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Marrakech

Ciudad de Marrakech
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Ciudad de Marruecos
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Bandera de Marrakech
Bandera

Escudo de Marrakech
Escudo

Otros nombres: Perla del sur o Ciudad roja
Mapa de La Ciudad de Marrakech
Mapa de La Ciudad de Marrakech
EntidadCiudad
 • PaísBandera de Marruecos Marruecos
 • Fundación1062
Población (1.070.838 (2004)) 
 • Total1,545,541 hab.
Ciudad de marrakech.JPG
Ciudad de Marrakech

Marrakech. Es una de las ciudades más importantes de Marruecos, cuenta 1.545.541 habitantes y está al sur del país, al pie del Atlas, a 466 msnm de altura. Posee numerosos monumentos Patrimonio de la Humanidad, lo que la convierte en el principal atractivo turístico del país. Es junto a Meknes, Fez y Rabat, una de las cuatro ciudades imperiales de Marruecos. Fue fundada en 1062 por los almorávides y fue la capital del Imperio islámico. La ciudad posee el mercado tradicional más grande del país y una de las plazas más concurridas de África y del mundo, en la plaza se citan acróbatas, cuenta-cuentos, vendedores de agua, bailarines y músicos. Por la noche, la plaza se llena de puestos de comida, convirtiéndose en un gran restaurante al aire libre.

Historia

Comienza con su fundación en 1062 por Ibn Tasfin, que instaló en ella la sede de la dinastía de los almorávides "habitantes de las rábidas" escuelas propagadoras de la fe, desde que los almorávides conquistaron todo Marruecos a Ibn Tasfin se le considera el padre del mismo.

El califa almorávide Abd al Mu-min mandó construir dos mezquitas, una de ellas es la famosísima Mezquita Koutoubia inspirada en el arte del Al-Aldalus que recuerda a La Giralda. Derrotados los almorávides, se instaló la dinastía de los almohades, "unificadores" del Islam, berberes que negaban la intercesión de los morabitos o santones ante Dios. La época almohade fue un período de gran esplendor para Marrakech. Numerosas construcciones la recuerdan, como la majestuosa entrada de La Qasba, fortaleza en la que existe también una mezquita.

En 1230 Al-Maymun, de la dinastía de los benimerines, ayudado por Fernando II conquistó Marrakech. Poco después su hermano Abu Yusuf eliminó a los almohades y los benimerines gobernaron Marrakech durante dos siglos. En la etapa benimerín, la ciudad estuvo un poco olvidada y no hay vestigios que resaltar de su paso. A la dinastía benimerín o marinie, como también se la denomina, la siguió la dinastía de los Wattasi y de ésta, y por último, el poder pasó a la dinastía de los Jerifes.Los Jerifes son descendientes de Mahoma por línea de su hija Fátima casada con Ali. De Ali procede el nombre de Alauíes, dinastía a la que pertenece el actual rey de Marruecos y de ahí la denominación de "reino alauita", anteriormente también llamado "imperio jerifiano". Los Jerifes tomaron el poder en el siglo XVI. De esta época destacan la mezquita de Bab Dukkala, de Muassin y de Sidi al-Yazuli, La Madrasa de Ibn Yusuf de 1570 y el mausoleo del Saadie al-Mansur y su familia.

Marrakech pasa por todos los avatares históricos del propio Marruecos donde portugueses, españoles y franceses pusieron sus pies, unas veces para eliminar a los corsarios, otras por represarías por permitir la piratería y, en general, por el control de sus riquezas naturales y su privilegiada situación de puerta de África. Historia convulsa hasta la independencia de Marruecos en 1956, con escasas épocas de paz propiciadas por las ambiciones de los países europeos que se neutralizaban entre sí.

En 1911 la capital de Marruecos pasó a ser Rabat, y Marrakech pasó a un segundo plano. Hoy es una ciudad que vive principalmente del turismo, de los productos agrícolas que se exportan a Europa y de las conservas vegetales. Es centro comercial de su región y centro del trasporte del mineral extraído en el Atlas.

Los almorávides y la fundación de Marrakech

Los almorávides eran un pueblo berber, constituido por la agrupación de 70 tribus que habitaban La Mauritania desde tiempos inmemoriales y cuyas creencias religiosas se basaron inicialmente en la magia y la brujería. Hacia el año 1035, uno de los jefes almorávides convocó a Abdallah Ibn Yassine para introducir el Islam en las tribus. Unos años después, Abdallah Ibn Yassine fundó un monasterio-fortaleza a orillas del río San Luis, en Senegal, desde donde predicó el Islam más estricto y formó, con los berberes ya convertidos, un ejército de monjes guerreros consagrados a la Jihad, la guerra santa para convertir a los no creyentes.

