Santiago el Mayor (apóstol)

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Santiago Zebedeo
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Santiagoapostol.JPG
Nacimientohacia el 5 a. n. e.
Betsaida,
provincia de Galilea,
Imperio romano
Fallecimientohacia el 44 n. e.
ciudad de Jerusalén,
provincia de Palestina,
Imperio romano
Nacionalidadjudío
OcupaciónSantiago fue uno de los doce apóstoles de Jesucristo

Santiago de Zebedeo o Santiago el Mayor fue uno de los doce apóstoles de Jesús de Nazaret,

Según las leyendas que se difundieron en el siglo II (un siglo después de la muerte de Jesús), este Santiago formó parte del grupo inicial de la Iglesia primitiva de Jerusalén, y habría sido el primer apóstol martirizado.[1]

Por la impetuosidad de su carácter, él y su hermano Juan el Evangelista, el más joven de los discípulos) recibieron de Jesús de Nazaret el nombre de «Boanergués» (‘hijos del trueno’).

Nombre

Su nombre aparece originalmente en los Evangelios, que están escritos en griego antiguo: Ἰάκωβος [iákobos], que corresponde al nombre hebreo Ya'akov (Jacob).

Así que el apóstol se llamaba Jacob (uno de los nombres judíos más usuales en esa época). Con el paso de los siglos, el nombre Jacob (pronunciado [shákob] en varios idiomas) fue variando a Jacobus [iakóbus] y Yago [iágo].[2]

Al invocar a este apóstol, los cristianos pronunciaban comúnmente «Sant Yago» [sánt iágo].

En la tradición cristiana se lo conoce como Santiago el Mayor para distinguirlo del otro discípulo homónimo (Santiago el Menor).

Si sus leyendas son ciertas, habría nacido probablemente en Betsaida (en la región de Galilea). Según los Evangelios era hijo de Zebedeo y de Salomé, y hermano de Juan el Apóstol.

Murió a manos de Herodes Agripa I en Jerusalén entre los años 41 y 44 de nuestra era.

Es el patrono de España.

Síntesis biográfica

El apóstol Santiago Zebedeo, conocido como Santiago el Mayor (para distinguirle de Santiago Alfeo o Santiago el Menor, era hijo de un pescador llamado Zebedeo, y de María Salomé; era hermano de Juan Evangelista. Jesús llamó a los dos hermanos cuando estaban en la barca arreglando las redes, y estos, dejando a su padre Zebedeo en la barca, se fueron con él. Desde entonces estuvieron siempre con Jesús.

Después de los sucesos mencionados en los Evangelios (la muerte de Jesús), Santiago emprendió su viaje apostólico que le llevó a predicar el evangelio hasta la península ibérica. Sin embargo tuvo poco éxito y atrajo un escaso número de discípulos. Decidió regresar a Jerusalén, donde fue encarcelado cuando el rey de los judíos, Herodes Agripa I, en un intento postrero e inútil de conseguir la confianza de Roma, intensificó la persecución de las primeras comunidades.

La tumba de Santiago

Tradición precristiana

A lo largo del I milenio a. n. e.,[3] los celtas recorrían la antigua Vía del Finisterre (‘vía del fin de la tierra’),[4] un sendero de varios miles de kilómetros que tradicionalmente recorrían los seguidores de la religión céltica hasta el pretendido fin del mundo.[5]

De hecho, las peregrinaciones galas desde Alemania y Francia hasta el noroeste de España se han probado arqueológicamente,[6] y se puede afirmar que los celtas ―en el primer milenio antes de nuestra era― recorrían toda Europa a través de varios caminos sagrados de peregrinación para ir a este sitio, donde celebraban sus matrimonios y otros ritos nocturnos, alumbrados por antorchas.[7]

Se ha documentado arqueológicamente la existencia previa de una necrópolis dolménica (con grandes bloques de piedra organizados de manera ritual)[8] En ese lugar sagrado se formó gradualmente un área funeraria (cementerio) de una pequeña población romana abandonada que, actualmente, se considera que se trataba de la mansio de Assegonia, la cual se cita en varias obras clásicas latinas de los primeros siglos de nuestra era.[9] Cuando los romanos abandonaron esa aldea y más tarde fue ocupada por los pueblos suevos (que ingresaron desde Francia), el cementerio siguió creciendo.[10]

Estos descubrimientos solo prueban que Compostela era una necrópolis precristiana[11]

El sitio era llamado Campus Stélae (‘campo de las estrellas’, en latín, el idioma de los romanos). De ese nombre derivaría el actual nombre de Compostela.

Creación de la tumba de Santiago

A comienzos del siglo IX, entre los años 820 y 830, durante el reinado de Alfonso II, un ermitaño (hombre religioso que abandonaba el mundo para rezar todo el día en alguna cueva perdida en las montañas) llamado Paio (o Pelayo) advirtió a Teodomiro (obispo de Iria Flavia) que en las sierras cercanas ―en el cementerio llamado Campus Stéllae había observado resplandores de antorchas y estrellas que alumbraban una colina en particular, donde oía cánticos nocturnos, que él atribuía a fantasmas, pero que más posiblemente se trataba de rituales paganos de los pueblos no cristianos. Cuando Pelayo y Teodomiro acudieron al lugar descubrieron un pequeño cementerio de varios siglos de antigüedad.

