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Heracles

Este artículo trata sobre Hércules. Para otros usos de este término, véase Hércules (desambiguación).
Heracles
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Deidad
Heroe Hercules.JPG
Religión o MitologíaGriega
SincretismoHércules
Patrón(a) o Dios(a) deLa fuerza.
País o región de origenGrecia antigua
Venerado enGrecia antigua

Heracles o Hércules, es el héroe que posteriormente los romanos llamaron Hércules y con cuyo nombre su fama se ha extendido por todo el mundo. Es el más famoso de los héroes helénicos, protagonista de un ciclo épico tan extenso que lo eleva por encima de los demás héroes. Esto se debe a que multitud de héroes locales han sido identificados con Heracles a medida que la fama de éste se iba extendiendo.

Heracles

En la Mitología griega Heracles era un héroe y semidiós, hijo de Zeus y Alcmena y bisnieto de Perseo. En la Mitología romana se le llamaba Hércules. Puede decirse que fue el más grande de los héroes míticos griegos, el parangón de la masculinidad por excelencia, siendo su extraordinaria fuerza uno de sus atributos. Fue, según Pausanias, el último hijo que Zeus engendró con mujeres mortales en Grecia. Se cuentan muchas historias sobre su vida, siendo la más famosa “Los doce trabajos de Heracles”.

Nacimiento e infancia

Heracles era hijo de Zeus y Alcmena, y por tanto su mera existencia demostraba al menos una de las muchas infidelidades del señor del Olimpo. Como venganza, Hera conspiraba a menudo contra la descendencia mortal de Zeus.

Zeus yació con Alcmena tras adoptar la apariencia del marido de ésta, Anfitrión de Tebas, que había dejado su hogar para ir a la guerra contra Atenas. Anfitrión volvió más tarde esa misma noche, y Alcmena quedó embarazada de gemelos.

En la noche en que los gemelos nacieron, Hera, conociendo el adulterio de su marido, logró convencer a Zeus de que prestara un juramento según el cual el niño que naciera aquella noche a un miembro de la casa de Perseo sería un gran rey.

Una vez Zeus hubo jurado, Hera corrió a la casa de Alcmena y ralentizó el parto sentándose con las piernas cruzadas y las ropas atadas con nudos. Al mismo tiempo, provocó que su primo Euristeo naciese prematuramente, haciendo así que fuese rey en lugar de Heracles. Habría retrasado permanentemente el nacimiento de Heracles si no hubiese sido engañada por Galantis, su criada, quien le dijo que ya había asistido al niño en el parto. Tras oírlo, Hera saltó sorprendida, desatando así los nudos y permitiendo que Alcmena diese a luz. Uno de los niños, Ificles, era mortal, mientras el otro era el semidiós Heracles.

Heracles fue bautizado con este nombre en un intento fallido por aplacar a Hera. Unos pocos meses después de su nacimiento, Hera envió dos serpientes a matarlo mientras dormía en su cuna. Heracles estranguló una serpiente con cada mano y fue hallado por su niñera jugando con sus cuerpos exangües como si fueran unos insignificantes juguetes.

Edad adulta

Heracles creció sano y fuerte. Recibió con su hermano clases de música del maestro Lino, pero era un estudiante indisciplinado. Lino lo regañaba constantemente, y un día Heracles se enfureció y lo golpeó con una Lira, matándolo al instante. El joven Heracles debió comparecer ante un tribunal, acusado de asesinato, pero se salió del apuro citando una sentencia de Radamantis, según la cual existía el derecho de matar al adversario en caso de legítima defensa. Fue pues, absuelto. Pero Anfitrión, inquieto, y temiendo que su hijo adoptivo fuese presa de nuevos accesos de cólera se apresuro a enviarlo al campo, y lo puso al frente de sus rebaños. Allí, un boyero llamado Téutaro continuó su educación, adiestrándolo en el arte de manejar el arco.