Con esa meta, aunque también atraídos por el oro de Guinea, avanzaron hacia el sur del Magreb, sometiendo a las tribus berberes ir hacia el Valle del Draa, Ibn Yassine murió en combate y fue sucedido por Abu Baker. Abu Baker y Youssef Ben Tachfine, su primo, llegaron en 1070 a la planicie de Haouz, al pie de la colina rocosa de Gueliz. Por entonces este era el punto de encuentro de las caravanas que cruzaban el Atlas. Decidieron establecer su campamento allí, que luego sería su capital Marrakech.

Las diferentes fuentes históricas no logran ponerse de acuerdo en cuanto al significado de la palabra Marrakech, pero al parecer proviene de la expresión masmouda "marrakouch", algo así como "vete rápido", en alusión al peligro que significaba aquel lugar de emboscada. Abou Baker fue llamado al sur para contener una revuelta y confió el destino de la nueva ciudad, así como su esposa repudiada Zaynab, a su primo Youssef, de 60 años, con la promesa de volver y recuperar el poder y la esposa si regresaba de la campaña militar. Las leyendas atribuyen a Youssef Ben Tachfine la fundación de Marrakech, y cuentan que al llegar a la planicie de Haouz sus soldados descansaban mientras comían dátiles, cuyos carozos cayeron al suelo y dieron origen más tarde al inmenso palmeral de Marrakech.

En realidad, fue Youssef quien se encargó verdaderamente del trabajo de edificación de la ciudad, la perforación de los pozos de agua, el desarrollo semanal de un gran mercado rural, un sistema administrativo y la organización de un ejército al que incorporó negros y cristianos. Cuando Abu Baker regresó dos años después, reclamando lo que consideraba suyo, Youssef envió unos presentes a su confiado primo dándole a entender que no había ya lugar para él en la floreciente ciudad. Abu Baker se retiró a Niger donde murió en 1087.

Marrakech fue rodeada con una muralla defensiva fortificada y Youssef partió a la conquista del norte de Marruecos y el sur de España, amenazada por la reconquista cristiana de Alfonso VI y el Cid Campeador, que fueron derrotados en la batalla de Zellaca. Youssef trajo consigo el arte y la arquitectura de la civilización andaluza para embellecer Marrakech.

A su muerte en 1106, Marrakech era la capital de un inmenso reino rico y pacificado. Lo sucedió su hijo Ali Ben Youssef de solo 23 años, quien se rodeó de los más grandes sabios de la época. Durante su reino se desarrolló el sistema persa de irrigación mediante canales subterráneos conocido como kettara, que permitió dotar de agua las fuentes de la ciudad y hacer crecer el palmeral al noreste. El renombre intelectual de Marrakech creció hasta alcanzar Paris y Roma.

Ali falleció en 1143 dejando dos hijos: Tachfine Ben Ali, que reinó solo dos años, y el niño rey Ichaq Ben Ali, quien fue ejecutado por órdenes de Abd El Moumen tras varios días de vacilación, luego de la terrible toma de la ciudad en 1147 en manos de los almohades. Ese fue el fin de la dinastía almorávide. La furia almohade y luego alauíta arrasó prácticamente con todo vestigio arquitectural de los fundadores de Marrakech; se salvó misteriosamente una fuente de ablución, la qubba almorávide, y se conservó, por supuesto, el sistema de irrigación de kettaras.

El período almohade

La dinastía almohade fue fundada por Mohamed Ibn Toumert, quien se decía descendiente de Alí, el yerno de Mahoma. Mohamed dejó su pueblo en el Anti-Atlas en 1106 y viajó a La Meca tal como lo recomienda el Corán, para regresar a Marruecos predicando violentamente contra los almorávides.

Refugiándose en Tinmel, cerca de Tizi n-Test, construyó su casa, una mezquita y logró reunir poco a poco un ejército de 40 mil fieles. En 1129 intentó apoderarse de Marrakech pero sin éxito. A su muerte en 1130 dejó al mando del ejército a Abd El Moumen, un hábil militar que se apoderaría progresivamente de todas las ciudades del norte: Fez cayó en 1146 y Marrakech se rindió un año después, luego de haber sido sitiada horriblemente durante 9 meses. Los almohades se vengaron con tres días de pillaje, violaciones y masacres. Todos los sobrevivientes de la familia real fueron ejecutados.

Abd el Moumen continuó la obra almorávide: conquista de España y Andalucía, desarrollo de la cultura hispano-morisca e islamización de los berberes. A él se debe la construcción de la célebre mezquita Koutoubia, con el más bello minarete del Magreb, así como La Torre del Oro y La Giralda de Sevilla y la inacabada Torre Hassan de Rabat. Al morir en 1163, lo sucedió su hijo de 26 años, Abou Yacoub Youssef, quien inspirándose en su ciudad preferida Sevilla, embelleció Marrakech con los Jardines del Agdal y el estanque de la Menara. Su hijo Abou Youssef Yacoub, conocido como Yacoub el Mansour, lo sucedió en 1184 y encaró un proyecto para agrandar la ciudad, que para entonces había quedado muy pequeña. Se demolieron las antiguas murallas y se agregaron 10 hectáreas al interior del nuevo recinto; una puerta monumental, Bab Agnou, y la mezquita de la Kasbah es todo lo que resta de aquella ampliación. Yacoub era el primogénito de Abou Yacoub Youssef con una esclava negra y su llegada al trono provocó disputas familiares que fueron reprimidas con autoridad. El nuevo rey impuso orden y disciplina al imperio, ampliado con las victorias sobre los españoles y portugueses, como la de Alarcos en 1195.

