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Garcilaso El Inca

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Garcilaso de la Vega
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Garcilaso El Inca.jpg
Retrato de Garcilaso El Inca
Nombre completoGómez Suárez de Figueroa
Nacimiento12 de abril de 1539
Cuzco, Bandera de Cruz de Borgoña.png Imperio Español
Defunción24 de abril de 1616
Córdoba, Bandera de España España
SeudónimoGarcilaso El Inca, Inca Garcilaso de la Vega
OcupaciónHistoriador, escritor
Obras notablesHistoria de la Florida, Comentarios reales
CónyugeBeatriz de la Vega
DescendenciaDiego de Vargas

Garcilaso de la Vega (Cuzco, actual Perú, 1539 - Córdoba, España, 1616), más conocido como Garcilaso El Inca, fue un escritor e historiador peruano. Era hijo del conquistador español Sebastián Garcilaso de la Vega y de la princesa incaica Isabel Chimpo Ocllo. Al ser visto como un mestizo o bastardo Garcilaso tuvo que buscar su identidad a lo largo de su vida y más tarde decidiría llamarse Inca Garcilaso de la Vega.

Datos biográficos

Primeros años

Bautizado como Gómez Suárez de Figueroa, en memoria de uno de sus abuelos, el Inca Garcilaso de la Vega nació en el Cuzco el 12 de abril de 1539, muy pocos años después de la muerte de Atahualpa, el último soberano Inca. Fue el hijo natural del capitán extremeño Sebastián Garcilaso de la Vega Vargas, conquistador de noble linaje de Castilla, y de Palla Chimpu Ocllo, bautizada como Isabel, nieta del Inca Túpac Yupanqui y sobrina del Inca Huayna Cápac.

Es el quechua su primera lengua y los indios y los niños mestizos sus compañeros de juego en los años de su infancia, que transcurrió en el Cusco junto a su madre y parientes más cercanos en una noble casa de Cusipata. Gracias a la privilegiada posición de su padre, que perteneció a la facción de Francisco Pizarro hasta que se pasó al bando del virrey La Gasca, el Inca Garcilaso de la Vega recibió en Cuzco una esmerada educación al lado de los hijos de Francisco y Gonzalo Pizarro, mestizos e ilegítimos como él.

Viaje a España

A los veintiún años, muerto su padre, Garcilaso se trasladó a España en busca de los familiares de su padre y para hacer gestiones que le permitieran conseguir una pensión por los servicios que aquél había prestado a la corona. Los trámites ante el Consejo de Indias fueron frustrados y el joven no pudo conseguir renta alguna.

En 1561 se instala en Montilla, ciudad en la que fue acogido por su tío paterno, el capitán Alonso de Vargas, veterano de las guerras de Italia, de cuya casa (en la calle de su mismo nombre) saldría en escasas ocasiones. Usaba todavía el nombre de Gómez Suárez de Figueroa, hasta que en 1563, adoptó el de su padre, Garcilaso de la Vega. Fracasado su intento de regreso al Perú, se radica definitivamente en la Península. En este contexto se fue españolizando y llegó a ser perfectamente bilingüe.

Luego ingresa a la milicia al servicio del rey para hacer carrera militar, combate en la guerra de Las Alpujarras contra los moriscos en 1570, consiguiendo, también él, conducta de capitán. Más tarde combatió también en Italia, donde conoció al filósofo neoplatónico León Hebreo.

La herencia de su tío

Alonso de Vargas, que falleció en 1570, instituye heredero de la mitad de sus bienes a su sobrino, pero con usufructo vitalicio para su viuda. Hasta la muerte de ésta, son quince años de mucha estrechez para Garcilaso. Entregado a la lectura para ocupar su tiempo, sintió despertársele una vocación literaria y humanista, que debía acompañarlo en el curso de su larga vida.

En 1590, muy probablemente dolido por la poca consideración en que se le tenía en el ejército por su condición de mestizo, dejó las armas y entró en religión. Frecuentó los círculos humanísticos de Sevilla, Montilla (ciudad donde vivió por treinta años) y Córdoba, hacia donde se traslada en 1591, y se volcó en el estudio de la historia y en la lectura de los poetas clásicos y renacentistas. Fruto de esas lecturas fue la traducción del italiano que el Inca Garcilaso hizo de los Diálogos de amor, de León Hebreo, que dio a conocer en Madrid el mismo año de su retiro.

Historiador y escritor

Siguiendo las corrientes humanistas en boga, Garcilaso el Inca inició un ambicioso y original proyecto historiográfico centrado en el pasado americano, y en especial en el del Perú. Considerado como el padre de las letras del continente, en 1605 dio a conocer en Lisboa su Historia de la Florida y jornada que a ella hizo el gobernador Hernando de Soto, título que quedó sintetizado en La Florida del Inca. La obra contiene la crónica de la expedición de aquel conquistador, de acuerdo con los relatos que recogió él mismo durante años, y defiende la legitimidad de imponer en aquellos territorios la soberanía española para someterlos a la jurisdicción cristiana.

