Presencia de Fidel en el municipio Artemisa
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Presencia de Fidel en el municipio Artemisa. El 27 de noviembre de 1947 llegó a Artemisa, el joven Fidel Alejandro Castro Ruz, estudiante de tercer año de Derecho, a quien algunos conocían por sus andares por Cayo Confite y la posición mantenida en relación con la hechos entorno a la Campana de La Demajagua. Ese día se produciría la primera de sucesivas visitas que haría al municipio de Artemisa el joven revolucionario y futuro líder del pueblo cubano.
En 1953 se reunió con jóvenes artemiseños encabezados por José Pepe Suárez Blanco para preparar la gesta del Moncada y participó en otras.
El 17 de enero de 1959, con Fidel al frente, la Caravana de la Libertad llegó hasta la ciudad de Pinar del Río. En su extenso periplo desde la capital, los caravanistas pasaron por Bauta, Caimito, Guanajay, Artemisa, Candelaria y San Cristóbal, actuales municipios de la provincia Artemisa.
Durante todos estos años realizó otras visitas que constituyen hitos para artemiseños y cubanos, entre ellas al Mausoleo de los Mártires de Artemisa; siendo la última el que realizara que el líder de la Revolución, el 24 de julio del 2010.
Sumario
Primera visita
En el Instituto de Segunda Enseñanza (ISE) de Artemisa, municipio vueltabajero, que en aquel entonces formaba parte de la provincia pinareña, la Asociación de Estudiantes, que representaba lo mejor del estudiantado de su tiempo, a tono con las realidades del momento histórico, convocó mediante “El Vocero Estudiantil” , órgano oficial de esta en el ISE, en su número del 25 de noviembre de 1947, al pueblo para que asista a una velada conmemorativa por el fusilamiento de los estudiantes de medicina, en la Sociedad Luz y Caballero del municipio artemiseño.
La recordación del fusilamiento de los estudiantes de medicina, tiene para los pobladores de la Villa Roja, un significado muy especial, pues en esa oportunidad tendría lugar la que ha pasado a la historia como la primera visita de Fidel Castro a Artemisa. Se afirmapor testigos de aquel hecho, que Fidel fue localizado en una emisora de radio donde se transmitían sus comentarios políticos y luego de comunicársele el interés del estudiantado artemiseño por su participación en el acto mencionado, agradeció la invitación, alegando que pese a los compromisos trataría de asistir.
Su presencia en aquella conmemoración tuvo un significado diferente para la combativa Asociación de Estudiantes, al ser ellos quienes directamente invitaron al orador principal, rompiendo la rutina anterior de solicitar a la presidencia de la FEU de la Universidad de La Habana la presencia de un dirigente para que hablara en el evento.
Un elemento que no se puede pasar por alto ese día, según testimonios, fue el tenso clima que precedió a la conmemoración, pues los jóvenes y pueblo en general que asistió, se encontraban en las afueras del edificio, mientras que la guardia rural, en actitud hostil acordonó el lugar, buscando un pretexto para interferir en la realización del acto, objetivo que no lograron, pues la llegada de Fidel y la dirección de la Asociación, con los restantes invitados frustró las intenciones negativas de las autoridades, acaparando la atención central de los participantes.
No caben dudas de la admiración que despertó en el futuro líder aquel pueblo aguerrido que ya había hecho historia en los finales del siglo XIX y en las luchas antimachadistas, por lo que en esa oportunidad, pronunciaría palabras valientes y apasionadas, denunciando con ejemplos lúcidos la demagogia de Grau San Martín, sus vicios y lacras, enunciando las formas de erradicarlas.
Así el 27 de noviembre de 1947 llegó a Artemisa, el joven Fidel Alejandro Castro Ruz, estudiante de tercer año de Derecho, a quien algunos conocían por sus andares por Cayo Confite y la posición mantenida en relación con la hechos entorno a la Campana de La Demajagua[1]. Ciro Redondo, en aquel entonces dependiente de la peletería La Revolución, en la propia esquina del lugar donde Fidel se dirigió a los estudiantes y trabajadores estuvo presente como parte de la multitud [2]
Segundo encuentro con artemisa
Un lustro después, el 10 de marzo de 1952 Batista rompía con su artero Cuartelazo el orden constitucional vigente. Por su parte, Pepe Suárez, en ese entonces dirigente de la Juventud Ortodoxa en Pinar del Río, luego de un significativo encuentro con Fidel, donde este le plantea la urgencia de “hacer algo ante la burla y el engaño de los políticos” , quienes en definitiva no hacían nada contra la tiranía, muy motivado, a su regreso a Artemisa, organiza el grupo inicial de donde salieron, días después los jefes de células.
Luego del primer aniversario de la muerte de Eduardo Chibás el 16 de agosto de 1952 y de la partida de la Villa Roja de un grupo de jóvenes ortodoxos a esta conmemoración, dentro de los que se encontraban Pepe Suárez, Ramiro Valdés, Mario Lazo, Ciro Redondo, Julito Díaz y otros, el pequeño periódico mimeografiado con el título “El Acusador”, firmado por Alejandro, seudónimo de Fidel Castro, y su posterior circulación y lectura, les permitió compartir unánimemente la convicción que ya existía un líder capaz de nuclear a la masa joven para realizar cualquier tarea por difícil que esta fuera.
