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Personalismo

Personalismo
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Concepto:Emmanuel Mounier, figura rectora del personalismo.
Personalismo. (del latín “persona”). Corriente idealista religiosa que se difundió en la filosofía burguesa norteamericana de fines del siglo XIX y principios del XX, y que se ha difundido también en la filosofía francesa contemporánea. Los rasgos distintivos del personalismo son: reconocimiento de la “persona” como realidad primaria y valor espiritual supremo, con la particularidad de que la “persona” se entiende como primer elemento espiritual del ser; estrecha conexión con el teísmo.

Origen

El personalismo como corriente de pensamiento tiene lugar dentro de un medio rodeado por diversas ideologías iguales de la situación política que el mundo atravesaba durante la primera mitad del siglo XX.

El cientificismo y el positivismo formaban parte de dicho contexto y fueron dos de las ideologías que más repercusiones tenían en el pensamiento y actuar humano en la época. La causa de la popularidad de este nuevo materialismo intelectual se halla en el éxito alcanzado por la ciencia experimental.

El método científico era considerado como el único método de conocimiento válido y las únicas dimensiones que realmente existían eran las físicas y materiales puesto que podían ser controladas mediante este método. De este modo, se rechazaron las dimensiones trascendentes de la persona.

El capitalismo por su parte proclamaba la libertad del individuo y su derecho a la propiedad privada, pero después no establecía mecanismos solidarios entre los sujetos, sino que cada uno debía resolver sus problemas con sus propias fuerzas y recursos.

En respuesta al capitalismo, el marxismo como ideología de gran popularidad en el viejo mundo ofrecía un enfrentamiento con el opresor a través de la lucha de clases para reapropiarse de los medios de producción que habían usurpado los explotadores.

Junto al marxismo aparecieron dos movimientos totalitarios con una concepción de la persona muy particular. El nazismo por un lado, propugnaba la supremacía de la raza aria sobre todas las demás y de ahí deducía su derecho a dominar sobre todos los pueblos. El fascismo por otro lado, definía al hombre como un momento o manifestación concreta que adopta un Espíritu absoluto que permanece y al que tiene que ponerse a su servicio.

Ante las corrientes de pensamiento que subordinaban al hombre a una entidad superior y reducían su naturaleza a dimensiones concretas que no abarcaban todo lo que implica ser persona, surge la necesidad de una respuesta que lo revalorizara y defendiera la verdadera identidad del mismo.

Esta respuesta debería estar contextualizada en la realidad del mundo actual y debería ser un medio para facilitar propuestas de acción a la problemática del hombre. Resaltar la noción de persona, la experiencia de su ser, el encuentro con los demás, su trascendencia, subjetividad y libertad constituía una tarea de suma importancia y laboriosidad que finalmente el personalismo toma a bien realizar.

Rasgos distintivos

El término fue utilizado por primera vez por Bronson Alcote (Estados Unidos, 1863) y Charles Renouvier (Francia, 1901).

Los rasgos distintivos del personalismo son:

  1. reconocimiento de la “persona” como realidad primaria y valor espiritual supremo, con la particularidad de que la “persona” se entiende como primer elemento espiritual del ser.
  2. estrecha conexión con el teísmo.

El personalismo más allá de ser una corriente filosófica, es un movimiento de pensamiento que se basa en la idea de que el hombre es el valor absoluto. Considera a la persona como autónomo y subsistente, pero sin dejar de lado que es esencialmente un ser social. Como su nombre lo dice, el centro de esta ideología es la persona, concebida como un ser unitario y absoluto que concentra su estructura en la vocación, encarnación y comunión; al mismo tiempo que afirma la dualidad de la persona (cuerpo y espíritu), considerando la espiritualidad como parte fundamental de su subsistencia e independencia. Además la persona ajusta sus acciones a la libertad y vive en compromiso responsable y conversión constante para así poder seguir su vocación. El personalismo busca principalmente fundar un nuevo humanismo, que conciba a la persona como expresión de amor divino. La sociedad, es una comunidad de almas en la que los principales valores son la fidelidad, el amor y admiración asumiendo que el “yo” se convierte en “nosotros” evitando caer en la masificación de la sociedad. Para este movimiento, tanto la sociedad como las instituciones deben estar al servicio del hombre y favorecer la libertad y creatividad de las personas.

