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Naufragio del Valbanera

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Tragedia del Valbanera
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VaporValbanera.jpeg
Vapor que se hundió en el estrecho de La Florida, pereciendo todos sus pasajeros y tripulantes.
Fecha:9 de septiembre de 1919
Lugar:Estrecho de La Florida
Descripción:
Tragedia aún sin esclarecer
País(es) involucrado(s)
Bandera de España España


El Valbanera fue un buque correo transatlántico de vapor mixto de carga y pasaje, propiedad de la compañía de navegación Naviera Pinillos. Estaba dedicado principalmente al transporte de emigrantes entre España y Las Antillas.

El naufragio del Valbanera el 9 de septiembre de 1919 debido a un ciclón tropical en el estrecho de la Florida, con saldo de 488 fallecidos, fue una de las tragedias navales más famosas de la historia, constituye el peor desastre marítimo español en tiempo de paz hasta la fecha, y fue un suceso que conmovió a la sociedad cubana y española de la época.

Desastres marítimos en la historia

Los desastres marítimos han marcado, como hitos, la historia de la navegación y de las comunicaciones humanas. Hasta la primera mitad del siglo XX era algo bastante frecuente que un navío zarpara de un puerto cualquiera y naufragara días después con su consabida cuota de víctimas mortales. De nada valía ser el último grito de la tecnología naval. Barcos con semejante currículo también se fueron a pique.

Así le ocurrió al famoso trasatlántico Titanic en su viaje inaugural de Reino Unido a Estados Unidos. En la noche del 14 de abril de 1912, cuatro días después de zarpar del puerto de Southampton, aquella joya ingeniera, considerada insumergible por sus vanidosos armadores, impactó por la banda de babor contra un gigantesco iceberg a 153 kilómetros de Terranova, se partió en dos y se hundió. Se salvaron solo unos 700 pasajeros de los más de 1300 que llevaba a bordo.

Otra catástrofe célebre fue la del Morro Castle, un lujoso barco de pasaje que cubría la ruta La Habana-Nueva York. El 8 de septiembre de 1934 se desató un incendio en su biblioteca. Las llamas se hicieron incontrolables y se extendieron rápidamente por salones, camarotes y cubierta. Ante la amenaza real de morir carbonizados en aquel infierno flotante, muchos pasajeros intentaron salvarse lanzándose a las frías aguas del mar. De las 558 personas que transportaba, 134 murieron en el intento.

Hoy la ciencia y la técnica aplicadas al transporte marítimo han neutralizado casi por completo la posibilidad de un naufragio. Los navíos modernos cuentan en su equipamiento con instrumentos de navegación altamente precisos. Esas herramientas propician no solo maniobrar sobre el mar con extraordinarios niveles de seguridad, sino que también garantizan las comunicaciones para que, en caso de peligro, se solicite auxilio con la certeza de recibirlo en breve tiempo.

El Valbanera

El Valbanera era un típico barco de pasaje como cualquier otro que acostumbraba a hacer la ruta de la península ibérica a América, pero este era, sin duda, uno de los favoritos de la Naviera Pinillos, Izquierdo y Compañía, y que para más detalles, había sido bendecido con el nombre de la Virgen de Valvanera, de la cual los Pinillos eran muy devotos. Una gracia, sin embargo, que según la imaginería popular, nada pudo hacer contra la fatalidad que ya desde sus comienzos se le había augurado al advertir que el nombre de la virgen aparecía mal escrito en su casco, cuando, por descuido, se cambió la segunda “v” por una “b”.

Superstición aparte no dejaba de ser un buen buque y nada podía presagiar la tragedia que se le venía encima, toda vez que su estructura, en los 13 años de su existencia, no había sufrido avería de importancia alguna que lo pudiera conjeturar.