Hijo de madre cristiana, An Nacir sucedió a su padre en 1199. Prefiriendo Fez, Nacir abandonó Marrakech. Bajo su reinado, los almohades sufrieron su primera derrota en España en 1212, conocida como la batalla de las Navas de Tolosa. Nacir murió en 1213 (algunas fuentes dicen que de pena, otras que fue envenenado...) y sus hijos aún pequeños no eran capaces de gobernar. El imperio se caía poco a poco, en parte por el avance de La Reconquista española, pero también por el resurgimiento de grupos rebeldes en el seno del imperio mismo.

Se sucedieron una serie de cortos reinados, entre ellos el de Al Mamoun, quien mandó construir la primera iglesia de Marrakech en 1219 (Santa María de Marrakech). Los primeros cinco monjes franciscanos que llegaron a Marrakech fueron martirizados y ejecutados por su insistencia en difundir el cristianismo. La fuerte impresión que causó en el pueblo motivó al sultán a construir la iglesia y los monjes se convirtieron en los primeros mártires de la orden franciscana. Los constantes malestares internos significaron el fin de los almohades cuando el sultán merinida Abou Youssef Yacoub penetró en Marrakech en 1269 y profanó las tumbas almohades. La dinastía desapareció completamente en 1276.

Dinastías merinida y saadí

La dinastía merinida

Los merinidas eran un clan de las tribus berberes de Banou Merin, que en un principio estaban al servicio de los almohades y luego aprovecharon la decadencia de aquellos para tomar el poder. Luego de algunos combates contra los almohades, consiguieron tomar Meknes en 1245 y Fez en 1248, para finalmente apoderarse de Marrakech en 1269. Los merinidas prefirieron establecer su capital en Fez; Marrakech vio entonces partir sus artesanos e intelectuales hacia Fez y cayó en el letargo y la decadencia, mientras que Fez conoció su tiempo de mayor esplendor con la creación de escuelas coránicas y medersas. No obstante, las luchas intestinas persistían y el desmembramiento del imperio musulmán era ya inevitable. El último sultán merinida fue asesinado en 1465 y el reino musulmán de Granada cayó en 1492.

Los saadíes y el resurgimiento

La dinastía saadita reinó desde la caída merinida hasta 1654, aunque habían vivido en la región próxima a Marrakech durante casi dos siglos sin hacerse notar. En los comienzos la lucha interna por el poder fue terrible y se caracterizó por la persecución y muerte de familias completas de saadíes, sea entre familias diferentes o dentro de una misma familia.

Entre ellos, Moulay Abdallah desde su llegada al trono en 1557 comenzó por eliminar a todos sus rivales familiares potenciales; sus hermanos Abd El Malik y Ahmed El Mansour se refugiaron en Argelia. Desde 1558, Moulay Abdallah reunió en un barrio de 18 hectáreas a todos los judíos de Marrakech - el Mellah. A su reinado corresponden la mezquita y la fuente Mouassine y la reconstrucción de la medersa Ben Youssef. A Moulay Abdallah lo sucedió Abd el Malik. En 1578, luego de la batalla de los Tres Reyes, en la cual Portugal intentaba derrotar a los saadíes y en la que murieron los tres soberanos (Sebastián de Portugal y los saadíes Abd el Malik y El Moutaouakil, su sobrino aspirante al trono), llega al poder el único sobreviviente de la familia real: Ahmed El Mansour.

Durante su reinado de 25 años, El Mansour extendió el imperio desde el Atlántico a Egipto, sometiendo a Sudán. Sus victorias aportaron a la ciudad muchas riquezas, entre ellas gran cantidad de oro, por lo cual Mansour fue conocido como "El Dorado". La ciudad se vio embellecida y recuperó su antiguo esplendor; hizo construir el Palacio el Badi, una nueva kasbah y los impactantes mausoleos que guardan las tumbas saadíes. Su pasión por las ciencias y la literatura hicieron de la ciudad una gran capital cultural. Pese a su gusto exagerado por el lujo, Ahmed gobernó hasta su muerte en 1603 y es recordado como un gran rey, respetado, admirado y temido.

Al morir sin designar sucesor, el imperio se dividía por enfrentamientos entre sus hijos y resurgieron antiguas disputas. El país se hundió en la anarquía y el hambre. El último soberano saadí, demasiado abierto a la influencia occidental, fue asesinado en 1659 por sus propios tíos, deseosos de instaurar un islamismo fundamentalista. Lo sucedió Karim El Hajj, que fue ejecutado en 1669 por Moulay Rachid, el primer sultán de la dinastía alauita.

