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Cneo Pompeyo Magno

Este artículo trata sobre Cneo Pompeyo Magno. Para otros usos de este término, véase Pompeyo (desambiguación).


Cneo Pompeyo
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Pompeyo.jpg
Otros títulos Cónsul de Roma
Nacimiento 29 de septiembre del año 106 a.n.e.
Pelusio
Fallecimiento 28 de septiembre del año 48 a.n.e.
Egipto
Entierro Alba Longa
Descendencia Cneo Pompeyo el Joven, Pompeya Magna y Sexto Pompeyo
Padre Cneo Pompeyo Estrabón


Cneo Pompeyo Magno. General y político romano. Perteneciente a la gens plebeya delos Pompeyos, su padre había sido cuestor, pretor y cónsul. Con él se había formado comomilitar. Antiguo aliado y yerno de Julio César, más tarde su gran rival por el poder durante el inicio del fin de la República romana.

Síntesis biográfica

Nació el 29 de septiembre del año 106 a.n.e., con el nombre de Cneo Pompeyo, en una familia senatorial. Perteneciente a la gens plebeya de los Pompeyos, su padre Cneo Pompeyo Estrabón, había sido cuestor, pretor y cónsul.

Inicio de su carrera militar y política

A los diecisiete años, Pompeyo luchó con su padre, del lado de Lucio Cornelio Sila, contra la facción de Cayo Mario y Lucio Cornelio Cinna. En el 84 a.n.e., alzó tres legiones y derrotó a los partidarios de Mario, destruyendo más tarde al resto de la facción en África y Sicilia (81 a.n.e.). A su regreso a Roma, le honraron con el título de Magno (el Grande). Posteriormente Pompeyo derrotó a los seguidores de Marco Emilio Lépido, un antiguo partidario de Sila, y acabó con los seguidores de Mario en Hispania 77 - (71 a.n.e.), con lo que llevó a cabo la conquista de Celtiberia, poniendo fin a la guerra en la península Ibérica. A su regreso a la península Itálica, Pompeyo derrotó a la rebelión de los esclavos instigada por Espartaco. Se convirtió en ídolo de la plebe y fue elegido cónsul en el año 70 a.n.e., junto con Marco Licinio Craso.

Pompeyo en Asia

Entre el 67 y el 66 a.n.e., Pompeyo acabó con la piratería en el mar Mediterráneo y se encargó de las provincias de Oriente y de la guerra contra Mitrídates VI Eupátor. Entre los años 66 al 62 a.n.e. derrotó a Mitrídates, a Tigranes el Grande, rey de Armenia, y a Antíoco XIII, cuyo reino, Siria, anexionó a los dominios romanos; de esta manera dobló los ingresos del tesoro e incrementó su fortuna personal.

En Israel, Salomé Alejandra había sucedido a su marido al frente del estado. Como no podía asumir las funciones de sumo sacerdote, confió este cargo a su hijo Hircano. A causa de sus enfrentamientos con los fariseos, los saduceos se agruparon en torno a Aristóbulo, el otro hijo de Salomé Alejandra. Basándose en estos apoyos, Aristóbulo prepara su sucesión ocupando las fortalezas de Maqueronte, Alexandreion e Hircanion. Cuando muere Salomé en el año 67 a.n.e., Aristóbulo se hace inmediatamente con el poder, obligando a su hermano Hircano a renunciar a todas sus funciones. Hircano encontró apoyo en el gobernador de Idumea y firmó un tratado con Aretas III, rey de los nabateos. Aristóbulo fue vencido en el 65 a.n.e., pero logró volver a Jerusalén y encerrarse en el templo, donde sufrió el asedio de Hircano, sostenido por Aretas y el partido fariseo.

Esta división del reino entre hermanos enemigos fue la ocasión ideal para que los romanos intervinieran. Pompeyo ordenó al rey Aretas que se retirara y convocó a las dos partes en litigio: Aristóbulo e Hircano, con una delegación de los hasidim que solicitaban la restauración pura y simple de la teocracia. Pompeyo escuchó, prometió ir a Jerusalén y comprometió a las partes a que entre tanto respetaran la paz. Pero Aristóbulo creyó que podía rebelarse. Pompeyo acudió inmediatamente a Jerusalén e Hircano le abrió las puertas. Aristóbulo fue encarcelado y sus partidarios se refugiaron en el templo, que fue tomado en el año 63 a.n.e. Pompeyo entró en él, incluso hasta el santo de los santos, lo que escandalizó a todos.

Aristóbulo partió para Roma con sus hijos, para formar parte del triunfo de Pompeyo, e Hircano fue introducido de nuevo como sumo sacerdote. Pompeyo vinculó Judea a la provincia de Siria, aunque dejándole a Hircano una parte de autoridad sobre Judea, Perea y Galilea.

