Henequenera de Juraguá

Henequenera de Juraguá
Información sobre la plantilla
Institución con sede en Cuba Bandera de Cuba
Henequen prod.jpg
Producción de Fibra a partir del Henequén
Fundación:1923
País:Cuba Bandera de Cuba
Dirección:Calle las Cañas s/n Juraguá. Abreus
Henequenera de Juraguá. Se construyó en la finca del antiguo Central Juraguá. Desde el año 1923 se produce y empaca fibra de henequén. Conserva naves, tanques de agua, planta eléctrica, líneas férreas, talleres de maquinado, romana y otros, todos originales, de ahí su valor histórico.

Primero Central Juraguá

El ingenio Juraguá pertenecía al rico propietario Tomás Terry Adans, fundado en 1845, aún después de abolida la esclavitud se siguió practicando la trata de esclavos con la complicidad y tolerancia de las autoridades españolas.

Después de Tomas Terry el central Juraguá tuvo muchos dueños, arrendatarios o administradores. Entre ellos se señala a Cruceiro, Santiago Murria, Oliverio Agramante, Rafael Martínez, Rafael Casales, sin poderse determinar quienes eran los verdaderos propietarios debido a la costumbre de ocultar su nombre bajo el rotulo de compañías o sociedades anónimas.

A lo largo de estos años fueron construidos los ferrocarriles de Juraguá que cubría el tramo desde el Castillo de Jagua a los centrales Maria Victoria y Covadonga.

El central Juraguá construyó un almacén de azúcar en el Castillo de Jagua, que por la profundidad de la bahía, los barcos podían atracar al pie del almacén, lo que facilitaba mucho la manipulación de la carga que bajaba por gravedad hasta la bodega de los barcos.

En 1916 lo centrales Maria Victoria y Covadonga construyeron también sus almacenes para aprovechar las condiciones favorables para el embarque de azúcar. Por esta época se organizó el gremio de los braceros del castillo de jagua, bajo la dirección de Regino Álvarez. Los almacenes de azúcar del Castillo de Jagua funcionaron hasta el año 1923. El central Juraguá hizo su última zafra en 1921.

Orígenes de la Henequenera

En 1922, la Santa Clara Sugar Company era la propietaria del Central Juraguá, siendo su administrador, Antonio Yera. En ese mismo año comenzó la demolición del central y los Ferrocarriles Unidos de Cuba adquirieron los ramales, equipo rodante e instalaciones; la Compañía de Jarcia de Matanzas S. A. compró las tierras.

El señor Antonio Yera sirvió de intermediario entre la Santa Clara Sugar Company y la compañía de Jarcia de Matanzas en la compraventa de la Hacienda Juraguá. La compañía de Jarcia, agradecida, le regaló una caballería de tierra al señor Yera en el lugar que prefiriera.

El mismo había sido nombrado administrador de la finca, escogió la caballería que comprendía el batey de Juraguá y algunas instalaciones. Por esta cuestión se originó un pleito que perdió la compañía. Posteriormente la compañía le compró a Yera la caballería de tierra pagando un precio elevadísimo.

Disgustada la compañía por el proceder de Yera envió a Juraguá como supervisor a un alemán que se nombraba Kart Haneberg mas conocido como mister Jane, que le hizo la vida imposible a Yera y cuando este renunció ocupó su puesto en la finca Juraguá.

La compañía de Jarcia de Matanzas S. A. tenía como administrador general a otro alemán nombrado Clamen Lamman que residía en la ciudad de Matanzas donde la compañía poseía extensas plantaciones de henequén, la industria de sogas y candelaria y los almacenes.

También poseía las plantaciones de Itabo y almacenes en La Habana. El presidente de la compañía era el millonario Don Segundo Casteleiro; el domicilio de la compañía radicaba en la calle de Aguacate #502 en La Habana, bufete del Dr. Antonio Sánchez de Bustamante (asesor de Gerardo Machado en la Reforma Constitucional de 1928 y la Prórroga de Poderes)

La compañía de Jarcia de Matanzas, S. A., con más de medio siglo de existencia, tenía una gran experiencia en el cultivo y aprovechamiento del henequén.

