Nereidas

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Nereidas
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Raza de Mitología griega
200
Las Nereidas ninfas del mar
Características
Otros nombres:Sirenas, hijas de Nereo.
Hábitat:Océano
Dios asociado:Zeus
Raza a la que pertenece:Ninfas

Nereidas. En la mitología griega, las nereidas eran las ninfas del mar, hijas de Nereo y de Doris, que habitaban en las profundidades del océano y que ayudaban a los marineros en los peligrosos mares.

Etimología

La palabra "nereida" significa "hija de Nereo", quien era dios del mar, al igual Poseidón, pues en la Antigüedad no era extraño que más de una divinidad representar la misma parte de la naturaleza.

Se cuenta que Pontos era el mar y Gea la tierra, y de esa unión nació Nereo, y de Nereo (dios de las olas del mar) y de Doris, nacieron 50 nereidas.

Nombre

El nombre de Nereidas o hijas de Nereo está relacionado con una raíz indoeuropea que significa nadar (cfr. lituano nerti = zambullirse), o quizás con el nombre semítico de los ríos (cfr. fenicio y árabe nahar = río); pero en griego tomó el valor de encantadoras, e incluso en griego moderno se llama neraides a las hechiceras y a los ojos femeninos tenidos por tales.

Afinidades

Las Nereidas de Gaston Bussière (1902).

Son un centenar de divinidades femeninas que personifican los aspectos amables del mar, con su infinita disponibilidad como camino y la innumerable sonrisa de sus olas. Viven en el fondo, juntamente con su padre, hilando telas preciosas y oyendo música; y surgen de cuando en cuando entre las olas para jugar, danzar, observar lo que se tercie e intervenir si procede.

Las nereidas protegían a los marinos en sus travesías y vivían en palacios de cristal, otros las encontraban con delfines, e incluso hipocampos. Hesíodo comenta que «ellas calman fácilmente las olas sobre el brumoso mar y las ráfagas de furiosos vientos.» Solían prestar ayuda a los navegantes durante sus largas travesías, y en sus apariciones se presentaban totalmente desnudas, montadas sobre delfines.

Generalmente aparecen como espectadoras y no actrices; por ejemplo de las tropelías de Circe, del rapto de Europa... pero a veces intervienen activamente; así lo hacen con los Argonautas, frente a la amenaza de Escila, Caribdis y las Rocas errantes, tomando en vilo su barco y correteando con él como chiquillas que jugaran a la pelota en una playa... También en el castigo de Andrómeda, cuando airadas porque su madre la comparó con ellas en belleza, exigieron su muerte por el monstruo Glaucetes = el cetáceo azul, que menos mal que llegó Perseo, lo mató y las aplacó.

Cualidades físicas

Algunos mitógrafos han dividido las nereidas en dos grandes clases: una de ellas la constituían cincuenta ninfas, hijas de Nereo y de su esposa Doris, y la otra todas las demás hijas de aquel dios en sus amores con otras mujeres, cómodo expediente para conciliar y poner de acuerdo diversas tradiciones.

Es indudable la cifra de cincuenta no puede tomarse en sentido estricto, sino como representación de una multitud, a semejanza de las tres mil oceánidas.

Las nereidas pueden considerarse como representaciones de la infinita variedad de fenómenos y aspectos del mar; y muchos de sus nombres indican las cualidades físicas que personifican, como Galataia, la que es blanca como la leche, aludiendo a la espuma de las olas; Glauké, la verde; Kymó, la ola, Psamathe, Hiome, Aktais, la que bate las arenas, las rocas, la ribera; Speió, la que penetra en las grutas; Nesó o Nesaie, la que rodea las islas; Eungove, Leiagore, la que murmura dulcemente, etcétera. En forma de comparación con los caballos fogosos, los siguientes epítetos expresan el curso rápido de las olas: Hippcithoe, Hipponoe, Meníppe. Hay nombres de nereidas que expresan el sentimiento de la belleza del mar, como: Agaué, admirable, magnífica; Pasithea, divina en todo; Thalie, floreciente; Epató, amable; Melite, dulce como la miel. Hay epítetos que se refieren a las nereidas consideradas como personificaciones de las olas del mar; tales son: Pontopóreia, la que conduce los navios más allá del mar; Férusa, la que los lleva; Prathéyla que los empuja; Ropompe, la que los guía favorablemente; Sao, la que les procura la salud; Eulimene, la que los conduce a buen puerto. Otros nombres de las nereidas se refieren a distintas cualidades de éstas.

Pervivencia en las artes

Las Nereidas - Pintura

Están, por supuesto, en la poesía griega donde se cuenta todo lo dicho, desde Homero hasta Apolonio de Rodas; y en la latina, cuando elabora las mismas leyendas, como en los versos de Virgilio u Ovidio, o cuando, como en Propercio , las hace convierte en decorado y claqué de sus propias victorias navales. Y también en la poesía arcádica y la novela pastoril del Renacimiento pululan esquivas Galateas, como la más dura que el mármol a mis quejas de Garcilaso; y son también Garcilaso y Camões los que aclimatan como Ninfas del Tajo a Clímene la renombrada, Filódoce la recogehojitas, Dinámene la poderosa y Nise la isleña. Incluso en el delicioso cuentecillo de la bella y la bestia se reproducen los amores de Galatea y el Cíclope. Shakespeare recuerda cómo se disfrazaban de Nereidas las damas de Cleopatra, y E. A. Poe hace intervenir en su Al Araaf a una inquietante Nesace.

En la pintura griega y en la renacentista se las representa frecuentemente como cortejo de Anfitrite o Tetis en sus bodas, de Europa raptada o de los coqueteos o el triunfo de Galatea, como el maravilloso pintado por Rafael

"... En el arte, sus figuras abundan desde las palabras de Homero a las de Allan Poe, y desde los pinceles de Rafael hasta el cincel de Lola Mora. Hermosas, jóvenes y encantadoras, las nereidas siempre fueron un símbolo de la gracia y la belleza. Algunas historias..."

Las representaciones gráficas de las nereidas son en gran número en las obras del arte griego, como vasos, objetos de barro cocido, frescos, mármoles, bronces, joyas, monedas, piedras grabadas, sarcófagos, etcétera. Son raras las figuras aisladas. Las estatuas que han llegado hasta nuestros tiempos parece que primitivamente formaron parte de conjuntos de ellas.

La Fuente de las Nereidas

Fuente las Nereidas

El verdadero sentido de esta escultura se relaciona con la creación del ideal de belleza femenina, correlativo al resurgir de la idealización platónica, que aunque inalcanzable en la naturaleza concreta de lo humano, es perfectamente definible como una idea espiritual y como el ensueño de los ideales renacentistas.

La belleza ideal inmersa en los tres elementos de la materialidad, con una gran armonía y unidad con la tierra, el agua y el aire. No obstante, como ocurre en otras muchas obras del Renacimiento, tiene un oculto sentido iconográfico cristiano relacionándolo con el renacer de la vida del cristiano mediante el bautismo.

La obra, inaugurada en 1903, fue criticada por los desnudos que presentaba. Está esculpida en mármol de Carrara y representa el mítico nacimiento de Venus surgiendo de una valva marina junto a un séquito de nereidas.

La autora, cuyo nombre completo era Dolores Mora de Hernández, nació en 1877 y falleció en 1936.

Véase también

Fuentes