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Casa de Cultura de Velasco

Casa de Cultura de Velasco
Información sobre la plantilla
Institución con sede en Bandera de Cuba Cuba
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Obra arquitectónica donde radica una Institucion Cultural Casa de la Cultura de Velasco
Fundación:2 de marzo de 1991
Tipo de unidad:Cultural
País:Bandera de Cuba Cuba
Dirección:Poblado de Velasco, Gibara, Holguín

Casa de Cultura de Velasco. Obra arquitectónica de Walter Betancourt Fernández, donde radica una institución cultural denominada Centro Cultural Félix Varona Sicilia, conocida popularmente como Casa de Cultura de Velasco, en la que funciona un complejo para el trabajo artístico y cultural.

Este edificio constituye el principal patrimonio visual de la comunidad de Velasco y es su símbolo cultural. La Casa de Cultura de Velasco, es uno de los monumentos más importantes de la arquitectura cubana, y es reconocido su valor a nivel nacional e internacional. Este edificio presenta un estilo arquitectónico de formas y volúmenes sui géneris, y concibe la belleza de los materiales en su estado original sin brillos ni pinturas excesivas.

Historia

Desarrollo del proyecto

Félix Varona Sicilia, principal promotor cultural de la comunidad, inició la campaña "Pro centro cultural" que se caracterizó por el convencimiento y la concienciación de la importancia de la obra. Entre las gestiones de la campaña estaba la recaudación de fondos y materiales a través de bailes populares, veladas artísticas, recogida de dinero con alcancías en la calle, impuestos de 20 centavos a los chóferes por el cruce de la calle principal, y el aporte voluntario "Done usted un ladrillo". De este modo se logró un fondo de 10 mil pesos.

Conseguido el terreno con el gobierno local, Varona gestionó un proyecto arquitectónico que respondiera a sus aspiraciones, pero ninguno de los que le presentaron lo convenció. Por medio de Sergio Ochoa diseñador del Teatro Lírico de Holguín, uno de los más entusiastas colaboradores, se puso en contacto con el arquitecto norteamericano, residente en Santiago de Cuba, Walter Betancourt Fernández. El encuentro para ambas personalidades fue crucial, y también para la cultura cubana, ya que rápidamente se produce un flujo coincidente de ideales humanistas y revolucionarios. La visita de Betancourt a Velasco le reveló la magnitud de la obra cultural que venía desarrollando Varona y contribuyó a su identificación con ella y con la decisión de realizar el proyecto que este le encargara, el cual fue aceptado sin reparos por el promotor.

Estos primeros tiempos de trabajo de Varona se caracterizaron por el enfrentamiento a la insensibilidad, el escepticismo y el regionalismo, tendencias que se entrecruzaban y se movían entre algunos grupos en la localidad y en la cabecera del municipio. En general estas se manifestaron criticando el proyecto de construcción al que consideraban demasiado ambicioso para un pequeño poblado, tildándola como una idea loca de Félix y el americano.

Luego de aprobada la fundación del complejo cultural, estas ideas se observarían en los incumplimientos y violaciones de los acuerdos tomados con la Dirección Provincial de Cultura (inversionista de la obra), en el desvío constante de recursos, así como el desinterés en la culminación de la obra. El largo proceso de construcción del complejo cultural constituye una rica fuente reveladora de las cualidades personales e ideales humanistas de Félix Varona y el arquitecto Walter Betancourt; este último donó su proyecto, así como la dirección de la obra y se autofinanció todos los gastos personales, en un gesto de desprendimiento y solidaridad humana.

A Varona y Betancourt se le suma, de forma voluntaria, el maestro albañil retirado Nicasio Santana, de vasta experiencia, que se convertiría en la mano derecha del arquitecto. Presentado el proyecto al gobierno provincial de Santiago de Cuba, este lo aprueba y asume su inversión. La construcción del complejo cultural comienza el 4 de mayo de 1964. Durante 14 años Betancourt no sólo trabaja en la obra, sino que "sufre" y comparte la lucha contra la indolencia, el desvío de materiales para lucro personal o hacia otras obras consideradas de mayor importancia. A la muerte de Betancourt, ocurrida el 18 de julio de 1978 la dirección de la obra pasa al arquitecto habanero Gilberto Seguí amigo muy compenetrado con las concepciones arquitectónicas de éste. Después de 27 años, la obra fue inaugurada el 2 de marzo por el Ministro de Cultura Armando Hart Dávalos.

