Joseph Goebbels

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Joseph Goebbels
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Ministro de propaganda del III Reich bajo el mandato de Adolf Hilter.
Datos Personales
NombrePaul Joseph Goebbels
Nacimiento29 de octubre de 1897
Rheydt, Alemania
Fallecimiento1 de mayo de 1945
Berlín, Alemania
Causa de la muerteSuicidio
OcupaciónPolítico
Partido políticoPartido Obrero Nacionalsocialista Alemán

Joseph Goebbels. Ministro de propaganda del III Reich bajo el mandato de Adolfo Hitler.

Contenido

Primeros pasos

Nació en Rheydt, Alemania, el 29 de octubre de 1897, muere en Berlín, Alemania, 1 de mayo de 1945, político alemán, fue el ministro de propaganda de la Alemania Nacional Socialista, figura clave en el régimen, amigo íntimo de Adolf Hitler, y Canciller de la Alemania Nazi en su sucesión.

Político alemán. Hijo de una familia católica acomodada, recibió una educación esmerada y pronto destacó por su brillante inteligencia. Un defecto físico en las piernas le eximió de incorporarse a filas en la Primera Guerra Mundial. En 1921 se graduó en filología germánica por la Universidad de Heidelberg y trató de vivir como escritor y periodista, pero tuvo escaso éxito.

Sus puntos de vista fueron derivando hacia planteamientos cada vez más cercanos al nacionalsocialismo, hasta que acabó por ingresar en el partido nazi en 1923. Tras una rápida ascensión hacia la cúpula del poder, en 1926 fue nombrado Gauleiter de Berlín, puesto en el cual empezó a dar muestras de su habilidad como orador provocativo y hábil propagandista en una serie de campañas locales.

Jefe de la División de Propaganda

En 1930 se convirtió en el jefe de la División de Propaganda, trasladó su estrategia regional a un nivel nacional y sentó los principios de la manipulación de las masas a través de la propaganda. Con la llegada al poder de Hitler, fue nombrado ministro de Ilustración Popular y Propaganda, cargo desde el que trató de ganar la voluntad de los alemanes en favor del partido nazi.

Durante la primavera de 1933, las organizaciones estudiantiles, los profesores y los bibliotecarios nazis armaron largas listas de libros que pensaban que no debían ser leídos por los alemanes. Luego, en la noche del 10 de mayo de 1933, los nazis allanaron bibliotecas y librerías de toda Alemania. Marcharon con antorchas en desfiles nocturnos, cantaron canciones y arrojaron libros a enormes hogueras. Esa noche se quemaron más de 25.000 libros. Algunos eran obras de autores judíos, incluidos Albert Einstein y Sigmund Freud. Pero la mayor parte de los libros eran de autores no judíos, incluidos estadounidenses famosos como Jack London, Ernest Hemingway y Sinclair Lewis, cuyas ideas eran vistas por los nazis como diferentes a las propias y, por lo tanto, no debían leerse.

Segunda Guerra Mundial

Joseph Goebbels se ensañó con los intelectuales
Joseph Goebbels se ensañó con los intelectuales

A comienzos del conflicto bélico Goebbels prohibió terminantemente cualquier tipo de información proveniente desde el exterior de Alemania. Promovió la fe firme en la victoria final entre el pueblo alemán; tarea que se hizo más difícil a partir de 1943, porque empezaban a apreciarse signos inequívocos de que se estaba perdiendo la guerra.

Con el estallido de este conflicto, su actividad propagandística se incrementó considerablemente, en un esfuerzo por mantener alta la moral del ejército y el pueblo alemán a lo largo del conflicto, al tiempo que justificaba las atrocidades cometidas por el régimen.

Los bombardeos aéreos de los Aliados destruyeron numerosas ciudades del país y Goebbels procuró que la indignación causada no se dirigiera contra el gobierno propio, sino contra los atacantes.

Después del Cerco de Korsun-Cherkassy en los inicios de 1944, en que 55.000 soldados alemanes perdieron la vida, muchos de las tropas de élite de las SS y con mas de 26.000 prisioneros, Goebbels transformó esta derrota en victoria ocultando las terribles pérdidas sufridas.

