que está bajo el poder de un cacique. El cacicato Cubanacán se encontraba en el centro de la isla de Cuba, dominando una gran área del territorio que hoy ocupan las provincias de Villa Clara, Matanzas, Cienfuegos y Sancti Spíritus, teniendo como centro lo que es hoy la ciudad de Santa Clara [4].

La presencia aborigen en el territorio aparece reflejada en varias leyendas santaclareñas donde se resalta el legado de Cubanacán para la región. Diferentes autores locales refieren que, en el territorio que hoy ocupa Santa Clara, el cacicato Cubanacán tuvo un asentamiento que se encontraba en un lugar que los fundadores de la villa llamaron el «Caney» y que se encontraba en las márgenes del río Cubanicay. Manuel García Garófalo y Mesa en su versión del Güije expresa que: «donde en un lejano día fué asiento de una tribu india, quedando solo de ella el simbólico nombre del Caney» [5]. Dicho nombre se le atribuye a que, a la llegada de los remedianos, en aquel lugar solo quedaban las ruinas de unos caneyes.

El nombre del río también está asociado al asentamiento aborigen. En un primer momento el río se llamó del Monte, pero según cuenta Manuel Dionisio González Yanes «de poco para acá, uno de nuestros poetas, le ha dado el nombre de Cubanicay, derivativo de Cubanacan, en memoria de esta población de la raza indígena, que según se crée pudo estar situada á las márgenes de dicho rio y punto que aún se conoce con el nombre del Caney»[6]. El nombre de Caney también se le dio a una poza en el río Cubanicay , que según el imaginario popular era la residencia del güije. Así lo cuenta Florentino Martínez:

En su tranquilo giro, y con alguna que otra poza más o menos profunda, entre ellas la del Caney (…), el Cubanicay posee un enorme y profundo charco sombreado de tupidas cañas bravas, hoy desaparecido por haberlo terraplenado el ferrocarril de Cuba, para el emplazamiento de su patio terminal; charco que fue durante muchos años, balneario, playa y escuela de natación de tres o cuatro generaciones...[7]

Añade Manuel Dionisio que el nombre de dicha poza «se cree venga de haber estado inmediato á ese lugar, como antes he dicho, el caserío de indígenas… [8]».

Primeros descubrimientos arqueológicos

En la década de 1950, el doctor José Álvarez Conde profesor del Instituto de Segunda Enseñanza, encontró algunas evidencias arqueológicas aborígenes en la ciudad; entre ellas, dos esferolitias[9] en una fosa del antiguo Colegio Teresiano, hoy ESBU Juan Oscar Alvarado; así como algunos percutores[10] de cuarzo, un mortero de piedra con forma semiesférica y un colgante del mismo material, en las cercanías del barrio de Provincial. Todo este material formaba parte del museo privado del investigador.

Entre 1987 y 1988, durante la restauración del edificio del Círculo Juvenil Alegría de Juventud, hoy Galería Provincial de Arte, en una fosa en el patio aparecieron, entre otros objetos de procedencia colonial, varios fragmentos de cerámica de factura aborigen[11]. En la misma década de los 80, es encontrada por un trabajador agrícola en la periferia del reparto "José Martí", una esferolita de 4 cm de diámetro elaborada en caliza. Otra pieza de este tipo es descubierta en el patio de una casa en el reparto Condado. Ambas piezas se perdieron al caer en manos de individuos no familiarizados con la ciencia arqueológica.

Yacimientos en la zona del Yabú y en la cuenca del río Ochoa

En las décadas de 1980 y 1990, miembros de la Sociedad Espeleológica de Cuba y del Grupo Arqueológico "Arimao" radicado en el antiguo Instituto Superior Pedagógico "Félix Varela", desarrollaron una intensa labor de exploración superficial en áreas ubicadas en las afueras del núcleo urbano de la ciudad de Santa Clara. Una de las zonas estudiadas fue el Yabú y sus afluentes. En el año 1988 en la zona de Pararrayo fueron colectadas algunas evidencias en tierras de cultivo. Las evidencias básicamente consistían en pequeños fragmentos de sílex[12] y cerámica, esta última muy tosca y de gran dureza. En aquel entonces se consideró que los asentamientos se correspondían con el mesolítico medio.

Posteriormente en el año 1991, el arqueólogo e historiador Raúl Villavicencio Finalet y su colega Ismael Martínez realizaron otra exploración en áreas del Valle del Yabú, concretamente en la zona de Marrero, localizando esta vez dos residuarios que correspondían también con un nivel de desarrollo típico del mesolítico medio. Según las interpretaciones realizadas por los investigadores, estos sitios pueden ser considerados como sitios de tránsito o paraderos ocasionales de un mismo grupo humano o al menos de grupos de igual nivel de desarrollo e idéntica cultura [13].

La otra área estudiada en eso años fue la cuenca del río Ochoa, delimitando un área de 115 km2 enmarcada desde la confluencia del río Ochoa con el Minero, y en la superior, hasta la confluencia con el Sagua la Chica. Los hallazgos encontrados en dicha zona, se consideran el mayor de los reportados hasta ahora en el municipio. Por su extensión y las favorables condiciones del área en que se encuentra se deduce que pudo ser habitado por un período largo de tiempo. Hasta el año 1995, en esta zona, se habían detectado un total de 15 sitios arqueológicos. Posteriormente, entre los años 2004 y 2005 fueron localizados 2 nuevos yacimientos y 7 puntos donde se colectaron piezas aisladas que reflejan la movilidad aborigen en el área.

Descubrimientos recientes

A partir de las diferentes evidencias, tanto documentales como de la tradición oral, en 2013 miembros del grupo espeleológico «Candil» de la Sociedad Espeleológica de Cuba, comienzan una investigación en las márgenes del río Cubanicay con el objetivo de buscar evidencias arqueológicas en el área donde, las leyendas refieren, se encontraba el Caney[14]. A pesar del alto grado de contaminación ambiental, durante el desarrollo de dicho estudio, en el sitio se han encontrado varias piezas con valores arqueológicos: una punta de proyectil elaborada en sílex, una lámina que se corresponde con una «punta simple tipo Canimar», tres fragmentos de cerámica que proceden de vasijas utilitarias y un fragmento de burén [15].

Estos hallazgos demuestran la presencia aborigen en el lugar descrito por las leyendas como el Caney. Sin embargo, aún son insuficientes para poder afirmar que realmente existió un asentamiento nutrido en dicho sitio. Desentrañar este misterio requiere de investigaciones arqueológicas más profundas en el área.

Referencias


Fuente

  • Águila Zamora, H. H., Brito Santos, I., Díaz Benítez, O. C., Espinosa González, V., Hurtado Tandrón, A., Pérez Carratalá, A. y Velazco Calvo, B. (2010). Síntesis histórica municipal Santa Clara. La Habana: Editora Historia.
  • González, Manuel Dionisio (1858): Memoria histórica de la villa de Santa Clara y su Jurisdicción. Imprenta del Siglo, Villaclara.
  • Harrington, M. R., Ortiz, F. y del Valle, A (1935): Cuba antes de Colón e Historia de la arqueología indocubana. Tomo 1. La Moderna Poesía, La Habana.
  • Reyes Aguilar, Judiel (2024): Leyendas Santaclareñas. Editorial Feijóo, pp. 11-17.
  • Rodríguez Vallejo, E., Borges Prieto, B. y Valdivia Martínez, I. (2020). ¿Aborígenes en Santa Clara? Desentrañando incógnitas. Editorial Académica Española.