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Hidatidosis

Hidatidosis
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Hidatidosis.jpg
Clasificación:microparásitos Transmisible
Región de origen:Organismo humano
Forma de propagación:La Enfermedad se se adquiere por alimentos contaminados a partir de las heces del perro

Hidatidosis o Equinococosis. Es una zoonosis parasitaria, causada por la forma quística que adquiere el hombre, así como también otros huéspedes intermediarios, por la ingestión de huevos del Echinococcus granulosus, los mismos se adquieren por alimentos contaminados a partir de las heces del perro, produciendo una parasitación hepática, pulmonar o en otros órganos.

¿Cuándo sospechar la hidatidosis?

No existen síntomas específicos, siendo los primeros años de desarrollo del quiste incluso totalmente asintomáticos. Sin embargo, cuando alcanzan ya un cierto tamaño y aparecen las complicaciones evolutivas descritas, es cuando dan síntomas. Estos pueden ser por la aparición de una sensación de masa que el paciente descubre un día, al observarse o palparse, y que puede acompañarse de molestias vagas e imprecisas. Esta situación suele darse en los quistes hepáticos superficiales que crecen hacia el abdomen haciéndose manifiestos. En pulmón suele aparecer tos, fatiga y dolor torácico. También pueden aparecer síntomas por compresión de órganos vecinos. La clínica más frecuente es la determinada por las complicaciones evolutivas del quiste. Pueden dar lugar a fiebre alta con importante afectación general, incluso shock séptico, cuando el quiste se infecta por figuración. Estos episodios de fisuración también dan lugar a molestias o dolor local, o a crisis de urticaria por la sensibilización alérgica desarrollada a lo largo de los años frente a las proteínas del parásito. El quiste puede romperse bien de forma espontánea o traumática, dando lugar a graves crisis de dolor y fenómenos de anafilaxia con urticaria e incluso shock. Al romperse el quiste, pueden liberarse tanto vesículas hijas como líquido hidatídico, produciendo siembra peritoneal (diseminación por el peritoneo) o pleural (diseminación por la pleura) con hidatidosis secundaria, de difícil solución en muchos casos. Si el quiste se abre a la vía biliar, aparece ictericia y colangitis (inflamación de la vía biliar) con dolor y fiebre. En casos de apertura al bronquio, puede aparecer vómica, dolor fiebre y hemoptisis.

Patogenia

Debido al lento desarrollo de la hidátide, el parásito es bien tolerado sin que se presente sintomatología en muchos casos. Las manifestaciones clínicas dependen de la localización, volumen y número de quistes, así como de las complicaciones que surjan. Se han publicado casos de hidatidosis en los que han transcurrido extensos períodos de latencia que llegan a los 53 años entre la infección y las primeras manifestaciones de la enfermedad.

Hidatidosis hepática

Se caracteriza por una evolución lenta, en general bien tolerada durante años que podrá ser descubierta en el transcurso de un examen clínico o radiológico de rutina. Las manifestaciones que se producen suelen ser consecuencia de una complicación; infección, rotura o compresión de órganos vecinos. Debe ser considerado como una enfermedad hepato-biliar con dos formas principales descritas.

Hidatidosis pulmonar

Los quistes pulmonares hialinos, es decir con hidátide sana, son generalmente asintomáticos, descubriéndolos al realizar un examen radiológico que demuestra imágenes redondeadas, [[homogéneas y bien delimitadas.

Diagnóstico

El diagnóstico de la hidatidosis se basa en datos clínicos, epidemiológicos, radiológicos, gammagráficos y de laboratorio. La ecografía ha significado un importante avance para el diagnóstico de las hidatidosis hepáticas y de otras localizaciones abdominales, siendo utilizada en las campañas de control de la hidatidosis. El empleo de la tomografía axial computadorizada (TAC) significó un avance importante en el diagnóstico radiológico de la hidatidosis y continúa siendo la técnica radiológica de referencia. Posteriormente, se desarrollaron nuevas pruebas inmunodiagnósticas para el diagnóstico de la hidatidosis humana como la hemaglutinación indirecta (HAI), la aglutinación del látex (AL), la inmunoelectroforesis (IEF) basada en la identificación del arco “5” de Caprón et al, la contrainmunoelectroforesis (CIEF) o electrosinéresis, la prueba de doble difusión en gel para la fracción 5 (DD5) y la inmunofluorescencia indirecta (IFI). Las características técnicas, la sensibilidad y especificidad de cada una de ellas están recogidas en manuales internacionales y revisiones sobre el tema.

