Bandera de La Demajagua

Bandera de La Demajagua
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Bandera enarbolada por Carlos Manuel de Céspedes en el ingenio La Demajagua el 10 de Octubre de 1868.

Bandera de La Demajagua. También conocida como la Bandera del Diez de Octubre. Fue la que Carlos Manuel de Céspedes enarboló en el ingenio La Demajagua el 10 de Octubre de 1868. A propuesta de Antonio Zambrana se acordó que dondequiera que se reuniesen los legisladores del pueblo cubano, la Bandera de La Demajagua presidiese, junto a la de la Estrella Solitaria, las sesiones parlamentarias. Por ello todas las Sesiones de la Asamblea Nacional del Poder Popular de Cuba están siempre presididas por ambas banderas.

Antecedentes

Carlos Manuel de Céspedes se había propuesto tener un estandarte los simbolizara en el estallido de la revolución. Es por ello que diseña una bandera similar a la de Chile, pero invertido el pabellón rojo y azul. Él conocía que el gobierno de Chile a través de Benjamín Vicuña, agente confidencial de Cuba y Puerto Rico en Nueva York, había posibilitado que los barcos cubanos utilizaran la bandera chilena en alta mar para evitar contratiempos contra los cubanos.
Inspirado en ese pabellón, solicita a la hija de su mayoral Juan Acosta, la señorita de 17 años Candelaria Acosta Fontaine(Cambula), que confeccionara la bandera.

La confección

Para el diseño de la bandera, Céspedes tuvo en cuenta varios detalles. Podía utilizar la insignia chilena, pero esto podía traer confusión a la hora del levantamiento. También existía el precedente de que las banderas de Colombia, Venezuela y Ecuador también tenían los mismos colores: blanca, azul y rojo; con la ligera variante que establecían en la franja azul, las respectivas divisas de estos tres países.

Por todo esto, Céspedes, inspirado en la bandera de Chile, diseñó una bandera nueva, que luciendo los mismos colores y forma de la de Carreras y O´Higgins, se diferenciaba de ésta en la disposición de los colores.

El rojo ocuparía con el blanco la parte superior, el azul marino se extendería a lo largo de la inferior, situándose la estrella blanca en el centro del cuadro rojo. Algunos de los presentes vieron como buen augurio el que no se hubiese podido reproducir la bandera de López y Agüero.

Bandera de Carlos Manuel de Céspedes

Candelaria Acosta Fontaine(Cambula) había sido llamada por Carlos Manuel de Céspedes a su casa en el Ingenio y le había señalado la necesidad de poder contar, al día siguiente, con la bandera que él había diseñado. La joven enamorada, tan cariñosa como cumplidora con él, asumió la tarea, a fin de tratar de complacerle. Examinó el diseño de la bandera y expresó su opinión acerca de la cantidad y calidad de la tela necesarias para confeccionar el estandarte. Cambula sólo le exigió al prócer que mandara por la tela a los establecimientos comerciales de Manzanillo en esa misma mañana.

Las autoridades de la ciudad ya habían sido avisadas de lo que en el ingenio se preparaba. Desde el día el día 8 de octubre, el Gobernador junto a varios españoles, habían estado en el vecino Ingenio Santa Isabel, de Agustín Valerino, buscando al dueño de La Demajagua para arrestarlo, tanto a él como a todos aquellos que lo acompañaban. Al no encontarlos, el referido funcionario dio instrucciones a la policía para que vigilasen a cuantos trataran de entrar o salir de la ciudad.

Como el tiempo apremiaba, Céspedes ordenó a José Antonio Castillo, mayordomo del ingenio, que fuera inmediatamente a Manzanillo a comprar las telas para la bandera. La compra debía hacerse con la mayor rapidez posible, pero sobre todo, con mucha discresión. Por su puesto de mayordomo de La Demajagua, Castillo era persona sospechosa para los españoles. Por ello fue enconmendado con tan riesgoza misión un negro nombrado Eustaquio, más conocido por todos como el "Negro Colorado". Castillo lo acompañaría discretamente.

El camino entre La Demajagua y Manzanillo se suponía a veces intransitable, por la abundancia de las lluvias en el mes de octubre. Pero Eustaquio era buen jinete y conocía el terreno, así que llegó a las primeras casas del poblado. Allí se enteró del estado de alarma existente en la zona y de que "el que estaba en el pueblo no podía salir y si se le concedía era llenando infinidad de requisitos". Ante tal situación Eustaquio volvió al ingenio, solo acompañado de Castillo, sin que ninguno de los dos trajese las telas ordenada. Mucho contrarió a Céspedes el resultado del viaje. Sin perder tiempo fue a visitar de nuevo a Cambula; quien volviendo en su compañía a la casa de vivienda, le propuso, hacer la bandera con telas de la propia casa.

