Reino Antiguo (Egipto)
El Reino Antiguo, también llamado con menos acierto Imperio Antiguo, es el período de la historia del antiguo Egipto comprendido entre c. 2700 y 2200 a.n.e., e integrado por las dinastías III, IV, V y VI. Es el primero de los tres grandes períodos de la historia egipcia conocidos comúnmente como “reinos” (los otros dos son el Reino Medio y el Imperio Nuevo), en el cual alcanzó su primer pico de civilización en complejidad y logros de forma continuada.
Datación y clasificación de los períodos históricos
No existe unanimidad en la clasificación de los periodos de la historia del antiguo Egipto. Esto explica por qué algunos egiptólogos incluyen las dinastías VII y VIII como continuidad de la administración centralizada en Menfis. Mientras que el Reino Antiguo fue una época de seguridad interna y prosperidad, este fue seguido por un período de descentralización y decadencia cultural conocida como Primer Período Intermedio.
El término Reino Antiguo fue acuñado por los historiadores del siglo XX, y su distinción del llamado Período Arcaico, las primeras dos dinastías también conocidas como dinastías tinitas, no habría sido algo realmente diferenciado por los antiguos egipcios. La justificación dada a esta separación entre ambos lapsos históricos lo constituye el cambio revolucionario en la arquitectura acompañado de los cambios operados sobre la sociedad egipcia.
Los inicios: Dinastía III
El primer faraón destacado del Reino Antiguo fue Dyeser (Zóser), de la III Dinastía, quien ordenó la construcción de la primera pirámide escalonada en la necrópolis de Menfis, la actual Saqqara. La persona más importante durante su reinado fue el visir, Imhotep, quien además era sumo sacerdote de Ptah, médico y arquitecto (fue el diseñador de la primera pirámide).
Es en este momento que los antiguos estados independientes de Egipto llegan a conocerse como nomos, bajo el reinado centralizado del faraón. Los antiguos gobernantes se vieron obligados a asumir la función de nomarcas o de supervisores en la recaudación tributaria. Los egipcios adoraban al faraón como a un dios, creyendo que este aseguraba las inundaciones anuales del Nilo, necesarias para sus cosechas. La naturaleza del tiempo se consideraba cíclica, y el faraón, como dios en la tierra, debía asegurar la estabilidad de aquellos ciclos. Los egipcios también se consideraban un pueblo elegido, como “los únicos seres humanos verdaderos sobre la Tierra”.