Con prontitud se comenzaron a organizar los jóvenes ortodoxos artemiseños y de otras municipalidades y se constituyeron las primeras ocho células, compuestas de diez miembros cada una bajo la dirección de Pepe Suárez, que era el Secretario de Organización de la Juventud Ortodoxa en Artemisa, llegando poco tiempo después a convertirse en jefe del Movimiento revolucionario de Fidel Castro en la provincia de Pinar del Río.
Como bien apunta en su obra El Moncada la Respuesta Necesaria, el Doctor Mario Mencía, en el caso de Artemisa, que había seis células, llegaron a conformar un contingente local con un jefe (en ese caso, Ramiro Valdés) que era el enlace entre los responsables de células y Pepe Suárez, quien funcionaba vinculado al comando superior de la dirección del Movimiento [3]
Con posterioridad se realizaron reuniones periódicas, en muchas de las cuales participó el joven líder y otros dirigentes que le acompañaban.En su libro: El único sobreviviente, Ramón Pez Ferro, asaltante al Moncada y miembro del Movimiento 26 de julio, se refiere a algunos de los lugares que fueron utilizados para reunirse de forma clandestina por los jóvenes revolucionarios, destacando entre ellos el local de la Juventud Católica, facilitado por Julito Díaz González.
También se usó la Logia Masónica Evolución, sugerida por él dada su condición de miembro de la Asociación de Jóvenes Esperanza de la Fraternidad (AJEF), lo que le permitía, al desempeñar el cargo coyuntural de Perfecto Guía, poseer la llave del loca [4]
Por su particular significado histórico, a finales del año 1952, se lleva a cabo entre Fidel Castro, Abel Santamaría, Antonio López, Pastorita Núñez, Pepe Suárez, Ramiro Valdés y los representantes de las células o grupos de Occidente una reunión, la cual se desarrolló en la mencionada Logia de Artemisa, pasando la misma a la historia combativa de Artemisa por su peculiaridad, ya que se preparaba la acción que unos meses después se convertiría en el Grito del Moncada.
En las nuevas condiciones, donde se gestaba la estrategia revolucionaria insurreccional de lucha, la localidad recibía otra vez la visita del líder revolucionario de la futura acción del 26 de Julio. En ese encuentro donde participaron los revolucionarios artemiseños, planteó los lineamientos políticos del movimiento, así como especificó los puntos del programa por el que se iba a luchar, enumerando los siguientes aspectos: La tierra, La industrialización,La vivienda, El desempleo, La Educación,La Salud del pueblo [5]
Estos sin dudas no fueron otros que los seis problemas fundamentales que presentaría un tiempo después en su histórico alegato: “La historia me absolverá” , como parte del drama económico social que vivía Cuba; cada uno fue analizado aquel día, previendo su alcance futuro, lo que sin dudas llenó de optimismo y ánimo a los participantes en el positivo encuentro.
Pastorita Núñez al referirse a lo allí acontecido señaló:
En esa primera reunión clandestina que Fidel y Abel realizan en Artemisa con las particulares expuestas, luego de precisarse aspectos claves del programa de lucha, comenzaron las acciones en pos de seleccionar y preparar a los futuros combatientes, declarándose así el movimiento entero en plena etapa de profundización y selección de sus militantes, quedando a su vez todos plenamente identificados con su líder.
Se caracterizaba esta relación por el cariño, la camaradería, entre ellos, así como el respeto y la admiración a Fidel. Entre muchos testimonios existentes al respecto sobresale el de Ciro Redondo, cuando escribe el 12 de mayo de 1954 a Melba Hernández, heroína del Moncada:
Luego de una intensa labor organizativa, de preparación, así como de seguimiento a las jornadas de entrenamiento de los jóvenes revolucionarios, y tras largos recorridos por casi toda la provincia, Fidel Castro evaluó de positivo el trabajo realizado en Artemisa, Guanajay, San Cristóbal y Pinar del Río y le exclamó a Pepe Suárez:
Aquellos combatientes los cuales constituyeron un pilar fundamental en la naciente organización revolucionaria sin lugar a dudas, tenían en su sangre el espíritu ortodoxo e insurrecto de las clases trabajadoras y explotadas, no eran afines con ninguna de las inmoralidades de la politiquería imperante en aquella república deteriorada y corrupta, y supieron llevar a la acción del 26 de julio la voluntad, generosidad, la limpieza de ideales, el desprendimiento más absoluto y la confianza total en su líder y en la victoria.
Como cuenta el General de Ejército Raúl Castro, Primer Secretario del Partido Comunista de Cuba:
Al frente de la Caravana de la Libertad
El 17 de enero de 1959, con Fidel al frente, la Caravana de la Libertad llegó hasta la ciudad de Pinar del Río. Allí, desde una rastra que sirvió de improvisada tribuna, en la intersección de la calle José Martí y Rafael Ferro, en el corazón de la ciudad, dijo a los presentes:
En su extenso periplo desde la capital, los caravanistas pasaron por Bauta, Caimito, Guanajay, Artemisa, Candelaria y San Cristóbal, actuales municipios de la provincia Artemisa, siguiendo su itinerario por los territorios pinareños de San Diego de los Baños (en Los Palacios), Consolación del Sur, hasta de Pinar del Río.
