Trinidad (Uruguay)

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Trinidad (Uruguay)
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Ciudad de Trinidad en Uruguay
Ciudad de Trinidad en Uruguay
EntidadCiudad
 • PaísBandera de Uruguay Uruguay
 • Fundación18 de julio de 1904
GentilicioPorongueros
Plaza constitucion de trinidad.jpg
Plaza constitucion de Trinidad

Ciudad de Trinidad. Es la capital del departamento de Flores en Uruguay, una ciudad histórica fundada por el mismo general libertador Artigas en 1805 y sede de uno de los partidos políticos más importantes del país, “El partido Colorado”.

Trinidad cuenta con una población de alrededor de 23.000 personas, pero a pesar de que la población es menor que en muchas otras ciudades de Uruguay, es la mayor de todas las ciudades en el departamento de Flores, con más de 5.000 kilómetros cuadrados se encuentra emplazada a 134 metros sobre el nivel del mar.

Toponimia

El nombre original de la ciudad de Trinidad era la “Santísima Trinidad de los Porongos”, nombre indicativo de una fuerte influencia religiosa en la región durante la década de 1800, sus habitantes reciben el apodo de porongueros o trinitarios.

Historia

Durante el siglo XVIII había surgido la necesidad de colonizar la campaña oriental, debido al peligro de la penetración clandestina desde las desprotegidas fronteras. El territorio que actualmente ocupa el departamento de Flores perteneció a partir de la segunda mitad del siglo XVIII a dos latifundistas: Francisco Alzáibar y Manuel Ignacio de la Cuadra.

A comienzos de la revolución oriental de 1811, dos terceras partes del territorio eran propiedad de la sucesión Cuadra-Durán y una tercera a la sucesión Solsona-Alzáibar. El surgimiento de Porongos fue dado por la lucha permanente entre el proletariado representado por Francisco Fondar y el latifundista de Cuadra, que se oponía a la formación del pueblo. En 1801, más de setenta habitantes de la zona, dirigidos por el Francisco Fondar solicitaron permiso al Virrey para la construcción de una capilla que se ubicaría al oeste del arroyo Porongos.

Aquella solicitud tuvo acepción por parte del virrey, a pesar de la oposición del terrateniente de la Cuadra. A comienzos de 1802 se concedió la autorización solicitada, y el 1º de febrero de ese año, Fray Manuel de Ubeda recibió la dirección de la capilla. Cinco meses más tarde de inaugurado el templo, Fondar solicitó la autorización para erigir un pueblo alrededor de la capilla, pero tal petición fue denegada. Luego que de Cuadra falleció, la viuda Inés Durán decidió terminar con la disputa, donando una legua y media cuadrada de terreno a favor de Fray Manuel de Ubeda, la cual le fue otorgada el 14 de abril de 1804, para que, autorización mediante de las autoridades, se repartieran dichas tierras entre los vecinos y todo aquel quisiera poblar el lugar. El pueblo que surgió así, se denominó Porongos, ya que en la zona abundaba una calabaza silvestre, amarga con forma oblonga que era llamada así.

Los habitantes de la entonces villa Porongos participaron de la revolución oriental de 1811, tanto en el encuentro de Las Piedras y en el éxodo de octubre. Pero además su pueblo soportó la ocupación contrarrevolucionaria; y su inmediata liberación fue dispuesta por Artigas. Muchos años más tarde, el 22 de julio de 1830 los habitantes de la villa de la Santísima Trinidad prestaron juramento público a la Constitución del Estado en el centro de la plaza Constitución.

A mediados del siglo XIX, la localidad no había logrado grandes avances, su población se mantenía estable entre 500 y 600 habitantes, ubicada en una zona ganadera. El 30 de diciembre de 1885, la villa pasa a ser capital del departamento de Flores al dictarse la ley 1.854 que creó dicho departamento.

Fundación de la ciudad

Luego de cien años de su fundación, sus habitantes se reunieron en asamblea para fijar la fecha de celebración del centenario de la villa, ya que el nacimiento del pueblo fue la consecuencia de un proceso con altibajos, por lo que no existía una fecha exacta para su fundación. Dicha asamblea reunida en agosto de 1902, en el Club 25 de Mayo, aprobó la iniciativa de fijar una fecha intermedia entre los años de 1802 y 1803, eligiéndose enero de 1803.

