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Parque Histórico Militar Morro Cabaña

Parque Histórico Militar Morro Cabaña
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Ubicación Geográfica:Entrada del Puerto de La Habana, Cuba.

Parque Histórico Militar Morro Cabaña. Privilegiado sitio capitalino que lo conforman dos reductos de la magnitud del Castillo de los Tres Reyes del Morro la más emblemática de las fortalezas cubanas iniciada en 1630 a cargo del ingeniero militar italiano Juan Bautista Antonelli y la fortaleza de San Carlos de la Cabaña llamada así en honor al rey Carlos III, es la mayor de las instalaciones militares creadas por España en América en 1774, catalogada en aquel momento como la obra cumbre del sistema defensivo abaluartado.

El Castillo de los Tres Reyes del Morro

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Castillo de los Tres Reyes del Morro
El Castillo de los Tres Reyes del Morro es la más emblemática de las fortalezas cubanas. Comienza a construirse en 1589 y concluye en 1630, a cargo del ingeniero militar italiano Juan Bautista Antonelli, en el lado este del canal de acceso al puerto de Ciudad de la Habana, Cuba. Esta fortaleza semeja un polígono irregular, ya que los constructores tuvieron que adaptarse a las características topográficas del arrecife sobre el que fue erigido.

Transcendencia histórica

Desde el Siglo XVI se reconocieron las ventajas de la peña o morro existente a la entrada del puerto habanero para la vigilancia y resguardo de la población. Después de situar vigías en este lugar, en 1553 se artilló y por primera vez se habló de fortificar el sitio que ocupa actualmente el Fuerte de los Tres Reyes del Morro. En 1588 se acordó construir un fuerte en el morro, y otro pequeño del lado contrario de la bahía, el de San Salvador de la Punta. La edificación principal se inició en 1589, dirigida por Bautista Antonelli, y se terminó, junto con la de La Punta, en 1630, cerrando la defensa del canal del puerto. La planta se ajusta rigurosamente a la forma del terreno, una condición muy favorable para la defensa.

Con una dotación de 200 hombres y varias baterías de cañones, fue pieza clave en la defensa de La Habana contra los frecuentes ataques de corsarios y piratas. En 1762, durante la Toma de La Habana por los ingleses, el Castillo, comandado por el Capitán de Navío Luis V. de Velasco, resistió heroicamente durante varias semanas el asedio de tropas conjuntas del ejército y la marina británicos, comandadas respectivamente por el conde de Albemarle y por el Almirante Sir George Pocock.

Los invasores solo pudieron apoderarse de La Habana luego de hacer estallar una mina bajo los muros del Castillo. Pocos años después de la construcción, al Castillo se le anexó un faro, que anteriormente era de cal y canto y utilizaba leña como combustible. En 1845, el viejo faro fue sustituido por otro de sillería, de 45 metros de altura sobre el nivel del mar, el mismo que se aprecia actualmente y constituye una de las imágenes más conocidas de La Habana internacionalmente.

El Faro, junto al Castillo de los Tres Reyes del Morro, ha devenido símbolo imperecedero de La Habana. Luego de iniciarse la restauración en 1986, el Castillo pasó a integrar, junto con la Fortaleza de San Carlos de La Cabaña, el Parque Histórico Militar Morro-Cabaña.

Comenzó la restauración del Morro en 1763, cuando España recuperó La Habana, con trabajos a cargo de los ingenieros militares Silvestre Abarca y Agustín Crame, luego de los cuales sufrió transformaciones estructurales.

Con el advenimiento del siglo XX, el fuerte de los Tres Reyes del Morro, obsoleto como elemento defensivo de la ciudad, pasó a cumplir otras funciones: escuela militar, prisión, entre otras.

A partir de 1978 quedó abierto como centro de atracción turística y cultural. En 1986 comenzaron los trabajos de restauración, conjuntos entre la Oficina del Historiador de La Habana y el Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias. Actualmente es museo y centro de exposiciones y de recreación.

Como popularmente se le conoce en Cuba, el Morro constituye un gran museo histórico. Visitarlo es establecer un contacto directo con la historia, una historia rica en leyendas, es saltar en el tiempo y trasladarse a la época lejana y romántica de los corsarios y los piratas, admirar desde los vetustos y sólidos muros la ciudad, subir al faro y captar para el recuerdo las más bellas imágenes de La Habana, sentarse, en muda contemplación bajo el susurro de las olas a disfrutar las más hermosas puestas de sol en el Balcón de la Reina, caminar por las estrechas calles adoquinadas, admirando cada piedra, cada recodo, cada plazoleta recoleta y evocadora, mudos testimonios del pasado. Es dejar volar la imaginación y tejer cada cual una propia aventura al admirar la Exposición “Los Grandes Viajes”, que muestra las principales expediciones marítimas que España y Portugal realizaron en los siglo XV y siglo XVI, viajes que propiciaron un mayor conocimiento del mundo. Es, vivir el pasado desde el presente.

