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Ramón Fernández Ventura

Ramón Fernández Ventura
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NombreRamón Fernández Ventura
Nacimiento1 de Junio de 1865
La Habana, Bandera de Cuba Cuba
Fallecimiento21 de septiembre de 1946
Banes, Bandera de Cuba Cuba
Otros nombresDon Ramón
OcupaciónMaestro

Ramón Fernández Ventura, Marianao, 1 de Junio de 1865Banes, 21 de septiembre de 1946), fue una figura destacada y de gran prestigio del magisterio en Banes, para donde se trasladó en 1902, durante el período republicano. Fue Maestro de varias generaciones de banenses ganándose el afecto, simpatías y admiración de sus alumnos por su prestigiosa labor educativa en el centro escolar “Luz y Caballero” del cual fue también su director. Fue conocido como “El Maestro de Generaciones” y “El Gran Mentor del Magisterio”.

Síntesis Biográfica

Ramón Fernández Ventura o Don Ramón, como también era llamado por los que le conocían, nació en la barriada de Marianao en la capital de la República, el día 1 de Junio de 1865. Cursa sus primeros estudios en la Villa de Guanabacoa en el Colegio Santo Tomás de Aquino, colegio dirigido por su tío político Sabas Meneses y sus estudios superiores en los Escolapios, en el Colegio del Liceo de Guanabacoa y en el de su tío Miguel Ventura, en Sagua la Grande.

En 1880, cuando contaba con apenas 15 años de edad Ramón era ya un alumno aventajado en el Colegio que dirigía su tío Miguel Ventura, por lo que trabajaba como pasante e impartía algunas clases de párvulos.

En 1884, el joven Ramón recibe el diploma que lo acredita como Maestro. Para ello disertó brillantemente su defensa en la Sala Capitular del Ayuntamiento de La Habana ante un tribunal compuesto por los insignes catedráticos Manuel Pruna Santa Cruz, Biosca, García Marrón y el Canónigo Espinosa. Tenía Ramón Fernández Ventura tan solo 18 años.

Ingresa, en 1886, como profesor interno en el Colegio San Luis Gonzaga de Cárdenas. En este plantel trabajó junto al abogado Domingo Méndez Capote y junto a Enrique Yániz Martínez. En 1901, en La Habana y en años posteriores en Holguín y Santiago de Cuba se somete a nuevos exámenes de Maestro obteniendo, como siempre, las más altas calificaciones. En los primeros años del siglo XX responde al llamado de la naciente Instrucción Pública Nacional brindando su eficiente cooperación en escuelas de Potrerillo desde 1901 hasta 1902 y en nuestro término banense desde 1902 hasta 1903.

La desorganización prevaleciente en la entonces llamada Secretaria de Instrucción Pública y Bellas Artes es factor determinante para que el prometedor maestro abandone el magisterio público en el año 1903 y funde, en los primeros meses de 1905, un colegio que nombró “Luz y Caballero”, convirtiéndolo desde sus inicios en el mejor Colegio de Banes

En 1907 se va al Central Boston a dirigir el Colegio propiedad de la compañía azucarera United Fruit Company, convirtiéndose en el primer Maestro que ejercía en Macabí, labor que desempeña durante 10 años. A finales del año 1917 abandona dicho cargo y se traslada a Nueva Orleans junto con varios jóvenes banenses, donde funda una institución educacional que nombra “Casa de Educación Cuba” con el objetivo de brindarle una enseñanza apropiada, práctica y moderna a los hijos de los cubanos residentes en aquella ciudad norteamericana.

Pero la añoranza por su patria lo hace regresar a Cuba después de un año de haberse marchado, retornando a Banes en 1918 donde vuelve a dirigir su propio Colegio “Luz y Caballero” hasta su muerte, acaecida en 1946.

