Concha

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Concha
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Clasificación Científica
Reino:Animalia
Filo:Foraminifera
Orden:Lagenida, Spirillinida
Familia:Foraminíferos

Concha. Pieza exoesquelética que protege el cuerpo de diversas clases de animales. Se denomina con más precisión valva en los moluscos y caparazón en los crustáceos y quelónidos

Contenido

La concha

Los invertebrados, entre los que se encuentran los Moluscos, son animales que no poseen esqueleto interno, pero eso no significa que hayan de renunciar a las ventajas que proporciona el tener una parte dura como referencia para el resto de su cuerpo. La solución que muchos de ellos han adoptado, como son (insectos, crustáceos y moluscos entre los más notorios), consiste en ubicar dicha parte dura en el exterior del cuerpo en lugar de en el interior.

Ello les proporciona la ventaja de que pueden utilizar su esqueleto, al que suele llamarse concha o caparazón, como un elemento defensivo para protegerse de las agresiones externas; además de como punto de anclaje para sus músculos y órganos, como lo usan los vertebrados.

La concha es sin duda lo que más caracteriza a los moluscos, la misma constituye realmente el esqueleto externo o exoesqueleto de estos animales y que sus funciones comprenden fundamentalmente la protección y el soporte anatómico.

Composición

Químicamente hablando, las conchas son enormemente similares a los moluscos, a pesar de las llamativas diferencias que presentan en su aspecto: todas están formadas por dos componentes, una matriz orgánica de naturaleza fundamentalmente proteínica (conquiolina) y un depósito inorgánico de carbonato de calcio, aunque la disposición de estos dos componentes, siendo similar, puede presentar variaciones, que en gran medida dan su particular aspecto a cada concha.

La conquiolina presenta cierta relación con la quitina que constituye el caparazón de los insectos, crustáceos y otros organismos, incluyendo los hongos superiores. Dada su naturaleza proteínica, contiene gran cantidad de aminoácidos, especialmente tirosina, asparagina y lisina, además de algunos aminoazúcares.

Es segregada por el manto, una especie de repliegue dérmico que recubre el cuerpo del animal y su principal función es servir de base para el posterior depósito de sales minerales; su importancia (en cantidad) es variable dependiendo del estrato de la concha en cuestión.

Las sales minerales pueden cristalizar de distintas formas al depositarse, formando diferentes capas que aportan gran parte de las características visuales de la concha. El Carbonato de calcio suele cristalizar en forma de aragonito, aunque también puede hacerlo como calcita, especialmente en la parte más interna de la concha. Además, los cristales pueden disponerse en forma de prismas o de láminas, según la capa de que se trate, proporcionando así diferentes propiedades a la estructura de la concha.

Es normal también encontrar pequeñas cantidades de otras sales como carbonatos, fosfatos y silicatos de magnesio, pero su papel es completamente secundario, no parece tener una relación con las características de la concha sino que es probablemente una consecuencia casual de su parecido químico con el carbonato cálcico y del hecho de su existencia en el medio en que vive el animal.

Estructura

Independientemente del aspecto externo que presente, la estructura transversal de la concha es básicamente la misma siempre y, en contra de lo que pudiera parecer, es bastante complicada. La organización es en capas superpuestas y desde fuera hacia adentro pueden distinguirse las siguientes:

Capa Características
Periostraco Del griego peri=alrededor y ostrakon=casco: está formado por conquiolina (es por tanto completamente orgánico) y envuelve al resto de la concha como una funda. Su consistencia es parecida a la de una membrana y no siempre está presente, de hecho, en las conchas que no se han cogido vivas es muy raro encontrarlo.

En general no es precisamente una capa llamativa: sus colores suelen ser apagados (habitualmente transparente o en tonos marrones) y carece de brillo, aunque algunas especies (la familia Ranellidae, por ejemplo) desarrollan largas y finas prolongaciones que dan a la concha fresca un aspecto peludo bastante curioso.

Su función biológica parece ser la de proteger a la concha de las reacciones químicas con el agua, evitando así su debilitamiento por disolución parcial del carbonato cálcico. También contribuye a evitar la fijación de otros organismos en su superficie y proporciona mimetismo a la concha.
Ostraco Está formado por cristales prismáticos, generalmente de aragonito, apilados a su vez en dos capas (por eso algunos autores distinguen entre ectostraco y mesostraco) que se disponen perpendicularmente o en diagonal respecto a la superficie de la concha, a veces estos prismas son muy aplanados, formando una estructura prácticamente laminar.

Los cristales se depositan en una matriz de conquiolina en forma de red, de manera que la parte orgánica de esta capa llega a alcanzar el 10% y los prismas pueden separarse si llega a eliminarse la proteína. En algunos casos las capas se disponen con una inclinacion alternada, lo que da una mayor resistencia a la concha.
Hipostraco Del griego hypos = por debajo. también se conoce como endostraco y está formado por varias capas laminares de aragonito (a veces también calcita) superpuestas de forma paralela a la superficie de la concha. Estas láminas pueden ser mas o menos gruesas y planas, en cuyo caso dan a la superficie interna un aspecto de porcelana o muy finas y onduladas, en cuyo caso dan lugar a la superficie irisada que conocemos como nácar.