A los dieciocho años realizó en cincuenta días una doble hazaña: tras cincuenta días de cacería, mató al león de Citerón, que ocasionaba grandes estragos en los rebaños de la comarca y se vistió con su piel. El rey tebano Creonte le recompensó dándole en matrimonio a su hija, la princesa Mégara, cuya hermana menor, Pirra, se casó con Ificles, hermano del héroe. Heracles tuvo con Mégara varios hijos.

Los doce trabajos

En un ataque de locura provocado por Hera, Heracles mató a sus propios hijos y a dos de sus sobrinos con sus propias manos. Al despertar y descubrir los terribles actos que había cometido, sintió un terrible dolor, y no quiso continuar viviendo con Mégara. En penitencia por esta execrable acción, la sibila délfica le dijo que tenía que llevar a cabo diez trabajos que dispusiera Euristeo, el hombre que había usurpado su legítimo derecho a la corona y a quien más odiaba. Heracles llevó a cabo todos ellos con éxito, pero Hera le dijo a Euristeo que estimase que en dos de los trabajos había fallado, pues había recibido ayuda, por lo que ordenó dos más, que Heracles también completó, haciendo un total de doce.

El león de Nemea

El león de Nemea

Su primer trabajo consistió en dar caza al león de Nemea. Éste era hijo de Ortro y Equidna. Se trababa de una fiera enorme con una piel tan dura que resultaba invulnerable a las armas. Habitaba en la región de Nemea devorando a sus gentes, a los ganados y destrozando las cosechas.

Cuando Heracles se dirigía a cazar al león se hospedó en casa de Morloco, después partió hacia la guarida de la fiera. Al principio intentó abatirlo con sus armas, pero no lo consiguió. La morada del animal tenía dos entradas, Heracles lo azuzó hasta que el animal penetró en ella. Después taponó una de las entradas y acorralándolo por la otra lo atrapó y estranguló.

Como trofeo le arrancó la piel, con ella se vistió a partir de entonces, ya que esta piel era invulnerable a las armas y al fuego.

Acudio a Micenas con su botín, pero Euristeo se asustó tanto al verlo, que le ordenó que en lo sucesivo dejase sus trofeos a las puertas de la ciudad.

La hidra de Lerna

La hidra de Lerna

Acabar con este animal fue el segundo trabajo que le impuso Euristeo. El monstruo era hijo de Tifón y Equidna, fue criado por Hera para se enfrentase con Heracles.

Se trataba de una serpiente con innumerables cabezas que se reproducían al ser cortadas y que exhalaban un vaho mortal. Para matar a este monstruo que asolaba la zona, Heracles iba cortando las cabezas del engendro, mientras Yolao quemaba los cuellos cercenados, para que la carne quemada no se pudiese regenerar y producir otra cabeza. Se dice que una de las cabezas era inmortal, por lo que Heracles tras cortarla la sepultó bajo una enorme piedra. Además Hera había enviado un gigantesco cangrejo para ayudar a la hidra. Cuando este mordió el pie del héroe, él lo aplastó de un solo golpe. Con la sangre de la hidra Heracles envenenó sus flechas. Euristeo se negó a contabilizar este trabajo porque el héroe había contado con la ayuda de su sobrino Yolao.

El jabalí de Erimanto

El jabalí de Erimanto

En esta ocasión Euristeo ordenó al héroe que capturase vivo a un enorme Jabalí que devastaba los bosques de Erimanto.

Cuando iba en pos del animal, Heracles se hospedó con el centauro Folo y se vio obligado a participar en una refriega con los centauros. Después continuó su búsqueda, persiguió al animal hasta que consiguió agotarle dándole caza en una zona nevada, allí lo ató con cadenas, se lo cargó en los hombros y regresó a Micenas.

Euristeo aterrorizado ante la vista del jabalí, corrió a refugiarse en una jarra que tenía para tal fin.

La cierva de Cerinia

La cierva de Cerinia

Su cuarto trabajo consistió en apoderarse de una de las cinco ciervas con pezuñas de Bronce y cuernos de Oro consagradas a Artemisa. Las otras cuatro habían sido capturadas por la diosa y tiraban de su carro, pero ésta última fue ayudada a escapar por Hera para que sirviese de prueba a Heracles.