Durante la caída de Alemania, Goebbels siguió haciendo creer al pueblo que la victoria llegaría finalmente. Trabajó activamente durante los últimos meses de la Alemania nazi estimulando el fanatismo de la lucha hasta el último hombre, en especial del Volksturm ofreciendo las "armas secretas del Führer".

Principios básicos de la propaganda en Goebbels

Represión cultural y quema de libros
Represión cultural y quema de libros
Goebbels habla en la noche de la quema de libros
Goebbels habla en la noche de la quema de libros

1. Principio de simplificación y del enemigo único. Adoptar una única idea, un único Símbolo. Individualizar al adversario en un único enemigo.

2. Principio del método de contagio. Reunir diversos adversarios en una sola categoría o individuo. Los adversarios han de constituirse en suma individualizada.

3. Principio de la transposición. Cargar sobre el adversario los propios errores o defectos, respondiendo el ataque con el ataque. "Si no puedes negar las malas noticias, inventa otras que las distraigan".

4. Principio de la exageración y desfiguración. Convertir cualquier anécdota, por pequeña que sea, en amenaza grave.

5. Principio de la vulgarización. "Toda propaganda debe ser popular, adaptando su nivel al menos inteligente de los individuos a los que va dirigida. Cuanto más grande sea la masa a convencer, más pequeño ha de ser el esfuerzo mental a realizar. La capacidad receptiva de las masas es limitada y su comprensión escasa; además, tienen gran facilidad para olvidar".

6. Principio de orquestación. "La propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas y repetirlas incansablemente, presentadas una y otra vez desde diferentes perspectivas pero siempre convergiendo sobre el mismo concepto. Sin fisuras ni dudas". De aquí viene también la famosa frase: "Si una mentira se repite suficientemente, acaba por convertirse en verdad".

7. Principio de renovación. Hay que emitir constantemente informaciones y argumentos nuevos a un ritmo tal que cuando el adversario responda el público esté ya interesado en otra cosa. Las respuestas del adversario nunca han de poder contrarrestar el nivel creciente de acusaciones.

8. Principio de la verosimilitud. Construir argumentos a partir de fuentes diversas, a través de los llamados globos sondas o de informaciones fragmentarias.

9. Principio de la silenciación. Acallar las cuestiones sobre las que no se tienen argumentos y disimular las noticias que favorecen el adversario, también contraprogramando con la ayuda de medios de comunicación afines.

10. Principio de la transfusión. Por regla general la propaganda opera siempre a partir de un sustrato preexistente, ya sea una mitología nacional o un complejo de odios y prejuicios tradicionales; se trata de difundir argumentos que puedan arraigar en actitudes primitivas.

11. Principio de la unanimidad. Llegar a convencer mucha gente que se piensa "como todo el mundo", creando una falsa impresión de unanimidad.

Tragedia en el bunker de Hitler

En los últimos días y horas de la Alemania nazi. Hitler, ya abandonado por Göering y por Himmler y tantos otros, dictó a Döenitz la lista del Gobierno que había de sucederle después de su muerte. Nombraba a Goebbels canciller. Su ultimo gran cargo había sido el de "general bevollmächtigter für den totalen Krieg", en agosto de 1944, algo así como procurador general para la guerra total. Fueron aquellos unos días mortales en el "bunker" de la Cancillería, con la artillería rusa disparando continuamente. Goebbels dejó escrito que no quería seguir viviendo después de que Hitler muriese.

Muerte

El 22 de abril de 1945, ante la inminente derrota total, Magda y sus seis hijos fueron al Führerbunker, donde se hallaba Goebbels. Esos serían sus últimos días de vida. El 1 de mayo de 1945, al atardecer, Goebbels llamó a sus hijos, que estaban jugando en el jardín, y que sin duda sabían lo que les esperaba, y les fueron administradas inyecciones letales por el mismo medico que la víspera había envenenado a los perros de Hitler.

Ese mismo día, después de matar a sus hijos, Goebbels y Magda decidieron perecer junto al régimen ordenando al oficial de las SS Schwägermann que les diera un tiro a cada uno en la nuca. El gendarme recibió la orden de quemar los cuerpos para evitar que éstos fueran objeto de humillaciones o exhibiciones públicas y les roció gasolina y les prendió fuego.

Al día siguiente, los rusos los encontraron medio carbonizados y por ello les reconocieron inmediatamente. Nadie había quedado vivo en el "bunker" para mantener el fuego.

Fuentes