Antecedentes del henequén

El mundo consume una gran cantidad y variedad de fibras vegetales a un costo de producción agrícola y manufactura de más de cuatrocientos millones de pesos en tiempos normales, que pueden agruparse atendiendo a sus usos industriales: tejidos, cordelería, brochas y trenzados, rellenos y papel.

Las fibras vegetales se subdividen fundamentalmente en fibras duras y blandas según su consistencia, o en fibras largas y cortas, si se atienden al largo promedio de las mismas. Entre las fibras duras merecen mencionarse, el cáñamo de Manila o Abacá cuyos principales productores son Filipinas, Nueva Zelanda y Mauricio.

El sisal y el istle, cuyo principal productor es México. Los principales consumidores son los Estados Unidos, Gran Bretaña, los propios países productores y los países europeos.

Entre las fibras suaves, que son las de mayor producción y valor, se destaca el yute con la India como principal productor; el lino, la fibra sunn y el ramié, cuyos productores son Rusia, la India y China.

El sisal pertenece a las fibras duras, y desde el punto de vista de la calidad, solamente la mejora el cáñamo de Manila como fibra de cordelería, aunque cada vez se produce mayor cantidad de sisal.

La fibra se extrae de las hojas de una planta perteneciente a la familia de los Agaves, grupo de plantas indígenas del hemisferio occidental. Aunque este producto vegetal es especialmente común en México, todos los Agaves son duros y pueden vivir en cualquier clima tropical, por lo cual son susceptibles de trasplantes desde el continente americano a otras partes del mundo. Ates de la segunda guerra mundial se producía principalmente en el África Oriental, México, las Indias Holandesas y las del Caribe, en el orden mencionado.

El uso de la fibra en América es precolombino, utilizándose por los Mayas para tejer sogas, esteras y varias clases de ropas, llamándose en el lenguaje nativo “Nequén”.

Cada una de las fibras tiene diversas especies y clasificaciones que corresponden unas veces a la familia de plantas a que pertenece o a los productos que con ellas se elaboran, y dentro de estos a sus diversas calidades. Así el sisal corresponde a la familia de los Agaves, que comprende las especies: Sisal ( Agave sisalana), Henequén (Agave Fourcroydes) y Maguey (Agave Catala).

El Agave Fourcroydes o henequén, se produce Principalmente en la península de Yucatán y en proporciones menores en los Estados Mexicanos de Campeche, Chiapas, Sinalea y Tamaulipas; en menor escala en Cuba y en escala aún menor en El Salvador y Jamaica.

La producción de fibra de henequén en Cuba es aproximadamente de treinta millones de libras, de acuerdo con la capacidad instalada y las áreas sembradas, con un valor aproximado de tres millones de pesos, calculado sobre un precio de diez centavos la libra como precio promedio en tiempos normales. Como puede apreciarse, la producción de fibra de henequén, aunque constituye una entrada de divisas, no tiene gran peso en la economía del país.

El henequén es una planta del alto de un hombre, de 100 a 150 hojas o pencas en sus varias etapas de crecimiento antes del primer corte, que es a los cinco años de plantada la planta y que dura de doce a quince años.

La planta madura tiene un tronco corto de seis a nueve pulgadas de diámetro que se abre a pocas pulgadas del suelo y tiene unas hojas largas y rígidas y pulposas que radian del tronco con las puntas hacia arriba al principio.

La planta renueva sus hojas por arriba, aflojándose y cayendo por la parte de abajo. Las hojas o pencas maduras son de color pálido, alcanzando de tres a seis pies de largo por cuatro a seis pulgadas de ancho.

Las de henequén tienen espinas extraordinariamente fuertes y afiladas en los dos lados y una espina mayor en la punta de las hojas. Los cabos o hilos del henequén están situados longitudinalmente en las hojas y la fibra se obtiene removiendo la pulpa que las rodean.

Evolución de la Henequenera

En el año 1923, se le dio comienzo a la siembra del henequén en Juraguá. Se sembraron unas 100 caballerías entre los años 1923 y 1927.

