Ernesto Rafael Triguero Tamayo

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Victoria de las Tunas y las gestiones en pro de su Ayuntamiento

                                                                   Ernesto Rafael Triguero Tamayo
                                                                       Investigador Histórico 

Victoria de las Tunas no tenía autoridad en los primeros años de la República. Sus inmediaciones habían quedado arrasadas después de la última guerra por la independencia, de ahí que la ciudad contara con una destrucción económica y una situación social totalmente depauperada. El estado final de la localidad en los últimos años del siglo XIX, debido a los enfrentamientos entre las fuerzas cubanas y españolas, fue catastrófico. El escritor santiaguero Emilio Bacardí refleja, en sus Crónicas de Santiago de Cuba, cómo la ciudad resultó devastada: “Victoria de las Tunas fué destruida por medio de la dinamita y el incendio y luego evacuada por las fuerzas cubanas. No comprendemos como pueda recuperarse una plaza de guerra que ya no existe”.[1] Una vez más, la autonomía de Victoria de las Tunas estaba en juego,[2] pues esta grave situación le impedía un desahogo económico mayor, y la legislación política cambió ante el transcurso de los acontecimientos. Durante la llamada Guerra necesaria, iniciada el 24 de febrero de 1895, la Capitanía General de la Isla decidió trasladar los archivos de la Corporación Municipal hacia Puerto Padre, donde se había organizado la cabecera del Distrito Militar de la región.[3] Estos percances no fueron halagüeños para el futuro de la localidad y sus demarcaciones, en tanto las confrontaciones finales de la guerra y la entrada de los Estados Unidos en el conflicto no permitieron el triunfo final de los mambises.

La alcaldía de Victoria de las Tunas, que había pasado por decisión peninsular a Puerto Padre, sufrió junto a aquella, la decisión unívoca de las autoridades norteamericanas de ocupación, quienes, poco a poco, se posesionaron en el país y aplicaron leyes y sanciones a los ayuntamientos municipales mediante las Órdenes Militares y la ley orgánica de los municipios.

Uno de los oficiales interventores del gobierno estadounidense, el coronel Duncan N. Hood, del Quinto Regimiento de Voluntarios, resultó el elegido para instruir los procesos en la región norte de Gibara y Puerto Padre, y nombró en esta última localidad al doctor Faustino Sirvén y Pérez como alcalde. A partir de ese momento, Victoria de las Tunas se convertía meramente en un apéndice del municipio de Puerto Padre, y sus alcaldías de barrio pertenecieron a ese término durante los primeros años de la república. El Bando Militar de este oficial, fechado el 26 de octubre de 1898, suspendió el ejercicio de poder a los tuneros, y la ley militar que lo consignaba, respaldaba a esta zona dentro de la jurisdicción del Distrito Militar de Holguín.

La búsqueda de la posible segregación de la localidad pasó por un proceso de discusiones entre la alcaldía respectiva, la puertopadrense, el Consejo Provincial de Oriente y la secretaría de Gobernación de la República. Aún cuando Puerto Padre presentaba una economía más fortalecida respecto a la localidad tunera, figuras y representantes del pueblo del Mayor General Vicente García, decidieron pedir el cese de la jurisdicción de Puerto Padre.

Enrique Rosende, alcalde de ese municipio, estuvo renuente a entregar la parte del poder municipal que le correspondía a Tunas. El 29 de octubre de 1907, en comunicación dirigida al gobernador de la provincia de Oriente, éste le expresó: “Faltaría este Ayuntamiento á un elemental deber, y acusaría poca previsión económica si asintiera á la separación de Las Tunas, puesto que entiende que tal medida sería si no la muerte económica de esa jurisdicción, al menos el camino más directo para llegar al empobrecimiento de su población”.[4]

Varias órdenes y comunicaciones oficiales se emitieron entre el alcalde, el gobernador de Oriente y los representantes de gobernación de la república. El 4 de diciembre de 1907, Federico Pérez Carbó, máximo responsable de la política en Oriente, dictaminó un estatuto que contenía seis artículos, en el que sancionó la segregación de Victoria de las Tunas, y señaló los límites de sus contornos municipales.

Las razones eran suficientes para que las autoridades republicanas le concedieran poder. El general Enrique Collazo fue una de las figuras que más alentó la formación de una Casa Consistorial en Las Tunas y encabezó una acción en la Cámara de Representantes, donde exigió la necesidad de devolverle a este pueblo la autonomía perdida y por haber sido “la primera población de aquel territorio”. Collazo lamentó la venganza española de quitarle jurisdicción, ya que “casi ni les dejaron ni cama, ni ley que los amparara”.[5] En el ámbito local se produjo un movimiento en pro de rescatar el poder municipal. El periódico El Eco de las Tunas, cuyo primer número se publicó el 3 de noviembre de 1909, fue un destacado vocero de las intenciones tuneras, y demandó la formación del Ayuntamiento, para ver cumplidas las esperanzas de sus habitantes, quienes querían buscar la resurrección de la comarca local. Algunos editoriales reclamaron urgentemente los derechos jurisdiccionales.