Teodomiro denunció ante el rey Alfonso II el hallazgo del sitio pagano de adoración. Para darle más interés al tema, escribió toda una «hagiografía» (biografía legendaria llena de mitos y milagros), afirmando que los restos de la tumba principal eran los de Jacob el Mayor, el hermano del apóstol Juan el Evangelista. Afirmó ―aunque sin basarse en ninguna fuente escrita― que el 25 de marzo del año 41 (día en que la liturgia celebraba la Anunciación de la Virgen María), el apóstol Jacob, hijo de Zebedeo (Santiago el Mayor) había sido capturado en Jerusalén por los romanos. Su delator se había arrepentido de haberlo entregado, por lo que también fue juzgado y condenado a muerte junto con Santiago. Ambos fueron decapitados juntos. Ante el temor a que el cuerpo de Jacob el Mayor fuese profanado por los romanos, sus discípulos, que posiblemente se habían llamado Atanasio y Teodoro, trasladaron su cuerpo en barca hasta las costas de Galicia, desembarcando en Iria Flavia, la actual Padrón (en Galicia). Allí enterraron el cuerpo de Jacob en un compostum (cementerio) en el cercano bosque de Liberum Donum, donde improvisaron un altar de piedras. Ambos religiosos quedaron al cuidado de la tumba, y a su muerte, fueron enterrados al lado de Jacob el Mayor. El sitio del enterramiento habría caído en el olvido.

El rey Alfonso II acudió al lugar y proclamó al apóstol Jacob/Santiago como patrono de su reino. En el lugar edificó una capilla, que más tarde llegaría a ser la catedral de Santiago de Compostela (San Jacob del Campo de las Estrellas). A partir de esta declaración oficial del rey, automáticamente comenzaron a multiplicarse las apariciones del santo y los milagros, lo que dio lugar a leyendas cada vez más numerosas, destinadas a infundir valor a los guerreros que luchaban contra otros pueblos.

Antes de la aparición de los cristianos en esta región, ya existían peregrinaciones desde toda Europa hasta el bosque de Liberum Donum, que era considerado mágico. También los peregrinos que poco a poco iban trazando el Camino de Santiago (o Ruta Jacobea).

Evidencias o pruebas

Hasta el año 830 no hay ni un solo documento que hable del enterramiento de Santiago ni de la veneración de sus restos en Hispania. Es entonces cuando se difunde el Breviarium Apostolorum, una narración llena de leyendas que presenta los lugares de predicación de los discípulos de Jesús y de sus sepulturas, destacándose las de san Pedro, san Pablo y Santiago el Mayor. En ese texto ―del siglo IX― se afirma que Santiago había predicado en Hispania, había muerto en Jerusalén, pero había sido enterrado en Ara Marmárica.

El descubrimiento de la tumba de Santiago se produjo en una fecha imprecisa de comienzos del siglo IX, entre los años 820 y 830, en el reinado de Alfonso II y cuando Teodomiro era obispo de Iria Flavia. Al menos hacía ocho siglos que se desconocía el lugar del enterramiento del apóstol.

Una leyenda

Los españoles lo han invocado en momentos de grandes peligros y han sentido su poderosa protección. Santiago Apóstol ha preparado el camino para que el mundo reconozca a la Virgen Santísima como "Pilar" de nuestra Iglesia. Dicen las confusas narraciones de los primeros años de la cristiandad que a él le fueron adjudicadas las tierras españolas para predicar el Evangelio, y que en esta tarea llegó hasta la desembocadura del río Ulla. Una de ellas narra como Ramiro I, en la batalla de Clavijo, venció a las tropas de Abderramán II ayudado por un jinete sobre un caballo blanco que luchaba a su lado y que resultó ser el Apóstol. A partir de entonces surgió el mito que lo convirtió en patrón de la reconquista. A partir del s. XI Santiago ejerció una fuerte atracción sobre el cristianismo europeo y fue centro de peregrinación multitudinaria, al que acudieron reyes, príncipes y santos.

Durante la época de la Reconquista, Santiago se convierte en un personaje al que se invoca para obtener la protección divina en la lucha frente al infiel. Surge un «Santiago Matamoros». Y en las ensangrentadas luchas contra los moros, en muchas ocasiones la victoria se atribuía a la ayuda e intervención divina merced a la invocación a Santiago.

Es conocido como el patrono de España y de su caballería.

Invasión y conquista de América

La figura de Santiago, como santo patrón de España, ha sido acogida a o largo de toda la historia de reconquista y conquista. Cuando los españoles llegaron a América y comenzaron la invasión y conquista de todos los pueblos del continente, de nuevo la figura del apóstol Santiago se hizo notar: la intervención de Santiago fue decisiva en la mente de los descubridores y conquistadores.

El 25 de julio se celebra la fiesta de Santiago Apóstol, patrón de España y de las siguientes ciudades:

Fuentes