A principios de 1928 se terminó la instalación de la planta desfibradora. Estos trabajos se realizaron bajo un régimen de salarios de miserias y pésimas condiciones de trabajo. Esta situación se agravó mas al estallar la crisis económica que azotó al mundo durante los años 1928 al 1933, los salarios descendieron hasta un mínimo de 0.40 centavos por 10 horas de trabajo

En el año 1928 se comenzaron los trabajos de cosecha y desfibración del henequén, o sea, la producción de fibra.

El trabajador de Juraguá carecía de todos los servicios básicos. No había atención médica. No existía el seguro contra accidentes de trabajo. En diez Km a la redonda existía una sola escuela enclavada en el batey de Juraguá con una matricula de 60 niños, donde se enseñaba de primero a sexto grado.

La maestra de esta escuela se nombraba Teresa Frank y dedicó una buena parte de su juventud a enseñar a los hijos de los trabajadores de Juraguá con devoción y sacrificio.

A pesar de que los trabajadores no tenían ninguna formación política, se lanzaron en apoyo del movimiento revolucionario dirigido por el miembro del Partido Comunista Ezequiel Díaz.

El día 2 de octubre de 1933, todos los trabajadores se concentraron en el batey de Juraguá portando carteles y telas pidiendo la quema de vales o tickets, el traslado del pago para la oficina de la compañía, la mejora en las condiciones de trabajo, la implantación de la jornada de 8 horas, el aumento de los salarios y la destitución de empleados y capataces que se habían encargado de perseguir a los trabajadores.

La respuesta de la compañía no se hizo esperar, aceptando en todas sus partes el pliego de demandas, prometiendo además separar de sus cargos a los empleados señalados por los trabajadores. La compañía cumplió con lo prometido a los trabajadores.

La revolución de 1933, representó para los trabajadores de Juraguá un alivio grande; se estableció el salario mínimo, la jornada de ocho horas, el derecho de sindicación, el derecho de huelga, el seguro contra accidentes de trabajo, el descanso retribuido y otras disposiciones de contenido social.

En los primeros momentos la clase patronal cubana, temerosa del empuje de los trabajadores, no oponían mucha resistencia a las demandas obreras, pero una vez que se repusieron de la sorpresa y el miedo, comenzaron a organizarse y a maniobrar para destruir las organizaciones sindicales, anular sus conquistas e imponer sus condiciones. Esta actitud de los patronos dio origen a un periodo de huelgas y conflictos que se expendió por algún tiempo.

Las conquistas sociales logradas al calor de aquella lucha fueron concretadas en disposiciones legales por los decretos dictados por Antonio Guiteras, miembro del gabinete del presidente provisional Ramón Grau San Martín. Muy pocos meses duró este gobierno que vino abajo cuando Batista consolidase en la jefatura del ejército.

Resumiendo se puede decir que la revolución del 33 no propicio los cambios estructurales pero represento un avance en el logro de las reivindicaciones de los trabajadores, y en la elevación de su conciencia política.

Con ayuda de Batista, Carlos Mendieta, se postula como presidente provisional en Cuba. La clase patronal tenía a Mendietta un aliado para anular todas las conquistas obreras y destruir sus organizaciones.

No obstante las dificultades, los trabajadores defendieron sus derechos y se organizó en la huelga de marzo de 1935. Los trabajadores henequeneros de Juraguá participaron en la misma, la cual duro más de cuatro meses.

La Compañía Jarcia de Matanzas, se sentía fuerte y bien respaldada y se negó a discutir las demandas obreras. En plena huelga, se apareció en Juraguá el inspector del Ministerio de Trabajo, señor Urbano Moreno, respondía a los intereses de la clase patronal. En su informe al ministerio recomendó la disolución de la Asociación de Obreros de las Plantaciones de Juraguá por haber infringido el Decreto-Ley #3, ejercicio de huelga ilícita. Pasadas las elecciones de 1936, fue electo Miguel Mariano Gómez. Este renunció por no plegarse a las ordenes de Batista, y ocupó la presidencia Federico Laredo Bru, sujeto entreguista presto a obedecer órdenes.

