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Sedición de Lagunas de Varona

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Sedición de Lagunas de Varona
Información sobre la plantilla
Figuras.jpg
Fecha:26 de abril de 1875
Lugar:Antiguo ingenio Lagunas de Varona, jurisdicción de Las Tunas
Descripción:
Motín militar contra el gobierno del presidente Salvador Cisneros Betancourt
País(es) involucrado(s)
Bandera de Cuba Cuba
Ejecutores o responsables del hecho:
Importantes jefes militares y civiles de la Guerra de los Diez Años

Sedición Lagunas de Varona. Acto significativo de indisciplina de jefes, ocurrido durante la Guerra de los Diez Años en el ingenio demolido que llevaba el mismo nombre en la jurisdicción de Las Tunas.

Pronunciamiento militar

Se trató de un pronunciamiento directo en contra del presidente de la República en Armas, Salvador Cisneros Betancourt, protagonizado el 26 de abril de 1875 por un grupo de militares de alta graduación al frente de los cuales aparecía el Mayor General Vicente García González.

Entre los sediciosos se encontraban jefes, oficiales y tropas partidarias del depuesto presidente Carlos Manuel de Céspedes – cuyos principales miembros formaban parte de la sociedad secreta Hermanos del Silencio - además de tropas orientales renuentes a abandonar su territorio y trasladarse a Las Villas para apoyar al Mayor General Máximo Gómez en su campaña de Invasión.

Entre las figuras más importantes del movimiento político – militar de Lagunas de Varona se encontraban los mayores generales Vicente García, Francisco Javier de Céspedes, José Miguel Barreto, los coroneles Ricardo Céspedes, Ismael Céspedes, Jaime Santiesteban, Francisco Guevara, Antonio Bello, entre otros, así como los diputados de la Cámara de Representantes Jesús Rodríguez (por Holguín), Lucas Castillo, Joaquín Acosta y Miguel Bravo Sentíes (por Bayamo). Algunos de los elementos más radicales llegaron incluso a planificar el asesinato del presidente Salvador Cisneros Betancourt y existió un verdadero peligro de Guerra civil dentro del campo revolucionario. Estos intentos fueron neutralizados por Vicente García quién aparecía al frente del movimiento sedicioso.

También a Lagunas de Varona llegaron oficiales que no sabían lo que estaba sucediendo y fueron arrastrados por la vorágine que originaron los amotinados, y otros se presentaron en comisión de sus jefes con el objetivo de averiguar que pasaba en el derruido ingenio. Estos últimos, con el Teniente Coronel puertorriqueño Juan Rius Rivera al frente, protestaron airadamente frente a las tropas de los sediciosos con riesgo real de ser asesinados.

Desarrollo de los acontecimientos

Algunos historiadores consideran que el Doctor Miguel Bravo Sentíes fue el creador en la manigua de la organización Los Hermanos del Silencio, cuya finalidad era reponer a Céspedes en el poder, y tras la muerte del Padre de la Patria, pretendió vengar su muerte. Precisamente el Doctor Sentíes y el Mayor General Jose Miguel Barreto redactaron las bases de un manifiesto a los cubanos, que luego entregaron a Vicente García quien lo asumió como programa político de los sublevados.

La junta de oficiales fue presidida por el General de Brigada y diputado de la Cámara Jesús Rodríguez Aguilera, la vicepresidencia recayó en el coronel Antonio Bello y como secretario fue electo el doctor Miguel Bravo Sentíes, quien dio lectura a las propuestas que ya traía redactadas: Exigió la deposición del presidente Salvador Cisneros, el nombramiento por la Cámara de un gobierno provisional y la disolución de ésta hasta la celebración de nuevas elecciones; la revisión y enmienda de la Constitución de Guáimaro y la creación de un sistema parlamentario bicameral, es decir, establecer un Senado con ocho miembros en total.

Salvador Cisneros Betancourt en un acto de valor personal se presentó en el campamento de los amotinados, sin escolta, sólo acompañado por Bartolomé Masó, Ignacio Mora y su ayudante personal. Exigió una entrevista con el General Vicente García y que los sediciosos se sometieran a la legalidad. En lugar del alto jefe tunero asistieron a la entrevista Miguel Bravo Sentíes, José Miguel Barreto, el licenciado Lucas Castillo y el coronel Antonio Bello, quienes le comunicaron a Cisneros que lo desconocían como presidente. Ante la actitud intransigente del presidente que permaneció en el lugar aún a riesgo de su vida, los amotinados levantaron el campamento y lo dejaron solo, cortando de esa forma cualquier conversación directa.