El triunvirato

De vuelta en Roma, Pompeyo hábilmente licenció su ejército, desbaratando las preocupaciones de que él pretendiera surgir de sus conquistas para dominar Roma como dictador. Pompeyo buscó nuevos aliados y movió los hilos para controlar gran parte del funcionamiento real del Senado; a pesar de sus esfuerzos, Pompeyo comprobó que sus círculosmás íntimos le estaban vedados. Se presentó ante el Senado pidiendo la aprobación de su política en Oriente y el reparto de tierras entre sus veteranos como recompensa. Para su sorpresa, el Senado se negó a aceptarlo.

A partir de ese momento, las maniobras políticas de Pompeyo sugería que, aunque acató la disciplina para evitar ofender a los conservadores, cada vez estaba más estupefacto por la renuencia de parte de los Optimates para reconocer sus sólidos logros. La frustración de Pompeyo le llevó a extrañas alianzas políticas. Buscó aliados entre los senadores demócratas, entonces una minoría en la asamblea. No tardó en lograr el apoyo de dos viejos conocidos: Marco Licinio Craso, el viejo partidario de Sila y ahora hombre más rico de Roma y líder de los equites, y de Cayo Julio César, sobrino de Cayo Mario y líder de los populares. Para el año 61 a.n.e., estos tres hombres agraviados se aliaron en lo que se llamó más tarde el Primer Triunvirato. Los clientes publicanos de Craso estaban siendo rechazados en la misma época en que los veteranos de Pompeyo estaban siendo ignorados.

Entre las acciones de los triunviros destacarían el apoyo de Craso y Pompeyo para que César, seis años menor que Pompeyo y que estaba a la vuelta de su servicio en Hispania, lograra el consulado en el 59 a.n.e.. Éste, siendo ya cónsul, logró ratificar la política en Asia de Pompeyo, la reducción en un tercio de la adjudicación de arriendos y el reparto de tierras del estado entre los ciudadanos pobres y los soldados veteranos. El tempestuoso consulado de César 59 a.n.e. dio a Pompeyo no sólo la tierra y los asentamientos políticos que buscaba, sino también una nueva esposa: la propia y joven hija de César, Julia Caesaris. Pompeyo estuvo totalmente enamorado de su novia. Además permitieron que el senador y ex-cónsul Marco Tulio Cicerón se viera obligado al exilio como castigo por sus ejecuciones de ciudadanos romanos sin juicio previo durante la Conjuración de Catilina; Cicerón se oponía a la labor del triunvirato, al que llamó como monstruo de tres cabezas. Los triunviros favorecieron el ascenso de ciudadanos adictos como Pisón, el suegro de César.

A César se le nombró gobernador de la Galia Cisalpina, Galia Narbonense e Ilírico. Marchó a las Galias, que conquistó en sucesivas campañas entre el año 58 y el 51 a.n.e. Pompeyo recibió el gobierno de Hispania, pero se le permitió permanecer en Roma supervisando el crítico suministro de grano a Roma como curator annonae, ejerciendo su mando a través de subordinados. Pompeyo manejó el asunto del cereal con eficiencia, pero su éxito en la intriga política es más inseguro.

Pompeyo y Craso quedaron en Roma como árbitros de la situación. La relación entre ambos se fue deteriorando. Así, Pompeyo favoreció el ascenso de Milón, su títere político y enemigo del tribuno Clodio, agente de Craso y César. Clodio y Milón se enfrentaron en una serie de combates callejeros que llevaron a Roma a una situación de caos, inseguridad y desórdenes. Los Optimates nunca habían perdonado a Pompeyo por abandonar a Cicerón cuando Publio Clodio forzó su exilio. Sólo cuando Clodio comenzó a atacar a Pompeyo fue persuadido para trabajar con otros en pro de la vuelta de Cicerón en el año 57 a.n.e.. Una vez que Cicerón estuvo de vuelta, su habitual magia vocal ayudó a calmar algo la posición de Pompeyo, pero muchos todavía vieron a Pompeyo como un traidor por su alianza con César.

Mientras César estaba luchando contra Vercingétorix en la Galia, Pompeyo procedió con un programa legislativo para Roma, que reveló que ahora estaba secretamente aliado con los enemigos de César. Mientras instituía una reorganización y reforma legales y militares, Pompeyo también aprobó una ley haciendo posible ser perseguido retroactivamente por corrupción electoral, una acción que los aliados de César interpretaron correctamente como una llamada a la persecución a César una vez que dejara de tener imperium. Pompeyo también prohibió a César presentarse al consulado in absentia, aunque esto se había permitido frecuentemente en el pasado, y de hecho se había permitido específicamente en una ley precedente. Esto era un obvio golpe a los planes de César después de que expirara su mando en la Galia. Finalmente, en el año 51 a.n.e., Pompeyo dejó claro que a César no se le permitiría presentarse como candidato a cónsul salvo que antes depusiera su imperium y dejara el control de sus ejércitos. Como señaló tristemente Cicerón, Pompeyo había empezado a temer a César. Pompeyo había quedado disminuido por la edad, la incertidumbre y el acoso de ser el arma elegida por una oligarquía peleona de Optimates. El conflicto que se avecinaba era inevitable.

