Mario Rodríguez Ramírez

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Mario Emilio Rodríguez Ramírez
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NombreMario Emilio Rodríguez Ramírez
Nacimiento9 de agosto de 1911
Manzanillo, Granma, Bandera de Cuba Cuba
Fallecimiento15 de diciembre de 1996
La Habana, Bandera de Cuba Cuba
Nacionalidadcubana
OcupaciónMeteorólogo
PadresFrancisco Rodríguez Mojena y María Leonor Ramírez Battle

Mario Emilio Rodríguez Ramírez. Destacado meteorólogo cubano. Consagrado investigador.

Síntesis biográfica

Nacido el 9 de agosto de 1911 , en la ciudad de Manzanillo, actual provincia Granma.

Siendo aún estudiante universitario entró a trabajar en el entonces observatorio nacional , en marzo de 1936 , donde ocupó la plaza de auxiliar.

Obtuvo el doctorado en ciencias Físico- Químicas y luego en ciencias Físico- Matemáticas , en la Universidad de La Habana , con apenas un año de diferencia entre 1941 y 1942 , para posteriormente titularse de Máster en Meteorología en la Universidad de California, y hacer un curso sobre pronóstico de durante 14 meses en el Weather Bereau , de los Estados Unidos , el cual terminó en febrero de 1947.

Sus primeros años

Su padre, don Francisco Rodríguez Mojena, procedía de Veguitas, localidad perteneciente entonces al "término municipal de Bayamo". Doña María Leonor Ramírez Battle, madre de Mario, aunque de ascendencia cubana, había nacido en Colombia. En el período finisecular del XIX, caracterizado en Cuba por el inicio y apogeo de las guerras anticoloniales, la familia materna se había visto obligada a emigrar y exiliarse en el vecino país suramericano como resultado de sus vínculos con activistas revolucionarios. Se establecen entonces en Barranquilla. Tras su retorno a Cuba regresan nuevamente a la provincia oriental.

Entre los años 1917 y 1922, Mario cursó sus estudios primarios en Manzanillo, su ciudad natal, a lo largo de una etapa marcada por las irregularidades inherentes a las escuelas rurales de entonces. Aprendió a leer a los 7 años de edad. Su padre fue un decidido partidario de la educación naturista, siguiendo el criterio de que el niño debía aprender sólo, y al ritmo de su propio interés. Primero desarrollar el cuerpo, después la mente; por ello, durante su infancia, Mario no recibió como regalo juguetes sino herramientas. A pesar de ello, en estos años aparece en él una primera inclinación vocacional hacia la Literatura, motivada en buena medida porque don Francisco Rodríguez, periodista de profesión, contaba entonces con la cercana amistad de un hombre que, más tarde, devino personalidad de las letras cubanas: el poeta Manuel Navarro Luna.

En 1923, la familia Rodríguez Ramírez se traslada a La Habana. El cambio de domicilio se hizo necesario debido a que don Francisco había sido elegido para ocupar un escaño en la Cámara de Representantes por un período de 4 años. Una vez en la Capital, el joven Mario Emilio matricula en el Colegio de Belén para concluir sus estudios primarios y pasar a la segunda enseñanza. La etapa de transición operada entre los años de libertad de que la Mario disfrutó durante su niñez en Manzanillo, y el rigor de la enseñanza religios bajo la dirección de los sacerdotes jesuitas, fue sin dudas una dura prueba para el entonces adolescente.

Entre los recuerdos de sus años como alumno de Belén, contaba Rodríguez el de haber recibido clases de Literatura impartidas por el padre Mariano Gutiérrez-Lanza, director del Observatorio Meteorológico y Astronómico del Colegio, subrayando la elevada preparación pedagógica del Padre y su noble aunque exigente trato para con los alumnos.

Cinco años después, el 3 de octubre de 1930, Mario Rodríguez recibe su título de Bachiller en Letras y Ciencias; tenía entonces 19 años de edad.

Estudios superiores

El 5 de diciembre de 1930 Mario Rodríguez Ramírez solicita su ingreso en la Facultad de Ciencias de la [Universidad de La Habana], como aspirante a los títulos de doctor en Ciencias Químico Físicas, doctor en Ciencias Físico Matemáticas, e Ingeniero Civil Electricista.