Dinastía alauita

Moulay Rachid intentó reconstruir un poder central y a su muerte fue sucedido por Moulay Ismail, quien gobernó durante 55 años hasta; 1727 Megalómano y cruel, Moulay Ismail es, sin embargo, recordado como el más grande estadista del Islam de su época. Ismail trasladó la capital a Meknes, por entonces una pequeña ciudad. Organizó un ejército de 150 mil soldados formado con esclavos que tenían la obligación de reproducirse con las mujeres de un gigantesco harén; los niños eran educados como soldados perfectos. En sus aires de grandeza dotó a Meknes de monumentos inspirados en Versalles. Setecientos oponentes fueron decapitados durante su reinado, saqueó Volubilis para recuperar materiales, así como el espléndido Palacio el Badi, para vengarse de la dinastía saadí. Se dice que su harén estaba compuesto por 400 mujeres y que llegó a tener más de mil hijos...

Moulay Ismail fue sucedido por Moulay Abdallah, a quien se debe la elección de los Siete santos venerados en Marrakech. Fue sucedido por su hijo Si Ahmed Ben Abdallah, un gran rey que llevó al reino paz y prosperidad. Abdallah regaló a uno de sus hijos, Aderrahmane Mamoun, un jardín en el cual se construiría mucho después el fastuoso hotel La Mamounia. Moulay Slimane reinó de 1792 a 1822, enfrentando antagonismos tribales que no logra calmar.

Moulay Aderrahmane reinó entre 1822 y 1859. Habiendo prestado su apoyo al emir de Argelia contra la invasión de los franceses, sus tropas fueron derrotadas y fue obligado a firmar con Francia la Convención de Tánger, ciudad que se convierte en residencia real de Sidi Mohamed Ben Abderrahmane (1859-1873). Moulay Hassan ( Hassan I), a cargo del país de 1873 a 1894 consigue sobrevivir a las presiones extranjeras, aunque duda en si recurrir o no a la ayuda occidental para modernizar el país y el ejército. El país comenzó a endeudarse.

En 1894 lo sucede su hijo Moulay Abdelaziz, de 16 años. Demasiado joven para gobernar, entregado a los deportes y las fiestas y con el país desmoronándose por las deudas, firmó en 1906 el tratado de Algeciras, que repartía el reino entre España y Francia. Pese a su descontento, Moulay Hafid, hermano de Abdelaziz, se ve obligado a aceptar la ayuda francesa y firmar la Convención de Fez, en 1912. Marruecos estaba entonces bajo el protectorado francés y en esa condición llegaron los franceses a Marrakech en septiembre del mismo año. En Marrakech, el mariscal Liautey instaló sus oficinas en el opulento Palacio de la Bahía.

El protectorado duró hasta el regreso del exiliado rey Mohammed V en 1956, quien estableció la capital en Rabat. Durante ese tiempo se produjo la llegada masiva de franceses a Marrakech, fascinados por la cultura oriental, y muchos de ellos se instalaron definitivamente. Se recuperaron antiguas residencias en la medina de Marrakech, los riads, y se creó una nueva ciudad o barrio europeo fuera de la muralla, Gueliz. Aún luego de la independencia, las relaciones entre Francia y Marruecos fueron estrechas y eso favoreció poco a poco la afluencia de turistas, con la consecuente instalación de hoteles e infraestructura necesaria para fomentar la industria del turismo, que es hoy en Marrakech la principal actividad económica.

Clima

Marrakech tiene un clima muy húmedo y templado en invierno y las temperaturas durante el día se incrementan rápidamente. Posteriormente, la temperatura desciende muy rápidamente en la noche, para llegar a -10 grados. El clima en verano es considerado caliente y seco, también llamado en bruto, y no es raro que el mercurio supere los 48 grados centígrados. La erupción es el tiempo durante todo el mes de octubre y noviembre, debido a un fuerte viento y la humedad.

Lugares de interés

Como otras ciudades imperiales marroquíes, Marrakech está dividida fundamentalmente en dos partes: el centro con la gran Medina o ciudad vieja, rodeada de espectaculares bastiones de tierra roja, y, fuera de las murallas, la ville nouvelle o ciudad nueva, construida por los franceses en los años del dominio colonial y en continua expansión.

La ciudad vieja y la nueva son entidades administrativas separadas, gobernadas en parte por reglas distintas: en La Medina el alcohol está prohibido y los edificios no pueden superar los tres pisos de altura. En cambio, sirve para toda Marrakech la regla según la cual el exterior de los edificios tiene que ser rojo-ocre, el color natural de la tierra local, usada tradicionalmente como material de construcción. De ahí su sobrenombre de "ciudad roja". La Medina de Marrakech está llena de antiguos palacios y mezquitas, que como es costumbre en Marruecos, no están abiertos a los no musulmanes. Su lugar más emblemático es la gran plaza de Jamaa el Fna. Al oeste de los bastiones de la Medina se extiende la ville nouvelle, con los barrios de Guéliz e Hivernage; la arteria principal es la Avenue Mohammed V, una amplia avenida arbolada que desemboca junto a una de las puertas de la ciudad vieja. En dirección este, finalmente, se encuentra el barrio residencial de la Palmeraie, una zona semidesértica llena de palmeras que en los últimos años se ha llenado de edificios.