Y en efecto, desbarató el cielo del mosquitero de una cama para obtener el rojo, que resultó ser un rosado subido; cortó un pedazo de una tela, probablemente de hilo fino que días antes había guardado para hacerse un corpiño; y Céspedes, en los apuros de hablar de tela azul marino, se dirige hacia un retrato de su difunta esposa, y examina el velo que lo cubría, y vio que era un tul azul. Ya se disponía a desprenderlo del marco del retrato, cuando Cambula le dice: "no es necesario, yo tengo un vestido azul de mi uso". Con todos los recortes reunidos y bajo la dirección de Céspedes, Cambula comenzó a coser la bandera.

Características de la nueva bandera

Esta enseña era de un poco más de un metro de largo, casi cuadrada, los tres paños expresados, rojo y blanco en la parte superior y azul celeste en toda la inferior. Céspedes entonces le pidió a Cambula que añadiera una estrella de cinco puntas. Mas como la joven no sabía dibujar, ni bordar, tuvieron que auxiliarse de otro joven: Emilio Tamayo, que tenía entre 20 y 22 años de edad y fue quien resolvería enseguida la última dificultad. Él, como tantos otros, aspiraba a ser el abanderado de la nueva insignia.

Emilio dibujó la estrella en un papel; y Cambula, la fijó en un paño blanco por medio de alfileres, lo recortó y luego lo cosió a la bandera. El lienzo fue prendido a un asta improvisada y Emilio recibió el estandarte de las propias manos de Cambula, en medio de los vivas de los patriotas reunidos en el batey del Ingenio, que estaba convertido ya en un verdadero campamento.

El hecho que Cambula no fuera una costurera experta imposibilitó quizás que hubiera salido mejor la tarea. La bandera no pudo hacerse con las medidas exactas desde el punto de vista rectangular, sino más bien fue casi un cuadrado al medir 126 cm. de ancho por 130 cm. de largo. Sin embargo, la nueva insignia fue catalogada de perfecta, por todo el sacrificio y la entrega que implicó su confección desde el primer momento.

Tarde en la noche del 9 de octubre de 1868, Cambula entregó a Céspedes, la bandera de La Demajagua para que en la mañana siguiente pudiera ser jurada camino al cadalso, o a la gloria. El sábado 10 de octubre de 1868, el prócer, junto a casi 500 conjurados, realizó el juramento a la bandera:

"¿Juráis vengar los agravios de la Patria? – Juramos (…) ¿Juráis perecer en la contienda antes que retroceder en la demanda? – Juramos (…) Enhorabuena sois unos patriotas valientes y dignos. Yo por mi parte, juro que os acompañaré hasta el fin de mi vida, y que si tengo la gloria de sucumbir antes que vosotros, saldré de la tumba para recordaros vuestros deberes patrios y el odio que todos debemos al gobierno español, venganza, pues, y confiemos en que el cielo protegerá nuestra causa "

Destierro

La Bandera de La Demajagua fue hecha prisionera de los españoles en terreno del Ingenio Santa Rosa de la Guanaja, el 30 de diciembre de 1870 y conducida a La Habana. Aquí es desterrada de la Isla de Cuba por el entonces Capitán General Conde de Valmaseda. Ana de Quesada y Loynaz, esposa en segundas nupcias de Céspedes, fijó su residencia, desde fines de enero de 1871, en Nueva York.
Céspedes encargó a su hermano Pedro de Céspedes (fusilado en Santiago de Cuba en noviembre de 1873) para que llevase la desterrada bandera a Ana de Quesada, a fin de que esta la conservara hasta mejores momentos. Pedro, sin embargo, tuvo que quedarse en la Isla por problemas de salud y encargó la misión al Coronel Pío Rosado (fusilado en Bayamo en 1880). Luego, de manos del Coronel Pío Rosado, la recibió el Coronel Manuel Anastasio Aguilera en enero de 1872, junto al puño de la espada de Perucho Figueredo y la carta de Carlos Manuel de Céspedes que acompañaba a las reliquias.

La bandera viajó dentro de un tubo de latón ovalado como de unos 40 cm. de largo por 15 cm. de ancho. Aguilera la entregó a Ana de Quesada en Nueva York. Al efectuarse la entrega de la carta y las reliquias a la esposa de Céspedes, esta extrajo la bandera del tubo en que se hallaba, y pidió a Aguilera que llevase a la viuda de Figueredo, que se hallaba ya en Key West , el puño de la espada de su glorioso esposo. Desde aquel momento Ana de Quesada guardó la bandera de La Demajagua con más cuidado aún que sus propias joyas; tal y como su esposo le pidiera en su misiva:

" te envío mi Bandera de Yara, guárdala con cuidado religioso hasta nuestros días "

Todos los 10 de octubre se exponía la insignia a la veneración de los compatriotas y amigos fieles que visitaban la casa de la familia de Céspedes, primero en Nueva Cork y más tarde en París.

