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Crítica textual

Crítica textual
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Concepto:Crítica Textual o Ecdótica, es una rama de la filología que tiene por quehacer, editar textos de la forma más fiel posible al original o a la voluntad del autor, procurando principalmente la eliminación de errores de transcripción.

Crítica Textual o Ecdótica es una rama de la filología que tiene por quehacer, editar textos de la forma más fiel posible al original o a la voluntad del autor, procurando principalmente la eliminación de errores de transcripción.

Breve historia de la Crítica Textual o Ecdótica

Los primeros filólogos preocupados por la integridad y fidelidad en la edición de las obras fueron los filólogos alejandrinos que editaron las obras de Homero. En la Edad Media, el filólogo romano y padre de la Iglesia San Jerónimo se preocupó de conocer bien el Hebreo y el Griego para establecer un canon fiable de textos sagrados para el Cristianismo, la Bibliaconocida como Vulgata. Luego vendría el Humanismo del Renacimiento a realizar la misma tarea para la literatura grecolatina clásica que intentaban reverdecer. En el siglo XIX Karl Lachmann hizo los primeros intentos serios para superar de forma científica el procedimiento impresionista de enmienda de errores (emendatio ope ingenii) de los humanistas. En este sentido hizo también contribuciones Gaston Paris. Henri Quentin ideó el método reconstructivo,y Joseph Bédier encontró algunos fallos en el método de Lachmann al editar el Lai de l'ombre: no preveía las contaminaciones "horizontales" entre varios textos simultáneamente. El neolachmannismo, resurgió con fuerza como un mal menor (Sebastiano Timpanaro Cesare Segre). Sin embargo la era electrónica y el concepto de hipertexto han venido a complicar notablemente el panorama, que en algo ha contribuido a clarificar Gérard Genette con su clasificación de relaciones textuales.

Principios generales de la crítica textual

Para reestablecer un texto en su pureza, o al menos para eliminar todo lo posible sus falsificaciones sucesivas, es necesario consultar y sopesar todas las pruebas. Y estas pueden ser externas, las proporcionadas por documentos que reproducen todo el texto o parte de él, en el original o en traducción -- una prueba diplomática – e internas resultantes del examen del texto en sí independientemente de su corroboración extrínseca –prueba paradiplomática.

Evidencia externa (diplomática)

La prueba para una obra cuyo manuscrito original se ha perdido la proporciona (a) las copias, (manuscritos), (b) versiones, y (c) citas. Estas tres no siempre existen simultáneamente y el orden en el que se enumeran no indica su autoridad relativa

Manuscritos

Respecto a las copias de obras antiguas hay que considerar tres cosas: (i) edad, (ii) valor y (iii) genealogía; y añadiremos unas palabras sobre (iv) nomenclaturas crítica, o anotaciones.

Edad: La edad es a veces indicada en una nota del mismo manuscrito; pero cuando no hay sospecha de falsificación, puede simplemente transcribirse del ejemplar, como los manuscritos datados no son muy antiguos, hay que recurrir a varias indicaciones paleográficas que determinen con suficiente exactitud del edad de los manuscritos griegos y latinos. La paleografía hebrea, aunque más incierta, presenta menos dificultades, en cuanto que los manuscritos hebreos no son tan antiguos. La edad exacta de una copia, es de menor importancia, puesto que es muy posible que el manuscrito antiguo está muy corrompido mientras que uno posterior, copiado de un ejemplar mejor, se acerque más al primitivo texto. La presunción está a favor del documento más antiguo, porque está conectado con el original por haber sido menos intervenido y por ello expuesto a menos posibilidades de error.

Valor: Es más importante asegurarse del valor relativo que de la edad de un manuscrito. Algunas pruebas inspiran poca confianza porque se ha visto que son con frecuencia defectuosas, mientras que otras se aceptan mejor porque el examen crítico las ha mostrado como exactas y veraces. Y esto no se puede distinguir antes del examen, las lecturas de un texto se dividen en tres o cuatro clases: la cierta o probablemente verdadera, la dudosa y la cierta o probablemente falsa. Un manuscrito es juzgado bueno o excelente cuando presenta en general una verdadera lectura y no contiene nada que sea ciertamente falso. Bajo condiciones contradictorias se considera mediocre o sin valor. No hace falta añadir que la excelencia extrínseca de un manuscrito no se mide por el mayor o menos cuidado de los copistas; un manuscrito puede ser intuido entre los erróneos por los errores de los copistas aunque el del que se copia sea correcto y uno transcrito de un ejemplar defectuoso puede considerarse meramente como copia, no tener error alguno.