Tan solo tocarla constituía un sacrilegio, por lo que Heracles para no dañarla la persiguió durante un año hasta el país de los Hiperbóreos. Allí consiguió atraparla hiriéndola levemente con una flecha tras lo cual la ató las patas, se la cargó en los hombros y la llevó ante Euristeo.

Las aves del lago Estínfalo

Las aves del lago Estínfalo

Después Euristeo le mandó expulsar del lago Estínfalo a unas aves con pico, garras y plumas de bronce. Atacaban a los humanos lanzándoles desde el aire sus plumas de bronce. Habían crecido tanto en numero que resultaban una verdadera plaga para los países vecinos.

La dificultad consistía, en hacerlas salir del tupido bosque que rodeaba la zona pantanosa de Arcadia donde las aves habitaban. Heracles las hizo salir con ayuda de unas castañuelas que le dio Atenea y que habían sido elaboradas por Hefesto. Cuando las aves levantaron el vuelo fueron abatidas en gran numero por el héroe. Las que se salvaron huyeron hacia el mar Negro, donde más tarde las encontraron los argonautas.

Los establos de Augías

Los establos de Augías

Augías poseía un rebaño de animales que ni enfermaban, ni mal parían. Por eso su número era gigantesco. Pero jamás había limpiado sus establos, por lo que el país se veía infectado por un hedor insoportable, además no se podía cultivar debido a la gruesa capa de estiércol que cubría la tierra.

Heracles le prometió a Augías limpiar sus establos en un solo día, si a cambio él le daba la décima parte de su ganado o le entregaba parte de su reino según otras versiones.

Una vez cerrado el trato, ayudado por de Yolao derribó las paredes de los establos y después desvió las corrientes de los ríos Alfeo y Peneo, que con sus aguas arrastraron el estiércol. Sin embargo Augias se negó a pagarle, por lo que más tarde Heracles le declaró la guerra. Para colmo Euristieo no contabilizó el trabajo arguyendo que había realizado la hazaña para percibir un salario.

El toro de Creta

El toro de Creta

El séptimo trabajo que le impuso Euristeo consistía en atrapar vivo al Toro de Creta. La mitología lo identifica con dos toros con leyendas distintas. Uno era el toro que había surgido del mar y con el que Pasífae había concebido al Minotauro. Otras versiones, que no aceptan la metamorfosis de Zeus en toro, cuentan que éste fue el toro que llevó a Europa hasta las costas de Creta.

Recorría Creta exhalando fuego por las narices y destruyendo todo a su paso. Tras una ardua lucha, Heracles lo apresó y trasladó vivo a Micenas. Euristeo quiso dedicárselo a Hera, pero como la diosa no aceptó la ofrenda, el animal fue puesto en libertad y llegó al Ática, donde Teseo lo encontró en la llanura de Maratón.

Las yeguas de Diomedes

Las yeguas de Diomedes

Para realizar el octavo trabajo Heracles se desplazó hasta Tracia. Las yeguas de Diomedes que tenia que atrapar se llamaban: Podargo (veloz), Lampón (resplandeciente), Janto (alazana) y Deino (terrible).

Estos animales se alimentaban de carne humana. Heracles se las arregló para que devoraran a su propio dueño. Después de comer las yeguas se volvieron mansas y el héroe pudo uncirlas al carro de Diomedes y trasladarse de esta manera a Micenas.

El cinturón de Hipólita

El cinturón de Hipólita

Para regalárselo a su hija Admete, Euristeo pidió a Heracles que le trajese el cinturón de la reina de las amazonas. Era un cinturón de oro, que Ares le había regalado a su hija Hipólita y que simbolizaba el poder de esta reina sobre las amazonas.