Zonas y barrios

Medina: Es la ciudad vieja, protegida por un cordón de bastiones hechos de tierra roja que encierran un laberinto de callejuelas y palacios, mercados y mezquitas, cúpulas y miranetes. La Medina de Marrakech ha sido declarada como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en el año 1985, siendo actualmente uno de los lugares de visita obligada. Su corazón es la gran plaza Jamaa el Fna, al norte de la cual se abre el laberinto de los Suks (mercados tradicionales, a menudo descubiertos). Siguiendo hacia el norte se encuentran la mezquita y madraza de Ben Youssef y el Museo de Marrakech. Al sur de la plaza, en cambio, a lo largo de los siglos se han instalado los gobernantes de la ciudad.

Hoy la zona está dominada por el Palacio Real, erigido sobre las ruinas de los precedentes palacios almohades, que ocupa una vastísima área rodeada de murallas (la llamada kasbah, que significa ciudadela fortificada) y no está abierto al público. Pero se puede visitar el palacio de la Bahía y de Dar Si Said, construidos en el siglo XIX por dos visires de los sultanes y las imponentes ruinas del gran palacio Badi.

Guéliz: Es el núcleo principal de la ciudad nueva, construido por los franceses en los años treinta. El barrio es menos característico que La Medina, pero también animado. Aquí es donde se concentran los grandes hoteles internacionales y los restaurantes, las tiendas y los no muy numerosos locales nocturnos de la ciudad.

Hivernage: Al sur de Guéliz y un poco al oeste de la Medina se encuentra este pequeño barrio residencial que alberga villas particulares y hoteles internacionales de cinco estrellas, así como el nuevo Teatro de la Ópera y el Palacio de Congresos.

Palmeraie: Este vasto oasis de tierra pelada y palmeras se extiende al noreste de la Medina (más de 100.000 plantas se han regado durante siglos gracias a la ingeniosa red de tuberías subterráneas de barro seco que data del siglo XII). Es la última frontera de los millonarios de Marrakech, marroquíes y extranjeros, que se han construido residencias de lujo, con jardines exuberantes y a menudo circundados de altos muros para proteger la privacidad de los residentes y sus huéspedes. Algunas son hoteles de lujo, como el Hotel Jnane Tamsna, una distinguida infraestructura en estilo ecléctico que hospeda a las estrellas de Hollywood que pasan por la ciudad, o Les Deux Tour, proyectado por el arquitecto más famoso de la ciudad, Charles Boccarà. Es una especie de Beverly Hills a la marroquí, donde se rige la norma del total respeto por las palmeras de modo que ninguna construcción puede dañar o interferir en el crecimiento de las palmeras.

Mellah: Es el antiguo barrio judío de la ciudad, que da a la muralla exterior del palacio Badi, en la zona sur de La Medina. En él hay una sinagoga y un gran cementerio, además de un mercado cubierto. Algunas de las casas del barrio tienen balcones que dan a la calle, una peculiaridad de los judíos de Marrakech. Su nombre, Meliah, un apelativo común a todos los barrios judíos de las ciudades marroquíes, significa "lugar de la sal", lo cual se remonta a la época del monopolio que los mercaderes judíos tenían del comercio de la sal que se extraía de las montañas del Atlas y que se utilizaba para conservar los alimentos. La comunidad judía de Marrakech tiene un origen muy antiguo.

A principios del siglo XX contaba con unos 40.000 miembros, pero después de la Segunda Guerra Mundial, durante la cual el rey Mohammed V rechazó aplicar las leyes antisemitas promulgadas por el gobierno francés colaboracionista de Vichy, la mayoría emigró a Francia, Estados Unidos o Israel o se trasladó a Casablanca. Actualmente quedan sólo algunos centenares de personas.

Plazas, calles y suks

Plaza Jamaa el Fna: Esta gran plaza de forma irregular (hoy pavimentada, pero hasta hace poco de tierra batida roja) es el corazón de La Medina, desde donde salen en todas direcciones una densa red de callejuelas. Tranquila y somnolienta por la mañana, al pasar las horas se va llenando de vendedores ambulantes de todo tipo y mujeres que pintan las manos y pies con henna; también hacen su aparición los vendedores de agua, los vendedores de quincalla o de dentaduras y pociones afrodisíacas. Pero el momento culminante es al anochecer, cuando se convierte en un enorme escenario al aire libre, donde una multitud de espectadores de todas las edades pasea y rodea a los malabaristas, músicos, faquires, encantadores de serpientes y juglares. Y en el centro de la plaza se instalan decenas de tenderetes-restaurante que sirven pinchos y otros platos tradicionales cocinados en el acto. Es un espectáculo de sonidos, olores y colores del que se puede disfrutar sentado en uno de los muchos cafés que hay en la plaza, pero lo mejor es mezclarse con la gente e ir de corro en corro, dejándose llevar por las sensaciones del momento.