De los territorios correspondientes a la actual provincia artemiseña, fue en Guanajay y en Artemisa donde se detuvo Fidel y dirigió unas palabras al pueblo. En Guanajay la parada tuvo lugar en el Centro Progresista. En el momento de su intervención, Fidel advirtió que frente al Centro Progresista habían colocado un cartel, con un mensaje al respecto y sentenció entonces: “Haremos justicia”. No tuvo necesidad de hacer otros comentarios sobre el tema. Aquellas palabras, aunque breves, ratificaron la confianza y seguridad del pueblo.
En Artemisa la estancia de Fidel fue más prolongada. Desde horas bien tempranas de la mañana numeroso público abarrotaba ambos contenes de la calle Maceo en espera de la visita del jefe rebelde. Mario Francisco Valdés Iturralde, El Nene , al timón, acompañado de Guillermo García Ponte, Walfrido Díaz, Jorge Valdés y Guillermo Vilaboy, formaban la tripulación del Impala del 59 que patrullaba esta misma arteria desde el Paso a Nivel hasta la casa de Regino Núñez (donde actualmente radica la sede del Comité Municipal del Partido). Por radio escuchaban el parte pormenorizado de las noticias que comentaban el paso de la caravana procedente dela capital.
No por muy esperada la visita fue menos sorprendente el recibimiento popular, el júbilo se apoderó de los presentes y de cada lado de la calle se lanzaban flores al auto donde viajaban Fidel y Celia Sánchez, que se detuvo a intercambiar por unos minutos con los presentes. No pocas personas rezaban mirando al cielo y daban gracias por ver vivo a Fidel. Otros enseñaban retratos de familiares torturados o asesinados por la tiranía y le rogaban al líder que continuara con el ajusticiamiento de criminales del antiguo régimen. La tripulación del Impala artemiseño partió de inmediato para el antiguo cuartel de la Guardia Rural, ocupado ahora por fuerza revolucionarias al mando de René Collazo [10]
Según testimonios de El Nene , una vez allí, Collazo le ordenó a Guillermo y a otro de los combatientes que siguieran para el parque y ayudaran a la policía a mantener el orden durante el acto y a uno de los soldados, conocido de Fidel por haber estudiado juntos en la universidad y haberlo acompañado años atrás en algunas prácticas de tiro, le orientó que se mantuviera en la esquina del cuartel para informar a Fidel que el jefe de la guarnición se encontraba dentro del cuartel.
Solo instantes después arribó el líder revolucionario, y al recibir las explicaciones pertinentes orientó que le dijeran a Collazo que se moviera hasta el parque y en caso de no poder hacerlo por su estado físico que avanzara hasta la ciudad de Pinar del Río que él lo esperaba en el Regimiento.
Recuerda Guillermo García Ponte que la caravana bajó por toda la calle Maceo hasta la calle Martí, subiendo entonces a buscar la calle Mártires, donde dobló para parquearse frente al Cine Suárez. Agrega que Fidel hizo su entrada a la glorieta con casi 40 grados de fiebre. No escapa del anecdotario el momento en que Fidel se sorprendió al descender de su carro y ver a una figura humana casi abalanzada sobre el capó de su automóvil en un arranque de fanatismo y alarde, y al preguntar quién era la persona y enterarse de que era nada más y nada menos, que el controvertido y reaccionario Padre Valdés, párroco de la iglesia y personaje que nunca había mostrado simpatías por el proceso revolucionario, Fidel ordenó que lo retiraran y le dejara el paso libre.
Por otro lado y sin esperar un solo minuto, la tripulación del Impala se dio a la tarea de trasladar a Collazo desde el cuartel hasta el parque, montarlo en su sillón de ruedas y acercarlo hasta el sitio donde ya Fidel le hablaba al pueblo artemiseño. Ofelia Robainas Hernández, miembro de la ACRC, conocida locutora radial de la emisora territorial y nieta del Comandante del Ejército Libertador y benefactor de Artemisa, Francisco Robainas Alquimbau, recuerda como uno de los momentos más emotivos del discurso de Fidel el 17 de enero de 1959 en Artemisa, aquel cuando René Collazo fue alzado en brazos de varios de sus compañeros hasta el nivel de la glorieta y Fidel lo señala como ejemplo de patriotismo y compromiso con la Revolución, al tiempo que lo asciende al grado de Comandante, algunas de sus palabras fueron:
Alberto García, hijo del mártir Eduardo García Lavandero [11], en una de sus visitas a Artemisa, conversó con uno de los autores y recordaba el júbilo que aquel día lo embargó en el parque artemiseño, donde tuvo la oportunidad de conocer a Fidel y escuchar sus palabras. Era todavía un adolescente y vestía de verde olivo.