Otros datos relevantes

Ramón Fernández Ventura crecería en el seno de una familia pletórica de educadores: el tío de Don Ramón, Miguel Ventura fue profesor, incluso llegando a trabajar junto a Rafael María de Mendive y Daumy - Maestro y guía espiritual de José Martí - en el Colegio San Pablo, donde estudiara además de José Martí, el amigo entrañable de éste, Fermín Valdés Domínguez. Su tía María de Jesús Fernández (esposa del también Maestro e Ingeniero Sabas Meneses y Gómez, primer maestro de Ramón Fernández Ventura, notable pedagogo en cuyo colegio recibieran las enseñanzas primaria y secundaria muchos cubanos que más tarde se distinguieran en varias esferas de la vida social y política, como Céspedes Segura, Cabrera, Lebredo y otros) era directora, junto a su esposo, de los Colegios de su propiedad Santo Tomás de Aquino y Sagrado Corazón de Jesús en Guanabacoa. También se dedicaban a la honrosa labor de enseñar, su hermano mayor Miguel Fernández Ventura, su tía Loreto Valdés Miranda y sus primas Blanca Rosa y Clara Ventura.

Desde los primeros instantes de su arribo a Banes, Ramón, con su actitud y sus aptitudes comienza a granjearse el respeto de todos. En julio de 1905 era ya el Presidente de la ‘Juventud Moderada’ (grupo de jóvenes seguidores del Partido Moderado, predominante en Banes en la primera década del siglo XX). Ya para 1925 es tanto el prestigio ganado por el veterano educador que su Colegio “Luz y Caballero” es el escogido para que el valiente joven y líder estudiantil Julio Antonio Mella, en su visita a Banes, se dirigiera al estudiantado el 25 de febrero de 1925 por ser el único lugar seguro en Banes donde las fuerzas represivas republicanas no entrarían por respeto al prestigioso maestro.

Uno de los logros de Ramón Fernández Ventura fue la audaz iniciativa de publicar una revista quincenal, la primera de Banes, de temática escolar que llamó “El Eco de mi Escuela” cuyo primer número vio la luz el 1 de abril de 1905 (editada en la segunda imprenta que tuvo Banes, perteneciente a Jesús Manduley). Esta misma revista, en la llamada ‘segunda época’ del colegio “Luz y Caballero” volvería a editarse a partir del 1 de octubre de 1921, esta vez con el nombre de “La Antorcha”.

El Colegio “Luz y Caballero” dirigido por Ramón Fernández Ventura, se distinguió por las asignaturas incluidas en su plan de estudios, por la cientificidad en la aplicación de sus métodos, la calidad de sus clases y la organización y disciplina escolar. Estuvo en su plantel siempre de manifiesto la significativa calidad de la enseñanza defendida por el Maestro de Banes, dividiéndose su programa en clases diurnas y nocturnas: Las clases diurnas comprendían los estudios de la Primera Enseñanza, desde la Primaria hasta la Preparatoria para la Segunda Enseñanza. Las clases nocturnas comprendía la Enseñanza Comercial donde se impartían estudios sobre Gramática y Aritmética Mercantil, Gramática y Aritmética Elemental, Gramática y Teneduría de Libros, Contabilidad General, Taquigrafía, Mecanografía e Inglés.

Con el prestigio y respeto ganado gracias a su labor al frente del colegio, Don Ramón logra que a partir del 9 de agosto de 1922 el plantel que dirigía y que llevaba el nombre del insigne educador cubano se incorporara al Instituto Provincial de Segunda Enseñanza de Oriente. Cuatro años más tarde se le autoriza según licencia Nro 85 del 14 de agosto de 1926, después de haber alcanzado todos los requisitos que se exigían entonces por las leyes del ramo recién puestas en vigor, a tener matriculado hasta 110 alumnos en la Enseñanza Primaria y al año siguiente, exactamente el 25 de marzo de 1927, el Ayuntamiento de Banes autoriza al mentor banense a utilizar el Escudo Municipal en los documentos emitidos por la escuela y lo distingue además con el título de "Colegio Municipal de Banes".

El gran afán de Don Ramón por servir a Banes no se enmarcaría solo al campo del magisterio, sino que también participaría activamente en la organización de veladas culturales, peregrinaciones y desfiles patrióticos (en saludo a la fecha del 24 de febrero, del natalicio de José Martí, etc.), actividades cívicas y fiestas de caridad para recaudar fondos con fines benéficos, convirtiendo su escuela en una verdadera “fragua de espíritus” como expresaba nuestro Apóstol José Martí refiriéndose a los planteles educacionales. Fueron organizados por Don Ramón en el seno de su Colegio charlas culturales, grupos de declamación e incluso equipos de futbol y otros deportes. Ramón Fernández Ventura fue uno de los fundadores, el 15 de abril de 1925, de la Asociación Deportiva de Banes que posibilitó la construcción del famoso terreno deportivo conocido como Parque Bellavista.