Las convulsas circunstancias presentes en la sociedad cubana durante los primeros años de la década de los años 30, que tuvieron su origen en la llamada prórroga de poderes impuesta por el impopular gobierno de Gerardo Machado, le impiden continuar sus estudios, y Mario, apremiado por razones económicas, se ve obligado a emplearse como pesador de caña en el antiguo central "Pilar", en Artemisa. Más tarde entre 1931 y 1935, trabajó como oficinista, en la Secretaría de Hacienda en la Capital.

En 1937 logra al fin proseguir su carrera en el alto centro docente de La Habana por la modalidad de cursos libres. El primero de sus diplomas (Dr. en C. Q. F.) lo obtiene el 1 de agosto de 1941 y, más tarde, en 1942, recibe su segundo título (Dr. en C. F. M.).

El proceso que condujo a Rodríguez hacia su manifiesta vocación por la Meteorología, transitó por el camino de la Física. Esta definida inclinación aparece relacionada con el transcurso de un período histórico, particularmente brillante en el desarrollo de esta ciencia, que coincidió cronológicamente con la adolescencia y la juventud de Rodríguez, y cuya presencia e influencia no pueden ser pasadas por alto.

El conjunto de importantes estudios realizados durante aquellos años en materia de Física teórica, sobre todo en países como Inglaterra, Alemania y los Estados Unidos de América, tuvo un indiscutible efecto de impacto para estimular al joven perspicaz e inteligente, con fuerte inclinación hacia los estudios científicos.

En 1942, Mario Rodríguez se gradúa en la Universidad de La Habana. Durante el transcurso de su etapa como estudiante universitario, los intereses científicos de Rodríguez, incentivados por los conocimientos que iba adquiriendo en el cautivante universo de la Física, se van orientando cada vez más hacia las Ciencias Naturales; se hace presente asimismo el influjo de excelentes profesores como Manuel Gran y Manuel Rabiña.

Aparece entonces una marcada preferencia por el estudio de la Astronomía. Antes, en 1930, el entonces joven astrónomo Clyde Tombaugh había expandido en mil 500 millones de kilómetros las fronteras del Sistema Solar con el descubrimiento de Plutón. El interés de Rodríguez por esta disciplina nunca se extinguió; a finales de la década de los años 80, volverá a trabajar sobre el tema astronómico con una hipótesis en la que intentó establecer una analogía entre la dinámica de la atmósfera terrestre y la estructura del Sistema Solar y las galaxias.

Mario Rodríguez Ramírez fue testigo de acontecimientos científicos de excepcional trascendencia histórica; entre ellos, las primeras aplicaciones prácticas del radar a la Meteorología, el inicio y desarrollo de las exploraciones del espacio cósmico y la aparición, en 1961, de la Meteorología por satélites.

A principios de 1936, ocurre un hecho peculiar que enrrutará definitivamente al joven Mario hacia la Meteorología.

Por intermedio del meteorólogo Oscar Riverí, Rodríguez establece contacto con el ingeniero José Carlos Millás Hernández, director del Observatorio Nacional. Como resultado de este encuentro y siendo aún estudiante, comienza a trabajar como auxiliar en el Centro meteorológico de La Habana el 9 de marzo de 1936. Sus primeras obligaciones consistían en atender al teléfono durante el horario de la tarde; allí recibe su primer salario mensual: 28 pesos con 23 centavos.

En el Observatorio, dos acontecimientos de mayor importancia marcaron el transcurso de 1936: primero, el inicio de las transmisiones de la estación CLX, el día 7 de septiembre; y, segundo, la visita a Cuba del entonces jefe del Weather Bureau de los Estados Unidos, profesor Willis Gregg, quien cimentará las bases para la realización de algunos programas de colaboración científica. En el [Observatorio Nacional], Rodríguez fue desempeñando sucesivamente funciones de mayor complejidad, que lo llevan a familiarizarse con la realización de observaciones instrumentales, el lanzamiento de globos pilotos, y con el ploteo y análisis de los mapas del tiempo; pero su inteligencia y su creciente preparación le condujeron por caminos más amplios. Cinco años más tarde, atendiendo a las aptitudes mostradas para el trabajo científico, una vez que obtuvo su título como doctor en Ciencias, fue nombrado subdirector del Observatorio Nacional.