Un aspecto importante es que las conchas de los moluscos son, en su abrumadora mayoría, dextrógiras, es decir que la espiral que las constituye se enrolla siempre hacia la derecha, de tal manera que, si sostenemos la concha verticalmente con el ápice hacia arriba y la abertura dirigida hacia nosotros, ésta quedará siempre en el lado derecho de la concha.

Existen algunas especies (muy pocas) que son naturalmente levógiras (se enrrollan hacia la izquierda), como es el caso de Neptunea contraria o Sinistralia maroccensis y ocurre también que, ocasionalmente, se encuentra algún ejemplar levógiro de una especie que es normalmente dextrógira.

Se supone que estos ejemplares aparecen debido a una mutación producida en las primeras fases del desarrollo de la larva y son por lo tanto una rareza que puede multiplicar enormemente el valor del ejemplar.

Una mención aparte merece el opérculo, presente en muchos grupos de gasterópodos marinos y en algunos terrestres. El opérculo es una placa que se desarrolla en la parte dorsal y posterior del pie y que sirve para cerrar la abertura cuando el animal se retrae en el interior, constituyendo una auténtica “puerta” que impide el acceso por la zona más vulnerable.

El opérculo es característico de cada especie y puede servir perfectamente para distinguir unas de otras. Según el material de construcción utilizado puede ser córneo (orgánico) o calcáreo, en cuyo caso su composición es similar a la de la concha. Además, su crecimiento puede ser espiral o concéntrico.

Algunos opérculos, como los de Astraea rugosa o Turbo marmoratum poseen un indudable atractivo y han llegado a ser utilizados en joyería.

Formación

Los primeros atisbos de la concha aparecen ya en la fase de larva, en un estadio conocido como veliger, muy característico de los moluscos, y a partir de ahí, su crecimiento perdura durante toda la vida del animal. Las primeras vueltas, formadas por material depositado de una sola vez en la fase larvaria y que en ocasiones se acaba perdiendo debido a su fragilidad, se conoce como protoconcha y es característica de cada especie.

No obstante, el crecimiento de la concha no es continuo, sino que se produce de manera periódica, dejando sus huellas en la propia concha. Esto es debido a que las capas superiores de la concha se forman a partir de las secreciones producidas por las células del borde del manto, apareciendo así una serie de líneas de crecimiento que suelen ser bastante aparentes (piénsese en una almeja, por ejemplo).

Estas líneas de crecimiento tienen el aspecto de anillos concéntricos en los bivalvos, mientras que en los gasterópodos aparecen como líneas más o menos marcadas, paralelas a la abertura de la concha y que aparecen a cierta distancia unas de otras.

Las fases de crecimiento dependen en gran medida de las condiciones ambientales (temperatura, cantidad de alimento o de sales disponibles en el agua, etc...), así como de la situación interna del animal (estado de salud, estrés, etc...), por lo tanto, en condiciones favorables el crecimiento será rápido y las líneas de crecimiento se encontrarán relativamente separadas unas de otras, mientras que si las condiciones no son buenas, el crecimiento será lento y las líneas aparecerán muy juntas. Si las condiciones llegan a ser muy desfavorables, el crecimiento puede detenerse por completo.

No hay un acuerdo general sobre la duración de estas fases, es probable que sean estacionales en muchos casos pero, salvo excepciones, no se puede afirmar que cada línea de crecimiento corresponda a un periodo fijo en la vida del animal (al contrario de lo que ocurre con los anillos de los árboles, cada uno de los cuales corresponde siempre a un año).

Lo que sí nos permiten deducir es cómo han ido variando las condiciones ambientales en la zona siempre que tengamos un cierto número de conchas con similares variaciones, o cómo ha ido transcurriendo la vida y la salud de un determinado animal a lo largo de su vida.

La capa interna de la concha es fabricada a partir de la secreción de todas las células del manto, no sólo de las del borde, y por lo tanto, el crecimiento de esta capa no produce líneas de crecimiento, sino una acumulación de estratos que es la responsable del crecimiento en grosor de la concha.

Puesto que este crecimiento dura toda la vida del animal ello nos permite afirmar de modo general que una concha más gruesa será siempre más vieja que otra más fina, independientemente de su tamaño, siempre que las condiciones sean similares.

Los moluscos son capaces de reparar su concha si ésta resulta dañada, siempre que la parte del manto que está debajo permanezca intacta. En ocasiones, la parte dañada queda fuera del alcance de las células del borde y la reparación es llevada a cabo por otras células del manto, que sólo son capaces de secretar la capa interna de la concha, con lo cual la reparación dejará una especie de cicatriz que puede apreciarse con facilidad.

La formación de cicatrices también puede deberse a que hayan variado las condiciones de crecimiento y por tanto, la fabricación de la concha se haya vuelto más lenta o más rápida de lo habitual.

