Diferencia entre revisiones de «Miguel Ángel Limia»
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'''Miguel Ángel Limia''', olvidado escritor por décadas, Tallet lo caracteriza como un muchacho completamente alocado, pero que fue un buen prosista. | '''Miguel Ángel Limia''', olvidado escritor por décadas, Tallet lo caracteriza como un muchacho completamente alocado, pero que fue un buen prosista. | ||
Revisión del 17:44 2 dic 2011
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Miguel Ángel Limia, olvidado escritor por décadas, Tallet lo caracteriza como un muchacho completamente alocado, pero que fue un buen prosista.
Niñez
Limia había nacido en Baracoa, la Ciudad Primada de Cuba, el 1ro. de marzo de 1900; sus padres fueron Miguel Limia Reus y Cecilia Noa Borges, pero la madre moriría poco tiempo después, el 9 de julio de 1902, y el niño quedaría al abrigo del padre, aunque pasaba largas jornadas en la finca de sus abuelos maternos, de la que recordaría, años más tarde, en uno de sus escritos en la revista habanera El Fígaro, la quietud de aquella casa, en medio de las montañas con una vegetación increíble. Allí aprendió a cabalgar y vivió con amor en aquel paisaje rústico.
En uno de sus artículos, dice que fue un niño melancólico —quizás por la ausencia de su madre—, pero que, a la vez, era holgazán.
Juventud
El muy joven Limia, a los trece años, da rienda suelta a sus inquietudes literarias, cuando irrumpe entre los escolares que redactaban una pequeña revista titulada El Estudiante, en la que fue la prestigiosa escuela Miguel de Cervantes Saavedra, de Baracoa. En ese entonces, también escribía en la revista quien después fuera un íntegro político: Pelayo Cuervo Navarro, que fue asesinado en la noche del 13 de marzo de 1957 por las hordas batistianas.
Cuando era aún muy joven, un día tomó uno de los barcos que entraban y salían de la bahía de Baracoa.
Según cuenta Tallet, Limia era un aficionado a la literatura francesa, y había llegado a La Habana para, de aquí, seguir hasta París. Por lo menos esa era una idea fija que tenía, y era lo que decía a todo el mundo.
Obra literaria
En 1922, comienzan a aparecer artículos suyos en revistas como El Fígaro y Chic. En las referidas revistas escribe durante tres años, pues ya después de 1924 no se conoce algún otro escrito de él en revistas habaneras.
Se sabe que en La Habana trabajó como corrector de pruebas en el periódico El Mundo, y aquí conoció y se hizo íntimo amigo de José Zacarías Tallet y, por este, de Rubén Martínez Villena, y también fue jefe de redacción de El Fígaro.
La prosa de Limia era elegante y con ella podía llegar al alma humana, además de deleitar con su lectura a quienes leyeran sus trabajos periodísticos. Rubén auguró para él un magnífico futuro y lo comparó con los más importantes jóvenes intelectuales de aquel momento.
Pero no se sabe qué sucedió, si la familia no le mandó más dinero para obligarlo a volver a Baracoa o si Limia se aburrió de estar en La Habana, pero lo cierto es que, más o menos en 1925, vuelve a su terruño.
Retorno a Baracoa
Su última crónica, recogida en una colección de autores cubanos publicada en 1965 por la Universidad de La Habana, tiene como fecha octubre de 1924, sin embargo, ello solo permite suponer que es en este año cuando emprende su retorno a Baracoa. ¿Qué impulsa esta determinación?. Pudo suceder que viviera acuciado por estrecheces económicas y ello le hiciera volver la mirada al terruño. También hay que tener en cuenta que en 1925 las exportaciones bananeras en Baracoa estaban en alza.
Un día cualquiera de un año impreciso, el gentío agolpado en el muelle Real se preguntaba sobre aquel “joven de cinco pies de estatura. La cara lampiña, su cabeza fuerte, la mano enérgica, el andar mesurado, con bastón y talento”.
Así se le veía, vestido con traje de dril blanco, con una sonrisa siempre a flor de labios y en ellos un humeante tabaco y con un cayado o bastón en su mano derecha. Así se paseaba por las calles primitivas; entraba a un buen bar y se daba uno o dos tragos y saludaba con finos ademanes a los parroquianos. Era considerado un dandy, un gentleman, por personas que se acordaban de su segunda etapa baracoesa.
En 1926 funda en Baracoa el periódico El Espectador, el cual también dirigió. Digamos que aquí, en sus escritos, reconsidera a su Baracoa natal, como si volviera a descubrir los paisajes de diferentes colores de verdes, las montañas en lontananza y los ríos que serpenteaban toda la zona. Además, con su aureola de ser “un afamado periodista de La Habana”, en aquella época, y tan joven, siempre tuvo a Baracoa en sus manos.
Matrimonio
Además, se convierte en un influyente funcionario de Di’Giorgo Cuba Fruit. Se casa con una muchacha de la ciudad, María Luisa Gámez, muy agraciada según quienes la conocieron entonces, y con ella se va a vivir a la plácida e intrincada finca El Roble. Cuéntase que desde entonces el escritor apenas se veía en la ciudad, su vida quedó desleída entre las cepas de las plantaciones.
Tuvo dos hijos con su esposa, pero ninguno se dedicó a la literatura
Muerte
Sin embargo la felicidad no dura mucho, pues al poco tiempo contrae paludismo. Fue llevado a la ciudad para contrarrestar el mal, pero ya era demasiado tarde, la medicina nada podría contra aquel azote que había ingresado con demasiada fuerza en su cuerpo.
Le sobrevino la muerte cuando solamente contaba 32 años. Según cuenta Tallet, Limia había continuado con su vida bohemia en Baracoa, y se había dado a la bebida.
Una colección de sus escritos periodísticos habían sido recogidos y Rubén Martínez Villena hubo de prologar el libro, pero este nunca se publicó, hasta 1965 en que fue editado por la Universidad de La Habana.
Fuente
Fidel Aguire Gamboa. Viaje a la leyenda (Episodio de una historia que maravilla). Editora política. La Habana, 2006.