Genealogía: La genealogía de los documentos, desde un punto de vista crítico es muy interesante e importante. En cuanto se demuestra que un manuscrito, sin que importe su antigüedad, es una copia de otro manuscrito que existe, debe desaparecer de la lista de autoridades, puesto que su testimonio particular no es de valor para establecer el texto primitivo. Si un texto se conserva en 10 manuscritos, 9 de los cuales han salido de un común a ellos, no tendríamos diez testimonios independientes sino dos, puesto que los nueve primeros cuentan solo por uno y no son más importantes que el décimo a no ser que se mostrara que el ejemplar común de los nueve era mejor que aquel del que se tomó el décimo. Las consecuencias de esta principio son obvias y la ventaja y necesidad de agrupar los testimonios de un texto en familias se entiende fácilmente. Se puede suponer que el crítico se guía principalmente en sus investigaciones por el lugar donde nació el manuscrito, pero los antiguos manuscritos viajaban mucho con frecuencia y su nacionalidad es raramente conocida con certeza.

Nomenclatura critica o notación: Cuando las copias de un texto no son muy numerosas, cada editor le asigna los símbolos convenciones que quiere. Este fue durante mucho tiempo el caso con las ediciones de los originales hebreo y griego de los Setenta y de la Vulgata, por no mencionar otras versiones. Como actualmente, las copias de un manuscrito se incrementan tanto, es necesario adoptar una notación uniforme para evitar las confusiones. Los manuscritos hebreos son designados usualmente por las cifras que les asignaron Kennicott y De Rossi. Pero este sistema tiene las desventajas de no ser continuo, recomenzando las series de cifras tres veces. Manuscritos Kennicott, manuscritos De Rossi y otros catalogados por este pero que no pertenecen a su colección. Surge otras dificultad por el hecho de que los manuscritos no incluidos en las tres listas precedentes han permanecido sin símbolo y solo pueden ser indicados mencionando el número del catálogo en el que se describen. La notación de los manuscritos griegos de los Setenta es casi la misma que la adoptada por Holmes y Parsons en su edición de Oxford de 1798-1827. Estos dos investigadores designaron los unciales con números romanos (de I a XIII) y los en cursiva con números arábigos (de 14 a 311

Para los cursivos la notación Holmes-Parsons aun se usa; los unciales, incluidos los encontrado desde entonces se designan con letras mayúsculas latinas; pero no se han asignado símbolos a cursivos recientemente descubiertos. La nomenclatura de los manuscritos griegos de Nuevo testamento también deja mucho que desear, Wetstein, el autor de la notación usual, designa a los unciales por letras y a los cursivos con números arábigos. Su lista fue continuada por Birch y por Scholz y después por Scrivener, independientemente por Gregory. Las mismas letras correspondían a muchos manuscritos, de ahí la necesidad de distinguir índices, así Dev ="Codex Bezæ", Dpaul = Codex Claromontanus. Las series de números recomienzan cuatro veces en los libros de los Evangelios, Hechos y Epístolas Católicas, Epístolas de Pablo y Apocalipsis, de manera que uno cursivo que contiene todos los libros del Nuevo Testamento debe ser designado por cuatro números diferentes acompañados por su índice.

Versiones

La importancia de las antiguas versiones en la crítica textual de los Libros Sagrados surge del hecho de que las versiones son con frecuencia muy anteriores a los más antiguos manuscritos. La traducción de los Septuaginta antecedía al menos doce siglos a las copias más antiguas del texto hebreo que nos han llegado. Y para el Nuevo Testamento las versiones Itálica y Peshito son del siglo Segundo, la copia del tercero mientras que el “Vaticanus” y el “Sinaiticus”, que son nuestros más antiguos manuscrititos, son del cuarto. Estas traducciones, hechas por iniciativa o bajo la supervisión de las autoridades eclesiásticas han sido aprobadas y sancionadas por las iglesias que las usaron públicamente.