El título más célebre de Garcilaso el Inca, sin embargo, fueron los Comentarios reales, la primera parte de los cuales apareció en 1609, también en Lisboa. Escrito a partir de sus propios recuerdos de infancia y juventud, de contactos epistolares y visitas a personajes destacados del virreinato del Perú, el relato constituye, pese a los problemas de sus fuentes orales y escritas y a las incongruencias de muchas fechas, uno de los intentos más logrados, tanto conceptual como estilísticamente, de salvaguardar la memoria de las tradiciones de la civilización andina. Por esta razón es considerada su obra maestra y se la ha reconocido como el punto de partida de la literatura hispanoamericana. La segunda parte fue publicada en Córdoba, en 1617.

Últimos años

En 1612 compró al cabildo una capilla para su entierro. Al final de sus días se incorporó incluso al estado clerical, pero sólo de órdenes menores. El 12 de abril de 1616 cumplió 77 años, y seis días más tarde, estando enfermo, hizo su testamento.

Finalmente, Garcilaso murió en Córdoba, España, el 22, 23, ó 24 de abril de 1616 (esta última es la que consta en su partida de defunción conservada en la catedral cordobesa, fecha que es cuestionada por diversos historiadores).

Diego de Vargas, hijo suyo y de doña Beatriz de la Vega, cuidó de que fuera enterrado la capilla adquirida por Garcilaso, donde permanecen sus restos. En la lápida de la capilla puede leerse:

El Inca Garcilaso de la Vega, varón insigne, digno de perpetua memoria. Ilustre en sangre. Perito en letras. Valiente en armas. Hijo de Garcilaso de la Vega. De las Casas de los duques de Feria e Infantado y de Elisabeth Palla, hermana de Huayna Capac, último emperador de las Indias. Comentó La Florida. Tradujo a León Hebreo y compuso los Comentarios reales. Vivió en Córdoba con mucha religión. Murió ejemplar: dotó esta capilla. Enterróse en ella. Vinculó sus bienes al sufragio de las ánimas del purgatorio. Son patronos perpetuos los señores Deán y Cabildo de esta santa iglesia. Falleció a 23 de abril de 1616.[1]

Los Comentarios Reales

Portada del libro Los Comentarios Reales
En base a los relatos que escuchara en su juventud de sus parientes indígenas, de los pasajes vividos por él mismo y de las noticias recogidas de testigos de la conquista del Perú escribe su obra inmortal Los Comentarios Reales. Esta obra comprende dos partes: en la primera se refiere a los hechos de los incas y su civilización; en la segunda, a la conquista y las guerras civiles entre los conquistadores. En esta obra no sólo pone de manifiesto su gran calidad literaria sino que su interpretación de los hechos describe al Imperio Incaico como un modelo ideal a la usanza platónico y muestra a la cultura incaica a la luz de la cultura occidental.

Años después de su muerte, a raíz del alzamiento de Túpac Amaru, en 1782, una Real cédula de Carlos III ordenó a los virreyes de Lima y de Buenos Aires recoger todos los ejemplares que pudieran hallar de los Comentarios del Inca, porque aprendían en ellos los naturales muchas cosas inconvenientes. Quedó prohibido el libro en América y registrado en el índice expurgatorio, pero en la metrópoli circulaba libremente y se reimprimía (Madrid, 1801). Obra juzgada peligrosa por el régimen colonial, era lógico que mereciera todas las simpatías de los gobiernos independientes. El libertador San Martín proyectó en 1814 una edición que debía imprimirse en Londres. Los azares de la guerra lo impidieron. Los Comentarios y la Conquista no se publicaron en América hasta 1918.

Obras literarias

En 1586 elabora la traducción, del italiano, de los Tres Diálogos de Amor del platónico León Hebreo (Madrid, 1590), el cual es testimonio irrecusable de las preferencias filosóficas del Inca.

En 1596 redacta la Relación de la descendencia de Garci-Pérez de Vargas (Lisboa, 1605), a cuya familia pertenece por su padre, nos da interesantes noticias autobiográficas.

Su Relación de La Conquista de La Florida (1605) por el adelantado Fernando de Soto, con resonancias de Boyardo, de Ariosto y de Ercilla, es como el llamado del Nuevo Mundo a su hijo, prófugo en el Antiguo.

Los Comentarios Reales de los Incas (Lisboa, 1609) y la Conquista del Perú (1613) las obras que afianzan su renombre así en la historia de las letras castellanas como en las fuentes de los estudios americanistas. Con ellas no pretende sino salvar recuerdos, apuntalar ruinas.
Yo, incitado del deseo de la conservación de las antiguallas de mi patria, esas pocas que han quedado, porque no se pierdan del todo, me dispuse al trabajo tan excesivo como hasta aquí me ha sido y delante me ha de ser, al escribir su antigua república hasta acabarla.

Al fin de su vida trabajaba en su último libro, Historia General del Perú, planificado como segunda parte de los Comentarios y publicado tras su muerte (Córdoba, 1617).

Referencias

  1. Revista histórica; órgano del Instituto Histórico del Perú

Fuente