La Fortaleza de San Carlos de la Cabaña

Sin duda alguna, la Fortaleza de San Carlos de La Cabaña llamada así en honor al rey Carlos III, es la mayor de las instalaciones
Fortaleza de San Carlos de la Cabaña
militares creadas por España en América. En 1763, una vez devuelta La Habana por los ingleses a cambio de La Florida, comenzó a construirse en la alta ribera Este del Puerto de La Habana, bajo la dirección del brigadier Don Silvestre Abarca, y quedó concluida en 1774.

Transcendencia histórica

La Fortaleza de San Carlos de la Cabaña forma un polígono compuesto por baluartes, revellines, fosos, camino cubierto, cuarteles y almacenes. Diseño que constituye un exponente del cambio experimentado en los sistemas defensivos durante el Siglo XVIII, debido a los progresos de la artillería.

Se afirma que ya en el Siglo XVI, el ingeniero Bautista Antonelli, había advertido a las autoridades de la isla sobre el valor estratégico del cerro de la Cabaña. No obstante, la colina se mantuvo desamparada y fue la brecha que aprovecharon las tropas inglesas, en 1762, para tomar la villa.

Luego de ese evento, el rey Carlos III ordenó la inmediata fortificación de esa alta ribera, labor que se le encomendó al ingeniero militar Silvestre Abarca. La posición estratégica de la fortaleza, el enlace con el fuerte del Morro, y las 10 ha que ocupa con más de 700 metros de muralla, la convirtieron en la mayor de la isla y la primera de América. El complejo diseño aplica los conceptos más avanzados de la ingeniería militar del siglo XVIII, y hace de San Carlos de la Cabaña un exponente del cambio experimentado en los sistemas defensivos en la época.

La capacidad militar era grande y también lo era el armamento del cual disponía. En 1859 contaba con 120 cañones y obuses de bronce de diferentes calibres. Se estima que en 1863 el equipamiento militar podía ser de 245 piezas de artillería, además de otras armas ligeras de corto alcance.

Desde la construcción, La Cabaña albergó a las unidades élites del ejército español en Cuba. Durante las guerras de independencia, sirvió de prisión, y el foso fue sitio para fusilamientos. En el siglo XX, desaparecido el carácter defensivo, el fuerte cumplió funciones de almacén, alojamiento de tropas y prisión. Al triunfo de la revolución, fue tomada por el comandante Ernesto Guevara, quien radicó allí comandacia.

Los trabajos de restauración de la fortificación se iniciaron 1986, en labor coordinada entre el Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y la Oficina del Historiador de la Ciudad para crear el Parque Histórico Morro Cabaña.

En 1992, terminada la restauración, se abrieron el Museo de Armas, el Museo de la Comandancia del Che, y un Museo Monográfico, que describe la historia de la fortaleza. Además, desde entonces, los espacios han acogido eventos culturales tales como la Bienal de Artes Plásticas de La Habana y la Feria Internacional del Libro.

Desde la construcción, La Cabaña, como popularmente se le conoce, está estrechamente unida a una de las más arraigadas tradiciones de La Habana: el Cañonazo de las nueve. En épocas coloniales, a las 4 y 30 de la mañana y a las 8 de la noche, se disparaba, desde la nave capitana en el puerto, un cañonazo para avisar la apertura y cierre de las puertas de la muralla que rodeaba a La Habana y la colocación y retirada de la cadena que, situada entre los castillos de La Punta y el Morro, cerraba la entrada del puerto.

Luego de la construcción de La Cabaña, el disparo del cañonazo se efectuaba, indistintamente, desde el puerto o desde la Fortaleza. Después que las murallas fueron derribadas a fines del pasado siglo, la costumbre de disparar el cañonazo en este caso una hora después, a las nueve continuó como una tradición que se mantiene hasta nuestros días y sirve para que los habaneros rectifiquen la hora de los relojes. Presenciar la ceremonia del Cañonazo de las Nueve, efectuada por una dotación de soldados vestidos a la usanza del siglo XVIII, es en la actualidad una de las actividades más atractivas y gustadas que el recinto ofrece.

Calles adoquinadas inundadas de luz y sombra,plazoletas abiertas a la brisa, El Patio de Los Jagueyes, umbroso y evocador remanso de paz, Plaza de armas saturada de verdes y salpicada de florecidos jardines, vigilantes cañones, tronantes ayer y devenidos ahora silenciosos sobrevivientes de una época erizada de sobresaltos, imponente muralla, inexpugnable valladar antaño y hoy soleado balcón sobre la ciudad, estancias interiores convertidas en un museo cuyas salas muestran una completa colección de armas provenientes de varias partes del mundo, desde la prehistoria hasta el siglo XIX y con varias salas dedicadas a la historia, San Carlos de La Cabaña es un lugar ideal para el descanso activo y evocador.

Véase también

Fuentes