Avenue Mouassine: Es la calle más refinada de La Medina. Detrás de las paredes desnudas de ladrillos o arcilla roja se esconden un número creciente de tiendas de moda y galerías, como Dar Cherifa y el Ministerio del Gusto, así como refinados riads. Avenue Mohammed V: Esta amplia avenida arbolada es la arteria más importante de Guéliz, el barrio principal de la ciudad nueva, en la que se encuentran los edificios modernos de oficinas, bancos, tiendas, restaurantes y cafés con terrazas. Su punto más destacado, alrededor del cruce con la calle de la Liberté, es el Mercado Central, allí donde la gente del lugar compra comida, flores y productos de menaje para la casa. El tramo más céntrico de la avenida entra a la Medina a través del Bab Nkob y termina a los pies del minarete de la Koutoubia.

Los suks: El barrio de los suks (mercados o zocos) se halla junto a la parte norte de la plaza Djemaa el Fna. Las dos calles principales son Rue Semarine y Rue Mouassine; la primera es una sucesión ininterrumpida de pequeños bazares, mientras que la segunda es más tranquila y cuenta con un número creciente de lugares de calidad. Cada sección del suk lleva el nombre del principal tipo de mercancías que ofrece (vestidos, especias, pieles, babuchas, alfombras, lana, madera, vajillas, etc.) o de los talleres de los artesanos (tintoreros, carpinteros, herreros, etc.). El suk de las alfombras ocupa el área del viejo mercado de los esclavos, el criée berbère. Al nordeste de los suks está el barrio de los curtidores, que se extiende a lo largo de la calle Bab Debbagh, llamada así debido a que desemboca en la puerta que lleva ese mismo nombre.

Mezquitas, palacios y monumentos

Mezquita y Madrasa Ben Youssef: La mezquita domina la plaza homónima, en medio de los suks que se extienden al norte de Jamaa el Fna. El edificio actual data del siglo XIX, pero en el mismo lugar se construyeron anteriormente, desde el siglo XII, otras dos versiones. Frente a la mezquita, en el interior de un recinto y más baja que el nivel de la calle, se encuentra la cúpula Ba’adiyn, la única estructura que quedó en la ciudad de tiempos de los almorávides, los fundadores de Marrakech. El interior está decorado con vivos motivos florales. En las cercanias está también la madrasa (escuela coránica) Ben Youssef, fundada en el siglo XIV y más tarde ampliada en diversas ocasiones. En funcionamiento hasta los años sesenta, más tarde fue restaurada y abierta al público. Se accede a un imponente patio sobriamente decorado con trabajos de estuco, madera de cedro con incrustaciones y azulejos, con un gran estanque en medio. Alrededor del patio, en dos niveles, se encuentran las habitaciones de los estudiantes y una sala de oraciones con una cúpula.

Mezquita Kutubia: Rodeada por magníficos rosales, se encuentra en el interior de la Medina, cerca de la Bad Jedid. Se construyó en el siglo XII, junto a un edificio construido hacía poco, que luego se derrumbó en el siglo XVIII, y tomó el nombre del suk el Koutubiyyin (suk de los libreros) que antiguamente había en la zona. La mezquita es famosa sobre todo por su minarete de base cuadrada, que hizo construir Yacoub el Mansour a fines del siglo XII, que representó el modelo de referencia para la Giralda de Sevilla, y para la Torre Hasan en Rabat. La torre es el edificio más alto de Marrakech y con sus 77 metros de altura domina La Medina, pudiéndose ver a distancia cuando se llega a la ciudad. Hoy la silueta destaca desnuda de ladrillos, culminada con globos de bronce, pero antiguamente toda la superficie del minarete estaba cubierta de decoraciones de cerámica y estuco (los únicos fragmentos que se han conservado son los frisos de azulejos debajo del almenaje). En el interior, que no se puede visitar, hay una rampa ascendente, lo suficientemente amplia como para poder subir a caballo, que lleva a la cima, desde donde los muecines llaman a los fieles a la oración ritual cinco veces al día. Al oeste de la plaza se encuentran las ruinas de una gran mezquita, que hicieron construir los conquistadores almohades.

Palacio Dar el Bacha (o Dar el Glaoui): Dar el Bacha significa "palacio del patró", y era la residencia de uno de los personajes más célebres de la historia de Marrakech, el cruel Thami el Glaoui, que en la primera mitad del siglo XIX fue señor de la ciudad y de todo el Atlas meridional durante varias décadas. Aquí Thami el Glaoui tenía su corte y recibía a los huéspedes ilustres que le visitaban, entre los cuales estuvieron políticos occidentales como el inglés Churchill o el americano Roosevelt. El aspecto actual del palacio seguramente no está a la altura de su fama, alimentada por una serie infinita de anécdotas curiosas y subidas de tono, pero quedan bonitos patios interiores ricamente decorados en yeso, madera tallada y azulejos policrómicos.