Los henequeneros de Juraguá, a través de su gremio, presentó a la Compañía de Jarcia un proyecto de Convenio Colectivo de Trabajo, en el mismo se estipulaba la cuantía del salario por el precio de la libra de fibra vendida por Cuba en el extranjero. A pesar de las limitaciones del Decreto-Ley #3, se discusión este convenio con un “Paso de Jicotea”.

Los principales accionistas de la compañía eran rentistas con cuantiosos intereses económicos de distintas ramas de la economía. La dirección de la compañía tenia marcada preferencia para poner al frente del negocio henequenero una administración alemana.

Estos alemanes pertenecían al Partido Nazi de Hitler y algunos de ellos eran miembros del consulado alemán en cuba. Durante la Segunda Guerra Mundial, en que Cuba, sirviendo los intereses de los Estados Unidos, le declara la guerra a Alemania, el gobierno solicitó la separación de los cargos a los administradores alemanes.

Fue entonces nombrado como administrador general radicado en Matanzas a Elio Debroca, que después fue sustituido por Antonio Aguirre y mas tarde por Carlos Grande. En Juraguá es nombrado administrador Luís Ulmo Caraballo.

Cuando los imperialistas americanos desataron su original guerra de agresión contra el pueblo de Corea, se produjo un alza violenta en el precio de la fibra de henequén en el mercado mundial.

Los patrones henequeneros disfrutaban placidamente de una danza de millones como consecuencia del alto precio de la fibra que se elevó a más de $0.25 la libra. La Federación Nacional de la Industria Textil, de la Aguja y sus derivados, en representación de los trabajadores henequeneros, reclamó y obtuvo del gobierno de Prío un aumento de salarios.

El 15 de enero de 1951, la Secretaria del trabajo dictó la Resolución 5067, que elevaba los salarios henequeneros en un 20% y en mayo del propio año se dictó el Decreto Presidencial # 2121 que concedía otro 20% de aumento.

A pesar de las enormes ganancias que estaban disfrutando los patrones henequeneros, los trabajadores tuvieron que recurrir a la huelga para lograr el cumplimiento de las referidas disposiciones.

La situación de bonanza en el sector henequenero, como resultado del alto precio de la fibra, no duro mucho tiempo, ni representó la solución de los problemas fundamentales de los trabajadores henequeneros, del propio modo, que el alza fabulosa del precio del azúcar durante la Primera Guerra Mundial, no representó la desaparición de los problemas que afligían al trabajador azucarero.

El 10 de marzo de 1952, en plena campaña electoral, donde el Partido Ortodoxo, tenía el triunfo asegurado, se produjo el golpe de estado que desplazó del poder a Carlos Prío Socarrás. Fulgencio Batista, que no contaba con ningún respaldo popular y valiéndose de la preponderancia que tenía en el ejercito, cuyos principales dirigentes eran hechura suya, fraguó y ejecutó el cuartelazo con gran facilidad, siendo ayudado por la cobardía de Prío que no se atrevió a tomar ninguna acción.

Para los trabajadores henequeneros el golpe del 10 de marzo representó la caída vertical de los salarios, pues asumido Batista el control del gobierno, los patrones henequeneros se confabulaban para provocar una rebaja de salarios. Lo prueba el hecho de que antes de cumplirse los tres meses del golpe de estado, ya los patrones plantearon oficialmente la revisión de los salarios en el sector henequenero.

La Junta Nacional de Economía, engendro de Batista y de su Ministro del Trabajo, Jesús Portocarreras, estaba encabezada por el magnate azucarero Gustavo Gutiérrez.

La Asociación de Agricultores Henequeneros y similares, entidad integrada por la totalidad de los dueños de las plantaciones de henequén en Cuba, acordó el 4 de junio de 1952, dirigirse al Ministro de Trabajo, solicitando oficialmente una reunión conciliatoria para revisar los salarios henequeneros, reduciéndolos de acuerdo con las estipulaciones de las disposiciones legales que concedieron los aumentos en Mayo de 1951.

