Síndrome de Diógenes
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Síndrome de Diógenes: Algunos ancianos se sienten derrotados y renuncian a vivir con dignidad; con el tiempo se vuelven desconfiados y adoptan una actitud negligente, entre la soledad y la misantropía.
En esta enfermedad los pacientes tienen tendencia a adquirir (comprando, robando, recogiendo en la calle o pidiendo que se les regale) y almacenar todo tipo de objetos o sustancias que puedan en algún momento ser de utilidad. No consiguen seleccionar las cosas en función de si es más o menos probable que las utilicen; lo que valoran es si hay alguna posibilidad de utilizarlas en el futuro (da igual que la posibilidad sea remota).
Aunque los primeros síntomas suelen estar presentes a partir de los veinte a los treinta años de edad, esta enfermedad puede empezar a cualquier edad. En un 25% de los casos, este trastorno se presenta en el contexto de un trastorno obsesivo-compulsivo.
Sumario
Qué es
La observación de casos repetidos de mayores con comportamientos extremadamente huraños que vivían recluidos en sus propios hogares y rehuían cualquier contacto con otras personas motivó la aparición en la década de los 60 de un trabajo científico que detallaba este extraño patrón de conducta. En 1975 fue bautizado como Síndrome de Diógenes, en referencia a Diógenes de Sínope, un filósofo de la época de Aristóteles famoso por preconizar un modo de vida austero y renunciar a todo tipo de comodidades.
Síntomas del Síndrome de Diógenes
Aislamiento social, reclusión en el propio hogar y abandono de la higiene son las principales pautas de conducta. Las personas que lo sufren pueden llegar a acumular grandes cantidades de basura en sus domicilios y vivir voluntariamente en condiciones de pobreza extrema.
El anciano suele mostrar una absoluta negligencia en su autocuidado y en la limpieza del hogar. Suelen reunir grandes cantidades de dinero en su casa o en el banco sin tener conciencia de lo que poseen. Por el contrario, piensan que su situación es de pobreza extrema, lo que les induce a ahorrar y guardar artículos sin ninguna utilidad. Es frecuente que almacenen cantidades grandísimas de basura y desperdicios sin ninguna utilidad. Incluso se han visto casos de personas que atesoraban billetes antiguos sin curso legal, bombonas de butano o latas de pintura.
Uno de los más claros es cuando la pelusa que hay debajo de la cama toma vida. entonces ya la situación comienza a ser grave. Los servicios sociales te obligarán a darle de comer , a vacunarle y proporcionarle una vida digna como cualquier criatura de la creación. Otro síntoma claro, es cuando las ratas se reúnen alrededor de la mesa con sus respectivos cubiertos. Pero el síntoma mas claro es cuando el crucifijo que tenemos en el pasillo pone cara de asco y se suelta los clavos para taparse la nariz. Ahí ya deberemos recapacitar si debemos limpiar un poco. Lo único que no encontrarás en una casa de estas es marijuana, aparecerá un drogata de entre la mugre diciendo : no busques no hay, ya la busqué yo. Pero a tí no te hace falta la marijuana, el hedor ya te coloca de tal forma que tu y el drogata os señaláis como idiotas sonriendo. Otro síntoma es cuando entran unos ladrones y te ordenan la casa en vez de robarte.
En realidad los guarros no son malos...es que tienen esa cosa ( esa cosa es ser guarros ). La mayor ventaja es que no tienen que trabajar, y si les ofreces trabajo te diran : ¿ yo te he faltado el respeto alguna vez? Otra ventaja de ser guarro es que si pasa George Lucas te puede seleccionar para la nueva saga de star wars...o Woody Allen para una de sus películas, pero poniéndonos ya en lo peor, Pedro Almodóvar.
Tratamiento
En primera instancia, el tratamiento para estas personas va dirigido a tratar las posibles complicaciones derivadas del mal estado nutricional e higiénico. Sin embargo, acto seguido es necesario instaurar medidas preventivas para que el cuadro no vuelva a repetirse. Para ello se necesita un apoyo social suficiente, a través de una institución geriátrica o de asistencia domiciliaria. El problema es que los propios afectados suelen rechazar la ayuda social. Si no están incapacitados por motivo de alguna patología psiquiátrica de base o una demencia, no pueden ser ingresados en una residencia sin su consentimiento, con lo que termina volviendo a su tipo de vida anterior.
Etiopatogenia
Se trata de un síndrome específico que se produce en ancianos, como consecuencia de la interrelación de tres tipos de factores:
* Diferentes rasgos de personalidad previos, que implican tendencia al aislamiento, dificultades de adaptación social, rechazo de las relaciones humanas, misantropía, etc. * Factores estresantes propios de la edad tardía: dificultades económicas, muerte de familiares, rechazo familiar, marginación social, etc. * Soledad: inicialmente condicionada por las circunstancias, pero posteriormente buscada o deseada voluntariamente.
Se puede aceptar que existen dos tipos de síndrome de Diógenes: * Personas sin otra patología psiquiátrica específica. * Pacientes psiquiátricos crónicos: depresivos, delirantes o demenciados que presentan además conductas típicas de Diógenes.