Palacio Badi: Se edificó con gran lujo en la segunda mitad del siglo XVI durante el reinado del sultán Ahmed el Mansour. Las paredes y los techos estaban recubiertos de oro proveniente de Tombuctú, mítica ciudad de más allá del desierto conquistada por el sultán. Había paredes de mármol y piedras importadas de la India y grandes patios embellecidos con estanques y fuentes caudalosas. Además, el ambiente olía a flores y esencias exóticas. No obstante, sólo cien años más tarde ya estaba en ruinas, pues el nuevo señor de Marruecos, Moulay Ismail, despojó completamente el palacio y se llevó sus tesoros a su nueva capital, Meknés. Hoy, la grandeza del pasado se debe imaginar caminando entre imponentes ruinas. El patio principal es un inmenso espacio vacío delimitado por imponentes bastiones perforados, sobre los cuales han hecho sus nidos las cigüeñas. El gran estanque central está seco, pero diseminados por el entorno hay restos de mosaicos y columnas esculpidas. El lugar revive durante los grandes eventos, como los conciertos y espectáculos del Festival del Arte Popular y las proyecciones en una gran pantalla durante el Festival de Cine.

Palacio de la Bahía: En el lado norte de Mellah, el antiguo barrio judío, se encuentra este gran palacio, que tiene una extensión de 8 hectáreas de superficie y cuenta con más de 150 habitaciones. Fue mandada construir a fines del siglo XIX por un visir de la corte real. Los interiores están ricamente decorados en estilo tradicional, con mosaicos y detalles de madera de cedro tallada. Los patios son especialmente bonitos, con pequeños pero frondosos jardines, piscinas y fuentes. Una parte del edificio estaba reservada a las habitaciones de las 24 concubinas del visir, que también tenía cuatro esposas. Cuando murió, el sultán vació el palacio y se llevó los muebles y las alfombras a la residencia real.

Tumbas Saadíes: Las tumbas sagradas de los sultanes se encuentran junto al muro meridional de la mezquita Kasbah, junto al Palacio Real, en la zona de La Medina. Durante siglos han representado un secreto bien guardado, que los occidentales desconocían totalmente. En los años veinte algunos oficiales franceses se dieron cuenta de que había algunos tejados verdes que sobresalían de los barrios más pobres. Indagaron entre la gente del lugar, obteniendo siempre evasivas, pero uno de ellos perseveró en su investigación hasta descubrir una callejuela escondida que llevaba a una minúscula puerta en arco. Una vez pasado su umbral, entró en un jardín y vio las tumbas que hasta entonces se habían mantenido escondidas a los infieles. Hoy las tumbas saadíes son uno de los lugares más visitado de la ciudad, pero para acceder a ellas se tiene que hacer todavía el mismo recorrido tortuoso. Muchas tumbas están decoradas con mosaicos variopintos. Las más monumentales son las de los pabellones construidos durante el reinado de Ahmed el Mansour, en la segunda mitad del siglo XVI. A poca distancia de las tumbas está Bab Agnau, la puerta que marca el acceso a la Kasbah (área fortificada en el interior de La Medina, en la cual se encuentra el Palacio Real). Es una de las puertas más bonitas de la ciudad, realizada en el siglo XII en piedra y no en ladrillos de tierra como el resto. Al otro lado de la calle se encuentra la puerta Er Rob, invadida por coloridas tiendas de lozas.

Museos

Marrakech no es una ciudad de grandes museos y espacios de exposición tradicionales, pero cuenta con interesantes colecciones, públicas y privadas, de arte y artesanía marroquí antigua y contemporánea. En el centro de atención, dada la historia y la situación geográfica de la ciudad a las puertas del Atlas, está sobre todo la cultura berebere. Todo ello expuesto en un marco que a menudo es por sí mismo el protagonista: antiguos palacios de encanto oriental, con refinado mobiliario y decoración. También es posible encontrar lugares donde se concentra la vida cultural y mundana de Marrakech de hoy: sofisticadas galerías de arte que a menudo funcionan como espacios multifuncionales, acogen exposiciones temporales de pintura, fotografía, tiendas, librerías y cafés.

Dar Cherifa: Galería-café literario convertida en uno de los puntos centrales de la escena artística de la ciudad. Se encuentra en uno de los riads más antiguos de Marrakech, pues data de fines del siglo XVI. En ambientes devueltos a su antiguo esplendor y decorados con un gusto impecable, se pueden ver exposiciones de arte contemporáneo o fotografía, asistir a conciertos de música tradicional (gnawa, sufí, etc.) o a presentaciones de libros, o simplemente charlar frente a un vaso humeante de té a la menta, la bebida nacional de Marruecos. La idea es de Abdellatif Aït Ben Abdallah, el propietario de Marrakech Riads, una sociedad encargada de la venta y restauración de los riads y que ha restaurado, con gran rigor filológico, el palacio que alberga el centro cultural y otros cinco edificios dispersos por La Medina, transformándolos en maison d'hôtes.