Arquitectura

Vista de uno de los laterales

Las obras del arquitecto Walter Betancourt se caracterizan por su integración al medio circundante. En ellas es notable la influencia de la Arquitectura orgánica. La Casa de Cultura de Velasco, considerada la creación más majestuosa de Walter Betancourt, respeta totalmente el ambiente natural y el estado original de los materiales empleados en su construcción, como el ladrillo, el metal, la madera, la roca. Sólo se emplea pintura y repello en los lugares donde su autor lo considera necesario. Es, además, una magnífica muestra del uso de los materiales cerámicos. Las cubiertas inclinadas de tejas francesas y los muros de ladrillo le otorgan gran cromatismo.

La estructura arquitectónica es excepcional. La planta, de gran complejidad aparente, está constituida por la combinación de rectángulos, cuadrados y trapecios y en ella sobresale el espacio dedicado al teatro. Según el arquitecto cubano Luis Lapidus, el clímax de la obra de Betancourt es este impresionante teatro isabelino, una especie de paradójico xanadú caribeño repleto de referencias wrightianas. En el volumen general se destaca la torre de tramoya de dicho teatro, toda de ladrillos expuestos y con un rosetón de gran colorido que constituye un sugerente canto a Cuba.

El estilo se considera ecléctico, porque en él coinciden formas de las construcciones militares coloniales, aleros asiáticos, terrazas incas, detalles precolombinos mesoamericanos y vitrales góticos.

Significación de la obra

La culminación de esta obra no solo significó el más portentoso monumento rendido a la cultura cubana en muchos años, sino que constituiría el triunfo de las ideas democráticas y altruistas de estas dos personalidades que trabajaron por entregarle a los seres humanos lo mejor, sin importarles el tamaño de la comunidad, rompiendo con los cánones tradicionales del viejo orden capitalista de realizar las obras relevantes en las grandes ciudades o lugares considerados importantes, por razones económicas o sociales.

El centro cultural se levanta como un gran texto de múltiples lecturas, como toda obra de arte trascendente, donde se fusionan en un todo armónico las líneas y formas que expresan la cubanía, la identidad con América y la vocación universalista de la cultura cubana y expresa la fuerza creativa y humanista desplegada por todo un pueblo en Revolución, un monumento de donde emanan altos valores y sentimientos humanos.

El proceso constructivo de esta obra fue generando un fenómeno espiritual comunitario que se manifiesta en una evolución sentimental que fue desde una actitud de indiferencia y otredad condicionadas por el desconocimiento de su significación para el futuro cultural de la comunidad, hasta llegar a una toma de conciencia sobre su significación y asumirse con orgullo, como patrimonio cultural y símbolo de identidad.

El centro fue declarado Monumento Nacional en Resolución 06/2013 por la Comición Nacional de Monumentos. [1]

Referencia

  1. Centro Cultural Velasco. Res 06 MN Centro Cultural Velasco. Holguin. Consejo Nacional de Patrimonio Cultural. Conultado: 16 de mayo de 2015.

Fuentes

  • Expósito Reyes, Grétsel: Una casa llena de historias y fantasmas. www.aldia.cu
  • Loomis John: La arquitectura del Centro Cultural de Velasco. Revista PA Cleveland. Estados Unidos. 1995.
  • Marrón Casanova, Eugenio. Félix regresó feliz, pero.., Periodico Ahora, Holguín 2-8-97.
  • Morcate Labrada, Flora de los Ángeles: La obra de Walter Betancourt, un patrimonio arquitectónico a conservar. www.santiago.cu
  • Querejeta, Alejandro. Walter Betancourt: artista nuestro, Periodico Ahora, Holguín 18-11-89,
  • Santos, Juan Carlos. El más fabulado y fabulador de nuestros arquitectos. Periodico Ahora, Holguín. 1-7-2000