Había sido construido en 1906 en los astilleros C Connell & Co, de Glasgow (Escocia), para los Hermanos Pinillos, era un buque de casco de acero de 121,9 metros de eslora, 14,6 de manga y 6,5 de calado. Registraba 5099 toneladas y desplazaba 12 500. Su velocidad máxima era de 12 nudos. Podía transportar más de 1200 pasajeros. De hecho, cuando zarpó del último puerto antes de cruzar el océano Atlántico, llevaba a bordo 1230 personas, 1142 pasajeros (la mayor parte de ellos emigrantes españoles con destino a Cuba) y 88 tripulantes.

Fue construido en el puerto escocés de Glasgow (Reino Unido), y entregado a la Naviera Pinillos en noviembre de 1906. Fue bautizado como Valvanera en honor a la Virgen de Valvanera, de La Rioja aunque por algún error se modificó el nombre cambiando la v por b. El Valbanera inició su andadura marinera en una línea regular a los puertos de Santiago de Cuba y La Habana partiendo desde Barcelona y con escalas intermedias en Málaga, Cádiz, Puertos Canarios y Puerto Rico, rindiendo viaje en Galveston y Nueva Orleans en la costa sur de los Estados Unidos.

Se mantuvo así durante ocho años, con ligeras variaciones en la línea, hasta que estalló la Primera Guerra Mundial, durante la que fue adscrito a la línea de América Central. La guerra benefició de manera notable a los navieros españoles. La necesidad de materias primas y transporte así como la relativa seguridad que el pabellón de la neutralidad española ofrecía a los pasajeros, hizo que los navieros españoles, sin traba alguna, vieran sus beneficios multiplicados hasta alcanzar cifras astronómicas.

El Valbanera pasó la mayor parte de la guerra adscrito a la línea de América Central. En septiembre de 1915 fue detenido por un buque de guerra británico que lo internó en Gibraltar alegando que transportaba contrabando de guerra. Una vez revisada la documentación del vapor, se le permitió seguir viaje. A finales de 1918 el Valbanera fue requisado por el Gobierno español para transportar trigo que Argentina le regalaba a España para superar una hambruna.

Al año siguiente, el vapor Valbanera fue protagonista de un triste ejercicio de abuso comercial por parte de la empresa de los codiciosos hermanos Pinillos. Con capacidad para 1200 pasajeros, en julio de 1919 el buque embarcó 1600 pasajeros en La Habana, muchos de los cuales tuvieron que viajar sobre cubierta. Debido a las inclemencias del clima tropical, murieron 30 personas (varios de ellos niños). Fue un escándalo que unido a la reciente perdida de dos de las unidades de la compañía, significó el principio del fin para la empresa Pinillos, Izquierdo y Compañía.

Características

Tenía 121,90 metros de eslora, 14,60 de manga y 6,50 de calado. Registraba 5099 toneladas brutas y desplazaba 12.500. Su planta propulsora consistía en dos máquinas alternativas de triple expansión Dunsmuir and Jackson de 444 caballos nominales de fuerza que montadas sobre dos ejes, que le conferían una velocidad máxima de doce nudos. Podía transportar unos 1200 pasajeros distribuidos en cuatro clases.

Primera, segunda, tercera y emigrante. Tenía una airosa silueta; branque recto, popa de espejo, dos palos con ligera caída a popa y larga chimenea negra en candela. A pesar de este elegante aspecto, podría haber sido tomado por un vulgar carguero de no ser por la espaciosa superestructura en la que se encontraba la cámara de primera clase y el puente de gobierno. Dicha superestructura ocupaba la sección central del buque. En general su aspecto era el de un clásico buque de construcción inglesa para el transporte de emigrantes. Durante su vida marinera el Valbanera sufrió diversas reformas, en las que se le añadieron varias superestructuras.

