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última versión al 04:41 16 ago 2019

A buen fin no hay mal principio
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Los hechos relatados no tienen un marco histórico definido, aunque el monarca francés que aparece sin identificar es el rey Carlos V (1364-1380), que reinó en Francia mientras en Inglaterra gobernaba Eduardo III.
Título originalAll’s Well That Ends Well
Autor(a)(es)(as)William Shakespeare
Editorial:RBA
GéneroComedia
ISBN84-473-2940-2
PaísBandera de Inglaterra Inglaterra

A buen fin no hay mal principio. Comedia publicada en el año 1602, basada en el cuento de Giletta de Narbona del Decamerón (1351) de Giovanni Boccaccio, escritor medieval italiano. Shakespeare toma la trama de la traducción de William Painter en su El Palacio del Placer (1566). Su título en castellano también ha sido vertido como Bien está lo que bien acaba y A buen fin no hay mal tiempo. A efectos de clasificación, se considera “problem play” o comedia de conflicto, junto a Medida por Medida y Troilo y Crésida.

Sinopsis

La acción comienza en el palacio de la condesa del Rosellón, región histórica del sur francés, al norte de Cataluña. El hijo de la condesa viuda, Beltrán, tiene que marchar a la Corte del rey en París, que está enfermo. Elena, una dama protegida de la condesa, está enamorada secretamente de Beltrán.

Argumentos

A la muerte del anciano conde del Rosellón, su hijo Beltrán hereda el título. En casa de los condes vive una muchacha, hija de médico, llamada Elena que está secretamente enamorada del joven conde.

Cuando el rey de Francia enferma, Beltrán es llamado a la corte para atender al soberano. Elena lo sigue con una receta de su padre para curar al rey, la medicina consigue curarlo y éste, agradecido, concede a Elena que escoja marido entre todos los solteros del reino. Beltrán que ha sido elegido, muestra poco entusiasmo por este enlace, pero tiene que obedecer los deseos del rey, así que se casa pero tras la boda, huye con su amigo Parolles marchando hacia la guerra de Toscana.

Elena regresa al Rosellón junto a la condesa, que aprueba el matrimonio, pero Beltrán les envía noticia de que no considerará a Elena como esposa hasta que ésta no lleve puesto un anillo que él nunca se quita y no conciba un hijo, lo cual es prácticamente imposible porque Beltrán no tiene intención de consumar el matrimonio.

Elena vuelve a partir en busca de Beltrán y llega a Florencia donde se aloja en casa de Diana, de quien Beltrán se ha enamorado. Ambas muchachas urden un plan para atrapar al marido. Diana acepta las proposiciones deshonestas de Beltrán con la condición de que le entregue el anillo y cuando Beltrán cree que se ha acostado con Diana, en realidad era Elena la que había estado con él, protegida por la oscuridad. Elena aprovecha el momento para ponerle a Beltrán un anillo que le había entregado el Rey de Francia.

A Beltrán le llega la noticia de que Elena ha muerto y regresa a Francia. El rey reconoce el anillo de Beltrán y lo arresta creyendo que ha matado a su esposa. Diana y su madre acuden a la corte para pedir justicia y en el momento más difícil para Beltrán, aparece Elena que está esperando un hijo de Beltrán y lleva en la mano su anillo. Beltrán reconoce sus errores y acepta complacido su matrimonio con Elena.

Relatos de la obra

Los hechos relatados no tienen un marco histórico definido, aunque el monarca francés que aparece sin identificar es el rey Carlos V (1364-1380), que reinó en Francia mientras en Inglaterra gobernaba Eduardo III.

Florencia y Siena están en guerra. Se trata de dos ciudades-estado distantes a 75 km, que forman parte de la región italiana de la Toscana. Los florentinos piden ayuda a Francia, pero el rey se la niega, aunque da libertad a sus soldados para guerrear en la Toscana en el bando que quieran. En París, Beltrán es recibido por el anciano rey, que le recuerda su gran amistad con su padre muerto.

La condesa conversa con un bufón en su palacio del Rosellón. Éste le pide permiso para casarse y argumenta a favor de ser un cornudo. El mayordomo de la condesa le cuenta que Elena está enamorada de su hijo Beltrán y la condesa hace confesar a Elena quién le revela que tiene previsto ir a París con la excusa de curar al rey (el padre de Elena era un ilustre médico que le dejó escritas sus recetas), pero con la verdadera intención de encontrarse con Beltrán. La condesa le da permiso y dinero para marcharse. El rey despide en París a sus soldados, advirtiéndoles contra las mujeres italianas. Beltrán se queda en la corte con Parolles. Elena llega ante el rey y lo convence de que tome su medicina, pidiendo a cambio elegir para casarse a uno de los vasallos de la corte. Nuevamente aparece la condesa con el bufón. Tras una conversación extravagante, ella le pide que vaya a París con una carta para Elena. En la corte, mientras, Beltrán asiste a una conversación entre Parolles y el anciano Lafeu, en la que aprovechan que el rey se ha curado para divagar con humor acerca de la sustitución de la fe en los milagros por la ciencia empírica. Este argumento se repite en la obra de Shakespeare, confiriéndole un toque añadido de modernidad.