La Federación Nacional de la Industria textil, de la Aguja y sus derivados, en representación de los trabajadores henequeneros de toda Cuba, en la reunión conciliatoria de 25 de junio de 1952, reiteró su criterio de que los tipos de salarios, hasta entonces en vigor a virtud de la Resolución 5067 y el Decreto # 2121, eran absolutamente costeables, e insistió se practicara la correspondiente investigación sobre este particular.

La pugna entre los patrones y los trabajadores dio lugar a que muchos dueños de plantaciones paralizaran las labores, creándose en el sector un hondo malestar que amenazaba transformarse en cuestiones de orden público.

Como el problema en lugar de resolverse se agudizaba, el Consejo de Ministros acordó designar una comisión integrada por los Ministros de Agricultura, de Comercio y de Trabajo y el Presidente de la Junta Nacional de Economía, para estudiar fórmulas que permitieran resolver definitivamente el problema que confrontaba el sector henequenero.

Todas las plantaciones fueron intervenidas por el gobierno al objeto de poder practicar las investigaciones solicitadas por los trabajadores, ya que una parte de los trabajadores (digo) patrones, habían paralizado las labores y la otra parte amenazaba con paralizarlas, todos alegando incosteabilidad.

La Federación Nacional de la Industria Textil, de la Aguja y sus Derivados, mantuvo la congelación de los salarios y la costeabilidad de las empresas, además, ofreció la fórmula para la solución definitiva del problema, la cual se basaba en los siguientes puntos:

  1. Creación de un organismo regulador de la industria, tanto agrícola como fabril, con facultades de control sobre la producción, distribución y precios.
  2. Obtención de ingresos por medio de un impuesto de seis centavos por cada libra de fibra elaborada en las cordelerías nacionales con destino al mercado interno y con cuyo producto no enjugaría el déficit que pudiera existir entre el precio del mercado mundial de la fibra y el costo de producción.
  3. Representación adecuada en el organismo de los trabajadores, los patrones y el gobierno.
  4. Atribuciones de la comisión para administrar y distribuir las recaudaciones, el desarrollo técnico de la industria y la intervención en los conflictos laborales.

La resistencia de los trabajadores a aceptar rebaja de las galerías, las huelgas, las intervenciones del estado y cuantas acciones se pusieron en práctica, no pudieron evitar las rebajas de los salarios que al fin se consumó, como puede verse en las recomendaciones y resoluciones de la Junta Nacional de Economía.

“La Junta Nacional de Economía considera que es absolutamente indispensable reducir el costo de producción para que pueda ser cubierto por el precio de venta y entiende que no queda mas remedio que rebajar los salarios a los trabajadores”. “La Junta Nacional de Economía considera necesaria efectuar una rebaja de salarios sustancial porque el salario representa en la producción agrícola el 75% del costo, mientras que el otro 25% esta representado por materiales, depreciaciones, sueldos de administración y oficina, asignaciones de directores, seguros, impuestos y otros gastos generales”.

“La Junta Nacional de Economía considera que el hecho de que el salario henequenero sea de los mas altos de nuestra producción agrícola, ello no impide que deba rebajarse sin contemplaciones, toda vez que si se ha podido alcanzar altos niveles en los últimos años, ha podido ser absorbida por el precio de venta del producto”.

“En consecuencia La Junta Nacional de Economía entiende que esta justificada la solicitud de rebaja de salarios, hecha por la Asociación de Agricultores Henequeneros y Similares, en la cuantía que resulte necesaria”.

Desacatando las disposiciones de la Junta Nacional de Economía, los henequeneros de Juraguá, en un último esfuerzo por mantener la integridad de nuestros salarios, nos lanzamos a la huelga.

La compañía henequenera de Juraguá, siguiendo las instrucciones de su asesoría jurídica orientada por el abogado cienfueguero Jorge M. Curiel, denunció el hecho como una huelga ilícita.

La guardia rural pudo detener una buena parte de los trabajadores, donde fueron conducidos al cuartel donde recibieron maltratos y vejaciones y desde allí a la cárcel de Santa Clara, a disposición de los Tribunales de Urgencia.

