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Mujer jirafa

Mujeres jirafas
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Concepto:Mujeres pertenecientes a la etnia padaung. Son conocidas con este nombre pues sus cuellos han sido alargados hasta conseguir 20 cms de longitud adornados por una serie de aros de latón o cobre.

Mujeres jirafas. Mujeres pertenecientes a la etnia padaung. Son conocidas con este nombre porque sus cuellos han sido alargados hasta conseguir 20 cms de longitud y son adornados por una serie de aros de latón o cobre.

Definición

Padaung(Mujeres jirafas), término (en birmano) que significa “cuello largo”. Las mujeres pertenecientes a esta etnia son conocidas con el nombre de "mujeres jirafas", pues sus cuellos han sido alargados hasta conseguir 20 cms de longitud mediante masajes y la incorporación de una serie de aros de latón o cobre alrededor de su cuello.

Su manera de andar es distinta a la de las demás mujeres, pues los anillos del cuello fuerzan el mentón hacia arriba y adelante y hace que las Padaung adquieran una postura característica con la barbilla adelantada y el tórax hundido.

Ubicación

Los padaung viven en el estado de Kayah, en Myanmar, junto a la frontera con Tailandia y pertenecen al grupo de los karen, pero poseen una peculiaridad que les distingue del resto de etnias de este grupo: los cuellos de sus mujeres son alargados con anillos hasta dos o tres veces su longitud normal.

Grupo étnico

Las padaung forman parte del grupo étnico Karenni, una de las minorías étnicas tibeto-birmanas, se compone aproximadamente de 7000 miembros. Durante la década de 1990 debido al conflicto con el régimen militar de Birmania muchos miembros de la tribu huyeron a Tailandia.

Según el folclore de sus tribus, arribaron a la zona central de Myanmar (Antigua Birmania) hace 2000 años, procedentes del desierto del Gobi. Más tarde los birmanos les obligaron a desplazarse hacia las montañas de Myanmar oriental y hoy, las últimas 12 aldeas de los kayan están situadas en el estado de Kayah, entre la capital Loikau, y el Lago Inle.

Tradición

Se cree que antiguamente, la finalidad de estos anillos era la protección contra los ataques de los carnívoros, que habitualmente mataban a sus presas mordiendo su garganta.

En aquellos tiempos la sociedad padaung era matrilineal y monógama, pero finalmente se convirtió en polígama dada la escasez de individuos, mermados por las guerras. Algunos antropólogos estiman que después de una serie de guerras sangrientas en las que fueron exterminados numerosos hombres, los supervivientes impusieron la poligamia para aumentar la autoridad del varón .

En este marco de predominio masculino, la idea de la fidelidad conyugal de la mujer desempeñaba un papel muy importante. Para que estos principios se cumplieran, los Padaung idearon un castigo ejemplar y cruel, la sanción consistia en retirar la espiral de anillos para que la mujer no pudiera mantener la cabeza.

Así pues, la infidelidad del cónyuge, era castigada con la retirada de la espiral de anillos de cobre u oro, con la consiguiente incapacidad de sujetar con normalidad la cabeza, ya que los músculos del cuello se habían atrofiado a lo largo de los años. Estas mujeres tendrían que resignarse a vivir recostadas o sujetar la cabeza con sus propias manos. Aunque hoy en día aumenta el número de mujeres que no se colocan estos anillos, perdura entre las que lo llevan desde la infancia dada la imposibilidad de retirarlo.

Muestra de riqueza

Los collares se consideraban joyas. Cuanto más largos, mayor el atractivo de la mujer, puesto que, aparte de resaltar la belleza de quien lo llevaba, era prueba de que provenía de una familia rica, en el pasado todas las mujeres lucían oro en sus cuellos.

Hoy en día, este peculiar collar consiste en una espiral de cobre, adornada con objetos brillantes, que es limpiada dos veces al día para evitar que el metal produzca heridas en el cuello, además de prevenir la formación de moho en el mismo.

Además del collarín llevan en torno a las piernas otros dos conjuntos de anillos de latón, separados en la parte superior de las pantorrillas por fragmentos de tela que evitaban los toques con la piel.

El atuendo se complementaba con 5 brazaletes más en ambas muñecas. En total cada mujer padaung lleva sobre su cuerpo de 20 a 30 kilos de latón, pues los anillos se fabrican con barras sólidas de 1 cm de diámetro.