A la concepción científica y materialista del mundo, el personalismo contrapone otra según la cual la naturaleza es un conjunto de espíritus “personas”. Sobre la multiplicidad de “personas” que se encuentran en distintos grados de desarrollo y constituyen el mundo, reina una “persona suprema”, Dios.

Precursores

Kant

Emmanuel Kant.

El Personalismo es un movimiento que se sitúa entre corrientes como el Marxismo y el Existencialismo. Emmanuel Kant es considerado uno de los principales precursores del Personalismo por las ideas sobre la concepción de la persona como valor absoluto. Este autor, perteneciente a la filosofía moderna, se aboca al estudio de la ética trascendental y la razón pura como condición para que se pueda lograr un conocimiento objetivo.

Kant prioriza el conocimiento de las leyes morales que se presentan como una obligación absoluta para la voluntad y para la formación del “buen carácter”. Sus aportaciones trascendentes para el Personalismo se centran en gran parte en su idea sobre las acciones de las personas que dice: “obra de tal modo que trates a la humanidad, tanto en tu persona como en la de los demás, siempre como fin, nunca simplemente como medio”. Reconocer la libertad y autonomía de la persona son valores sobre los que se funda el Personalismo y que surgen a partir de esta afirmación.

Soren Kierkegaard

Soren Aabye Kierkegaard.

Otro de los precursores del Personalismo es Soren Kierkegaard, pensador existencialista que basa su filosofía en la idea de lograr un verdadero retorno a la persona sin negar la naturaleza humana, sino que considera a esta como el punto central para el encuentro con el ser. Su ideología existencialista expresa constantemente la concepción del hombre como una unión de cuerpo y alma capaz de encontrar sentido a su existencia a través de Dios y liberado por Él. Las principales aportaciones al Personalismo se basan en la idea de que el hombre adquiere su existencia humana cuando toma los valores como autonomía, libertad y responsabilidad.

Fundadores y representantes

El fundador del personalismo en los Estados Unidos fue Borden Borne (1847-1910). En los Estados Unidos se adhirieron también al personalismo George Holmes Howison(1834-1910), Mary Whiton Calkins (1863-1930), Albert Cornelius Knudson (1873-1954). Sus principales representantes en la filosofía norteamericana son: Ralph T. Flewelling (nacido en 1871), discípulo de Borne y líder de la escuela de California, y Edgar Sheffield Brightman (1884-1953), líder de la escuela de Boston. Todos ellos relacionan estrechamente el personalismo con la teología protestante.

En Inglaterra, el representante más conocido del personalismo fue Herbert Wilson Carr (1857-1931); en Alemania, el psicólogo William Lewis Stern (1871-1938). En las teorías de estos últimos, sin embargo, no se da la conexión directa –característica de los personalistas norteamericanos- con la teología.

Según el personalismo, el objetivo social más importante no estriba en cambiar al mundo, sino en transformar la “persona”, es decir, en contribuir al “autoperfeccionamiento espiritual de la misma”. Ocupa una posición especial el grupo de personalistas franceses, cuya figura rectora ha sido Emmanuel Mounier (1905-1950). Este grupo de la intelectualidad pequeñoburguesa, unido en torno a al revista “Esprit” (fundada en 1932), representa a los círculos católicos izquierdistas que participaron en el movimiento francés de la Resistencia y que se manifestaron en defensa de la paz y de la democracia burguesa, contra la política agresiva de la gran burguesía francesa.

Fuentes