A principios de 1945 el propio Oscar Riverí realiza gestiones en el United States Weather Bureau, con el objeto de que un meteorólogo del Observatorio Nacional pudiera obtener una beca para realizar estudios de postgrado en los Estados Unidos. La solicitud fue formulada sobre la base de los requisitos establecidos en los acuerdos de cooperación científica y cultural suscritos por entonces entre los Estados Unidos de América y algunos países latinoamericanos, entre ellos Cuba. Los programas y las becas para estudiantes estaban patrocinados por la División de Cooperación Cultural del Departamento de Estado. La fecha en la que fue realizada esta tramitación, ha podido establecerse con certeza a partir de la expedición de un certificado de graduado que Rodríguez obtiene en la Universidad de La Habana, el 24 de octubre de 1945, bajo la firma del rector, Dr. Clemente Inclán Acosta; documento expresamente emitido para surtir efecto en los Estados Unidos. La comisión de otorgamiento en Washington consideró satisfactorio el curriculum de Mario Rodríguez Ramírez, y, en efecto, resulta aceptado para matricular en un curso de dos años y titularse como Maestro de Artes en Meteorología en la Universidad de California. Allí recibió clases impartidas por los conocidos meteorólogos Jacob Bjerknes y Jörgen Hombloe.

Rodríguez partió hacia los Estados Unidos el 5 de enero de 1946, llevando en sus bolsillos la extraordinaria suma de 2 dólares y 80 centavos. Durante su estancia en la ciudad de Los Ángeles residió en la propia sede del Servicio Meteorológico local; esto le proporcionó la posibilidad de visitar importantes centros científicos; entre otros el observatorio astronómico de Lick, en Mount Hamilton, y el observatorio de Mount Wilson; el Observatorio Griffith, en la ciudad de Los Angeles, y las obras del célebre Observatorio de Monte Palomar, entonces en proceso de construcción.

Antes de concluir su visita a los [Estados Unidos], Rodríguez completó satisfactoriamente un período de entrenamiento de 14 meses de duración, para el pronóstico de huracanes. Este adiestramiento, efectuado en el propio Weather Bureau, concluyó en febrero de 1947.

Como parte de su entrenamiento con los nuevos métodos de predicción, realizó prácticas durante un período de tres meses en las instalaciones meteorológicas del aeropuerto de Denver, en el Estado de Colorado, y en el de Miami, en la Florida.

Tras su retorno a Cuba, ya diplomado, resultó ser el profesional mejor calificado y con una formación académica más completa dentro del servicio meteorológico cubano, solo aventajado por el ingeniero Millás que contaba entonces con 30 años de experiencia en esa actividad.

Labor docente de Mario Rodríguez Ramírez

Deseoso de transmitir y aplicar en Cuba los conocimientos adquiridos, a partir de ese momento Rodríguez participa activamente en la organización y desarrollo de diversos cursos de instrucción teórica y práctica que fueron programados por el Observatorio Nacional para formar observadores meteorológicos. Esta labor la complementaba con reuniones nocturnas, realizadas en su propio domicilio, donde adiestraba y ejercitaba a un buen número de sus colegas en el dominio de las Matemáticas y la Física, los nuevos métodos de análisis de los mapas sinópticos y el estudio de otras disciplinas vinculadas con la ciencia del tiempo.

Antes, en 1938, Mario Rodríguez Ramírez había participado como profesor en el primer curso de formación de observadores meteorológicos que había auspiciado el Observatorio. Como parte de este programa de nivel elemental, de unos 6 meses de duración, enseñó diferentes asignaturas relacionadas con los procesos físicos de la atmósfera terrestre y con el manejo y lectura de los instrumentos meteorológicos. El curso se hizo necesario, debido, entre otras factores, a las perspectivas de ampliación de la red de estaciones meteorológicas que, como las Cabo Gracias a Dios, en [Nicaragua], y Cayo Paredón Grande, en Cuba, se instalaron ese mismo año.

Rodríguez interviene también en las subsiguientes versiones de aquel curso que, mejorado y ampliado, se impartió en el Observatorio entre los años 1947 y 1948. En aquellas aulas se graduaron jóvenes marineros cuya bien definida vocación los llevó a permanecer trabajando ininterrumpidamente en el Servicio Meteorológico Nacional.