La leyenda tiene multitud de variantes, la versión más extendida cuenta como el héroe arribó en el puerto de Temiscira acompañado de otros héroes entre los que se encontraban Yolao, Telamon, Peleo y Teseo. La reina prendada de Heracles accedió a entregarle el cinturón como prenda de amor. Pero Hera metamorfoseada en amazona inició una disputa entre ambos bandos. Heracles creyéndose traicionado, mató a Hipólita.

En su camino de regreso Heracles hizo un alto en Mariandino, donde participó en unos juegos fúnebres en honor a Priolao, un hermano del rey Lico. Durante un combate de pugilato mató a Ticia, campeón de la ciudad. Como compensación, libró una serie de batallas contra los enemigos de Lico. Pero apenas el héroe abandonó Mariandino, el rey Ámico les arrebató los terrenos que para ellos había ganado Heracles.

Por fin Heracles consiguió llegar a Micenas donde entregó el cinturón.

Los bueyes de Geríones

Los bueyes de Geríones

Geríones era hijo de Crisaor y Calírroe. Tenia tres cabezas, seis brazos y tres cuerpos unidos por la cintura, además se le consideraba el hombre más fuerte del mundo. Poseía en la isla de Eritia, una manada de bueyes rojos que eran pastoreados por un hijo de Ares llamado Euritión y por el perro bicéfalo Ortro, hijo de Tifón y Equidna.

Heracles en este trabajo debía robar los bueyes de Geríones. Para llegar a la isla de Eritia obligó a Helios, amenazándole con sus flechas, a que le prestara la copa con la que el dios se trasladaba cada noche de Occidente a Oriente. Una vez en tierra, abatió primero a Ortro y después a Euritión con sus flechas. Menetes, pastor que guardaba los rebaños de Hades, presenció la reyerta y avisó a Geríones de lo acontecido. Éste también cayó bajo las flechas del héroe. Heracles se embarcó de nuevo en la copa, esta vez con los bueyes.

Durante este viaje Heracles realizó numerosas hazañas. Construyó las famosas columnas de Hércules, situadas una en el Peñón de Gibraltar y otra en el de Ceuta. Luchó con Monstruos. Fue asaltado por bandidos. En Ligurgia, capitaneados por Ligis, fue atacado por tal numero de indígenas que se quedó sin flechas, Zeus para ayudarle hizo caer una lluvia de piedras. También en Ligurgia tuvo que enfrentarse con los bandidos Alebión y Dércino, que intentaron en vano robarle la manada. En Regio uno de los bueyes huyó y llegó al país de los élimos, donde el rey Érix intentó quedarse con el animal, murió a manos de Heracles mientras Hefesto le cuidaba el resto de la manada. Ya en la ribera helénica, Hera envio unos tábanos que atacaron a los bueyes, enfurecidos se dispersaron por los montes tracios. El héroe se dispuso a buscarles, mientras lo hacia se topó con el río Estrimon que estorbó su camino, por lo que llenó el cauce del río de piedras. A pesar de su empeño solo pudo recuperar parte de los animales.

Al llegar a Micenas, Euristeo sacrificó lo que quedaba de la manada en honor a Hera.

El can Cérbero

El can Cérbero

Esta fue la empresa más difícil que encomendaron a Heracles. Cérbero era un perro con tres cabezas y cola de serpiente que guardaba la entrada del Hades. El héroe debía llevar al can a Micenas.

Para prepararse para este trabajo Heracles tuvo que ser iniciado en los misterios de Eleusis, Museo ejerció de padrino. Antes de bajar al Hades Eumolpo le informó de que el dios de los infiernos le permitiría llevarse al perro si conseguía dominarlo sin ayuda de armas.

Acompañado por Atenea y Hermes penetró en el mundo de los muertos. Las almas huían a su paso, solo Meleagro y Medusa le hicieron frente. Hermes le convenció de que no atacase a Medusa, pues solo era un espectro. Con Meleagro estuvo charlando un rato y tan desdichada le pareció su historia, que para compensarlo le prometió casarse con la hermana de este, Deyanira.