El resto de los trabajadores que escaparon a la redada de la guardia rural también fueron acusados por la compañía, es decir, la totalidad de los trabajadores tuvieron que comparecer ante el tribunal de Urgencia donde fueron sancionados a treinta y una cuota cada uno.

Estos acontecimientos tuvieron lugar el mismo año del asalto al Cuartel Moncada, en el año 1953.

La tiranía, a partir de ese hecho histórico, se fue acentuando con más rigor cada día. A la sección de los trabajadores, no ya para mejorar sus salarios, sino para mantener los niveles de vida y empleo, respondía el gobierno con mayor represión y hasta con el crimen, contándose entre las victimas algunos trabajadores henequeneros, como Julián Alemán y otros.

Los trabajadores de conocida militancia comunista fueron perseguidos con saña. Tenían que moverse clandestinamente.

Triunfo de la Revolución

El primero de enero de 1959, cuando se desplomó el régimen de Batista por el incontenible avance del Ejército Rebelde encabezado por Fidel, Raúl, Camilo, el Che y otros muchos, la situación de los trabajadores de Juraguá era similar a la del resto de los trabajadores agrícolas.

Con el triunfo de la revolución la situación de los trabajadores henequeneros cambio radicalmente, sin embargo, tuvo que enfrentarse a la maniobra de los explotadores.

La clase capitalista cubana, que por afinidad de intereses, fue siempre aliada al imperialismo y a la reacción, trato en los primeros momentos de halagar a los revolucionarios con actos y manifestaciones de apoyo llenos de hipocresía. Anhelaban solo mantener sus privilegios y poder seguir explotando a los trabajadores. Pensaron que se podría repetir la frustración de 1933. No les paso por la mente que esto era una verdadera revolución y que se operarían cambios profundos, cambios estructurales.

En 1959, un alto porcentaje de trabajadores de Juraguá, se mantenía en calidad de excedentes. Los cabeza de familia solamente devengaban un salario de miseria, por lo que la situación económica de los henequeneros era sumamente angustiosa.

La Cia. Henequenera de Juraguá. S.A, aliada al movimiento contrarrevolucionario después de la promulgación de la Ley de Reforma Agraria, como todos los grandes terratenientes, se dedicó a sabotear la economía del país, tratando de crear un clima de malestar y disgusto entre los trabajadores, soñando que estos le negaran respaldo a la revolución. Con ese propósito la henequenera de Juraguá, S.A, se dirigió al Ministerio de Trabajo, planteando la necesidad de paralizar parcialmente los trabajos alegando el viejo argumento de incosteabilidad, así como el carácter cíclico de toda producción agrícola.

Los trabajadores denunciaron el hecho como una maniobra contra el gobierno. La compañía comenzó a enviar a la desfibradora hojas tiernas y de tamaño inadecuado para provocar la caída de la curva de rendimiento y así poder justificar una incosteabilidad que en la realidad no existía. Llegó incluso a demorar el pago de los salarios devengados argumentando el agotamiento de recursos para atender el pago de salarios, materiales y combustibles.

Los trabajadores de Juraguá no aceptaron los planteamientos de la compañía ante el Ministerio del Trabajo. La situación se puso tan tensa que se temió por una alteración del orden público y actos de violencia. Los trabajadores, por la demora del pago de sus haberes llegaron a sacrificar algunas reses, revolucionariamente, de la flamante Compañía Ganadera Flor del Valle, arrendataria de los pastos de la Finca Juraguá. Taimadamente, esta misma maniobra se efectuaba en todas las plantaciones henequeneras del país. No solo los patrones henequeneros, toda la clase capitalista participaban de esta maniobra creyendo posible estrangular económicamente al Gobierno Revolucionario.

Los henequeneros abandonaron la vía del Ministerio del Trabajo y acudieron directamente al Instituto Nacional de la Reforma Agraria de reciente creación.

La comisión de los trabajadores fue atendida por nuestro Comandante en Jefe, Fidel Castro.

El INRA después de estudiar el problema henequenero decreto la intervención y expropiación de todas las plantaciones de henequén del país. Se creó a nivel nacional la Administración General de Fincas Henequeneras, formándose en cada unidad una cooperativa, siendo las primeras creadas en Cuba en este proceso revolucionario.