Sin embargo las celebraciones programadas fueron impedidas por los sucesos políticos del momento; y la iniciativa del diputado por el departamento de Flores don Antonio G. Gasa quien se recogió en la ley Nº 2829 de julio de 1903 la cual expresaba «desde el día 18 de julio de 1904, fecha del primer centenario de la fundación del pueblo de Trinidad, capital del departamento de Flores, declárasele ciudad, con todas las prerrogativas consiguientes a ese rango»

La primer capilla

En 1801 fue creada la capilla de la Santísima Trinidad de los Porongos. Su primer párroco fue Fray Manuel Úbeda, nacido en 1760, religioso valenciano de la orden de los Trinitarios Calzados que desde un principio estuvo enfrentado con el implacable De la Cuadra, quien calificaba a los vecinos como “vagos y dañinos". Úbeda fue decisivo en la fundación oficial de la villa, el 14 de abril de 1804, luego que Inés Durán, viuda de De la Cuadra, cedió las parcelas ubicadas alrededor del tempo a favor de la que por él era “la población más desamparada de la campaña oriental”.

Personajes históricos

Francisco Fondar Otro personaje fundacional de la capital de Flores fue Francisco Fondar, encargado de legalizar la donación en Buenos Aires. Trinidad de los Porongos fue reconocida como villa, por el virrey español Rafael de Sobremonte, el 22 de marzo de 1805, y fue elevada a ciudad, por iniciativa del diputado Antonio Oso, el 18 de julio de 1904.

Fray Manuel Úbeda Pionero de Trinidad, fue un olvidado héroe de la revolución artiguista, de los pocos sacerdotes que desde el inicio se sumó a los criollos independentistas, mientras el clero montevideano se mantuvo fiel a la corona española. Participó en el Éxodo del Pueblo Oriental como guía de decenas de porongueros, y murió en 1832, sin haber abandonado jamás el ideario de José Artigas.

Ricardo Figuerido Boticario, dibujante y fotógrafo del departamento de Flores, el más famoso a principios del siglo pasado, y el primero que registró las pictografías de los arroyos Porongos y La Cordobesa, próximos a Chamangá. Son memorables sus imágenes en blanco y negro de los vecinos de Trinidad y sus alrededores vestidos con ropa dominguera para visitar las “pinturas de los indios” recién descubiertas en los pedregales del departamento. De su intenso trabajo quedan las fotos publicadas en 1904 en el Libro del Centenario de Trinidad.

Mario Arregui (1917-1985) Hijo de Martín Arregui Escondeur y Carolina Vago Cattaneo, vivió su infancia y adolescencia en Trinidad, mientras frecuentaba el establecimiento agropecuario familiar donde realizó tareas rurales a las que se dedicó el resto de su vida. Se mudó a Montevideo en 1935 para estudiar Derecho, pero abandonó cuando tras adherir al comunismo durante la dictadura de Gabriel Terra y la Guerra Civil Española. Más tarde reconoció: “De a poco dejé los estudios solicitado por la política y la literatura.”

Entre 1945 y 1946 frecuentó cafés intelectuales y se acercó a la corriente literaria que posteriormente sería denominada Generación del 45, que compartió con Juan Carlos Onetti, Francisco Espínola, Carlos Maggi, Ángel Rama, María Inés Silva, Amanda Berenguer, Carlos Denis Molina y Líber Falco, con quien mantendría una intensa amistad.

En 1947 se casó con la poetisa Gladys Castelvecchi; con ella tuvo a sus cuatro hijos: Martín, Alejando, Vanina y Román. En 1956 publicó su primer libro, Noche de San Juan y otros cuentos, editado por la revista Número. Por esa época colaboró frecuentemente con el semanario Marcha, dirigido por Carlos Quijano. En 1964 recopiló sus cuentos en un libro que tomó como título el de uno de sus primeros escritos: La sed y el agua. Arregui lo consideró como “lo primero no del todo despreciable que logré escribir allá en los comienzos de mi intermitente labor de cuentista.”

Entre 1959 y 1971 fue un reconocido activista en favor de la Revolución Cubana. Viajó a Cuba, jurado en la categoría “Cuentos” del Premio Casa de las Américas. A su regreso de un viaje por Europa, en 1976, fue encarcelado por la dictadura militar uruguaya, que lo sometió a torturas durante ocho meses de confinamiento. Luego de varios años sin editar una obra, en 1979 publicó La escoba de la bruja y, poco antes de su fallecimiento, preparó un volumen de cuentos y artículos Ramos generales, publicado de manera póstuma.

Martín Arregui (1949-1996) El escultor trinitario, primogénito del escritor Mario Arregui, era incomprendido por unos y admirados por otros, su talento recorrió el territorio del departamento de Flores, tanto en la creación plástica como en las letras. En la última etapa de su vida cuando vuelca de lleno su talento a este Departamento, el que siempre tuvo un lugar en su corazón. Fue 1991 un año memorable para él, cuando proyectó el Parque de Esculturas "Zoológico del Futuro" en la entrada a la ciudad de Trinidad, único en su tipo en Uruguay, y poco después la Reserva de Flora y Fauna "Dr. Rodolfo Tálice", con apoyo de la Intendencia de Flores.