Después se topó con Teseo, Pirítoo y Ascáfalo. Logró liberar a Teseo y a Ascáfalo pero se le prohibió liberar a Pirítoo. En su recorrido por el Hades observo la sed que padecían los condenados, que solo podía ser saciada con Sangre, para remediar su mal mató a varias vacas del rebaño del Hades. A Menetes, un pastor que intentó detenerlo, le rompió las costillas.

Por fin llegó a presencia del soberano del Hades, que le concedió permiso para llevarse al animal. Como había prometido, Heracles atrapó al animal con la única ayuda de sus manos y lo llevó a Micenas. Euristeo al verlo corrió aterrorizado a refugiarse en su jarra. No sabiendo que hacer con él Heracles devolvió al perro a su legitimo dueño, que lo restituyó en su puesto.

Las manzanas de oro del jardín de las Hespérides

Las manzanas de oro del jardín de las Hespérides

En su último trabajo se le encomendó robar las manzanas de oro que nacían de un árbol regalado por Gea, a Hera, con motivo de sus esponsales con Zeus. Estas manzanas áureas proporcionaban la inmortalidad. La diosa había plantado el árbol en un jardín divino que se hallaba en la ladera del monte Atlas. Las Hespérides se encargaban de cuidar el árbol. Para proteger el árbol y vigilar los posibles hurtos de las Hespérides, Hera situó al Dragón Ladón junto al árbol.

La primera dificultad con la que se topó el héroe fue averiguar dónde se encontraba el famoso jardín. Para ello primero se dirigió hacia Macedonia, donde luchó y venció a Cicno. En Iliria consultó a unas Ninfas que le indicaron que solo Nereo podría desvelarle la situación del jardín. Le llevaron ante Nereo y aunque el dios para desasirse del abrazo de Heracles se metamorfoseó de mil maneras diferentes, el héroe no consintió en soltarle mientras no le mostrase el camino que debía seguir. Camino del jardín luchó con Busiris. En Asia mató a Ematión. Y a su paso por el Cáucaso liberó a Prometeo, con el consentimiento de Zeus, matando con una flecha al Águila que todas las mañanas le roía el Hígado. En agradecimiento Prometeo le aconsejó que no arrancase las manzanas con sus propias manos.

Una vez en el jardín de las Hespérides, siguiendo el consejo de Prometeo, le pidió a Atlante que cogiese las manzanas, mientras él sujetaba la bóveda terrestre en lugar del titán. Cuando Atlante tuvo las manzanas, comunicó al héroe, que él mismo llevaría las manzanas a Micenas. Heracles utilizando la astucia, se mostró de acuerdo, pero le pidió al titán que sujetase durante un momento la bóveda mientras el se colocaba una almohada para estar más cómodo. Una vez que el cándido titán tomó de nuevo el peso sobre sus hombros, Heracles cogió las manzanas y echó a correr.

Una vez en Micenas, Euristeo devolvio las manzanas a Hera, que las puso de nuevo en el jardín.

Aventuras en el reino de Ónfale

Libre ya del vasallaje hacia Euristeo, nuestro héroe se dirigió a Eucalia donde el rey Éurito había prometido la mano de su hija a quien le venciese a él y a sus hijos en una prueba de arco. Heracles ganó, pero el rey temiendo que se repitiese su acceso de locura, le negó el premio. Ofendido, el héroe prometió vengarse. Al partir, se llevó consigo algunas yeguas del soberano. Ífito, uno de los hijos de Éurito, salió en su busca para recuperar los animales y Heracles lo mató. Entonces el héroe buscó purificación de este asesinato en la corte del rey Neleo, pero este se la denegó. Acudió después a Amiclas donde fue purificado del asesinato por el rey Deífobo

Una vez purificado, se dirigió al oráculo de Delfos en busca de ayuda para curase de sus accesos de ira. Se le dijo que debía venderse como esclavo durante tres años y entregar el dinero de la venta a la familia de Ífito.