Una de las primeras medidas del Gobierno, después de la expropiación, fue un subsidio o ayuda a los trabajadores henequeneros de medio millón de pesos que fueron distribuidos equitativamente entre los trabajadores del sector. A los henequeneros de Juraguá les toco cuarenta y nueve mil pesos.

Enseguida se le dio trabajo al personal excedente así como a los hijos de los henequeneros que habían arribado a edad laboral, con cuyas medidas se mejoró extraordinariamente la situación económica de los trabajadores henqueneros.

La Cooperativa Henequenera “Francisco del Sol” que fue el nombre de esta unidad, con el aporte de los trabajadores, creo un Botiquín de Auxilio a los trabajadores y sus familiares, consistente en medicinas, servicio estomatológico, placas y análisis clínicos, además de la atención médica que consultaba dos días a la semana y hacia visitas a domicilio a aquellos enfermos que no podían acudir a la consulta. Además, se presentaba cuando era llamado cualquier otro día cuando era necesario.

Cuando los fondos del botiquín le permitieron, se compró un vehiculo y se acondicionó para el traslado de enfermos y parturientas a los centros asistenciales. Queremos señalar que desde el año 1933 hasta la creación del botiquín, los servicios médicos a los trabajadores de Juraguá le realizaba el Dr. Manuel González Núñez, mediante una iguala que consistía en el 2% del salario neto de todos los trabajadores.

La Cooperativa Henequenera Francisco del Sol estableció el pago de subsidio por enfermedad y accidentes, mucho antes de que entrara en vigor la Ley 1100 de Seguridad Social.

La administración General de Fincas Henequeneras creó la Escuela Nacional “Ciro Redondo” que funcionaba cerca de Camarioca, en la Conehita, provincia de Matanzas, para la superación técnica de los trabajadores henequeneros de ambos sexos.

Los trabajadores de Juraguá brindaron un apoyo total al Gobierno Revolucionario. Al organizarse la Milicias Nacionales Revolucionarias, los trabajadores ingresaron en forma masiva, dando un paso al frente en la defensa de la patria.

En oportunidades como la Invasión de Playa Girón, la Crisis de Octubre y otras movilizaciones, los trabajadores henequeneros ocuparon su lugar en las trincheras, dispuestos a enfrentarse al enemigo.

Los milicianos de Juraguá, a través de todos estos años han estado recibiendo la preparación combativa con el entusiasmo y la decisión necesaria, concientes de que a menos de cien millas habita la potencia más brutal y agresiva de la historia y que constituye una amenaza permanente para nosotros.

Después de las Milicias fueron surgiendo las otras organizaciones revolucionarias. Las ORI, la CTC, la FMC, la AJR, después del núcleo del PCC, la UJC y los CDR. Todas estas organizaciones tienen sus funciones específicas y juegan o han jugado su rol en este proceso revolucionario.

En educación merece mencionarse la Campaña de Alfabetización donde muchos trabajadores se distinguieron como alfabetizadores.

Se construyó el Centro Escolar que tiene capacidad para unos 350 niños. Los hijos de los trabajadores tienen todas las oportunidades para estudiar, pues existe un plan de becas tan amplio, que realmente nos e puede cubrir la demanda de alumnos para estudiar distintas especialidades.

En salud pública se ha construido un dispensario donde se presta atención médica a los trabajadores y sus familiares. Se le presta una atención especial a la medicina preventiva, orientada por el Medico del Dispensario de Salud Pública.

En el servicio de transporte de pasajeros se ha mejorado bastante. Después de la visita de Fidel y por disposición del mismo, fueron enviados a Juragua dos ómnibus tipo Girón. Uno cubre la ruta de Juraguá —Castillo y el otro Juraguá— Cienfuegos, con lo cuales se ha mejorado notablemente este servicio.

Los trabajadores de Juraguá se sienten incomparablemente mejor que en el pasado. No solo por las mejoras materiales alcanzadas desde el triunfo de la revolución, sino por la satisfacción moral que da el cumplimiento del deber.

Fuentes