Pero a pesar de todo ese peso estas mujeres realizan todo tipo de tareas: parten leña, acarrean agua y trabajan los cultivos con movimientos de penosa rigidez.
Niña padaung.

Colocación de anillos en niñas

Entre las que todavía adoptan esta costumbre, las niñas se preparan desde los cinco años estirándose el cuello unas a otras. La colocación de la primera anilla conlleva una ceremonia de iniciación. El pueblo se engalana y la fiesta se adueña de la aldea.

La niña en cuestión recibe un largo masaje, con un ungüento, cuya fórmula es secreta aún en la actualidad. Tras relajar el cuello, se ejercita éste durante una hora, haciendo girar la cabeza de la niña en todas la direcciones, para finalmente proceder a la colocación de la pieza, cuya anchura es de unos diez centímetros. Cada dos años se repite la ceremonia, añadiendo una anilla más alta. Cuando una mujer llega a la extensión máxima de su cuello, ya no podrá volver a mover el cuello.

Cambio y limpieza de los collares

El cambio de collar es delicado y necesita la intervención de una especialista que va volviendo a curvar la espiral de bronce con sus manos antes de colocarla alrededor del cuello de la mujer. Para encajar el último anillo se ayuda de la parte roma de un gran cuchillo. Una segunda espiral, más ancha, termina el adorno.

Hoy en día, sólo un puñado de ancianas kayan conoce la técnica para cambiarse los collares, lo que suele hacerse en celebraciones organizadas en noches de luna llena. Según viejos documentales sobre la región, en el procedimiento se emplea una aleación química que en teoría se guarda con mucho celo, se consigue ensanchando a la fuerza el aro hasta lograr sacarlo hacia arriba por la cabeza, la parte que va quedando al descubierto se cubre con una toalla.

Luego se coloca el collar sobre el fuego. Al ponerse al rojo vivo pierde la forma de muelle. A la mañana siguiente se limpiaran los aros y se frotan primero con una pasta y después con limones. Acto seguido, se coloca sobre la cabeza y se va doblado lentamente durante una hora hasta que adquiere su forma original. El último aro se coloca golpeándolo ligeramente con la parte sin filo de un largo cuchillo.

Por último, se ajusta el collar plano, que va sobre los hombros, seguido de otro que insertan por detrás del cuello como se mete una llave en un llavero, de modo que queda en ángulo recto en relación a los demás aros.

Las mujeres también limpian los collares y los brazaletes sentadas en el cauce de un río, se echan agua entre el cuello y los collares. Luego enjabonaban los aros y les sacaban brillo frotándolos con manojos de hierba.

Limitaciones

No pueden hacer cosas tan normales para cualquier persona, tales como verse sus propios pies, a no ser que se agachen un poco; tampoco pueden mirar a sus hijos cuando los amamantan ya que el collarín del cuello se lo impide y no solo eso, también para dormir el collarín les hace coger posturas que no son precisamente las más adecuadas para el descanso. Cuando se sientan en el suelo lo hacen con las piernas totalmente rígidas.

Aparte de las deformidades físicas que el collar les provoca en el tórax y las clavículas, estas mujeres necesitan lavarse el cuello no solo por razones de higiene elemental, sino porque el sudor oxida el metal y pueden acabar con heridas en la piel, hematomas, e incluso infecciones en la piel por no lavar el área, quebrarse el cuello o ahogarse hasta la muerte.

Dos veces al día las mujeres padaung deslizan un paño mojado dentro de las anillas, de esta manera evitan la oxidación y se lavan el cuello.

Actualidad

Hoy en día, quedan unas 120 mujeres kayan que llevan collares enteros, así como aros en las manos y en los pies. Muchas de las más jóvenes sólo llevan algunos collares, puesto que no se deciden a llevar una carga de más de diez kilos en adornos por el resto de la vida.

Curiosidad

Una mujer kayan llegó a ponerse 27 collares, una marca todavía inigualada, que pesaba unos nueve kilos y que estiraba su cuello unos diez centímetros. En un artículo de National Geographic, publicado en 1979, se mostraba la radiografía de una mujer kayan, en la que se apreciaba que los collares no aumentaban la separación entre las vértebras del cuello, sino que oprimía hacia abajo la clavícula y la cavidad de las costillas, creando así el efecto de un cuello muy estirado.

Fuentes