En octubre de 1947, Rodríguez, hasta entonces empleado civil del Observatorio, es nombrado oficial de la Marina de Guerra Constitucional con el grado de teniente de navío.

Hacia 1950 imparte un nuevo curso para la formación de meteorólogos, de 2 años de duración; y entre 1953 y 1957 labora además como profesor de Meteorología General en la Academia Nacional de Patrones. Posteriormente, la Academia Naval del [Mariel] solicita sus servicios como docente para los cursos regulares que allí se ofrecen.

En este centro enseña Meteorología Marítima durante dos períodos de 4 y 3 años de duración respectivamente: el primero entre 1954 y 1958, y el segundo entre 1960 y 1963.

En 1956 concluyó y publicó la primera versión de uno de sus trabajos más importantes: la Cronología Clasificada de los Huracanes que tuvo más tarde sucesivas actualizaciones. Es necesario aclarar que desde que comenzó a trabajar en el Observatorio Nacional, Mario Rodríguez no dejó de ofrecer apoyo, fuera de la docencia formal, a cuantos colegas se le acercaban en demanda de sus conocimientos y su ayuda para adentrarse en el estudio de cualquier asunto relacionado con la Meteorología.

El período más fecundo y pleno de su magisterio tendrá lugar entre 1964 y 1977, como resultado de la diligente y acertada labor desplegada por él en la Escuela del Instituto de Meteorología.

Muerte

Mario Rodríguez Ramírez murió en La Habana el domingo [15 de diciembre] de [1996]. Los que le conocieron al final de su vida recuerdan sus intervenciones en los congresos internacionales sobre Meteorología y Ciclonología Tropical, realizados en La Habana durante 1993 y 1995, en los cuales, con su pulido verbo de siempre, aportó sus explicaciones colmadas de anécdotas, y de extensas y pormenorizadas referencias a los grandes acontecimientos de aquella ciencia que él mismo ayudó a forjar.

En el Observatorio Nacional

No fue una tarea sencilla para Rodríguez cambiar los métodos de trabajo existentes en el Observatorio Nacional a su regreso de Estados Unidos, en particular aquellos que se relacionaban con la elaboración y el análisis de los mapas del tiempo. Era grande el peso de una tradición de más de 30 años en el trazado de mapas sinópticos convencionales que se confeccionaban sólo una vez al día, y que ya habían quedado obsoletos en muchos países de Europa y en particular en los Estados Unidos. Por ello, correspondió al Dr. Mario Rodríguez Ramírez la delicada y parsimoniosa tarea de implantar poco a poco los nuevos procedimientos de predicción.

Inicialmente, el trabajo con los nuevos métodos aprendidos en los Estados Unidos debió realizarse prácticamente en secreto, a fin de no crear serios problemas internos, teniendo en cuenta el hecho de que el Observatorio Nacional era un centro sujeto a una estricta disciplina militar y que el propio Rodríguez, incluso, ostentaba el grado de oficial. Como consecuencia, se produjo un inevitable distanciamiento científico entre el director y el subdirector de la institución.

Entre los años 1960 y 1965, existieron en el Observatorio Nacional dos oficinas meteorológicas paralelas, una que trabajaba con los procedimientos tradicionales bajo la dirección de Millás, y otra, con métodos modernos, bajo la dirección de Rodríguez Ramírez, en la que se confeccionaban ya tres mapas del tiempo, uno cada 8 horas, utilizando la nueva simbología, aplicada en los centros extranjeros desde finales de la década de los años 30. Simultáneamente con las tareas que realizaba como subdirector del Observatorio, Rodríguez Ramírez prestaba servicios a la Compañía Cubana de Aviación en el Aeropuerto Internacional de Rancho Boyeros (hoy José Martí), como meteorólogo pronosticador para la aeronáutica, trabajo que realizaba cubriendo el horario de la madrugada. En este lugar impulsó la aplicación de los nuevos métodos de predicción para los cuales no había terreno propicio en el Observatorio Nacional. Rodríguez se mantuvo desarrollando este trabajo por espacio de 15 años, entre los años 1951 y 1966.