Sin embargo, de aquel discurso de Fidel en la Villa Roja el 17 de enero de 1959 lo que más recuerdan los artemiseños son quizá las palabras pronunciadas para agradecer y reconocer a este pueblo la participación activa a lo largo del procesos revolucionario cubano y de forma especial el papel jugado en el período de lucha insurreccional:
“La nación cubana tiene mucho que agradecerle a esta ciudad. De los 12 combatientes que iniciamos la lucha de nuevo, después de los primeros reveses, tres eran de Artemisa: Ciro Redondo, Julito Díaz y Ramiro Valdés, el Vizcaíno, como lo conocen ustedes aquí. Dos de ellos cayeron: Julio Díaz, que murió a mi lado en el combate de El Uvero; y Ciro Redondo, Comandante del Ejército Rebelde, que murió en la batalla de Mar Verde. La Columna Invasora número ocho lleva su nombre (…)”
“(…)A juzgar por los hombres que ha dado a la causa de la libertad, a juzgar por el entusiasmo de todos los vecinos de este lugar, a juzgar por el espíritu patriótico que aquí vibra en todos los corazones, bien merece llamarse Artemisa el pueblo más revolucionario de Cuba”.Tras el discurso y sin dilaciones, saló Fidel rumbo a la ciudad de Pinar del Río, dejando para el pueblo de Artemisa la jornada del 17 de enero de1959, como una de las más inolvidables de su historia.
Otras visitas que constituyen hitos para artemiseños y cubanos
Desde el triunfo mismo de la Revolución el gobierno de los Estados Unidos comenzó a implementar una política agresiva contra Cuba en el plano político, económico y militar. A partir de la firma de la Primera Ley de Reforma Agraria estas agresiones se tornaron más sistemáticas e intencionadas contra objetivos económicos de nuestro país, principalmente contra el azúcar, producto para el cual la exportación hacia Estados Unidos era regulada por la Ley de Azúcar, en base a una cuota fijada de antemano. Como al resto de los exportadores, a Cubase le compraba el azúcar a un precio que siempre resultaba superior al del mercado internacional.
El primer semestre del año 1960 estuvo matizado por las reiteradas declaraciones y amenazas del presidente Dwight Eisenhower, respecto a reducir la cuota azucarera que históricamente Estados Unidos le compraba a Cuba. Esta medida era parte de un paquete cuyo propósito inmediato radicaba en asfixiar a la economía cubana y hacer abortar el proceso revolucionario a más largo plazo. Una vez planteada la estrategia a seguir el presidente norteamericano se dio a la tarea de buscar en el congreso el otorgamiento de facultades para disminuir el monto de la compra a la Isla.
Uno de los argumentos utilizados por la administración norteamericana para justificar esta medida era la amenaza en que se veían sus intereses económicos en Cuba, aun cuando todavía no se habían dado siquiera los primeros pasos del proceso de nacionalizaciones. Sin embargo, ante cada pronunciamiento en este sentido, las autoridades cubanas no dejaron de responder con la urgencia y firmeza que requerían las circunstancias. En varios momentos el Comandante en Jefe Fidel Castro dejó claro el hecho de que las agresiones económicas contra Cuba tendrían como respuesta la intervención de a las inversiones norteamericanas dentro de la Isla.
En los últimos días de junio, en reunión sostenida entre los departamentos de Estado, Defensa, Tesoro, Agricultura, la Agencia Central de Inteligencia, y la Casa Blanca, se debatió acerca de los puntos esenciales encaminados a implementar un proyecto de presiones económicas contra Cuba y finalmente el 3 de junio de 1960 se aprobó la enmienda a la Ley de Azúcar, por medio de la cual el presidente de Estados Unidos quedaba autorizado por el congreso a fin de establecer la cuota azucarera de Cuba, fijada en 70 000 toneladas menos que en años anteriores.
El engendro norteamericano, que el pueblo cubano bautizó como Ley Puñal,no tardó en recibir contundente respuesta. Tres momentos en ese sentido pueden citarse como los más significativos: La actitud solidaria de la Unión Soviética que no se hizo esperar, la Ley de Nacionalización y la Plenaria Azucarera convocada por Federación Nacional de Trabajadores Azucareros (FNTA).En relación con esta última, el 28 de junio del propio año 60, la FNTA convocó a una gran concentración popular en Artemisa, territorio vueltabajero, convertido desde tiempos coloniales en importante reducto azucarero y que en aquellos momentos contaba con cuantiosas extensiones de tierra dedicadas al cultivo de la caña y con dos centrales azucareros en plenas condiciones de molienda.
Durante la plenaria desplegada en la Villa Roja pinareña disertaron varios funcionarios y productores, se discutieron ampliamente diversas temáticas relacionadas con las potencialidades azucareras del país, identificando con claridad las dificultades que de algún modo estaban poniendo en peligro los planes productivos, con énfasis en los riesgos que entrañaba para Cuba la reducción de la cuota azucarera desde los Estados Unidos. No faltaron los análisis referidos a la proyección de nuevas soluciones para frustrar el propósito de asfixiar la economía cubana.
Recordaba Antonio Ortega [12], uno de los uniformados que tuvieron a su cargo la custodia de la cama de la rastra que se improvisó como plataforma para la plenaria, que Fidel se veía ansioso, mientras algunos hacían sus intervenciones él observaba atento, pero de pronto caminaba hacia otro de los compañeros y daba algún criterio, hacía una pregunta y comenzaba entonces a dar pequeños paseos encima de la cama de la rastra haciendo comentarios, para luego volver sobre uno o varios de los presentes y hacer las mismas o nuevas preguntas.