Fue vendido por Hermes a la reina de Lidia, Ónfale. Ónfale era una reina o princesa de Lidia. Como tal, fue obligado a hacer el trabajo de las mujeres y a llevar ropas femeninas, mientras ella vestía la piel del León de Nemea y portaba su clava de madera de Olivo. Pasado algún tiempo, Ónfale liberó a Heracles y se casó con él. Con esta reina Heracles tuvo a Lamo, a Agelao y a Laomedonte.

Fue en esa época cuando los Cercopes, traviesos espíritus de los bosques, robaron las armas de Heracles. Los Cercopes eran traviesas criaturas de los bosques que vivían en las Termópilas o en Eubea, pero vagaban por el mundo y podían aparecer en cualquier lugar donde ocurriesen travesuras. Heracles les castigó colgándolos cabeza abajo de un palo que se echó al hombro. Así vieron los Cercopes el trasero de Heracles, y se echaron a reír con tantas ganas que éste, divertido, terminó liberándolos.

También luchó contra Sileo, que obligaba a los extranjeros a trabajar en sus tierras; arrasó la ciudad de los lidios, cuando éstos comenzaron a saquear el territorio de Ónfale; venció al rey Litierses de Celenes en una competición, en la que el rey decapitaba a los perdedores; junto al rió Safaris, mató a una gigantesca serpiente que atacaba a los sirvientes y a las cosechas de Ónfale.

Transcurrido el tiempo pactado, la reina lo liberó muy satisfecha de él colmándole de regalos a su partida.

Troya

En una ocasión Apolo, Poseidón y Hera se rebelaron contra el poder de Zeus intentando derrocarlo. Debido a este hecho, Apolo y Poseidón fueron castigados por Zeus a trabajar para el rey Laomedonte de Troya.

Por encargo del rey, los dos dioses junto con Éaco, construyeron las magnificas murallas que protegían Troya. Una vez finalizado el trabajo, el monarca se negó a pagarles el salario que anteriormente habían convenido, incluso amenazó con cortarles la nariz y los expulsó de sus dominios. Cuando Apolo y Poseidón, una vez terminado el castigo, recobraron sus prerrogativas de dioses, se dispusieron a vengarse. Apolo envio una peste a la ciudad y Poseidón un monstruo marino que atacaba a sus gentes.

Mientras retornaba a Micenas para entregar el cinturón de Hipólita, en el noveno trabajo, Heracles pasó por Troya. En ese momento Hesíone, hija de Laomedonte, iba a ser entregada a la voracidad del monstruo marino, para aplacar la ira de los dos dioses. El héroe prometió al desconsolado padre salvar a la muchacha, a cambio de los caballos que un día Zeus le entregó a Laomedonte, como compensación por el rapto de Ganímedes. Una vez muerto el engendro, el rey intentó engañarlo entregándole otros caballos. Heracles se marchó prometiendo vengarse.

Una vez terminados los doce trabajos y la servidumbre hacia Ónfale, reunió un ejército para asaltar Troya. Llevaba a Telamón, rey de Salamida, como lugarteniente. Tomó la ciudad y mató a Laomedonte junto a sus hijos con excepción de Hesíone y de Podarces, el pequeño. Hesíone fue entregada en matrimonio a Telamón y Podarces fue salvado de la esclavitud por su hermana, que lo pidió como regalo de bodas. Desde ese momento el pequeño cambió su nombre de Podarces, a Príamo, nombre con el que luego se ha hecho famoso. Heracles al marcharse, dejó el trono de la ciudad en manos de Príamo.

La Gigantomaquia

Durante la lucha de los olímpicos contra los gigantes, el oráculo manifestó que los primeros ganarían la contienda siempre que un mortal fuera su aliado. Así pues, el elegido fue Heracles. Atenea se encargó de llevarlo hasta Flegas, escenario de la batalla. El héroe junto con Apolo hirió a Efialtes en un ojo. Después atravesó con una fecha al cabecilla de los gigantes, Alcioneo, pero éste se levantó con fuerzas renovadas. Advertido por Atenea de que el gigante sacaba su energía de la tierra y que por lo tanto en su tierra no podría vencerle, lo llevó en hombros hasta Beocia donde lo mató. Remató a Porfirión, a quien Zeus ya había alcanzado con su rayo.