En 1962 fue ascendido al cargo de jefe de este departamento, hasta que en 1966 —debido a sus altas responsabilidades en el Servicio Meteorológico Nacional—, fue liberado de dichas funciones. En efecto, el 20 de febrero de 1962 el Gobierno Revolucionario, mediante la Ley 1011, crea la Comisión Nacional de la Academia de Ciencias bajo la dirección del Dr. Antonio Núñez Jiménez. Este organismo tendrá la misión de reformular la política científica del país y fundar diversos institutos de investigaciones.

En 1963 el Dr. Núñez Jiménez le nombra para dirigir el "Grupo de Trabajo de Meteorología y Astronomía" de la naciente Academia. Al asumir estas funciones participó en las primeras gestiones para desarrollar un acelerado proceso de colaboración con el Servicio Hidrometeorológico de la [Unión Soviética].

El 4 de mayo de 1964, la Comisión Nacional de la Academia de Ciencias de Cuba emite la Resolución no. 84, por medio de la cual se crea un Departamento de Meteorología en aquel organismo. El Dr. Mario Rodríguez Ramírez es designado como jefe de este Departamento. Desde ese importante cargo tuvo Rodríguez la responsabilidad de proyectar y ejecutar el montaje de un gran conjunto de 50 nuevas estaciones meteorológicas localizadas en todo el país, que fueron puestas a punto en sólo 10 meses de trabajo. Además de ello, asumió la tarea de dirigir e impartir clases en la Escuela de Meteorología de la Academia de Ciencias, donde se formaba al personal que estaría vinculado al funcionamiento de las estaciones que se pensaba instalar.

En 1964, esta entidad había graduado 160 observadores meteorológicos. El Departamento de Meteorología de la Academia de Ciencias fue uno de los centros que más tarde se fundiría con el Observatorio Nacional para dar lugar a la creación del Instituto de Meteorología el 2 de septiembre de 1965. Poco tiempo después, ya en 1966, Rodríguez se convertirá oficialmente en el noveno jefe del servicio meteorológico nacional de Cuba.

Aportes científicos a la Meteorología Tropical en Cuba

El Dr. Rodríguez Ramírez realizó su labor fundamental dentro de la Meteorología cubana, en el intervalo comprendido entre los años 1956 y 1976.

Si se analiza el período histórico durante el cual transcurrió la vida del Dr. Rodríguez Ramírez y los resultados que se derivaron de su labor creadora, se observará la indiscutible influencia ejercida en su formación científica por la llamada "Escuela Noruega" o "Escuela Escandinava de Meteorología".

Mario Rodríguez Ramírez dedicó 23 años de su vida al proceso de concebir, desarrollar y aplicar la "Teoría Vorticial de los Huracanes", en la que asignaba el papel determinante a la energía cinética generada por los anticiclones y no al calor latente de condensación. Como él mismo señala, la génesis del primer conjunto de ideas en torno a su modelo aparece en forma elemental hacia los primeros días del mes de octubre de 1954, cuando se hallaba enfrascado en el pronóstico del huracán "Hazel". Aquellas prenociones de su hipótesis fueron entonces aplicadas a la predicción de los ciclones tropicales "Connie", "Diana", "Hilda" e "Ione", desarrollados durante el año 1955; y los sistemas "Betsy", "Carla", "Dora" y "Greta", de 1956, cuyos resultados aparecen publicados por vez primera en 1957 en la Revista Cubana de Meteorología. Aquel mismo año, Rodríguez había expuesto las bases de su hipótesis en los Estados Unidos de América.

Conocedores de la existencia de aquel trabajo, algunos meteorólogos norteamericanos invitaron a Rodríguez a exponerlo en la sede del Weather Bureau, en [Washington], y en la base naval de Norfolk, Virginia, lo que aconteció en efecto en febrero de 1956. Resulta interesante señalar que entre los especialistas norteamericanos que escucharon la exposición de Rodríguez, se hallaba el conocido investigador y pronosticador Robert Simpson.

A su regreso a Cuba, un mes después, Rodríguez presentó aquel estudio en la sede del Observatorio del Colegio de Belén, durante el transcurso de una sesión de la Asociación Cubana de Aficionados a la Meteorología. La Teoría tuvo su período de mayor auge durante la década de los años sesenta, cuando devino uno de los instrumentos fundamentales para el pronóstico de los huracanes en el Instituto de Meteorología.