Algunas familias de moluscos, en especial las porcelanas, las marginelas y las olivas, tienen la costumbre de desplegar los lóbulos del manto alrededor de su concha, abarcándola por completo e impidiendo de esta manera que se fije sobre ella ninguna incrustación. (y, por lo tanto carecen de periostraco) Además, éstos lóbulos siguen secretando una capa calcárea muy fina, a modo de esmalte, lo que da a las conchas de estos animales su característica textura lisa y brillante (de ahí su nombre de porcelanas) que las hace tan apreciadas para el coleccionista.

Escultura y patrones de color

Una de las cosas más características de las conchas y que pueden conferirles un valor añadido son las esculturas que presentan. Entendemos por escultura toda la serie de formaciones calcáreas que adornan el exterior de la concha: costillas axiales y radiales, nudos, varices, espinas, dientes, etc...

Por regla general, estas esculturas son características de la especie mientras que, de un individuo a otro, dentro de la misma especie, lo único que varía es el grado de desarrollo de las mismas. Puesto que, como hemos expuesto antes, las células del manto son las responsables de la formación de la concha, todas estas esculturas están provocadas por diferencias en la forma del mismo o en el ritmo de secreción de dichas células.

Así por ejemplo, las costillas axiales (o concéntricas en bivalvos) deben su aparición a que, en los periodos finales de cada fase de crecimiento, el manto se repliega, por lo que el depósito de material correspondiente se hace en los mismos puntos, formándose así una acumulación que sobresaldrá por encima de la superficie normal de la concha.

Las líneas espirales o costillas radiales en cambio se deben a que el borde del manto no es plano, sino que presenta ondulaciones, por lo que la concha se forma siguiendo esas mismas ondulaciones.

La combinación de ambos factores da lugar a nudos y varices, mientras que las diferencias en el ritmo de secreción originan digitaciones y espinas, sin perjuicio de que puedan combinarse además con todo lo anterior. Como puede verse, las combinaciones posibles son enormes y ello justifica la amplia variedad de esculturas que podemos encontrar.

En cuanto al colorido de las conchas, que es otra de sus características más apreciadas, se debe a la inclusión de distintos pigmentos en el ostraco (generalmente, en la capa superior del mismo, en una zona conocida como capa calcárea de dibujo) a medida que se va fabricando la concha. Estos pigmentos pueden dividirse en dos tipos: solubles en ácidos (como la melanina o las porfirinas) y no solubles en ácidos (cromoproteínas diversas) y son fabricados por células del cuerpo del animal, almacenándose después en células especiales del manto que son las que los depositarán en la concha.

La fabricación de los pigmentos (es decir, su tipo y cantidad y, por lo tanto la intensidad de color que producen) está muy ligada a la alimentación del animal así como a las condiciones medioambientales, lo que produce a menudo distintas tonalidades dentro de la misma especie. En cambio, los distintos dibujos y patrones de color son debidos, al igual que la escultura, a la actividad constructora (en este caso, secretora) de las células del manto.

Así, si las células secretoras se encuentran repartidas de forma continua a lo largo del borde del manto, la concha tendrá un color uniforme, sin dibujos de ningún tipo, mientras que si esas mismas células se encuentran esparcidas de trecho en trecho darán lugar a un patrón a base de líneas espirales paralelas entre sí (o radiales) al ir creciendo la concha. Si la actividad secretora no es continua, sino esporádica, el resultado final será un dibujo a base líneas axiales (paralelas a la abertura) en el primer caso, o de lunares en el segundo.

Por supuesto, toda esta actividad así como la posición de las células en el manto, puede ir cambiando a lo largo de la vida del animal, con lo que obtendríamos dibujos a base líneas onduladas o quebradas, lunares de diferentes tamaños, etc...

Sin embargo hay dos factores que restan mucha validez a esta idea y son, en primer lugar que, en condiciones vitales ni colores ni dibujos son realmente visibles, ya que suelen estar ocultos por el periostraco, que es de tonos uniformes y apagados, y en segundo lugar, que ni los moluscos (a excepción de los cefalópodos) ni la gran mayoría de sus predadores o presas tienen una visión muy desarrollada y, desde luego no es éste el sentido que utilizan preferentemente ni para cazar ni para huir.

En el terreno del coleccionismo, hay que tener en cuenta que muchos de los pigmentos que dan el color a las conchas, al ser de carácter orgánico, son sensibles a determinados factores como la luz, la temperatura, la humedad y el oxígeno atmosférico, por lo que están lejos de ser inalterables. Por ejemplo, los tonos rojos y naranjas o los matices muy suaves tienen tendencia a palidecer con el tiempo, mientras que los tonos púrpuras se oscurecen hasta casi negros al oxidarse el pigmento. Por ello, aunque estas situaciones no lleguen a ser excesivamente frecuentes, es importante una adecuada conservación de la colección que nos permita conservar los colores en toda su riqueza.

Fuentes

  • Moluscos. Disponible en html.rincondelvago.com/moluscos.html
  • Importancia y características. Disponible en conchasdeabanico.blogspot.com/2009/07/importancia-y-caracteristicas.html
  • Concha. Disponible en www.eumed.net/malakos/concha.html
  • Concha. Disponible en es.wiktionary.org/wiki/concha