La expedición contra Pilos

Heracles estaba resentido con el rey de Pilos, Neleo, porque se había negado a purificarle de la muerte de Ífito.

Neleo tenía doce hijos, el mayor se llamaba Periclímeno y el pequeño Néstor. Periclímeno había pedido a su padre la expulsión del héroe, mientras que Néstor apoyó su petición de purificación.

Heracles atacó la ciudad y mató a Neleo y a todos sus hijos con excepción de Néstor. Lo más relevante de este episodio, es la lucha que el héroe mantuvo con Periclímeno, que como descendiente de Poseidón tenía la facultad de metamorfosearse. Para desaparecer de la vista de Heracles se transformó en una abeja, pero Atenea le avisó de la transmigración y éste le mató.

Amoríos, matrimonios y muerte

Heracles mantuvo incontables aventuras amorosas con mujeres, de las que tuvo muchísimos hijos, a los que se alude colectivamente como heráclidas (siendo la más notable de ellas Macaria). Un suceso destacado es su estancia en el palacio del rey Tespio, a quien agradó su físico, por lo que animó a Heracles a hacer el amor a sus cincuenta hijas durante el tiempo que duró la cacería del león de Citerón. Todas ellas quedaron encintas y alumbraron varones. Sus hijos y los descendientes de éstos, conocidos como los heráclidas, conquistaron dos generaciones más tarde el sur de Grecia, Turquía e Italia. Muchos de los reyes de la Grecia Antigua remontaban su linaje a uno u otro de estos hijos, notablemente los reyes de Esparta y Macedonia.

En el transcurso de su vida Heracles se casó tres veces.

  1. Megara, cuyos hijos mató en un ataque de locura provocado por Hera y a quien más tarde dio en matrimonio a su compañero Yolao, porque su mera visión le era demasiado dolorosa.
  2. Ónfale, la reina o princesa lidia a quien fue vendido como esclavo.
  3. Deyanira, madre de Macaria y de Illo por quien tuvo que luchar con el dios río Aqueloo. (Tras matarle, Heracles tomó uno de sus cuernos y lo dio a algunas ninfas, quienes lo transformaron en la cornucopia.) Poco después de su boda, Heracles y Deyanira tuvieron que cruzar un río, y un centauro llamado Neso se ofreció a ayudar a cruzar a Deyanira, pero entonces intentó violarla. Enfurecido, Heracles disparó una flecha envenenada (de la hidra de Lerna) al centauro desde la otra orilla. Agonizando, Neso le dijo a Deyanira que recogiese su sangre si quería asegurarse el amor de Heracles. Más tarde, cuando Deyanira sospechó que Heracles prefería la compañía de Yole, untó unas ropas con la sangre de Neso. Licas, el sirviente de Heracles, le llevó dichas ropas, y éste se las puso. En cuanto se templaron sobre su cuerpo, el veneno que contenía la sangre penetró en su cuerpo, provocándole un dolor insoportable. Heracles tomó a Licas por los pies y lo arrojó al mar, intentando luego quitárselas, pero se había pegado a su carne. Deyanira, al ver lo que había hecho, se ahorcó. Heracles murió voluntariamente, pidiendo que se le construyera una pira para acabar con su agonía. Mientras las carnes mortales se consumían se escuchó un trueno, una nube envolvió la pira y el cuerpo desapareció. Tras su muerte en esta pira los dioses le hicieron inmortal, o alternativamente el fuego quemó la parte mortal del semidiós, quedando sólo la parte divina, se reconcilió con Hera y se casó con Hebe, una hija de ésta.

Nadie sino el amigo de Heracles Filoctetes (en algunas versiones Yolao o Poeas) podía prender su pila funeraria, y por esta acción recibió su arco y sus flechas, que más tarde necesitaron los griegos para derrotar a Troya en la Guerra de Troya.

Fuentes