Resalta Ortega que lo impresionó mucho en esa ocasión la forma en que Fidel repetía insistentemente y en voz muy baja, las siguientes palabras:
Así se comportó hasta que le correspondió su turno en el estrado, donde aseveró, que el gobierno de los Estados Unidos no le perdonaba a Cuba haber llevado a vías de hecho una revolución triunfante y que por eso se atrevían al asedio económico y amenazaban con su poderío armamentístico y extenso historial de agresiones militares, más adelante expresó enfáticamente:
En una de las partes de su oratoria, el líder revolucionario, con total criterio pedagógico, conocedor de las implicaciones que podía traer la reducción de la cuota azucarera y haciendo uso de excepcionales recursos para explicar la torcida naturaleza agresiva de Estados Unidos en contextos diversos, expuso:
Fidel, en su intervención reafirmó la decisión del pueblo cubano para defender su independencia y soberanía al precio que fuera necesario y asumiendo como referente al Héroe Nacional declaró:
Para orgullo de los artemiseños, una frase tan combativa y patriótica pronunciada por Fidel en momentos difíciles para la sobrevivencia de la Revolución, ymarcada por las circunstancias particulares de la negativa yanqui para comprar el azúcar a Cuba, fue pronunciada por su líder, en el corazón de la Villa Roja, frente a una escuela que fue una fragua de titanes, frente al Instituto de Segunda Enseñanza, centro enclavado en el barrio La Matilde, de donde procedían varios de los moncadistas artemiseños, y que en la actualidad es el Preuniversitario Urbano del municipio), dondeestudiaron jóvenes, como Eduardo García Lavandero y Orlando Nodarse Verde [13], que allí comenzaron a formarse como revolucionarios y que después entraron viriles en el martirologio de la Patria.
Fidel y el inicio de la Tarea Álvaro Reinoso
La economía artemiseña sentó sus bases sobre valiosos cultivos fundamentales, entre ellos el azúcar, contando la Villa Roja desde el siglo XIX, con el central “El Pilar”, fundado en el año 1834.
En el contexto de la batalla económica librada por el país, luego de la experiencia del Período Especial, donde se puso a prueba la voluntad y resistencia del pueblo trabajador, se dan dos transformaciones trascendentales para la economía: la reestructuración del sistema bancario y la aplicación del Sistema de Perfeccionamiento Empresarial.
Dentro de esta última, una de las medidas más importantes es la relativa a la reorganización del sector azucarero, con el consiguiente cierre de aquellos centrales ya inoperantes, lo cual tuvo un significativo impacto en la sociedad, no sólo desde el punto de vista económico, sino también político social.
Sería la Tarea Álvaro Reynoso [14], la que nuevamente posibilitaría la visita del Comandante en Jefe Fidel Castro a tierra artemiseña el 21 de octubre de 2002. En esa oportunidad también se daba inicio al Curso de Superación para Trabajadores Azucareros, inaugurándose oficialmente con la presencia del líder de la Revolución en ese territorio ambos sucesos. El acto se desarrolló en el CAI Eduardo García Lavandero, ubicado en las afueras del territorio.
Un elemento que protagonizó aquella histórica jornada fue que Fidel en presencia de los artemiseños y para toda Cuba, anunciaba que 70 centrales cubanos dejarían de producir definitivamente. En el trascendental discurso, Fidel hace un pormenorizado recuento de la historia de la producción y la industria azucarera cubana en más de ciento cincuenta años.
Con su proverbial sabiduría, se adentró en la difícil situación del momento, donde agregado al incremento de los precios del petróleo en el mercado mundial, y a la disminución de los precios del azúcar, se sumaba el desplome de la URSS, con las conocidas consecuencias para nuestra economía, lo que permitía calificar el escenario que vivía el país de situación insostenible: "(…) precio del petróleo para arriba, precio del azúcar para abajo”, como él mismo señalara.
Agregó enfáticamente, que la única cosa lógica a hacer, era reestructurar la industria azucarera, lo qué significaba según la visión del estadista, escoger los mejores centrales, con las mejores tierras, que producían o podían producir el azúcar a un costo por debajo, incluso, de los cuatro centavos; a lo que añadió que se seleccionaron, de los 155 centrales, los 71 que podían alcanzar esa meta, según los cálculos y los esfuerzos que se venían haciendo.
Finalizó afirmando que en aquellas condiciones era imposible producir el azúcar como se venía produciendo hasta ahora, ratificando al mismo tiempo, la certeza de que ningún trabajador quedaría desprotegido, ni sin sus ingresos, y, por el contrario, se beneficiarían considerablemente. Por último se refirió a la posibilidad de que cada central se convirtiera en una sede universitaria, ratificando el inicio de las clases para ochenta y cuatro mil y tantos compatriotas.
Fue un discurso colmado de emociones, de alegrías y esperanzas que inspiró a muchos a continuar con la obra de la Revolución y en otros ratificó sus convicciones de servir a la patria hasta sus últimas fuerzas, como el compañero Alberto Beltrán Morales, quien luego de haber desempeñado por más de doce años el cargo de Primer Secretario del Partido en municipios como Guanajay, Artemisa, Quivicán y el Mariel.
Graduado de Ciencia Sociales en la Escuela Superior del Partido Ñico López, con sesenta y cuatro años, inició en la Tarea Álvaro Reinoso, sus estudios de Derecho, finalizando en julio del 2009, con sesenta y ocho años la carrera, siendo un verdadero ejemplo de dedicación y entrega a la Revolución, a la cual sirve en la actualidad, prestando además sus luces a los futuros universitarios del territorio en la carrera de Derecho.