"Martín era un tipo de una columna vertebral, de acero y de nobleza intocada. Pero temperamental y caótico, e imprevisible y siempre previsible. Ahora no era un tipo fácil, no era un tipo fácil. Por el lado del corazón era, magnánimo te diría, siempre dispuesto, una gran predisposición a la alegría, y una capacidad asombrosa para el ascetismo, como demostró en toda la etapa última de su vida." Asó lo evocaba su madre, la docente y escritora Gladys Castelvecchi.

Desarrollo social

Lugares de interés

Iglesia de la Santísima Trinidad Protagonista de la historia de Porongos, está ubicada frente al costado este de la Plaza Constitución de la capital de Flores, en el mismo predio donde fray Manuel de Úbeda construyó su capilla de barro y paja. En el templo actual, diseñado por los arquitectos Eliciario Boix y Horacio Terra Arocena, se destacan dos altas torres finalizadas en 1941. Con la Estación del Ferrocarril, de estilo Art Nouveau, y el Teatro Artigas, componen el conjunto arquitectónico más relevante de la ciudad. En su altar mayor se alza un óleo de la Santísima Trinidad realizado por José Luis Zorrilla de San Martín en su taller de Punta Carretas.

Teatro Unión A principios del siglo XX, la capital poronguera poseía un teatro, el Unión, donde funcionó el primer “biógrafo” de Flores, que se alternaba con la presencia de artistas locales, de los vecinos departamentos de Colonia, Durazno y San José, y figuras reconocidas de la música, el canto y las artes escénicas de Montevideo. Permaneció abierto hasta la década de 1930, con una original doble función: también era cancha de pelota, sobre la calle 25 de Agosto, donde existe el Círculo de Pelota Polo Bessonart.

Aunque también había funciones de cine mudo y teatro en el Club 25 de Mayo o en el salón blanco del Centro Democrático, en 1910 un grupo de emprendedores trinitario propuso levantar el Teatro General Quinteros, en la actual calle Fondar casi Inés Durán, pero la iniciativa que no prosperó. Fue en una asamble del Club Democrático.

En una asamblea del Centro Democrático, del 14 de julio de 1911, fue aprobada una moción favorable a la construcción de un teatro. Para su financiamiento fue hipotecada la sede social, mientars se colocaban acciones de $ 500 “oro”, que luego se redujeron a $ 250 y se vendieron en Trinidad y en Montevideo. El proyecto y construcción fue adjudicado al arquitecto Sebastián Martorell, a un costo de $ 19.000 que se pagó en seis cuotas, y en 1912 fue ratificada su denominación definitiva: Teatro Artigas.

La Casa Guido realizó la decoración del salón; Rada y Baroffi tomaron a su cargo el escenario, Juan Piantini confeccionó el piso de la platea, que mediante un ingenioso sistema de gatos se eleva y nivela sobre el escenario; y la Casa Giorello envió las sillas. Los socios del Centro debieron debieron cosnguir 6.000 pesos más, para los muebles y instalación eléctrica, con costosas arañas e iluminación especial para los bailes de carnaval.

Primer Monumento al Periodismo y la comunicación Social

Pocos sitios tienen tanto derecho a preservar tan innovador símbolo de la comunicación del país. Muy cerca de allí, en las afueras de Trinidad, a orillas del mitológico arroyo Porongos, y también en el paraje de Chamangá, los arqueólogos hallaron las más antiguas manifestaciones del arte rupestre en el actual territorio uruguayo. Aquellos cronistas espontáneos utilizaban el óxido de hierro, un colorante natural también llamado hematita, para pintar, o quizá escribir, sobre piedras a la intemperie. Nos contaron su vida a través de formas preshistóricas: almenadas, escalonadas, grecas, zigzags. Más de 1.500 años después, otros emprendedores inauguraron un monumento, que también evoca la destreza de quienes fueron ¡por qué no! los primeros periodistas orientales.

Fue necesario un concurso abierto a los artistas plásticos uruguayos en todo el mundo, convocado por la Red Internacional de Periodismo SociaI y la Intendencia de Flores, y más de tres años de gestión y evaluación para llegar a tal convocatoria. La compleja elección fue asignada a un exigente tribunal presidido por el plástico, artesano y arquitecto salteño César Rodríguez Musmanno, acompañado por el artista Carlos Sabaño, la arquitecta municipal Silvia Stawski y los periodistas Pablo Fernández, Luis Elisburu y Marcelo Hernández. El certamen fue ganado por el grupo duraznense “18x50”, compuesto por artistas de diferentes disciplinas, en una experiencia colectiva nueva y enriquecedora para este grupo de trabajadores de la cultura. En la primera etapa diseñaron una maqueta de 20 centímetros que propone una imagen geométrica no figurativa: un rectángulo vertical que sostiene al ojo “observador” del periodismo.