Durante el intervalo comprendido entre 1956 y 1976, Rodríguez expuso el resultado de sus investigaciones en más o menos una decena de países de Europa y América.

En 1968 apareció una versión más completa de la Teoría Vorticial en el primer número de la Serie Meteorológica, una de las numerosas publicaciones consecutivas de la [Academia de Ciencias de Cuba] editadas durante esa época.

A principios de la década de los años sesenta, el Dr. Mario Rodríguez Ramírez participó en la instalación y puesta a punto de una estación para la observación y seguimiento óptico de satélites artificiales (la primera existente en Cuba) emplazada en el Capitolio Nacional, sede de la Academia. De la misma manera contribuyó al montaje del primer Planetario Carl Zeiss adquirido por Cuba; un equipo de fabricación alemana, nuevo en su clase en la Ciudad de La Habana, que comenzó a prestar sus servicios en 1964 en el entonces Museo de Ciencias Naturales "Felipe Poey".

En 1963, la Academia de Ciencias da los primeros pasos para materializar el desarrollo de programas de colaboración con la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas en la esfera de la Meteorología. Con este objeto se produce la visita a Cuba del Dr. Nicolai Russin. Rodríguez Ramírez tomó parte activa en la realización de aquellos primeros encuentros y la subsiguiente concreción de los acuerdos que de él se derivaron.

En 1965, la Comisión Nacional de la Academia de Ciencias —mediante su Resolución no. 24—, funda el actual [Instituto de Meteorología], y recibe de la Marina de Guerra Revolucionaria el control estatal del servicio meteorológico nacional. Así, Rodríguez participa como eficaz protagonista de la importante reorganización del Servicio Meteorológico cubano acaecida entre 1965 y 1967, proceso que culminó confiriéndole un nivel científico superior a la ciencia del tiempo en nuestro país.

Antes, en mayo de 1960, Rodríguez Ramírez había elaborado un pormenorizado informe dirigido al jefe del Estado Mayor de la Marina de Guerra Revolucionaria en el cual expresaba la necesidad de fortalecer el trabajo del Observatorio Nacional, y separar, de acuerdo con la práctica internacional, las funciones meteorológicas y astronómicas en entidades separadas.Asimismo, sugería reagrupar las funciones inherentes a la Meteorología operativa que hasta entonces se hallaban dispersas entre el Observatorio Nacional, el Aeropuerto de Rancho Boyeros, y la base aeronaval del Mariel.

Un elemento de primordial importancia en la obra de Mario Rodríguez Ramírez es el ingente esfuerzo que desplegó en la creación de la Escuela del Instituto de Meteorología, en 1965. Este empeño dejó atrás a la época de los breves cursos de limitado alcance que hasta entonces se habían impartido en el Observatorio Nacional.

El sustento pedagógico de la Escuela de Meteorología descansaba sobre la base del importante nexo que debe existir entre el estudio y el trabajo. En este centro docente, los alumnos llevaban de conjunto el aprendizaje teórico y la actividad laboral práctica. La primera promoción de meteorólogos de nivel superior egresó en 1968.

En 1987 se habían graduado allí 75 meteorólogos del nivel superior, 68 de nivel II, 224 auxiliares, y 347 observadores. Un número significativo de excelentes especialistas que actualmente laboran en el Servicio Meteorológico Nacional y en otros centros científicos, proceden de aquella Escuela.

Otros aportes a la Meteorología Tropical en Cuba

Como parte de los importantes acontecimientos ocurridos a partir de 1965, el Dr. Rodríguez Ramírez participó en el proceso de montaje de 2 radares meteorológicos modelo Decca-42, previamente adquiridos durante los años 1964 y 1965 en el Reino Unido debido a las gestiones realizadas por el ingeniero Luis Larragoiti, predecesor de Rodríguez en la dirección del Observatorio. Estos equipos fueron en su momento un elemento de importancia para el estudio de las nubes, la lluvia, y en particular para la predicción de los ciclones tropicales. Paralelamente, se iban definiendo un conjunto de aspectos de relevante interés científico como temas de investigación para los especialistas del Instituto.