Aunque algunos comentarios precisaban la pobreza de los límites urbanos de Victoria de las Tunas, el mal estado de sus escasas edificaciones, el deficiente alumbramiento de la zona céntrica en torno a la iglesia, y el abandono del Cementerio y el Matadero, no escatimaban por verla con una Corporación Municipal.[6] Los detractores, sobre todo los puertopadrenses, alegaban que Victoria de las Tunas no surgía a la vida común y que “[…] carece de fuentes de riqueza que aseguren una suma de ingresos capaz de hacer frente, siquiera á sus gastos obligatorios”.[7] Ángel Trinchet y Mora, alcalde de Puerto Padre, se opuso al estatuto del Consejo Provincial de Oriente, alegando que la división territorial del 27 de junio de 1910, perjudicaba a su término en cuanto a la sustracción de algunos barrios, partes de Playuelas, Palmarito, Caisimú y San Miguel de Manatí y dijo que no se había oído el parecer de las dos terceras partes de los miembros de su Ayuntamiento.[8]

En 1909 y 1910 se realizaron muchas acciones en la Comisión de Asuntos Municipales y Provinciales en La Habana, la cual elaboró un dictamen favorable para los designios locales, y El Eco de las Tunas pidió la reorganización de los miembros de los partidos locales para que se prepararan a asumir el Gobierno Municipal de la Ciudad. La visita de José Miguel Gómez, presidente de la República, el 7 de marzo de 1910, a su paso para Santiago de Cuba, también propició un voto para el tan anhelado Ayuntamiento.

Tanto liberales como conservadores prepararon durante 1910 sus fiestas y asambleas de partido, organizaron comisiones para las elecciones de ese año y propusieron sus listas de candidatos a alcalde y concejales. El 6 de agosto de 1910, Rafael Manduley, gobernador de Oriente, dio a conocer un estatuto en el que refirió los barrios segregados a Puerto Padre a favor de Victoria de las Tunas, le confirió según el artículo 43 de la Ley Municipal una capacidad de 15 concejales pues su población sobrepasaba los 12 mil habitantes, y ordenó que la alcaldía de Puerto Padre debía entregarle sus archivos, los registros de sus serventías, la riqueza territorial y la contribución industrial correspondientes.

El 1º de diciembre de 1910, Victoria de las Tunas volvió a tener su Ayuntamiento, pues la Junta Electoral Municipal había organizado las elecciones en los primeros días de noviembre. Puerto Padre tuvo que aceptar las órdenes tajantes de la Secretaría de Gobernación, la Cámara y el Senado. El propio Manduley, en telegrama dirigido al alcalde de Puerto Padre, le anunció sobre la constitución del ayuntamiento. Eduardo Vidal Fontaine fue elegido como primer alcalde, y Gerardo Zayas y Vicente Urizagarra, como presidente y secretario, respectivamente.

Victoria de las Tunas renacía a la vida social y política. Vidal Fontaine, en su primer mensaje a la población, orientó sobre las disposiciones para un ordenamiento de la localidad.[xii] Las calles, el amillaramiento, el Registro Pecuario, la Policía Municipal y el alumbrado público, serían cuestiones a resolver por la joven Corporación Municipal.


Notas

  • [1] Emilio Bacardí Moreau: Crónicas de Santiago de Cuba, T IX, Santiago de Cuba, Tipografía Hermanos Arroyo, 1924, p. 200.
  • [2] Desdichadamente, Victoria de las Tunas no había tenido suerte con su Ayuntamiento. La toma de la ciudad por Vicente García en 1876 generó una anarquía en el archivo del mismo, destruido completamente. En 1881 se estableció de nuevo, y confrontó problemas con el término de Puerto Padre, el que pidió su segregación en 1882, sin respuesta favorable. En 1898, tal y como se analiza aquí, volvería a perder su Corporación Municipal. Archivo Histórico Provincial de Las Tunas: Gobierno Municipal de Victoria de las Tunas, leg. 1, exp. 11.
  • [3] AHPLT: Gobierno Municipal de Victoria de las Tunas, leg. 1, exp. 11.
  • [4] AHPLT: Gobierno Municipal de Victoria de las Tunas, leg. 1, exp. 12.
  • [5] “Pro Tunas. Elocuentísimo discurso á favor de Victoria de las Tunas, pronunciado por el general Enrique Collazo, en la Cámara de Representantes, el 26 de noviembre”, en El Eco de las Tunas, 4 de diciembre de 1909, p. 1.
  • [6] “¿Quosque Tandem?”, en El Eco de las Tunas, 20 de enero de 1910.
  • [7] AHPLT: Gobierno Municipal de Victoria de las Tunas, leg. 1, exp. 11.
  • [8] AHPLT: Gobierno Municipal de Victoria de las Tunas, leg. 1, exp. 18.


Fuentes

  • Bacardí Moreau, Emilio: Crónicas de Santiago de Cuba, T IX, Santiago de Cuba, Tipografía Hermanos Arroyo, 1924.
  • Archivo Histórico Provincial de Las Tunas: Gobierno Municipal de Victoria de las Tunas, leg. 1, exp. 11.