La más notoria de estas reformas fue la que consistió en añadirle una cubierta de pasaje más justamente en la cubierta de botes, en el lugar donde se encontraba el puente de gobierno que fue posteriormente ubicado sobre la nueva estructura. Se ignora el porqué de esta reforma, aunque lo más probable es que se pretendiese construir dos camarotes de lujo siguiendo el esquema de otros barcos. A pesar de que el Valbanera era un buque fundamentalmente dedicado al transporte de emigrantes, poseía también cámaras para pasajeros de clases sociales más elevadas, existiendo incluso divisiones dentro de una misma clase.

Comodidades

Primera clase

Imagen del colosal vapor

Se dividía en Clase de Lujo, Clase Preferente y Primera Clase. Los camarotes de lujo debían encontrarse en la cubierta de botes, bajo el puente y solían tener aparte del camarote un pequeño saloncito, un baño y un W.C. El Valbanera llevaba dos de estos camarotes denominados A y B. El precio por persona de estos camarotes era de 1250 pesetas. No es excesivamente caro si se tiene en cuenta que viajar en uno de estos departamentos de lujo en el Príncipe de Asturias e Infanta Isabel podía llegar a costar nada menos que 5000 pesetas de la época. La clase preferente estaría ubicada en la cubierta de paseo, en la cual también se encontraban los comedores y otros salones de primera clase. Eran cuatro camarotes de dos plazas con baño y W.C. y se denominaban camarotes C, D, E y F. La primera clase solía estar ubicada en la cubierta principal y por lo general eran camarotes de cuatro plazas.

Segunda clase

En algunos buques se dividía en Primera de Segunda y Preferente. En el Valbanera la segunda clase debía estar ubicada bajo la superestructura central del buque. Solían ser camarotes de cuatro o seis personas

Tercera clase

Solían ser camarotes de seis u ocho personas ubicados a proa y popa del buque. El precio del precio del pasaje era de 200 pesetas por persona.

Emigrantes

Los emigrantes no ocupaban camarotes. Se les alojaba en los entrepuentes de las bodegas en largas hileras de literas metálicas de varios pisos sin intimidad alguna. Las condiciones higiénicas y de ventilación seguían un reglamento bastante estricto y cuyo cumplimiento debía ser verificado por los inspectores de las Juntas Locales de Emigración. El pasaje de un emigrante en 1919 solía costar unas 75 pesetas hasta La Habana desde Canarias.

En efecto, las condiciones de la habilitación para emigrantes eran, a veces, infrahumanas y la vida en los entrepuentes en las condiciones de mala mar, frio extremo o navegación por los trópicos, lamentables. Los lavabos, cuando existían (antiguamente llamados jardines) eran higiénicamente insalubres. Eran turcas cuyo mantenimiento dejaba mucho que desear. La situación empezó a cambiar con los buques construidos en los años veinte y treinta.

Último viaje

Este último viaje zarpó de Barcelona el 10 de agosto de 1919, para tomar rumbo a América con escalas en Cádiz, Las Palmas, Santa Cruz de Tenerife, Santa Cruz de La Palma, San Juan de Puerto Rico, La Habana, Galveston y Nueva Orleans.

Malos augurios

El vapor Valbanera, buque de bandera española naufragó con más de 400 personas.

El buque zarpó de Barcelona, el 10 de agosto de 1919 donde sólo consta que embarcaron balas de tejidos, pero ningún pasajero. El 13 de agosto zarpó de Málaga con varias partidas de vino, frutos secos y aceitunas y 34 pasajeros, uniéndose a ellos 521 más en el Puerto de Cádiz un día después. El 17 de agosto de 1919 llegó a Las Palmas, donde embarcaron 259 pasajeros; 212 hicieron lo propio en Tenerife al día siguiente y el 21 de agosto, 106 pasajeros más se unieron al pasaje en el puerto de La Palma. Cuando salió de este último puerto con destino a San Juan de Puerto Rico, Santiago de Cuba, La Habana, Galveston y Nueva Orleáns, había a bordo 1142 pasajeros y 88 tripulantes. Al virar la cadena del ancla en el puerto de Santa Cruz de La Palma, se rumoreó que había perdido dicha ancla. Esto era considerado de mal agüero por los marineros de la época.

