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Masacre del Perejil

Masacre del Perejil
Información sobre la plantilla
Fecha:28 de septiembre a 8 de octubre de 1937
Lugar:Varios sitios rurales y urbanos de la República Dominicana cercanos a la frontera con Haití
Consecuencias:
entre 12 000 y 35 000 hombres, mujeres y niños haitianos muertos
Líderes:
Rafael Leónidas Trujillo (1891-1961) 
Ejecutores o responsables del hecho:
Ejército dominicano


La Masacre del Perejil fue una matanza ocurrida entre el 28 de septiembre y el 8 de octubre de 1937 en República Dominicana, cuando el dictador Rafael Leónidas Trujillo (45) ordenó a sus tropas el asesinato masivo de la población de origen haitiano que residía en territorio dominicano, particularmente en las fincas agrícolas situadas a lo largo de la frontera dominicana con Haití.

Hechos

Los ataques de soldados y policías dominicanos contra los civiles de origen haitiano, mayormente peones agrícolas, causaron entre 12 000 y 35 000 muertes.[1]

Los historiadores apuntan que por aquella época la diferencia entre los rasgos físicos y culturales entre ambas naciones era apenas imperceptible. Ante esta dificultad, las tropas de Trujillo llevaban una rama de perejil, obligando así a todos los pobladores a pronunciar su nombre, seguros de que los haitianos no podían articular correctamente la palabra, a causa de la influencia del creol.
«El ataque vino como una sorpresa completa para estos haitianos ―cuenta Simone Rodríguez, de la Universidad Federal de Brasilia―, así como para muchos dominicanos, y golpeó a mujeres, hombres y niños indiscriminadamente. Trujillo ordenó a sus soldados usar machetes en vez de armas [de fuego], una brutalidad expresada por el nombre que se dio [a la masacre] en español, «El Corte». Aquellos que sobrevivieron vivieron con lesiones permanentes, cicatrices y deficiencias, así como el trauma psicológico de haber sobrevivido a un genocidio».
Lorena Sánchez (periodista cubana), 2017[2]

El nombre se atribuye a que, para identificar a los civiles haitianos entre la población dominicana negra y mulata de la zona, la policía de Trujillo exigía a sus potenciales víctimas pronunciar en español el nombre de la planta del perejil. En tanto la lengua créole hablada por los haitianos no consideraba la pronunciación suave de la letra «R» (en créole la palabra perejil se traduce como pési y en francés como persil), la policía dominicana tenía un método aparentemente fácil para discriminar a sus víctimas y seleccionar a los haitianos. Sin embargo, involuntariamente incluyeron a personas de nacionalidad dominicana pero criados por padres haitianos.

La masacre era parte del programa de Trujillo de "dominicanización" de la frontera, donde se concentraban muchos haitianos y dominicanos descendientes de haitianos, permitiendo un mayor mestizaje racial, cultural y religioso. "Cabe recordar que la masacre ocurre en un momento en que Europa vivía la ideología de la purificación racial por medio del fascismo en España y el ascenso de Hitler en Alemania", comenta Rodriguez, quien asegura además que para comprender mejor este acontecimiento, a sus 80 años, "habría que colocarlo en un cuadro más grande, el de los discursos ideológicos nacionalistas en la República Dominicana. El racismo presente en estos discursos era travestido de narrativa nacionalista y el mestizaje se identificaba con degeneración física y moral. Esta construcción era predominante en toda América Latina en ese período, alimentada por su equivalente europeo de limpieza étnica. [...]
El grupo de intelectuales que trabajaron al servicio de la dictadura negrofóbica y anti-haitianista de Trujillo reunió a muchos respetados escritores y académicos como

Max Henríquez Ureña, Tomás Hernández Franco, Ramón Marrero Aristy, Manuel de Jesús Troncoso de la Concha, Virgilio Díaz Ordoñez, Ramón Emilio Jiménez, Arturo Logroño, Jacinto Peynado y Emilio Rodríguez Demorizi.

Ninguno de ellos puede ser considerado tan importante para la consolidación de la ideología racista de Trujillo como Peña Batlle y Joaquín Balaguer. A partir de sus esfuerzos, la cuestión racial y el discurso nacionalista anti-haitiano pasa a manifestarse en diversos planos, como en las políticas gubernamentales, en la diplomacia y, principalmente, en el intensivo esfuerzo de varios intelectuales para reforzar y fundamentar una revisión de la historia y de la memoria del país sobre la base de interpretaciones racistas y xenófobas.
Simone Rodríguez, de la Universidad Federal de Brasilia[2]

El hecho es considerado como parte de la «limpieza étnica» de Trujillo y contó con la complicidad silente del Gobierno haitiano, que posteriormente aceptó una irrisoria cifra como indemnización, y no la hizo llegar a las familias afectadas.

En él encuentra [...] una metáfora cruda y directa de la actitud y posición de Trujillo con respecto a Haití. Cuenta la manera en que el futuro presidente dominicano (en ese momento aún no había ascendido al cargo) partió, de manera brusca y usando su espada de oro macizo, la torta de boda. De un tajo desbarató la belleza del cake de boda y lo partió en dos mitades. Tomó, además, el testimonio de un sobreviviente que decía que antes de 1937, aunque había dos lados, el pueblo era uno solo.[1]

Fuentes