Ese mismo día la Cámara de Representantes se reunió en San Nicolás de Camagüey, bajo la presidencia del diputado Juan Bautista Spotorno, quien había recibido verbalmente la información de lo ocurrido en Lagunas de Varona. La Cámara acordó nombrar a los diputados Ramón Pérez Trujillo y Eduardo Machado para entrevistarse con los congregados, enterarse de sus pretensiones e informar al cuerpo legislativo.

La Cámara entró entonces en tratos con Vicente García y fue incapaz de resistir las presiones terminando por aceptar las demandas de los sediciosos. De haber decidido en forma contraria hubiesen podido ahogar la sedición pues contaban con la lealtad de las tropas de Antonio Maceo en Oriente, Henry Reeve en Camagüey y Máximo Gómez en Las Villas para oponerlas a los aproximadamente mil hombres concentrados en Lagunas de Varona, pero esto hubiese significado posiblemente la Guerra civil y el fin de la revolución del 68.

Por ese motivo presionaron a Cisneros para que acabara de presentar la renuncia que había ofrecido. Máximo Gómez que había cruzado la Trocha desde Las Villas para mediar entre las partes en conflicto - lo que lo apartó del mando hasta el 16 de julio, y significó un duro revés para el impulso de La Invasión - criticó fuertemente a la Cámara por ceder ante lo que consideraba un motín militar. Ante la presión de Gómez y otros jefes leales – y atrapada entre los dos bandos militares, el de Vicente García y el de los jefes leales al gobierno – la Cámara intentó endurecer su posición y comunicó a Vicente García que a partir de ese momento se comunicara con el Ejecutivo, pero ya el mal estaba hecho.

Desenlace

La llegada de Máximo Gómez, que llevaba sobre sí todo su prestigio militar y el de sus tropas vencedoras de Las Guásimas, significó un viraje en los acontecimientos. La Cámara aprovechó la presencia del general dominicano para intentar rescatar algo del principio de autoridad perdido y envió a este al campamento de Vicente García.

La entrevista entre los dos mayores generales fue bastante agria. Gómez reprochó a García su indisciplina y expuso los únicos tres aspectos en los cuales ahora el gobierno transigía: Renuncia de Cisneros, presidencia interina de Juan Bautista Spotorno y elecciones generales. Incomprensiblemente Vicente García desechó todo el programa de reformas sostenido ante el momento y planteó que se conformaba con la renuncia de Cisneros – dejando en evidencia que ese siempre había sido el objetivo tras la sedición y no las reformas políticas. Con la caída de Cisneros se daban por satisfechos los Cespedistas quienes lo consideraban responsable directo no sólo de la destitución de Carlos Manuel de Céspedes, sino de su muerte en San Lorenzo.

Gómez también comunicó a Vicente García, la necesidad de que presentara su renuncia para salvar el principio de autoridad, que había quedado deshecho con la sedición. Conocedor el jefe tunero que Salvador Cisneros había presentado ya su renuncia y que no recibiría la suya, decidió entonces presentarla.

Con la renuncia de Cisneros y la de Vicente García, así como el ascenso a la presidencia de la República en Armas de forma interina del presidente de la Cámara, Juan Bautista Spotorno finalizaba la Sedición y los soldados comenzaron a desconcentrase y dirigirse a sus respectivas zonas de operaciones.

La Sedición de Lagunas de Varona sentó un mal precedente y favoreció el surgimiento de nuevas indisciplinas dentro del Ejercito Libertador. Luego de la facilidad con que cedieron presidente y Cámara de Representantes quedó en evidencia la debilidad del elemento civil de la revolución, sobre el que descansaba según la Constitución de Guáimaro la conducción de ésta; además aumentó los recelos existentes entre los distintos jefes militares, ya que fueron premiados aquellos que se habían plegado a la indisciplina, mientras resultaron perjudicados los que se habían opuesto a la misma.

Como resultado de la sedición se produjo el inmediato cese de Salvador Cisneros como presidente de la República y la elección de una nueva Cámara de Representantes, la cual designaría un presidente efectivo. La presidencia interina de la República fue ocupada por el presidente de la Cámara de Representantes, el Coronel Juan Bautista Spotorno Georovich.

Fuentes