La decisión que se tomó demostró, una vez más, la fortaleza de la Revolución, así como la confianza del pueblo en su dirección; el Comandante en Jefe en aquella oportunidad la definió como que:
Le tocó al territorio artemiseño el privilegio de ser protagonista en tierras donde en la Guerra del 95 combatiera el Generalísimo Máximo Gómez, durante su paso victorioso por la región, de trascendentales pronunciamientos del líder histórico de la Revolución, y que marcaban un momento singular de la industria azucarera cubana, era como si nuevamente Artemisa prestara sus incondicionales servicios en una nueva coyuntura a la relación que ya existía entre Fidel y su pueblo:
Sentenciaba con la visión que lo caracterizaba el líder de la Revolución en aquella noche memorable junto al pueblo que nunca lo defraudó.
Existen otras visitas del líder de la Revolución al territorio artemiseño, como por ejemplo su participación el 26 de julio de 1987 en el acto central con motivo del XXXIV Aniversario del Asalto al Cuartel Moncada, donde pronuncia el discurso central en la Plaza de Artemisa.
Encuentros con Fidel en el Mausoleo de los Mártires de Artemisa
Entre las muchas tareas asumidas por el estado cubano a partir del triunfo de la Revolución, el rescate y la preservación del patrimonio histórico y la habilitación y construcción de instalaciones destinadas a rendir homenaje a los principales hechos y figuras del proceso revolucionario cubano, constituyó una prioridad.
En 1976, las dos primeras leyes aprobadas por la Asamblea Nacional tienen en su contenido este propósito. Fue en este contexto que comenzó a gestarse en Santiago de Cuba el proyecto para recuperar con fines patrimoniales y museológicos la Granjita Siboney y el recorrido que siguieron los jóvenes dirigidos por Fidel hasta el cuartel Moncada en la madrugada del 26 de julio de 1953.
Después de materializado este empeño se concibieron nuevos proyectos, entre ellos, el de construir un mausoleo en Artemisa donde descansaran los restos de los moncadistas de Artemisa y del resto de la provincia pinareña. Esta sería la primera instalación de su tipo construida en Cuba después del triunfo de la Revolución.
Los arquitectos Augusto Rivero, Marcial Díaz y Dolores Espinosa fueron los especialistas a cargo de concebir y diseñar el proyecto. La solución que se dio para ubicar el recinto mortuorio fue la de construirlo en el barrio La Matilde, donde residían la mayoría de los combatientes artemiseños que participaron en las acciones del 26 de julio.
Sin dudas, la empresa más lograda fue la de construir un monumento donde el hecho de la muerte se entendiera de una manera diferente. No se concebía que los jóvenes de la Generación del Centenario del Apóstol, aquellos que fueron a conquistar la libertad o a morir en el empeño, se mantuvieran en comunes sepulturas, a oscuras, alejados de sus compatriotas, desprovistos de un ambiente natural, e incluso, agradable y hermoso por contradictorio que parezca.
El resultado del trabajo del equipo de arquitectos es un monumento que permite, más allá del homenaje, la posibilidad de que los héroes convivan con su pueblo desde un espacio – aunque soterrado – donde comparten el agua que corre, el aire que fluye, el ruido, la neblina. En el Mausoleo de los Mártires de Artemisa, la muerte no se advierte como reposo ni aislamiento, sino como coexistencia y armonía, donde encuentran los artemiseños el punto de encuentro más apropiado para las condecoraciones, el desfile y la coronación de sus más caros anhelos[17] El mausoleo artemiseño en su vínculo constante con la vida política y social de la comunidad, es una fragua de patriotas donde germinan sin descanso los restos de los moncadistas.
a) El primer encuentro:
El 17 de julio de 1977, el mismo día de la inauguración del Mausoleo de los Mártires de Artemisa se produjo la primera visita de Fidel a esta instalación. Entre otros altos dirigentes, lo acompañaron Jesús Montané, Aidé Santamaría, Blas Roca, Pedro Miret, Armando Hart, Julio Camacho Aguilera, Osvaldo Dorticós y Ramiro Valdés Menéndez, artemiseño, asaltante al Moncada y expedicionario del Granma, entonces Ministro del Interior. Todos le rindieron guardia de honor a los restos de los caídos antes de que fueran conducidos a su destino final.
Representando a las máximas autoridades de la provincia se encontraba en el acto el compañero Luís Álvarez dela Nuez, primer Secretario del Partido a ese nivel. Como invitado especial al homenaje asistió Jorge del Prado, Secretario General del Partido Comunista peruano, acompañado de Guillermo Herrera y Mario Duarte miembros de la Comisión Política de esta organización.
También participaron en la actividad inaugural varios integrantes de la Generación del Centenario y familiares de los caídos. Los restos de los moncadistas fueron velados en el antiguo Instituto de Segunda Enseñanza de Artemisa, convertido entonces en la Escuela Secundaria Básica Urbana “Eduardo García Lavandero”, muy próxima al mausoleo y desde allí, en peregrinación popular, bajo persistente llovizna[18] , a las seis y diez minutos de la tarde, fueron conducidos hasta el Mausoleo bajo los acordes de la banda de música del Estado Mayor del as Fuerzas Armadas Revolucionarias.