Epidemiología
Según estimaciones realizadas por De La Gándara (1994) por/mil de los ingresos en hospitales en España de mayores de 65 años son por Síndrome de Diógenes, lo que supone unos 1.200 nuevos ingresos año. Según otros análisis, en España un 3 % de las personas mayores de 65 años tienen "Riesgo de Diógenes", la "prevalencia probable" es del 0.5%, y la "incidencia anual" podría estimarse en unos 3.200 casos nuevos.
Complicaciones
La principal complicación es la muerte en soledad en sus domicilios. Por otra parte, más del 40 % de los Síndromes de Diógenes sufren patología somática severa, y mueren a pesar de ser ingresados en hospitales. Todos presentan grave abandono higiénico y estados carenciales, que implican la presencia de malnutrición, anemia, etc.
Sin ganas de Vivir
Si a Diógenes suele representársele dentro de un tonel, semidesnudo y con el pelo largo y desastrado, los ancianos aquejados por el síndrome viven también en el aislamiento y la incuria. Esta actitud negligente, entre la soledad y la misantropía, revela un sentimiento de derrota, de renuncia a vivir dignamente y en plenitud bien sea por carecer de alicientes para hacerlo, bien por efecto del deterioro psíquico propio de las edades avanzadas. Pero la conducta de los aquejados por el síndrome de Diógenes no implica necesariamente una dolencia mental.
Los primeros estudios sobre el fenómeno se remontan a los años 60 y 70 del siglo pasado, cuando empezó a ser diferenciado de los estados depresivos y las demencias. Ni todos los ancianos que acumulaban cosas ciegamente padecían trastornos psíquicos ni la psiquiatría podía explicar por sí sola algunos de sus comportamientos anómalos.
Generalmente concurren causas diversas que van desde rasgos de personalidad previos hasta factores estresantes específicos de los ancianos. Parece ser que están más predispuestos a sufrir el trastorno los individuos con tendencia al aislamiento o con dificultades de adaptación social, mientras que apenas se da entre personas comunicativas.
En cuanto a los factores estresantes que pueden conducir al síndrome, los más habituales tienen que ver con las dificultades de tipo económico, la muerte de familiares y la sensación de ser rechazado por parientes. Los sentimientos de inseguridad y de miedo engendran el impulso de acumular cosas -aunque sean tan inútiles o nocivas como los desperdicios- cuyo amontonamiento actúa a modo de muro protector. En cierto modo se trata de coleccionistas; sólo que, en vez de coleccionar selectivamente por afición o 'hobby', lo hacen de forma indiscriminada y guiados por una oscura necesidad de acúmulo compulsivo (la conocida como silogomanía. La soledad hace el resto.
Atrapados por el Temor
Estas personas se sienten solas pero a su vez persiguen la soledad, bien por resentimiento hacia los otros, bien atrapadas por el temor a relacionarse con personas ajenas a las que su paulatina misantropía ha ido convirtiendo en seres hostiles en potencia.
Puede ocurrir que de puertas hacia fuera los aquejados del síndrome de Diógenes no se muestren especialmente insociables, mientras que al regresar a sus casas se parapetan en el descuido y la dejadez. De ahí que no siempre sea fácil reconocer su estado, ni mucho menos comprender hasta qué punto son víctimas de una soledad más profunda de la que aparentan. Algunos especialistas han señalado cinco rasgos de conducta para identificar el síndrome de Diógenes. La presencia de dos o más de ellos permite hablar de enfermedad, y en el caso de darse cuatro o cinco se trataría de enfermos muy graves con riesgo de muerte. En trazos gruesos, los rasgos serían éstos:
- El aislamiento social, con tendencia a rehuir situaciones de comunicación
- La reclusión voluntaria en el domicilio, al que se aferran por muy ventajosas que sean las alternativas de acogida que se les llegue a ofrecer.
- El descuido en la higiene y en la alimentación, en el cuidado de la salud y en la limpieza y el orden del hogar.
- Las reacciones de pobreza imaginaria (se le ha denominado también síndrome de la miseria senil, que llevan a acumular no sólo dinero sino objetos varios, incluida la basura.
- El rechazo de las ayudas sociales o familiares y la tendencia a volver a sus hábitos de vida después de una temporada de acogida o de apoyo externo.
Sus propios vecinos
La mayor dificultad para intervenir en esta situaciones proviene de la invisibilidad externa de estos síntomas. Los ancianos que se aíslan están condenados a que su situación pase inadvertida incluso a sus propios vecinos, y más aún cuando aquéllos se muestran reacios a cualquier forma de relación con éstos.
Cuando los servicios sociales consiguen intervenir en el caso, las medidas surten efecto inmediato puesto que se trata fundamentalmente de asearlos y fortalecer sus cuerpos con alimentos o fármacos y de poner a trabajar en sus casas a los servicios de limpieza. Pero lo que nadie suele alcanzar a remediar es la soledad, origen y consecuencia de tantas tragedias que suceden sigilosamente en derredor nuestro.