Enfrentamiento con César

El Senado exigió a César que renunciara a sus poderes proconsulares, que entregara sus legiones y volviera a Roma. César puso como condición la retirada de Pompeyo, a lo que éste se negó. Entonces el Senado declaró a Julio César enemigo público. Al principio, Pompeyo afirmó que podía derrotar a César y alzar ejércitos simplemente pateando el suelo de Italia. César reaccionó cruzando el Rubicón en el año 49 a.n.e. con la XIII Legión y avanzó por Italia sin encontrar oposición.

Aunque dudó si marchar hacia Hispania, donde tenía abundantes clientes desde la época de la guerra con Sertorio, finalmente prefirió retirarse hacia el puerto de Brundisio, y desde allí, marchar a Oriente, donde pretendía encontrar fuerzas renovadas para hacer la guerra contra César en el Este, donde Pompeyo contaba con numerosos veteranos y reyes adictos.

César le sitió en Brundisio, Pompeyo logró retirarse con su ejército sin apenas bajas en una espectacular fuga. Desembarcó en Dirraquio, un excelente puerto que pensó que podría serle útil para reconquistar Italia. Desde allí, acumuló provisiones y reunió un inmenso ejército. César derrotó a los pompeyanos en Hispania (batalla de Ilerda), pero no en África, donde los pompeyanos contaban con la alianza del rey Juba I de Numidia.

Pompeyo consiguió llegar a tiempo para salvar Dirraquio, frente a cuyos muros se libró el primer combate entre César y Pompeyo, terminando con una pequeña victoria para el segundo y la huida de César en la batalla de Dirraquio, que había perdido mil hombres. Aun así, no persiguió a César en el momento crítico de su derrota, y así Pompeyo desperdició la oportunidad de destruir el ejército de César, mucho más pequeño. Según Plutarco, César dijo que "hoy el enemigo habría ganado, si hubiera tenido un comandante que fuese un ganador".

Pese a todo, Pompeyo conocía la superior calidad de las tropas cesarianas y era partidario de mantener una estrategia basada en el desgaste. Sin embargo, los senadores, envalentonados por la victoria de Dirraquio, presionaron a Pompeyo para que aceptara enfrentarse a César en una batalla campal. El combate tuvo lugar en Farsalia el 9 de agosto del 48 a.n.e. La lucha fue amarga por ambos lados y aunque se esperaba que Pompeyo ganase debido a su ventaja numérica, errores de los jinetes de la caballería de vanguardia pompeyana llevó a la victoria de César. La batalla terminó con un triunfo aplastante para el ejército de César.

Muerte

Pompeyo tuvo que huir para salvar su vida. Marchó hacia la costa del Egeo. Fletó un barco para navegar hasta Mitilene, donde se reunió con su mujer Cornelia y su hijo Sexto Pompeyo. Entonces se preguntó dónde ir después. La opción de acudir a uno de los reinos orientales fue desestimada, prefiriendo ir a Egipto con una pequeña flota, con la intención de pedir ayuda al faraón Ptolomeo.

Pompeyo llegó a las costas de Egipto y envió emisarios al rey. Después de su llegada a Egipto, la suerte de Pompeyo fue decidido por los consejeros del joven rey Ptolomeo XIII. Mientras Pompeyo esperaba en su barco, discutieron sobre el coste de ofrecerle refugio con César ya en ruta hacia Egipto: el eunuco del rey, Potino se salió con la suya. El 28 de septiembre de 48 a.n.e. fue apuñalado hasta la muerte por sus compañeros Aquilas, Septimio y Salvio.

Los egipcios le cortaron la cabeza y se la llevaron, junto con su sello, al rey Ptolomeo. El cuerpo quedó en la orilla. Su leal liberto Filipo lo quemó sobre las planchas podridas de una barca pesquera. La cabeza y el sello fueron más tarde entregados a César, quien no sólo lamentó este insulto a la grandeza de su anterior aliado y yerno (lloró cuando recibió el sello de Pompeyo, en el que estaba grabado un león con una espada en la garra), sino que además castigó a sus asesinos y sus conspiradores egipcios, haciendo matar tanto a Aquilas como Potino.

La cabeza fue enterrada en el Nemeseión, un templo dedicado a Némesis y construido por Julio César para honrar a Pompeyo. Su cuerpo fue rescatado e incinerado. Las cenizas de Pompeyo con el tiempo fueron devueltas a Cornelia, quien las llevó consigo a su casa de campo cerca de Alba Longa.

Fuentes