Una vez que los restos de los moncadistas artemiseños fueron depositados en los nichos correspondientes, se realizó el acto central en la explanada aledaña al Cubo de la Victoria [19] , donde pronunció las palabras centrales el Comandante de la Revolución: Ramiro Valdés Menéndez, quien inicio su intervención reconociendo que se estaba materializando el anhelo de los artemiseños por tener de regreso a los que un día partieron a la inmortalidad en aras de la soberanía:
b)Segundo encuentro:
Con Fidel se rompe el protocolo[20] , afirma con evidente emoción Mabel Martínez Deulofeu,Licenciada en Historia del Artey directora del Mausoleo a los Mártires de Artemisa, al rememorar las dos últimas visitas del líder de la Revolución a ese complejo histórico.
Acostumbrada a recibir visitas de alto nivel, entre ellos: presidentes, embajadores y otros miembros del cuerpo diplomático, y renombrados científicos y artistas, cada una de las cuales exige determinado protocolo, afirma que con Fidel:
Esta segunda visita del Comandante en Jefe Fidel Castro al Mausoleo de los Mártires de Artemisa se produjo el 23 de noviembre del año 2001 y formó parte de un amplio recorrido que realizara ese mismo día por varias instalaciones del municipio, entre ellas la Escuela Primaria “Carlos Rodríguez Careaga”, otrora cuartel de la guardia rural y por el Joven Club de Computación y Electrónica ubicado en un área aledaña al mausoleo.
En ambos lugares fue recibido por una multitud enardecida que, más que una bienvenida, le expresaba al líder de la Revolución su desbordante cariño y admiración.
c)Tercer encuentro:
Posterior a los primeros resultados positivos de la recuperación de su salud en el 2010, comenzó Fidel a visitar algunas escuelas y centros de investigación dentro de la capital del país y a intercambiar son su personal, dando muestras de su espíritu de combate y de su vocación por mantenerse informado y en contacto con el pueblo.
Fue en este contexto que el pueblo artemiseño, sorprendido en medio de la alegría propia por la realización de sus fiestas populares, recibió con júbilo y sorpresa al líder histórico de la Revolución en una tarde de lluvia pertinaz sobre el barrio La Matilde. Para el personal técnico y demás trabajadores del Mausoleo de los Mártires de Artemisa no fue menor la sorpresa, en especial para su Directora Mabel Martínez Deulofeu, con varios años laborando en la institución y quien se encargó de recibir y atender a Fidel en su visita del 2001.
Tal y como lo había prometido en aquella ocasión, regresaba a Artemisa para rendir tributo a sus camaradas de lucha. En el diálogo sostenido entre Fidel y la directora del mausoleo artemiseño durante esta tercera visita, el líder de la revolución le expresó:
Fueron esas las primeras palabras que el líder de la Revolución dirigió a Mabel, el 24 de julio del 2010.
En la Sala de Protocolo, acompañado entre otros por el Comandante de la Revolución Guillermo García Frías, Fidel sostuvo un encuentro con tres artemiseños moncadistas: Ramiro Valdés Menéndez, Ramón Pez Ferro y Gelasio Fernández Martínez. Rememoró momentos importantes de las acciones del 26 de julio de 1953y en especial la actitud del artemiseño Ricardo Santana Martínez, combatiente que le salvó la vida cuando se produjo la retirada del Moncada y el jefe de la acción quedó a merced de la soldadesca que lo perseguía al bajarse del automóvil en que viajaba para dar su espacio a un compañero herido.
Especial énfasis puso Fidel en ratificar que ningún artemiseño lo había traicionado a lo largo de la lucha revolucionaria. Mientras esto sucedía, el pueblo, reunido frente al mausoleo, a pesar de la lluvia, no abandonaba su posición a la espera de ver de cerca a Fidel. Una vez que el líder se encontró fuera de la instalación protegido con una sombrilla, saludó a quienes desde la calle no dejaban de aplaudir y repetir emocionadamente su nombre.
Un momento inolvidable para Mabel resultó la lectura que hiciera Fidel en la Sala de Protocolos, de un documento de carácter histórico. Todos los presentes de pie, escucharon de pie el “Mensaje a los combatientes revolucionarios de Artemisa y de toda Cuba”
Referencias
- ↑ «Símbolo de la rebeldía de los cubanos que el presidente Grau pretendía emplear en los actos politiqueros que se realizarían como parte de la campaña electoral de Carlos Prío Socarrás, recibiendo una digna respuesta del estudiantado cuando se intentó robarla.»
- ↑ «Mario Lazo Pérez. Mario Lazo Atala: Ciro Redondo Capitán del pueblo. Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 2012. p.31.»
- ↑ «Mario Mencía: EL MONCADA LA RESPUESTA NECESARIA. Edición Ampliada y Modificada. Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado, La Habana 2013.»
- ↑ «Ramón Pez Ferro: El único Sobreviviente. Editorial José Martí. La Habana, 2013, p.51.»
- ↑ «Mario Lazo Pérez. Mario Lazo tala: Ciro Redondo Capitán del pueblo. Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 2012, p.27.»
- ↑ «Mario Lazo Pérez. Mario Lazo tala: Ciro Redondo Capitán del pueblo. Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 2012, pp. 40-42.»
- ↑ «MTomado de un material elaborado por La Asociación de Combatientes de la Revolución cubana, a partir de datos y referencias aportados por los propios Moncadistas, sus familiares y por otros combatientes. También se han utilizado las biografías de los Moncadistas elaboradas y revisadas por la Oficina de Asuntos Históricos de Consejo de Estado.»