Tras haber hecho escala en San Juan de Puerto Rico, arriba el 5 de septiembre el Valbanera a Santiago de Cuba y es aquí precisamente donde comienza el misterio que envuelve el naufragio del vapor. La mayor parte del pasaje tenía billete para La Habana. Sin embargo, 742 pasajeros decidieron desembarcar en Santiago. Es evidente que esta decisión salvó sus vidas. El porqué de este desembarque masivo continúa siendo un misterio. Una familia que había embarcado en La Palma, los Zumalave, había pasado toda la travesía intentando tranquilizar a su hija pequeña, que desde el embarque se había mostrado muy nerviosa, sumida en un estado de gran ansiedad. Al atracar el buque en Santiago, el nerviosismo se troncó en histeria. La pequeña suplicaba a sus padres que abandonasen el vapor, ya que tenía la certeza de que este se iba a hundir. Después del naufragio, varios pasajeros sobrevivientes afirmaron que una niña de Las Palmas, de apenas cinco años, llamada Ana Pérez Zumalave, antes de abordar, suplicaba llorosa: «Yo no me embarco ahí. Ese vapor se va a pique». Era tanta su insistencia que la madre llegó a regañarla, pero ya en el muelle la pequeña repitió sin consuelo: «Mamá va contenta, pero yo no: este barco se hunde». Tal era el estado de la niña que finalmente la familia decidió desembarcar.

Años más tarde, los sobrevivientes afirmaban que su capitán, Ramón Martín Cordero ―de 34 años de edad, 8 años de servicio en la empresa y responsable de las muertes de los 30 pasajeros el año anterior―, había enviado desde La Palma una carta a su esposa: «De no perder la vida en este primer viaje, a la vuelta tendré el placer de que nuestra hija me tire de la americana». La mujer declaró a la prensa: «No parece sino que mi marido tenía el presentimiento de una desgracia».

Testimonio de un pasajero

Imagen del colosal vapor.

José María López, un español, nacido en La Mancha, Albacete, el 19 de marzo de 1904 y que durante muchos años residió en el municipio tunero de Manatí, y que fuera de los pasajeros que viajaron en el postrer viaje del Valbanera, contó en 1994:

Monté junto a mi familia en Cádiz. Viajábamos de regreso a Cuba mis padres, cinco hermanos míos y yo, que había estado en mi país de origen durante un año. Aguardamos diez días por el barco, más otros 17 de travesía sobre el Atlántico. Nos aburrimos como ostras en medio del mar hasta que llegamos a San Juan, Puerto Rico. Recuerdo que en el muelle donde atracamos nos entreteníamos lanzando monedas al agua para que los chicos de por allí las bucearan. Uno de ellos abordó la nave y viajó con nosotros de polizón.

Luego de su estancia boricua, el Valbanera se hizo de nuevo a la mar y el 5 de septiembre tiró anclas en el bello puerto de Santiago de Cuba.

Masivo desembarco en Santiago de Cuba

En este lugar ocurrió otro de los enigmas que rodean el naufragio del Valbanera, pues, a pesar de que la mayor parte de sus 1142 pasajeros había sacado billete hasta La Habana, inexplicablemente 742 de ellos desembarcaron en la hospitalaria ciudad oriental cubana, imprevisto cambio de planes, en un momento en el que no se tenían referencias del ciclón ni nada que hiciera predecir su trágico destino.

Dicha determinación, que muy bien podría ser una simple coincidencia, abriría, no obstante, otro jeroglífico para el futuro pero en el presente de entonces les salvó la vida a quienes descendieron en el puerto santiaguero y no llegaron a La Habana como acaso en un inicio pensaron hacerlo. Hay razones que hacen suponer que dicha providencia no fue obra del azar ni cosa parecida.