El colectivo está compuesto por: Juan Fernández, Rayo Ferreira, Alexis Sibrú, Pedro Yoffre, Gabriela Agüero, Marta Ruiz Díaz, Miguel Casalás, Hugo Rovira, Jhonny Rodríguez, Eduardo Cortazo, Liliana Fernández, Cacho Burgues, Jorge Rivas, Cecilia Hémala, María Gamarra, Alejandro Casaballe, Leonardo Aldama, Ricardo Giordano, María Inés García, Cecilia O'Neill, Martín Álvarez y Javier Villasuso, entre tantos.

El punto elegido fue una esquina del Parque Lavalleja de Trinidad, ubicada en José González y Treinta y Tres. La estructura de tres metros de altura fue construida en mortero de arena y portland, reforzado por una estructura de hierro que le entregan una solidez que conmueve, y que le confieren un fuerte carácter “anti vándalos”. Al pie de la obra, una serie de luces emite cinco colores, rojo, verde, azul, amarillo, blanco.

Al pie de la obra una placa alusiva indica: “Monumento al Periodismo y a la Comunicación Social en homenaje a los Periodistas y Comunicadores Sociales por su contribución al Desarrollo y a la Cultura”. Un detalle innovador, que acrecienta su carácter inclusivo, es que las palabras incluidas en su base, “Difusión, Hechos, Recepción e Investigación”, se reproducen en su cuerpo principal en sistema Braille. Los escultores insertaron 120 semiesferas en la técnica de rakú para que las personas no videntes puedan recibir el mensaje a través del tacto.

Inauguración

El Primer Monumento al Periodismo y la Comunicación Social fue inaugurado el sábado 27 de octubre, a las 19 horas en punto. El acto conducido por maestro de ceremonias duraznense Julio Díaz, contó con la presencia de una multitud de periodistas, estudiantes, docentes, artistas, funcionarios municipales y nacionales y muchos vecinos trinitarios.

La parte oratoria fue abierta por el periodista Horacio Knaeber, presidente de la Red Internacional de Periodismo Social. “Para nuestra organización es un momento histórico y la culminación de un proyecto común con la sociedad civil de este departamento que lo tomó la idea como propia y cumplió su parte de la tarea. Habrá otras obras artísticas alusivas al periodismo uruguayo, pero esta siempre será la primera. ¡Vaya nuestro agradecimiento y nuestra admiración al pueblo de Trinidad!”

El intendente de Flores, el médico veterinario Armando Castaingdebat, recordó que la iniciativa original fue planteada por el comunicador duraznense Carlos Silva, en el encuentro Comunicarte 2009. “Para los porongueros es un motivo de orgullo inaugurar este monumento, por su originalidad y su significado universal, porque nunca es tarde para homenajear a quienes nos informan.”

El presidente del jurado que seleccionó la obra, arquitecto César Rodríguez Musmano, puso énfasis en la innovación que significa el mensaje en Braille. “Es un magnífico aporte a la accesibilidad del disfrute universal del arte.” El momento más emotivo del acto fue la participación de un vecino trinitario no vidente, quien con alegría indisimulada, leyó en voz alta la placa alusiva a través del tacto. Tras la lectura fue abrazado fraternalmente por los asistentes que sintieron como propio su único comentario: “¡Por fin!”

De noche hubo otra visita al monumento para visualizarlo a pleno, con todas sus luces encendidas. Fue una segunda oportunidad para los periodistas, y para los vecinos que con toda naturalidad se apropiaron de la que ahora es su obra, mientras compartían miradas cómplices, preguntas y sacaban muchas fotografías. “Fue un espectáculo conmovedor, repleto de colores, que disfrutamos como periodistas que nos sentimos representados por una obra de arte”, comentó el comunicador televisivo argentino Rolando Graña. Que lo contempló durante un largo rato.

Leyenda trinitaria

Claudio González fue un legendario narrador ora trinitario, inmortalizado por su coterráneo, el escritor Mario Arregui. Su cuento más fabuloso se remonta a 1883, cuando un periódico de Flores informaba la existencia de un monstruo que "no era ballena" en la barra del arroyo Grande y el río Negro. Según el cuentista "algunos vecinos de aquel paraje que se habían reunido para capturarlo no se animaron a seguirlo con las embarcaciones". Era un enorme pez de “por lo menos medía cinco metros de largo”, de lomo oscuro, cubierto de escamas que formaban una coraza como la del yacaré. “Se le disparó con un trabuco naranjero del tiempo de las guerras de independencia pero los proyectiles rebotaron sobre su coraza sin hacerle mella”, aseguraba, convencido, González.

Fuentes