Control de la hidatidosis

Para disminuir la prevalencia de la hidatidosis se debe intentar cortar el ciclo biológico de E. granulosus en algunas de sus etapas. Para ello se puede actuar sobre los perros desparasitándolos periódicamente bajo control veterinario, eliminando los perros vagabundos y disminuyendo a nivel rural el número de los mismos a los estrictamente necesarios para las tareas de pastoreo. Otra medida importante es el control veterinario de los mataderos, estableciendo las normas para la correcta eliminación de las vísceras parasitadas, así como medidas tendentes a evitar que se realicen matanzas no controladas, o que las vísceras infectadas provenientes de las mismas sean dadas como alimento a los perros. Para todo ello es importante el desarrollo de campañas de educación sanitaria y el establecimiento de programas de vigilancia epidemiológica.

¿Cómo se trata la hidatidosis?

Se trata de una enfermedad de tratamiento quirúrgico. El tratamiento médico tiene interés sólo como preparación preoperatoria y como complemento postoperatorio, especialmente si ha habido una diseminación en el peritoneo. Se utiliza el albendazol, en tres tandas de cuatro semanas de tratamiento, con un descanso entre ciclos de dos semanas. No debe administrarse en embarazo y lactancia y debe asociarse a anovulatorios en mujeres en edad fértil por ser teratógeno. Es necesario hacer un control analítico para controlar las transaminasas, que suelen elevarse durante el tratamiento. Como decíamos, el tratamiento de elección es la intervención quirúrgica. Únicamente los quistes pequeños, calcificados y con pruebas biológicas negativas pueden dejarse sin operar, así como aquellos pacientes en los que exista una contraindicación quirúrgica formal por procesos generales, en los que se debe recurrir al tratamiento médico con control evolutivo. La finalidad de la intervención es la eliminación completa del parásito y de las lesiones que ha producido, todo ello de la manera menos agresiva posible para evitar una alta tasa de complicaciones en una enfermedad que es benigna. La vía de abordaje debe ser amplia para permitir una correcta exploración del quiste y su órgano hospedador, así como de toda la cavidad torácica o abdominal. Antes de proceder al tratamiento del quiste, es necesario aislarlo y protegerlo mediante compresas empapadas en una sustancia escolicida, evitando así derrames y vertidos incontrolados que puedan producir siembras secundarias. Por lo que respecta a las técnicas a realizar, lo ideal es extirpar el quiste completo con su adventicia. Esto se conoce como quistorresección, que puede ser cerrada (quiste entero sin vaciar) o abierta (quiste vaciado previamente por punción). Así como esta técnica se realiza fácilmente en el pulmón (técnica de Pérez Fontana), no siempre se puede llevar a cabo en el hígado, especialmente en quistes centrales o profundos por su relación con estructuras vasculares importantes, que podrían desencadenar hemorragias cataclísmicas. En estas situaciones, tras puncionar, vaciar y esterilizar la cavidad con un escolicida, no queda otro remedio que realizar una periquistectomía parcial, es decir quitar parte de la adventicia que rodea al quiste, dejando su porción más profunda y peligrosa. Incluso en ocasiones ni siquiera puede quitarse algo de adventicia, teniendo que plicar la cavidad residual (hacer un pliegue) sobre un tubo de drenaje (tunelización). En estos casos de tunelización o resección parcial de la adventicia, es necesario buscar, localizar y suturar las fístulas biliares si es que existen, para evitar fugas en el postoperatorio. En ocasiones, por razones de vecindad, es obligado extirpar también la vesícula biliar.

¿Puede reproducirse un quiste hidatídico?

Sí, y ello puede ser debido a varios factores entre los que destacan los siguientes: En las técnicas sin resección de la adventicia o si ha sido parcial, puede ocurrir que si ha habido vesiculación exógena, es decir, con formación de vesículas hacia fuera y no hacia dentro del quiste como es habitual, alguna de ellas quede sin extirpar y sea causa de recidiva. Lo mismo ocurre en casos de quistes multivesiculares en los que una pequeña vesícula pueda quedar alojada en un recoveco de una adventicia anfractuosa, creciendo posteriormente y recidivando el quiste. Estas posibilidades constituyen el argumento principal de los que defienden las técnicas radicales, mucho más agresivas y peligrosas, aunque la tecnología actual gracias al bisturí ultrasónico, la ecografía durante la operación y el bisturí de argón, reduzca sus complicaciones de una forma notoria.

Fuentes

  • Hidatidosis o quiste hidátidico [1]
  • Varela-Domíngez JL, Rull-Segura S. Quiste hidatídico.Complicaciones. Gastrum 1979; abril: 45-47.