Un logro de singular importancia para la Meteorología cubana tiene lugar en las postrimerías de la década de los años sesenta, cuando entra en funcionamiento la primera estación existente en Cuba para la recepción de fotografías de satélites meteorológicos. Este equipo, de procedencia soviética, fue recibido en Cuba bajo el auspicio de los programas para el desarrollo de la Meteorología que ya habían sido suscritos con la Unión Soviética en 1967, y en los cuales el Dr. Rodríguez Ramírez desempeñó un importante papel. Esta primera estación receptora fue inaugurada oficialmente el 23 de marzo de 1969, coincidiendo con la celebración del "Día Mundial de la Meteorología" y, 7 meses después, cumplió un importante rol en el trabajo de predicción relacionado con el huracán “ Camila”.

Años más tarde, en 1973, Rodríguez participó activamente en el montaje y puesta a punto de otros 3 radares meteorológicos modelo Mitsubishi RC-32 B, más potentes y especializados en el seguimiento y estudio de los huracanes; personalmente seleccionó y recorrió los lugares elegidos para su emplazamiento. Estos equipos llegaron a Cuba como resultado de un acuerdo suscrito entre el gobierno cubano y el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, con vista a la ampliación y perfeccionamiento del Servicio Meteorológico Nacional.

El 2 de agosto de 1974, aún siendo Rodríguez director del Instituto, entró en servicio una nueva estación receptora de fotografías de satélites meteorológicos, de fabricación alemana. Recibía imágenes de los ingenios espaciales situados en órbita circumpolar y operaba con una frecuencia de 6 recepciones cada 24 horas.

El Hombre, el Director

Del universo interior del hombre, la profundidad y proyección de su espacio personal y espiritual de acuerdo con la opinión de sus hijas, Mario Rodríguez Ramírez fue un excelente padre que en mucho se preocupó por mantener una familia estable y socialmente sana.

Austero, en el sentido más positivo, y exigente en el cumplimiento de los deberes del hogar, se ocupó permanentemente de la correcta educación y formación vocacional de sus hijas e hijo, 6 en total.

En casa muchas veces le ayudaron en la realización de experimentos de Física, casi siempre vinculados con demostraciones prácticas de alguno de los principios sobre los que se apoyaban sus teorías en relación con los fenómenos meteorológicos.

Conservan particular remembranza de un artificio compuesto por Rodríguez, constituido por varias ruedas circulares de cartón que, movidas por el agua de una manguera que sus hijas sostenían, servía para modelar, en el patio de la casa, los anticiclones, flujos, ciclones e intercambios de energía que ocurrían en el seno de la atmósfera. Ellas guardan el vívido recuerdo de sus paseos dominicales con el padre... que invariablemente terminaban con una visita "al Observatorio", adonde Rodríguez acudía aún en sus días de descanso para comprobar el buen orden y la eficacia del trabajo que allí se desarrollaba.

Aquellos los que le conocieron y fueron sus colegas, los que compartieron con él éxitos rotundos, predicciones acertadas y pronósticos no cumplidos, tienen puntos de vista no siempre totalmente coincidentes en torno a los rasgos de la personalidad de Mario Rodríguez Ramírez.

En general lo definen como un jefe positivamente exigente y celoso cumplidor de los procedimientos de trabajo que estableció para la institución. Rodríguez se sentía responsable personal al más alto grado por los pronósticos elaborados en el Instituto.

A semejanza de Benito Viñes y de Luis García Carbonell, de Mariano Gutiérrez-Lanza y de José C. Millás, intervenía de manera directa en la elaboración y el análisis de los mapas del tiempo —incluso supervisando el ploteo de los datos y el trazado de las isobaras, por ejemplo—, y en la redacción de los boletines. Rodríguez, con exclusión de su alta responsabilidad en la dirección del Instituto, encabezaba también el grupo de meteorólogos pronosticadores.

Constituye un recuerdo recurrente en quienes le conocieron, el hecho de que en presencia de una situación meteorológica compleja —sobre todo si se trataba de ciclones tropicales en el área geográfica adyacente al archipiélago cubano—, Rodríguez convertía su oficina en una suerte de estado mayor. En ella trabajaba, y dormía algunas pocas horas, cuando las circunstancias le exigían no abandonar el Instituto.