En esos años estaba en pleno auge el salto azucarero en el oriente de la isla. Lo que conllevó también a un auge económico de numerosos poblados y ciudades vinculados directa o indirectamente a estas zonas azucareras. Es muy posible que la noticia de la posibilidad de encontrar trabajo en esos lugares se extendiera entre los pasajeros. Con el don mágico que tienen los cubanos de exagerarlo todo, la información debió de llegar sobredimensionada a los oídos de estos pobres emigrantes de manera que muchos decidieran desembarcar en Santiago de Cuba, y no en La Habana, como tenían previsto.

Varios de los pasajeros alegaron que sus lugares de destino quedaban más cerca de Santiago que de la capital de la Isla y eso les salvó la vida. Sobre este particular contó José María (quien tenía a la sazón 15 años de edad)
Cuando llegamos a Santiago, un paisano que venía en el barco como sobrecargo nos recomendó que bajáramos a tierra y nos fuéramos por ferrocarril hasta Las Villas, donde residíamos por entonces. Nos aseguró que así ganaríamos tiempo, pues llegaríamos a casa cuando el Valbanera aún no habría entrado a La Habana. Aceptamos su recomendación y, en efecto, realizamos un viaje magnífico en tren hasta Santa Clara.

El propio 5 de septiembre el vapor español desatracó del muelle y enfiló la proa hacia la capital de Cuba con 488 personas a bordo. Desde la Punta de Maisí fue avistado el buque por penúltima vez, navegando a toda máquina en un mar extrañamente en calma y, como telón de fondo, un cielo que comenzaba a llenarse de amenazadoras nubes.

Viaje a La Habana y la desaparición

Todo comenzó en las primeras horas del 9 de septiembre de 1919, cuando un ciclón, el llamado ciclón del Valbanera, luego de barrer la costa norte de la Isla ocasionaba un ras de mar a la altura de la capital. Como escribió el especialista español de siniestros marítimos Fernando García Echegoyen:

Los negros nubarrones que descargaban sin descanso trombas de agua sobre la ciudad hacían que los capitanes de los buques atracados en los muelles sintiesen una punzada de inquietud, dudando si sus vapores se encontraban al abrigo de un puerto o si acabarían varados sobre el paramento de los muelles.

En la noche del 9 de septiembre, algunos marineros de buques atracados en el puerto habanero escucharon entre los rugidos del viento el desesperado aullido de la sirena de un vapor que frente al Castillo del Morro, hacía insistentes señales en morse pidiendo práctico.

Los marinos contaron después que llegaron a distinguir las luces de un vapor que capeaba el temporal frente a la entrada de la bahía mientras hacía insistentes señales en morse con una lámpara. Desde la capitanía del puerto le comunicaron por esa misma vía que, por las peligrosas condiciones del tiempo, era imposible enviarle un práctico, y que por esas razones desde el atardecer el puerto había sido cerrado.

Ante la respuesta negativa a su demanda, el capitán del desconocido barco que se supone fuera el Valbanera, entendió perfectamente el mensaje e informó a su vez que intentaría capear el huracán mar afuera o en una rada de la Florida. El buque viró lentamente y se alejó rumbo norte entre las crestas de las gigantescas y enfurecidas olas que se arrojan contra los despeñaderos.. No sospechaba el marino que el huracán llevaba la misma dirección que el barco. En pocos minutos sus luces se perdieron entre la lluvia y las cortinas de agua salada sin que se le volviera a ver.

No hay ninguna seguridad pero se supone muy seriamente que dicho barco no era otro que el Valbanera. Al parecer el capitán no fue advertido a tiempo sobre el peligroso huracán a causa de lo rudimentario de las predicciones meteorológicas de entonces y lo limitado de las comunicaciones.