Regreso a Cuba

Terminado el protocolo para el establecimiento de la paz, en Washington, el 12 de agosto de 1898, y evacuada ya la Provincia de Oriente por las tropas españolas, la viuda de Céspedes, Ana de Quesada y Loynaz, volvió a Cuba por primera vez, desde que, prisionera de las tropas españolas el 30 de diciembre de 1870, fuera deportada de la Isla por el Capitán General Conde de Valmaseda.
La señora deseaba ser una de las primeras personas que se repatriara en aquellos históricos momentos; por lo que tomó en el mes de septiembre un vapor de la línea de Ward que hacía el viaje directo de Nueva York hasta Santiago de Cuba.
En Santiago se reunió con su hijo Carlos Manuel de Céspedes y Quesada, después de tres años de amarga separación. El Coronel Céspedes y Quesada había ido a Santiago a recibir a su mamá haciéndose acompañar por el General José Lacret Morlot y sus ayudantes. Luego de permanecer Ana y su hijo un tiempo en Santiago de Cuba salieron para Manzanillo, invitados por el Mayor General Francisco Javier de Céspedes, para pasar un par de semanas en su casa. La viuda de Céspedes traía en su equipaje la Bandera de La Demajagua, y hubo de enseñarle aquella reliquia gloriosa a su cuñado Francisco Javier, quien tenía casi 80 años y que se emocionó profundamente al contemplarla.
A fines de diciembre, Ana de Quesada y su hijo embarcaron para Batabanó en uno de los vapores de la costa sur, de la Compañía de Menéndez.

Curiosidad histórica

El día de año nuevo de 1899, como a las 5:00 de la tarde llegaron a La Habana, solo unas horas antes se había arriado la bandera española en la Fortaleza San Carlos de la Cabaña, en lo que quedó definitivamente consumado el cese de la secular soberanía de España sobre la Isla de Cuba.
Es una casualidad histórica que la Bandera de La Demajagua entrara en la capital de la República el mismo día en que el Pabellón de España dejó de ondear sobre Cuba para siempre. La bandera mambisa entraba en La Habana como símbolo de la soberanía de Cuba. Fue entregada a la nación, por la viuda de su autor, el 4 de julio de 1902, y pasó a ocupar su puesto de honor en la Cámara de Representantes en cumplimiento del acuerdo legislativo del 21 de mayo de 1902.

Enterada Cambula desde su hogar en Santiago de Cuba de que la bandera estaba a salvo en La Habana, hizo el viaje a fin de reconocerla y cuando la tuvo en su poder exclamó:

" Esta es la Bandera que cosieron mis manos la tarde-noche del 9 de octubre de 1968 y no otra. "

Hoy

En abril de 1869 en la Asamblea Constituyente de la República de Cuba, en Guáimaro, fue aprobado que esta bandera quedara respetuosamente erguida en la Sala de Sesiones de la Cámara de Representantes y adoptó que la gloriosa Bandera de La Demajagua se fijara en la sala de sus sesiones y se considerara como parte del tesoro de la República.

La Bandera de La Demajagua preside, junto a la Bandera de la Estrella Solitaria, las sesiones parlamentarias de Cuba.

La bandera que Carlos Manuel de Céspedes enarboló en el ingenio La Demajagua el 10 de Octubre de 1868 se representa, generalmente, en forma rectangular, compuesta de dos franjas horizontales del mismo ancho, la inferior azul, y la superior dividida a su vez verticalmente en dos partes iguales, roja y blanca; la estrella se coloca con una punta hacia arriba, en la parte roja. Por razones estéticas se aumentó la longitud para adecuarla a las dimensiones de la bandera de Narciso López.

En la actualidad la insignia nacional se conserva en la sede de las banderas del Palacio de los Capitanes Generales y encabeza los estandartes que recuerdan los momentos trascendentales de la Revolución cubana.

A propuesta de Antonio Zambrana se acordó que dondequiera que se reuniesen los legisladores del pueblo cubano, la Bandera de La Demajagua, debía mostrarse junto a la Bandera de la Estrella Solitaria. Las Sesiones de la Asamblea Nacional del Poder Popular de Cuba están siempre presididas por dos banderas: la de la estrella solitaria y la bandera de La Demajagua.

Véase también

Fuentes