Elena, sanadora del rey, elige a su amado, pero Beltrán que es el elegido se rehúsa ante el rey, alegando que ella no es noble. El rey hace un discurso a favor de la condición humana por encima de los títulos. Beltrán se rehúsa de nuevo, aun con la promesa del rey de conceder derechos nobiliarios a Elena. El rey insiste en que Beltrán le debe obediencia y en que le dará dinero, a la tercera, Beltrán acepta. La boda se celebrará esa misma noche.

Parolles y Lafeu tienen una fuerte discusión bastante absurda. Beltrán confiesa a Parolles que odia a Elena y no piensa acostarse nunca con ella. Deciden marcharse juntos a la guerra de la Toscana para huir de Elena tras casarse con ella. Beltrán ordena a Elena que vuelva al Rosellón. Allí, tanto la condesa como Elena reciben mensajes de Beltrán en los que les cuenta que no piensa cumplir con su matrimonio. En la carta a Elena, afirma que mientras él no le entregue su anillo y ella conciba un hijo suyo no la tendrá por esposa, pretensiones que él considera imposibles.

Beltrán es elegido por el duque de Florencia como general de su ejército. Ha optado por la guerra y despreciado el amor, Marte Contra Venus, recurrencia clásica que Shakespeare recoge en numerosas ocasiones en su obra. Elena escribe una carta a la condesa contándole que se va de peregrinación a Santiago (supuestamente Santiago de Compostela, lugar sagrado en el noroeste de España), porque se siente culpable de la desgracia de Beltrán. Sin embargo, Elena no se dirige a Santiago de Compostela, sino que toma la Vía Francígena, camino de peregrinación hacia Roma desde Canterbury que pasa por Francia y por la Toscana.

En Florencia, varias damas conversan entre sí advirtiéndose mutuamente sobre Beltrán y Parolles, que van seduciendo mujeres. Aparece por allí Elena vestida de peregrina y ocultando su identidad, las mujeres le cuentan que Beltrán requiere de amores a una de ellas, Diana. Beltrán es avisado por dos de sus caballeros de que Parolles es un cobarde traidor, al que preparan una trampa consistente en dejarle marchar para recuperar su tambor, capturarlo, vendarlo y hacerle confesar ante el propio Beltrán. Mientras, Elena, en connivencia con la madre de Diana, a quien ha revelado su identidad, prepara una trampa para Beltrán. Diana fingirá aceptar sus amores y le pedirá su anillo, luego Elena sustituirá a Diana en una cita a oscuras con Beltrán.

Elena pronuncia la frase que da título a la obra, refiriéndose a su treta. A buen fin, no hay mal principio, hace alusión a que el fin justifica los medios y las obras son coronadas por su fin y no por los accidentes de su curso. Poco después, al saber que el rey se dirige al Rosellón y ya no está en Marsella (puerto del sur de Francia) a donde ella había acudido en su busca, vuelve a repetir la frase.

El rey llega al palacio del Rosellón, se lamenta de la muerte de Elena y acepta que Beltrán se case con la hija de Lafeu, Magdalena. Pero cuando Beltrán es requerido por Lafeu para que le entregue un presente para su hija, tanto Lafeu como la condesa y el rey se dan cuenta de que esa sortija es de Elena. Todos sospechan que Beltrán ha asesinado a Elena y lo detienen.

Llega una carta de Diana Capuleto (apellido de Romeo en Romeo y Julieta) en la que cuenta que tras ser desvirgada por Beltrán, éste la abandonó. Luego se presenta Diana y tras un juego de equívocos donde también participa Parolles, se desenreda toda la madeja, aparece Elena embarazada y queda claro que Beltrán estuvo con ella y no con Diana y que la sortija recibida lo fue de la propia Elena. Beltrán acepta por fin su destino y el rey termina lanzando un discurso de alegría.

Obra sin mayor trascendencia, en la que destaca el testarudo personaje de Elena, cuyo irracional amor por Beltrán la lleva a convencer al rey y a urdir tejemanejes para conseguir sus fines. El equilibrio humorístico lo aporta el pobre Parolles, que es un truhán descubierto pero cuyo final también resulta feliz. El pasaje más abrumadoramente absurdo es el de los supuestos extranjeros que hablan en un idioma falso.

Ediciones españolas en castellano

  • A buen fin no hay mal principio. Trabajos de amor perdidos. traducción de Luis Astrana Marín.Espasa-Calpe, S.A. Colección Austral; isbn 84-239-0635-3.
  • All’s well that ends well = A buen fin no hay mal principio (2002) Edición bilingüe de Luis Astrana Marín. Editor: Imagine Press Ediciones 07/2002; isbn 84-95882-10-8
  • A buen fin no hay mal principio (2003) traducción de R. Martínez Lafuente y Gemma Moral. RBA Coleccionables, S.A. isbn 84-473-2940-2
  • Edición digital en www.librodot.com
  • Edición digital en El Aleph
  • Edición digital en la Biblioteca Cervantes

Personajes

  • El rey de Francia.
  • El duque de Florencia.
  • Beltrán, conde del Rosellón.
  • Lafeu, anciano señor.
  • Parolles, secuaz de Beltrán.
  • El mayordomo de la condesa del Rosellón.
  • Lavache, bufón de la casa de la condesa.
  • Un paje.
  • La condesa del Rosellón, madre de Beltrán.
  • Elena, dama protegida de la condesa.
  • Una anciana viuda, de Florencia.
  • Diana, hija de la viuda.
  • Violeta y Mariana, vecinas y amigas de la viuda.
  • Señores, oficiales, soldados, etc., franceses y florentinos.

Fuentes