Citas

La crítica textual del Nuevo Testamento Griego, de los Setenta y de la Vulgata se ha aprovechado de citas de los Padres, sin duda. Pero al usarlas hay que ser cautos y reservados, porque con frecuencia los textos bíblicos son citados de memoria y muchos autores tienen el hábito de citar con poca exactitud. Gregory da tres ejemplos muy instructivos en sus Prolegómenos a la octava edición de Tischendorff (pp. 1141-1142). Charles Hodge, el autor de los comentarios muy estimados, cuando fue informado de que su cita del Génesis, iii, 15, "El linaje... de la mujer aplastará tu cabeza” era de una seria inexactitud rehusó cambiarla porque esta versión ha pasado al uso común. En su historia de la Vulgata el erudito Kaulen citó dos veces el dicho conocido de S. Agustín, una con exactitud: "verborum tenacior cum perspicuitate sentientiæ", y una inexacta: "verborum tenacior cum sermonis perspicuitate". Finalmente Jeremy Taylor, el conocido teólogo, de las 9 citas de Juan, iii, 3-5, en ningún caso da las palabras de la versión anglicana que intentaba seguir.

No debiéramos buscar mayor rigor en los Padres, muchos de los cuales no tenían espíritu crítico. Hay que notar que tampoco se puede depender del texto de nuestras ediciones tampoco. Sabemos que los copistas, al transcribir palabra de los Padres, griegos o latinos, frecuentemente sustituían por citas bíblicas esa forma del texto con el que estaban más familiarizados y hasta los editores de tiempos anteriores no eran muy escrupulosos en este aspecto.

Evidencia Interna o Paradiplomática

Sucede con frecuencia que el testimonio documental es incierto porque es discordante y aunque sea unánime puede estar abierto a la sospecha porque lleva a resultados improbables o imposibles. Entonces hay que recurrir a las pruebas internas y aunque por si mismas rara vez bastan para tomar una decisión firme, corroboran y a veces modifican el veredicto sobre los documentos. Las reglas de la crítica interna son simplemente los axiomas del sentido común, cuya aplicación requiere mucha experiencia y juicios consumados para evitar el peligro de arbitrariedad dentro del subjetivismo.

Ciertamente que los copistas nunca cambiaban su texto por el mero placer de hacerlo más oscuro o para corromperlo; por el contrario intenta más bien explicarlo o corregirlo. De ahí que una expresión brusca una frase irregular y un pensamiento que no se busca son posiblemente primitivos, pero siempre, como hemos dicho con esa condición: ceteris paribus. Y no hay que olvidar que la dificultad de la lectura puede surgir por otras causas, como la ignorancia del copista o los defectos del ejemplar del que copia.

Referencias

1. Ehrman, Bart D. (2005). Lost Christianities: The Battles for Scripture and the Faiths We Never Knew. Oxford University Press. p. 46

2. Quentin, Henri (1926). Essais de critique textuelle (Ecdotique). París: A. Picard.

3. Bédier, Joseph (1928). La tradition manuscrite du Lai de l'ombre. Réflexions sur l'art d'éditer les anciens textes 54. Reimpreso en París, Champion, 1970. Romania. pp. 161–196, 321–356.

Bibliografía

Blecua, Alberto (1983). Manual de Crítica Textual. Madrid: Castalia.

Catalán, Diego (1997). De la silva textual al taller historiográfico alfonsí. Códices, crónicas, versiones y cuadernos de trabajo. Madrid: Fundación Ramón Menéndez Pidal-Universidad Autónoma de Madrid.

Fradejas Rueda, José Manuel (1991). Introducción a la edición de textos medievales castellanos. Madrid: UNED. ISBN 84-362-2645-3.

Orduna, Germán (2000). Ecdótica. Problemática de la edición de textos. Kassel: Edition Reichenberger.

Pérez Priego, Miguel Ángel (1997). La edición de textos. hay reedición ampliada en Madrid, UNED, 2002. Madrid: Síntesis.

Sánchez Prieto Borja, Pedro (1998). Cómo editar los textos medievales. Criterios para su presentación gráfica. Madrid: Arco/Libros.

Fuentes