- ↑ «Colectivo de Autores: Historia del Movimiento 26 de Julio en Pinar del Río, p.5»
- ↑ «José Trujillo Fuentes: Julito Díaz González un revolucionario ejemplar. Editorial Oriente. Santiago de Cuba, 1981, p.35 y 36»
- ↑ «René Collazo fue combatiente de la lucha clandestina. El 11 de junio de 1957 formó parte de un comando que tenía el encargo de colocar un artefacto explosivo frente a la casa de un politiquero, hermano del Senador Manuel Pérez Galán. Al no poder colocar el explosivo por la presencia de personas cerca del lugar, decidieron alargar el recorrido y por errores en la manipulación, el explosivo se activó en el mismo jeep en que viajaban. Como consecuencia perdió las dos piernas y un brazo. Después de enero de 1959 desempeñó varias funciones hasta que se fue apartando de las filas de la Revolución y abandonó el país. Murió en Estados Unidos.»
- ↑ «Eduardo García Lavandero nació en San Cristóbal, pero vivió mucho tiempo en Artemisa, fue miembro de la organización Auténtica y posteriormente cerró filas con el Directorio Revolucionario, cumpliendo las más importantes misiones dentro y fuera de Cuba. Murió en la capital combatiendo a las fuerzas de la tiranía el 23 de junio de 1958.»
- ↑ «Antonio Ortega, conocido popularmente entere los artemiseños como Pepe el Dormido, combatiente de la lucha clandestina. Fue uno de los que integró la primera dotación de la Policía Nacional Revolucionaria en Artemisa en enero de 1959.»
- ↑ «Joven revolucionario nacido en Guanajay que se destaca desde las luchas estudiantiles y por su liderazgo y acción revolucionaria llega a convertirse en Jefe del M/26/ julio en la Región 2 de Pinar del Río.»
- ↑ «Esta significativa Tarea fue nombrada así en honor al insigne agrónomo cubano especialista de la dulce gramínea.»
- ↑ «Entrevista con Ulises Rosales del Toro, Ministro de la Industria Azucarera. Periódico Granma, 12 de enero de 2004.»
- ↑ «Discurso pronunciado por el Presidente de la República de Cuba, Fidel Castro Ruz, acto inaugural de los Cursos de Superación para Trabajadores Azucareros, central “Eduardo García Lavandero”, municipio de Artemisa, 21 de octubre del 2002. Versiones Taquigráficas. Consejo de Estado.»
- ↑ «El complejo monumentario se extiende más allá del mausoleo. Desde una esquina próxima a esta instalación y por la Carretera Central entre Guanajay y Artemisa se colocaron 17 túmulos de mármol en forma de cubo, los que señalan la salida de los asaltantes hacia Santiago de Cuba. Cada cubo de mármol tiene en broce el nombre de un héroe.»
- ↑ «Resulta curioso que dos de las visitas realizadas por Fidel al Mausoleo de los Mártires de Artemisa, la primera y la tercera, estuvieron matizadas por la lluvia.»
- ↑ «El Cubo de la Victoria corona el Mausoleo de los Mártires de Artemisa. Está clocado encima de la Sala Museo y de la Cámara mortuoria interior. En la cara que se ve desde la entrada al monumento el cubo tiene la imagen de Fidel junto a sus compañeros en el Pico Turquino, durante la guerra revolucionaria, alzando los fusiles en señal de victoria. El Cubo de la Victoria es el símbolo de la provincia Artemisa y aparece en el extremo superior derecho de la primera página del periódico Granma.»
- ↑ «Transcripción completa de un artículo publicado en el sitio Web del periódico Trabajadores, el 7 julio de 2013, por Felipa Suárez y María de las Nieves Galá. Rememora aspectos significativos de la visita del Comandante en Jefe a este recinto en el año 2001.»
Fuentes
- Colectivo de Autores: Historia del Movimiento 26 de Julio en Pinar del Río, Edición digital, UNHIC Artemisa.
- Felipa Suárez y María de las Nieves Galá. Transcripción completa de un artículo publicado en el sitio Web del periódico Trabajadores, el 7 julio de 2013
- Fidel Castro Ruz. Discurso en el acto inaugural de los Cursos de Superación para Trabajadores Azucareros, central “Eduardo García Lavandero”, municipio de Artemisa, 21 de octubre del 2002. Versiones Taquigráficas. Consejo de Estado.
- José Trujillo Fuentes: Julito Díaz González un revolucionario ejemplar. Editorial Oriente. Santiago de Cuba.
- Leandro Rodríguez Calzadilla. Historia de Artemisa en tres Tomos. Versión Digital. UNHIC Artemisa.
- Manuel Isidro Méndez: La Historia de Artemisa. Editorial Artes Gráficas. La Habana, 1973.
- Mario Lazo Pérez. Mario Lazo Atala: Ciro Redondo Capitán del pueblo. Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 2012.
- Mario Mencía: EL MONCADA LA RESPUESTA NECESARIA. Edición Ampliada y Modificada. Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado, La Habana 2013.
- Ramón Pez Ferro: El único Sobreviviente. Editorial José Martí. La Habana, 2013.
- Ulises Rosales del Toro, Ministro de la Industria Azucarera. Entrevista, Periódico Granma, 12 de enero de 2004.