Ministerio del Gusto: Ideado y realizado por los diseñadores italianos Alessandra Lippini y Fabrizio Bizzarri, este excéntrico gran espacio multifuncional se utiliza también como espacio para muestras temporales, cambiando de muestra cada tres meses aproximadamente, dedicadas tanto a artistas marroquíes como internacionales.

Musée Dar si Said: Situado en un suntuoso palacio del siglo XIX, expone una rica colección de objetos de arte y artesanía tradicional del sur de Marrruecos, entre los cuales hay piezas de cobre, alfombras, ropas y joyas bereberes, piezas talladas de madera de cedro, puertas, persianas policromas y fragmentos de techos, además de un "minbar" , una especie de púlpito transportable, que había sido utilizado en la mezquita Kutubia. El museo fue construido en el siglo XII por artesanos de Córdoba y sus lados están adornados por unos mil paneles decorados.

Museé de Marrakech: Inaugurado a fines de los años noventa en un palacio del siglo XIX meticulosamente restaurado, el museo se creó con el fin de tener una colección permanente de arte marroquí contemporáneo y organizar exposiciones y otros eventos culturales. Acoge también una preciosa colección de libros y caligrafía islámica y una recopilación de litografías y acuarelas de temas marroquíes.

Mussé du Jardin Majorelle: La villa Majorelle, que hizo construir en los años veinte el pintor Jacques Majorelle y que compró en los años sesenta el famoso estilista francés Yves Saint Laurent, alberga una colección permanente de arte islámico, que hoy se puede visitar junto con el espléndido jardín. Hay joyas tradicionales, bordados, manuscritos miniados, antiguas piezas de madera tallada y una serie de litografías de Majollere dedicadas al Atlas.

Musée Tizkiwin: Este pequeño museo privado, que se halla en el palacio del antropólogo-coleccionista holandés Bert Flint, cuenta con una magnífica colección de cerámicas, alfombras, tejidos y ropas bereberes. Cada región del país está representada con sus productos artesanales más característicos.

Jardines extramuros

A pesar de su árido clima, Marrakech ha sido siempre un jardín, gracias a las ingeniosas técnicas de canalización y riego llevadas a la práctica desde el siglo XI, cuando los almorávides llegaron a la región. El agua se trajo a la ciudad desde el valle de Ourika (a 60 km.) mediante canales de riego de barro seco. Hoy la ciudad cuenta con varios jardines.

Jardín Majorelle: Lo realizó en los años treinta el pintor francés Jacques Majorelle alrededor de su taller. En los años sesenta la propiedad pasó al famoso estilista francés Yves Saint Laurent, que se hizo construir una nueva villa y abrió en el antiguo taller de Majoralle una exposición permanente de arte islámico e hizo recuperar el jardín inspirándose en un estilo sensual y lujurioso. Sus superficies de un intenso azul cobalto, el llamado blu majorelle, cierran un universo tropical superabundante de formas y colores, entre naranjos, plataneros, palmeras enanas, cactus y otras raras plantas, hibiscus, y rosales. Además, hay diversos riachuelos y estanques llenos de nenúfares, donde viven carpas y tortugas. Un lugar que puede encantar, como una extravagante creación de alta costura con la firma de Saint Laurent. Ciertamente, está a años luz del estilo minimal con influencias orientales que tiene cada vez más adeptos entre los decoradores y arquitectos que trabajan hoy en la ciudad.

La Menara: Son los jardines más célebres de la ciudad. Se encuentran fuera del centro urbano, cerca del aeropuerto, y están dominados por un gran espejo de agua central, de forma rectangular, habitado por grandes carpas, desde donde sale el sistema de irrigación. En su entorno crecen olivos y árboles frutales. Los jardines fueron proyectados en el siglo XII, en tiempos de la dinastía almohade, pero luego cayeron en la ruina, hasta que en el siglo XIX los monarcas alauitas pusieron en marcha un proyecto de recuperación. En 1869, el sultán Mohammed V hizo construir lo que hoy caracteriza el lugar: el pabellón con el tejado de tejas verdes que se encuentra junto al estanque, reflejándose en sus aguas.

Economía y deporte

La economía de Marrakech se basa esencialmente en el turismo, el comercio y la artesanía. La infraestructura hotelera ha registrado estos últimos años un crecimiento rápido. El desarrollo futuro de Marrakech se articula también en torno a la autopista - Marrakech settat de 146 km acabada en abril de 2007. En el lado meridional, se pondrá otro tramo de autopista Marrakech – Agadir de 233 km en servicio 2009. Una línea AVE que conectara Marrakech a Casablanca está en estudio para el 2015, y se prolongará a continuación hacia Agadir.

Deportes

Su evento más importante es el Gran Premio de Marruecos de WTCC y Fórmula 2 que se disputa en el Circuito de Marrakech, inaugurado el año 2009.

Fuentes