Tal circunstancia, como es de esperar, dará lugar a uno de los más comentados enigmas en torno al naufragio, sobre el que, lamentablemente, no se realizó en su día investigación oficial alguna ni se ofreció una información precisa sobre los sobrevivientes, lo cual, acentuó el misterio sobre el infortunado buque. En el desastre perecieron y quedaron sepultados para siempre en las turbulentas aguas del mar Caribe, 488 personas entre tripulantes y pasajeros, en su mayoría canarios que emigraban a La Habana. Sus cadáveres nunca fueron encontrados.

El naufragio

Parece probable que el Valbanera naufragase sobre las 23:00 horas del día 9 de septiembre de 1919, posiblemente quedó sin gobierno por avería en la máquina y el timón y la fuerza huracanada del viento y la mar lo arrojaron sobre un bajo arenoso en Half Moon Shoal. Al embarrancar volcó sobre el costado de estribor y fue cubierto por las olas embravecidas. Con anterioridad probablemente había perdido la antena de la telegrafía por lo que no pudo emitir ninguna señal de socorro. No hubo supervivientes, ni testigos ni se hizo ninguna investigación oficial.

La magnitud de la tragedia y todas las circunstancia que rodearon al hecho, como era de esperar, dió lugar a uno de los más comentados enigmas en torno al naufragio, sobre el que, lamentablemente, no se realizó en su día investigación oficial alguna ni se ofreció una información precisa sobre los sobrevivientes, lo cual, acentuó el misterio sobre el infortunado buque.

El descubrimiento de los restos

El Faro de Rebecca Shoal, en el estrecho de la Florida

Transcurridos diez días de intensas búsquedas, el 19 de septiembre de 1919 el barco fue descubierto por el guardacostas estadounidense US SC 203 a 12 metros de profundidad en un bajo arenoso en Half Moon Shoal (Bajos de la Media Luna), a unas 5 millas al este del faro de Rebeca Shoal y a 45 millas al oeste de Cayo Hueso.

Se conjetura que la fuerte tormenta le causó la rotura del timón y las máquinas, por lo que quedó sin gobierno, y la falta de una llamada de auxilio se debió a que los vientos le arrancaron la antena telegráfica.

En el diario de navegación del guardacostas se afirmaba: «Los pescantes indican que no se hizo ningún esfuerzo para arriar los botes salvavidas».

La tragedia del Valbanera fue una de las más grandes de las emigraciones españolas, historia llena de supersticiones y de misterios, algunos todavía no desentrañados, pues incluso, Los restos del Valbanera aún pueden ser vistos cuando baja la marea en el extremo oriental de los cayos de la Florida.

El pecio

La Marina de Guerra cubana se movilizó desde los primeros momentos en busca del Valbanera o, en su caso, de los supervivientes o restos que permitiesen llegar a una conclusión definitiva. Pese a todos los esfuerzos, los resultados fueron negativos. Los cañoneros Cuba y Patria se hicieron a la mar cuando amainó el temporal y, en unión de un destructor de la Marina de Guerra de Estados Unidos, realizaron las primeras misiones de rastreo.

El día 19, el cazasubmarinos de la US Navy US SC 203 pone rumbo al bajo de Rebecca. A unas 5 millas al este de dicho bajo, se encuentra una zona denominada Half Moon, el Bajo de la Media Luna. El comandante vislumbra algo que sobresale del agua en el límite occidental del bajo. Inmediatamente enfoca sus prismáticos y lo que ve le deja atónito. Del agua sobresale el palo trinquete de un vapor y dos pescantes de botes salvavidas. Tras casi diez días de búsqueda, el Valbanera había sido encontrado.

De la superficie del agua sólo asomaban los pescantes de babor de la toldilla de popa y el mástil de popa. El buque se encontraba a 12 metros de profundidad reposando sobre su costado de estribor. No había ni rastro de los 488 pasajeros y tripulantes que se habían hundido con el barco. Dichos restos aún son visibles cuando baja la marea en el extremo oriental de los Cayos de la Florida.