La consagración y la excelencia en el trabajo no eran para él simples conceptos formales, eran un verdadero estilo de vida y una convicción que le condujo a ser una figura de indiscutible prestigio e ímproba ejemplaridad ante sus subordinados y sus superiores.

El Dr. Rodríguez Ramírez hubo de enfrentarse a la difícil situación meteorológica creada por el huracán "Flora" en 1963; y más adelante a las ocasionadas por otros organismos tropicales como los huracanes "Cleo", en 1964, "Alma", de 1966, y "Camila" en 1969, por sólo citar a 4 de los más recordados.

Como resulta fácil inferir, los aspectos prácticos relacionados con el pronóstico y el estudio de los ciclones tropicales constituían una importante prioridad para Mario Rodríguez. Como consecuencia de ello, se dio a la tarea de crear una estructura especialmente dedicada a este fin.

De esta manera organizó, en 1967, un Departamento de Ciclonología Tropical y otro de Meteorología Sinóptica, donde nucleó a un grupo de jóvenes meteorólogos, dedicados a realizar estas importantes funciones.

Rodríguez trabajó hasta 1977 en 35 temporadas ciclónicas, y permaneció 12 años como director del Instituto de Meteorología, cargo que equivale al de jefe del Servicio Meteorológico Nacional cubano.

Su régimen diario de trabajo se iniciaba muy temprano en la mañana, cuando llegaba al Instituto. Casi de inmediato se dirigía al Departamento de Pronósticos con el objeto de supervisar las tareas que allí se realizaban, en particular el mapa del tiempo, y observar las peculiaridades de la situación meteorológica existente.

Esta inspección la realizaba empuñando dos sencillos y temibles instrumentos de trabajo: un lápiz y una goma de borrar. Poco después acudía a su despacho en la Dirección para atender a los asuntos de carácter oficial que sus responsabilidades traían aparejados, entre ellos la lectura de abundante correspondencia. No faltaban las visitas a otros departamentos y, por supuesto, las ocupaciones relativas a la enseñanza que le imponía la Escuela de Meteorología. Aún le quedaba tiempo para observar y orientar el trabajo del personal administrativo, el de los mecánicos instrumentistas, el de los observadores de la estación, el del jardinero... y realizar una incursión por la carpintería, oficio que constituía en él una verdadera vocación a la que se entregaba con enorme satisfacción.

El Dr. Mario Rodríguez Ramírez tuvo, entre otras importantes responsabilidades, la de representar a Cuba ante la Organización Meteorológica Mundial. Era miembro de una decena de sociedades científicas. Entre ellas cabe mencionar a la Sociedad Geográfica de Cuba y a la American Meteorological Society; la Royal Meteorological Society y la British Interplanetary Society; la Asociación Cubana de Aficionados a la Meteorología y la American Geophysical Union.

Rodríguez recibió en 1993, la distinción de miembro de honor de la Sociedad Meteorológica de Cuba. Fue condecorado con la Orden Nacional "Carlos Juan Finlay", en virtud de su extensa y sobresaliente trayectoria científica.

Al cesar en sus funciones como director del Instituto de Meteorología el 21 de julio de 1977, continuó trabajando en diferentes temas de investigación relacionados con la Meteorología Tropical, en particular con los huracanes.

Participó como asesor en diversos proyectos de investigación, como ponente y delegado en congresos y reuniones de carácter técnico, como tutor y consultor en las tesis de grado científico de varios destacados meteorólogos —algunos de los cuales se hallan hoy presentes en este evento—, y escribió y publicó artículos de divulgación en la conocida revista cubana Juventud Técnica.

Rodríguez no pudo, en cambio, legarnos la inestimable riqueza de sus memorias a través de una obra expresamente elaborada con este fin.

Fuente

  • Instituto de Meteorología
  • Sección de ciencia y tecnología , artículo publicado el Sábado 13 de agosto en el periódico Granma , por el periodista Orfilio Peláez.
  • Ortíz, R. (1987): Reseña histórica de la Meteorología en Cuba, Conferencias y estudios de Historia de la Ciencia y la Tecnología. CEHOC, Academia de Ciencias de Cuba, La Habana (13 pp.).