Ceiba (Ceiba pentandra)

De EcuRed
Ceiba
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Nombre Científico:Ceiba pentandra (L.) Gaert.
Reino:Plantae
Subreino:Tracheobionta
División:Magnoliophyta
Clase:Magnoliopsida
Orden:Malvales
Familia:Malvaceae
Género:Ceiba
Especie:Ceiba pentandra

Seiba o Ceiba (Ceiba pentandra). Árbol silvestre que existe en toda Cuba, pero no se encuentra en gran número en ninguna parte. Es uno de los árboles característicos de nuestros campos, como la palma real.

Contenido

Características

La Ceiba pentandra, conocida como Ceiba, es uno de los árboles más grandes y de rápido crecimiento de América tropical, llega a medir hasta sesenta metros de alto y más de 2 m de diámetro; crece en clima cálido y húmedo y es conocido desde México hasta Brasil.

Sus raíces o gambas pueden alcanzar hasta 5m de altura, es de hoja perenne, de unos 15 metros de alto. Da frutos desde los 5 a los 60 años y estos producen una fibra parecida al algodón llamada "seda vegetal" o "cadarzo”. Cuando el árbol tiene de tres a cinco años produce este fruto con una cáscara frágil que contiene unas fibras ligeras y blandas.

Estas fibra, suave y ligera, se usa para rellenar colchones, cojines, almohadas y cinturones salvavidas. Las semillas pueden usarse para piensos de animales, fabricación de aceites comestibles y como fertilizante. Cuando es joven su corteza es espinosa.

Propiedades farmacológicas

De los retoños se hace calalú, pero se dicen que son contrario a la fecundidad de la mujer y abortivos, tomados en cocimientos con hojas de aguacate

Otros usos

Su lana se aprovecha para la confección de colchones, almohadas, aunque no es tan apreciada como la del yaguramo.
De su tronco se hacen canoas de una sola pieza; pero son de poca duración, pues si bien es madera leve peca por floja.
Su goma sirve para dar consistencia a los sombreros de paja, haciéndolos impermeables.

Curiosidades

Cosa extraña que siendo peculiar de este clima, tan indígena a estas Antillas como su nombre, conserva en todas ellas se manifiesta su sensibilidad a las estaciones despojándose de sus hojas que reproduce en la primavera.
Es respetada por el rayo por su cualidad idioeléctrica, proveniente de la configuración horizontal de su capa y de su lana que son malos conductores.
Su raíz siempre conserva agua para el sediento pasajero.

Como símbolo sagrado

Para los antiguos Mayas, la Ceiba representaba la comunicación entre el cielo y el inframundo; en la actualidad, sus descendientes la respetan como sinónimo de sabiduría y resistencia.

La Ceiba representaba el árbol que sostiene el universo. Según el epigrafista Federico Fahsen, la creencia se basaba en que las ramas están en el cielo, el tronco es donde vivimos y la raíz está en el inframundo. Otro enfoque de la cosmogonía maya es que la Ceiba abre sus ramas mayores hacia los cuatro puntos cardinales, y de esta manera se une a la cuádrupla deidad que rige los vientos y las lluvias. Además sus raíces dividen el mundo inferior, donde moran los espíritus, Xibalbá o lugar de la extinción.

Marca los rumbos en el mundo físico y divide las estancias de los dioses. Los textos mayas del Posclásico hablan de cinco ceibas que fueron colocadas por los dioses al principio del mundo: la roja, al este; la blanca, al norte; la negra, al oeste; la amarilla, al sur y la verde, al centro. La Ceiba central, llamada Yax -Imix- Che, es el eje del mundo; las otras cuatro, son sus proyecciones.

En Cuba la Ceiba es árbol sagrado por excelencia para los creyentes y practicantes de la Regla de Osha y el acto de plantarla constituye un compromiso indisoluble entre la planta y el hombre, en el que este último jura cuidarla mientras viva ya que de ella dependerán su salud y felicidad. Una vez finalizada la plantación, que debe ser antes del mediodía, se hará una fiesta en la que se sacrificarán animales. El día más apropiado para plantar una Ceiba es el 16 de noviembre, festividad de San Cristóbal, sincretizado en la Regla de Osha por Aggayú, Orisha dueño del volcán y del río caudaloso y patrono de la ciudad de La Habana. La víspera de la festividad de San Cristóbal, muchos habaneros se congregan en El Templete, un pequeño templo neoclásico construido en la primera mitad del Siglo XIX, que conmemora la celebración en ese lugar de la primera misa y el primer cabildo celebrados en la ciudad, para mientras formulan un deseo, dar tres vueltas a la Ceiba allí plantada. Esa Ceiba conmemora que bajo la sombra de uno de esos árboles se asentaron los fundamentos civil y religioso de la ciudad. En la regla de Osha, la ceiba es conocida como Iroko, que es sincretizada con la Purísima Concepción, por la serpiente que recuerda una de las tres expresiones de Iroko, que toma la forma de un majá. Iroko es dueña y habitante de la Ceiba.

Árbol sagrado para los abakuás, al igual que para los practicantes de la Regla de Osha, la Ceiba, a la que llaman Ukano benkosi es representación material de Abasí (Dios Supremo). Al pie de una Ceiba que hundía la mitad de sus raíces en el río sagrado Oddán, fue sacrificada Sikán; de la madera de esa Ceiba fabricó Nasakó el primer tambor Ekwé, portador de la Voz. Para los practicantes de los ritos Arará, la ceiba es el único árbol que respetó el diluvio, por eso le llaman Árbol de Dios. En ella habitan Aremu, un poderoso fudú identificado con la Orisha Obbatalá de los lucumí, y otras deidades.