Intentos de recuperación

En los últimos días de octubre llegó a Cádiz el representante de Pinillos, Izquierdo y Cía. en San Juan de Puerto Rico, Álvaro Trigo, quien confirmó que el casco del Valbanera se encontraba efectivamente, en Rebecca Shoalds, en las proximidades de la Isla de Tortuga.

Según sus palabras, el Valbanera tenía el casco desgarrado por estribor y con un enorme boquete en la proa. Cerca del liner español se encontraban los restos de un velero americano que, asimismo con la proa destrozada, se presumía que habría colisionado con el Valbanera durante el ciclón. ¿Era cierta esta versión? Se trataba, por supuesto, de una de las muchas que circularon durante aquellos días. Pinillos, Izquierdo y Cía. informó en diciembre de 1919 que estaba negociando con una empresa de salvamento establecida en Jamaica la realización de estudios para el reflotamiento del Valbanera y, en caso de resultar imposible, rescatar al menos los cadáveres que se encontraban en su interior para su traslado a La Habana y darles sepultura.

Sin embargo, no se alcanzó un acuerdo, como tampoco con otras empresas especializadas de Estados Unidos y, por último, se estableció contacto con la Compañía Cubana de Salvamentos. Por entonces, la compañía Pinillos declaraba que no le interesaba el reflotamiento del barco y sí la recuperación de los cadáveres de los pasajeros y de los tripulantes.

Las conversaciones tampoco dieron resultado y, finalmente, una empresa española solicitó realizar los trabajos previos a un detenido reconocimiento del casco, pero, como en los casos anteriores, no se alcanzó un acuerdo y poco a poco el Valbanera dejó de ser noticia, aunque la memoria de la tragedia se ha mantenido en el tiempo.

En abril de 1924, después de otro temporal, los palos del Valbanera que todavía sobresalían por encima de la superficie del mar desaparecieron para siempre. Pasaron casi veinte años y en 1942 la US Navy desguazó algunas planchas del costado de babor del pecio para reforzar blindajes navales.

En 1963, otro temporal removió las arenas que cubren los restos del Valbanera y dejó al descubierto la hélice de babor, que quedó a menos de seis metros de profundidad y «brillaba muchísimo». Uno de los chatarreros de la zona especializados en naufragios, Ted White, procedió a su extracción mediante una carga explosiva en el eje de la hélice, para después cortar las palas con un soplete e izarlas a la superficie con la ayuda de la grúa de una pontona. Las palas, según testigos presenciales, se vendieron a un anticuario de Miami.

Secuelas en tierra

En muchos pueblos de España y de Cuba repicaron las campanas de las iglesias en memoria de los fallecidos en el triste suceso.

Según las historias que crearon los sobrevivientes del buque, durante 30 años un hombre casi todos los días preguntaba en el puerto de La Habana si se tenían noticias del Valbanera. Se decía que había desembarcado en Santiago de Cuba con uno de sus hijos pequeños dispuesto a hacer el viaje por tierra hasta La Habana para estar alojado aquí cuando el resto de su familia llegara a la capital en el buque.

Véase también

Fuentes

  • «La tragedia del Valbanera», artículo de 2009 publicado en el sitio web La Jiribilla (La Habana).
  • «Réquiem por el Valbanera», artículo del 25 de diciembre de 2009 publicado en el sitio web Juventud Rebelde (La Habana).
  • Echegoyen García, Fernando (1997): El misterio del Valbanera (desaparición y naufragio). Madrid: Agualarga, 1997. ISBN 978-84-88959-85-0.
  • Díaz Lorenzo, Juan Carlos (2001): La Palma, escala en la ruta de América. Madrid: Juan Carlos Díaz Lorenzo, 2001.
  • «Naviera Pinillos», artículo publicado en el sitio web Buques.