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Habanera

Habanera
Habanera


Género Musical:
Vocal-Instrumental
País:
Cuba


Habanera. Género vocal instrumental de origen urbano insertado en el contexto de la cancionística cubana. Se define como una línea melódica de carácter lírico romántico, con acompañamiento instrumental que ejecuta un patrón rítmico estable a manera de bajo.

Este último, conocido como ritmo de habanera, Tango o Tango congo, resulta el elemento de identificación y reconocimiento más importante del género, y según el musicólogo cubano Danilo Orozco parte de un núcleo de relaciones rítmico-acentuales de origen afroide Bantú Dahomeyano. Presenta estructura binaria simple y compás de 2/4; es interpretado en tempo lento y utiliza textos a base de versos octosílabos generalmente, en función de mantener su diseño formal.

Origen

El término habanera se dió a conocer en el contexto creativo e interpretativo de la Contradanza criolla. Obras de este género editadas a inicios del Siglo XIX habían aparecido con el nombre de contradanzas habaneras. Por eso muchas fuentes coinciden en considerar el orígen dancístico-salonesco del género.

Por otro lado, se conoce que algunas danzas ya acriolladas, con una mayor elaboración rítmica, asimilaron un texto, de donde surgieron varias canciones a las que se llamó habaneras simplemente.

Estas canciones tomaron de las anteriores contradanzas y danzas cubanas el llamado ritmo de Tango y lo utilizaron como patrón guía. Dicho modelo comenzó a conocerse entonces bajo el nombre de ritmo de habanera. De ese modo el término ganó autonomía para designar un estilo de Canción.

Por otro lado también se relaciona el origen de la habanera con el de la Guaracha, pues se refieren partituras en las que la estructura formal de la melodía, el comportamiento del acompañamiento rítmico y armónico son similares. Las diferencias más señaladas se encuentran en el contenido del texto: en la habanera es lírico, amoroso y en la guaracha enfocada hacia el humor y la crítica social.

Historia

La primera habanera publicada apareció en el periódico La Prensa, en 1842. Se trata de El amor en el baile y aparece firmada por C.P. Al respecto el investigador Raúl Martínez escribió: "Es esta autotitulada nueva canción habanera una de las primeras en su género.

En la misma, escrita en dos partes, originalmente para voz y piano, se aprecia, sobre todo, una elaboración rítmico-instrumental en el acompañamiento del piano, que contrasta con la sencillez en la línea melódica y el texto, incitando en todo momento al baile." Otras habaneras editadas en la época fueron La Carolina y El plátano.

El desarrollo de las habaneras se dio fundamentalmente en las zonas de puerto de mar, vía por la cual se trasladó a América, España y el resto de Europa. El ostinato característico del bajo tradicional se incorporaría a la cancionística de España, México, Perú, Venezuela y Argentina. En el caso de Argentina se reconoce como influyente en la música folklórica pues: "/…las/ primeras manifestaciones /de tango/ aparecen a fines del siglo pasado, en la década del 80, bajo la forma de simples habaneras." (Erdfehler, 2001: 49) Otras noticias de su dispersión en América indican que la habanera se conoció en Chile aproximadamente en 1870, luego de recorrer México, Venezuela, Colombia, Perú y Argentina.

En ese sentido el musicólogo argentino Carlos Vega en su libro El origen de las danzas folklóricas menciona que esta danza se consagró primero en los salones de la aristocracia y posteriormente fue adoptada en los salones de la clase media. A partir de la influencia en España se produce un proceso de retroalimentación puesto que la habanera constituye uno de los géneros de ida y vuelta.

Aquí "/…/ a fines del XIX la habanera como género musical se separó del término danza que antes la acompañó y aunque con el mismo patrón refiere a una versión romántica y lírica". (Guerrero, 2005: 27) Fue conocida y definida internacionalmente a partir del uso por compositores españoles, sobre todo insertados en géneros teatrales como la Zarzuela.

Un clásico ejemplo lo constituye Sebastián Iradier y La Paloma (una de las habaneras más conocidas en el ámbito internacional). Se empleó "/…/ el término tango/… de/ dos maneras distintas en cuanto a interpretación: danza habanera romántica y tango rítmico y bailable, asociado este último además a personajes o escenas directa o indirectamente vinculadas con Cuba. /…/" (ídem)

Compositores de otros países europeos buscaron novedades para sus composiciones en España –Bizet, Glinka, Lalo, Saint Säens, Ravel-, y utilizaron, precisamente, los ritmos y melodías de habaneras conocidas, tomadas de la música española.

Esta influencia de autores españoles de zarzuelas también la recibieron creadores cubanos que realizaron obras de temas, personajes y música nacionales, apareciendo habaneras en Raimundo Valenzuela (La mulata Rosa); Ignacio Cervantes (El submarino); Manuel Pérez de la Presa (Los Saltimbanquis); José Marín Varona (El hijo del Camagüey); y en el Siglo XX Ernesto Lecuona (La Plaza de la Catedral). Donde adquiere mayores dimensiones es en el contexto de la canción lírica cubana de fines del Siglo XIX e inicios del XX.

Ejemplo cumbre de esto es Tú (1892) de Eduardo Sánchez de Fuentes. Con ella y otras, la habanera se coloca en el umbral de la Canción popular y la canción de concierto.

Otros compositores como Antonio Peñez, José Marín Varona, Luis Casas Romero, Rogelio Dihigo, José Castro Chané, Ernesto Lecuona, Jorge Anckermann y Gonzalo Roig también compusieron y editaron habaneras líricas. Como obra independiente se insertó también dentro del ámbito trovadoresco.

Son reconocidas a nivel nacional e internacional Veinte años, de María Teresa Vera, Mariposita de primavera, de Miguel Matamoros y La rosa roja, de Oscar Hernández. Luego de las primeras décadas el Siglo XX el género perdió vigencia como expresión contemporánea, aunque han aparecido algunas obras con el patrón rítmico reconocible. En el marco de la creación académica contemporánea se ha utilizado como vía de expresión de lo cubano.

Actualidad

Nuevas creaciones se generan como parte de los Festivales de Habaneras que desde 1986 se celebran, pero sin una trascendencia como expresión actual, sino simplemente como parte del rescate del patrimonio músico- cultural cubano.

Fuentes