La Ceiba está también presente en el habla del cubano. Así lo atestiguan algunos refranes: “Dios está en la Ceiba, y la Ceiba no la tumba el viento”, “El que sacude una Ceiba sólo sacude su cuerpo”’, avenida también en símbolo de fraternidad entre las naciones de América, una Ceiba plantada con tierra de las naciones del continente americano, es el centro del Parque de la Fraternidad, en el corazón de La Habana. En la sabana como en el bosque, la Ceiba es el eje de un ecosistema donde habitan numerosas especies epifitas de diversas familias y a donde acuden numerosas especies de aves. En los parques y patios de La Habana, como una columna más de El Templete, pincelada neoclásica en la barroca ciudad de las Columnas, se yergue la Ceiba, llena de ofrendas y de trabajos “para el bien o el mal”, y colmada de viejas tradiciones de las que nadie recuerda ya el origen.

Leyendas y cultos

La Ceiba, como la palma real, es el árbol más característico de la Isla y el árbol sagrado por excelencia. Al extremo que cabría preguntarse si es objeto de un culto independiente, -culto de la Ceiba en el que comulgan por igual, con fervor idéntico, negros y blancos- si no supiésemos ya que todos los muertos, l los antepasados, los "santos" africanos de todas las naciones traídas a Cuba y los santos católicos, van a ella y la habitan permanentemente.

Era también para los chinos que se importaron durante la colonia, y hoy para sus descendientes, "el trono de Santàn Kòn", la misma Santa Bárbara en China.

Si se interroga a un campesino blanco, a un "guajiro", sobre este misticismo que despierta la Ceiba en todo el país, dirá invariablemente que "está bendita", que sus mayores le han enseñado a adorarla, porque "es lo más sagrado y lo más grande de este mundo". Y todos repetirán exactamente lo mismo: "La Ceiba es santa" "Es el árbol de la Virgen María" "Es el árbol del santísimo" o "del Poder de Dios", o que es "árbol de misterio". Prueba de ello, que los elementos desencadenados la respetan: no la abate, no la desgaja el huracán más fiero: no la fulmina el rayo."El rayo respeta a la Ceiba y a más nadie"

¿Talar una Ceiba? Qué atrocidad! La Ceiba ni se corta ni se quema. Nadie sin hacer "ebbò" previamente, sin consultar a los Orishas y tomar precauciones se atreverá a derribar uno de estos árboles imponentes que se secan centenarios, adorados y temidos de todos en los campos de Cuba. Es comprensible que para la mayoría de nuestros negros y de nuestros campesinos, ambos en estrecha convivencia, reponiendo puramente a un atavismo, a un instinto religioso milenario, y en el fondo, común a todo el género humano, un árbol de tales proporciones y de belleza tan solemne y mayestática, aparezca como la materialización de alguna poderosa divinidad: esta divinidad de la ceiba se impone sencillamente. "Hasta tocar la Ceiba con la mano, fortifica". Todo en ella es beneficioso; contemplarla, y si llueve, mirar el agua que resbala por su tronco, "refresca el corazón".

Este árbol que se cree imperecedero y "que para todo tiene una virtud", suma de la fuerza mística de la vegetación, la tiene también para hacer fecundas a las mujeres estériles. La que desea concebir y consulta a un palero, beberá durante tres lunas seguidas, para lograr su anhelo, un cocimiento de la corteza de una Ceiba hembra que se arranca de la parte del tronco cara al naciente. Y en cambio la que no desea parir, la tomará de una Ceiba macho, orientada al poniente.

Quien ha vivido en Cuba sabe hasta qué punto es difícil derribar uno de estos árboles prodigiosos, eminentemente santos o brujos, que venera el pueblo con una fe que se resiste a poner en duda su divinidad. La mayoría se niega rotundamente a cometer este acto de impiedad indiscutible, echarlas abajo es pecado, con todos los agravantes de un pecado mortal. Las ceibas se vengan. Las ceibas no perdonan.

Estos árboles están cargados de leyendas y rodeados de misterio. La creencia de su santidad se trasmite de generación en generación. Un folklorista llenaría centenares de fichas con las historias que se cuentan de las ceibas, veneradas y temidas de un extremo a otro de la isla.

Cada 16 de noviembre, los habitantes de la Villa de San Cristóbal de La Habana (nombre original de la ciudad) protagonizan un ritual en el Templete, lugar donde a la sombra de una legendaria Ceiba se efectuó, según cuenta la tradición, el oficio religioso y el cabildo fundacional de la villa en 1519.

En el antiguo muelle de Santo Domingo, República Dominicana, existe un viejo tronco de Ceiba señalado por la tradición como el árbol en que Cristóbal Colón amarró sus navíos cuando penetró el río Ozama. Para los habitantes de la Mayor de las Antillas ese árbol inmenso es, junto a la Palma Real, el más venerado.

Se considera sagrado para blancos, negros o asiáticos practicantes de diferentes cultos sincréticos. Para estos últimos es el trono de Santán Kón, la versión china de Santa Bárbara, y para los campesinos en general el Árbol de la Virgen María.

Fuentes