Tanto amó al magisterio Don Ramón que se lo llevó hacia la tranquilidad del hogar al contraer nupcias con la señorita Clara Sánchez Muñoz quien era maestra de la Enseñanza Primaria. De este matrimonio fructificaron cinco hijos, cuatro de los cuales también siguieron el camino trazado por el gran maestro: Ignacio Fernández Sánchez fue profesor de Educación Física en el Colegio Los Amigos donde construyó campos deportivos y organizó equipos de béisbol, baloncesto, voleibol y atletismo, organizando además competencias deportivas con otras escuelas de la antigua provincia de Oriente; Carlos fue profesor de Topografía en el Tecnológico de Ciudad de La Habana; Catalina (que es la niña que aparece siendo cargada por Julio Antonio Mella durante su visita a Banes en 1925) fue profesora en Las Tunas y Ramón sería profesor de Inglés en Banes.

La tradición familiar continúa con varios de los nietos de Don Ramón dedicados actualmente a la honrosa labor de enseñar a los demás: Fátima Addine Fernández, Doctora en Ciencias Pedagógicas en el Instituto Superior Pedagógico Enrique José Varona de [[Ciudad de La Habana]]; Raúl, ostenta el grado científico de Máster en Ciencias en Pedagogía ejerciendo su profesión en la vecina provincia de Las Tunas; Graciela que obtuvo la Licenciatura en Psicología vive en Santiago de Cuba y Clara Marta Fernández Pagán es Licenciada en Educación en la asignatura de Química y trabaja actualmente como profesora en el IPU (Instituto Preuniversitario Urbano) Juan George Soto Cuesta de Banes.

Consideraciones

  • De un periódico de la época extraemos las siguientes consideraciones que sobre el Maestro Don Ramón hacia el autor del artículo:

“…De las sabias enseñanzas de Don Ramón han salido entrenados para la lucha en las esferas superiores de la instrucción, hombres que actualmente ocupan altas posiciones políticas, sociales y culturales […]; casi todos los profesionales que actúan en Banes y muchos que laboran en la provincia y en la República. Por su Colegio de Banes han desfilado también profesores de alta y reputada ilustración […]. Y de allí también han salido maestros y maestras que en la actualidad ejercen su profesión en distintas escuelas de la provincia. Don Ramón Fernández Ventura es el alma de la instrucción que vive perpetuamente joven, remozada, alegre, cascabeleando sobre los grises cabellos del Maestro, pero siempre fecunda, pródiga, dadivosa. Hombre sincero y honrado a carta cabal, ha logrado hacerse una reputación sólida en la villa banense, reputación ésta que está bien afianzada en todo Oriente.Es, además, Don Ramón, un enérgico propulsor del progreso y de la cultura de Banes. A él se deben muchas generosas iniciativas, entre las que se encuentra la construcción del Parque Infantil que llevará el nombre del malogrado hijo del culto alcalde banense, señor Delfín F. Campaña. En el Aula Magna de su Colegio se celebran continuamente fiestas culturales y fue allí donde varias noches fraternizamos con el viejo y noble maestro, cuyo entusiasmo y cuyo optimismo, fue un lampadario de amor y de belleza en nuestro estéril paso por la aldea…” [1]

  • Una idea de la organización y disciplina que reinaba en las aulas donde impartía sus clases el maestro Don Ramón se puede apreciar en el siguiente fragmento de un artículo escrito por el periodista nacido en Banes Antonio Pérez Infante con motivo del homenaje que le rendiría la juventud banense al distinguido maestro por sus 25 años de labor educativa en Banes y sus 50 años dedicados a la educación cubana,aparecido el 4 de diciembre de 1930 en el periódico santiaguero “Diario de Cuba” dirigido por Eduardo Abril Amores:

“…Don Ramón Fernández fue mi maestro. Mi primer maestro en muchos conocimientos de la vida. Con sus sabias enseñanzas aprendí las primeras letras y a esquivar las primeras penas. Aún recuerdo el primer instante en que se me adentró en mi ánimo las simpatías y veneración por este gran educador. Yo no sabía trazar una sola letra en aquellos días tan lejanos y sabrosos. Don Ramón dirigía el aula de varones de mayor grado y yo, por mi condición de pequeño y analfabeto no podía figurar de ninguna manera entre su alumnado. Por recomendaciones de un Inspector […] fui permitido a sentarme en los bancos (entonces no había pupitres) del aula que él dirigía. Ímproba tarea la de Don Ramón para hacer que pudiera deletrear algunas palabras e hiciera las letras medianamente correctas. Al lado de su aula estaba la de otro maestro, donde yo debía estar. Aquello era una algarabía enorme; los gritos se sentían a cuadras distantes y los bancos y reglas se oían rebotar en el piso. Mi espíritu infantil sentía ansia de todo aquello, mis nervios vibraban al unísono de aquel ruido infernal, donde el mío no hubiera sido el más discreto…pero, no obstante la rigidez de mi maestro, la gran severidad desplegada en todas las horas de sus clases, y aún en el receso, que él velaba a distancia, era tanta mi veneración por él, tanta mi admiración y respeto, que prefería aquella severa disciplina a gozar de las exaltaciones propias de mi edad. En aquellos días aprendí a querer a Don Ramón. Desde entonces, muchos años atrás, data ese profundo cariño que siempre, siempre me ha inspirado este mentor que tan justamente va a recibir el público homenaje… […] No hay cansancio en la vida de este austero Mentor. Los días continuados de bregar infatigable no han quitado bríos a su espíritu, como cuando yo era niño y temblaba al menor gesto de su mano sobre su escritorio, aún hay ese respeto silencioso en su aula, y aún rondan a su rededor todos los cariños de los que alguna vez se acercaron a su corazón… […] Como ante lo respeté como alumno, ahora lo respeto como cultivador de su amistad sin dobleces, y es tanto el respeto que supo infiltrarme este hombre en mis años mozos, que hoy hombre, hombre que sabe de las cosas crudas y rudas de la vida…hoy, no me atrevo a encender un cigarro en su presencia. Porque hay hombres que inspiran la veneración y el respeto para toda un existencia…” [2]

Fallecimiento

El sábado 21 de septiembre de 1946, después de un largo bregar por la vida, cargado de años dedicados a enseñar a los demás, el viejo mentor, el gran maestro de todas las edades, el educador de varias generaciones de banenses, el caballero intachable, siendo fiel al pueblo de Banes donde invirtió casi totalmente su fructífera vida como mentor y como ciudadano ejemplar, Don Ramón Fernández Ventura comenzaba su descanso eterno, reposando sus restos en el Cementerio Norte de la ciudad de Banes. La muerte sorprendía a Don Ramón a los 81 años de edad. Su sepelio fue una verdadera manifestación de duelo popular.

“… ¡Los años habían vencido! ¡Había caído un digno soldado en la dura batalla por la superación del pueblo banense y por un mundo mejor!...”, pero Don Ramón había cumplido a cabalidad con la máxima martiana de que "…la educación empieza con la vida, y no acaba sino con la muerte".

Referencias

  • [1] Palabras que en nombre de los Oficiantes del Culto a la Amistad en el Altar de la Prensa, escribiera en el rotativo santiaguero “La Región” en noviembre de 1930 el periodista Jaime Suarez Silva sobre Don Ramón Fernández Ventura con motivo del homenaje por sus ‘Bodas de Oro’ en el magisterio
  • [2] Pérez Infante, Antonio. Artículo “En honor de Fernández Ventura”. Periódico ‘Diario de Cuba’, Santiago de Cuba, 4 de diciembre de 1930

Fuentes

  • Periódico El Pueblo, Banes, 1915-1957.
  • Biblioteca Municipal "Carlos Fernández".
  • Revista ‘Homenaje a Don Ramón Fernández Ventura en sus Bodas

de Oro con el Magisterio’. Edición única. Diciembre de 1930.

  • Ing. William Atencio Zayas y MSc. Maria del Pilar Ramírez Rodríguez. “Ramón Fernández Ventura, Maestro de Generaciones”(Inédito)