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Combate de San Ulpiano

Combate de San Ulpiano
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Parte de Guerra de los Diez Años
Monumento en el Sitio histórico San Ulpiano
Fecha 7 al 10 de febrero de 1878
Lugar San Ulpiano
Beligerantes
Bandera de Cuba Ejército Libertador Bandera de España España
Comandantes
Antonio Maceo Sanz Pastor y Santocildes
Fuerzas en combate
Desconocido 270 soldados
Bajas
7 bajas (3 muertos y 5 heridos) 245 bajas (muertos y heridos)

Combate de San Ulpiano. Acción llevada a cabo por Antonio Maceo entre el 7 y el 10 de febrero de 1878 contra la poderosa columna española de San Quintín al mando de Sanz Pastor y Santocildes. Solo 25 españoles escaparon ilesos. Tuvieron 245 bajas entre muertos y heridos, entre ellos 10 oficiales. Los cubanos lamentaron la muerte de un comandante, un capitán y un soldado, y cinco heridos.

San Ulpiano fué declarado Monumento Nacional el 10 de octubre de 1978, con ello se rinde homenaje a Antonio Maceo, prócer indiscutible de la lucha en Cuba.

Inicio

En febrero de 1878, a escasos meses de cumplir diez años de la lucha, la Guerra Grande iba tocando a su fin. El regionalismo, el derrotismo y la falta de unidad, la indisciplina, hacían mella en las tropas mambisas.

El gobernador de la isla Martínez Campo, sabía de la situación por la que atravesaba el Ejercito Libertador, y lo aprovechaba llevando a efecto una política de planificación y así terminar con la lucha insurrecta en Cuba.

La estrategia que llevaba a efecto el gobierno español terminó en el Pacto del Zanjón el 10 de febrero. Este pacto daría a Cuba una paz odiosa y ofensiva para los cubanos, pues no se obtendría la independencia deseada.

Ya en casi toda la isla no se combatía, solo aisladamente mientras que en Oriente, especialmente en Manzanillo, Bayamo y Holguín la lucha insurrecta continuaba. Las contundentes derrotas propinadas por los mambises a las órdenes de Antonio Maceo, entorpecían la política divisionista del General en Jefe español.

Derrota del ejército español

El 6 de febrero, Antonio Maceo, con sus tropas le propinan un duro golpe a las ansias pacificadoras de Martínez Campo, pues una columna española se destrozaba por el fuego mambí en el camino de San Ulpiano, demostrando una vez más el valor y el arrojo del ejército cubano.

El 12 de febrero, a dos días de haberse firmado el Pacto del Zanjón, que dio la rendición de las armas cubanas, entraban las fuerzas colonialistas derrotadas en el combate de San Ulpiano en el campamento de Flordablanca. El día 14 entraban los 80 hombres que quedaron del famoso batallón de San Quintín en Santiago de Cuba.

El combate

Antonio Maceo, uno de los grandes próceres de nuestras luchas independentistas, y que no cayó en las debilidades por las que atravesaban las filas mambisas, seguía hostigando al ejercito español, demostrando los deseos de libertad e independencia de los cubanos.

Sus sentimientos se vieron patentes en muchos combates y uno de los más relevantes por el momento histórico en que se realizaba fue el de San Ulpiano.

El 6 de febrero de 1878, en el camino de San Ulpiano, las tropas de Maceo le tienden una emboscada a una columna española, la cual estaba al mando del coronel Pascual Sanz Pastor, jefe de la segunda brigada Sagua-Mayarí y el personal de la tropa del batallón cazadores de San Quintín No. 11, famosos por su valentía, esta última bajo las ordenes de su segundo jefe el comandante Alonso de Santocildes. También venían algunos guerrilleros. En total sumaban más de 200 hombres, una vez más el factor sorpresa en la guerra era utilizado con acierto por los mambises quienes al contar además con la iniciativa en la lucha, el triunfo era casi seguro.

Al caer la noche y rendidos por la lucha, por los lamentos de los heridos y por no haber podido sepultar a los muertos, las tropas españolas se extenuaron aun más.

Esa noche acamparon cubanos y españoles a solo 50 metros unos de otros, los cubanos hostigaron a los españoles sin dejarlos descansar, mediante pequeñas guerrillas que se relevaban, con los que se debilitaban aún más la parte española.

Con los primeros rayos del sol del nuevo día, los españoles dieron sepultura a sus muertos y curaron a los heridos. Trataron de avanzar, aprovechando que las fuerzas mambisas no eran numerosas.

El día siete transcurrió con fuego graneado, la sed agotaba. Durante la noche el cuadro español tuvo que permanecer en tinieblas. Los que decidieron cruzar el cerco fueron apresados por los cubanos. El correo enemigo llevado por Coruto Soria fue capturado también. Por el mensaje que portaba, conoce Maceo de la situación crítica del adversario. Ahí decidió vencerlos.

El combate se mantuvo el día ocho. Pascual Sanz Pastor, intentó romper el cerco iniciando de muevo la marcha. Antonio Maceo no lo impidió, se conformó con hostigar la columna, lenta, pero de forma segura desde el centro hasta la retaguardia; aquella táctica inesperada fue peor que un ataque frontal. Las bajas del enemigo aumentaron, apenas contaban con un puñado de hombres para defenderse, el resto estaba inhabilitado o muerto. Ya de noche no habían podido avanzar por el cansancio, el hambre, lo desigual del terreno y porque los insurrectos seguían golpeándolos.

La situación de los españoles era difícil. Sus bajas aumentaban, los que se mantenían en pie ayudaban a los demás. Se habían quedado sin cabalgadura, sin medicamentos ni vendajes, pero continuaban la marcha y a cada exigencia de rendición respondían: “San Quintín muere, pero no se rinde.” Los cubanos acometían y se retiraban sin perderlos de vista.

En la mañana del 10, cuando se preparaba Antonio Maceo para ordenar la carga final contra los sitiados, los toques de cornetas anunciaron la llegada de los refuerzos españoles que iban a salvar los restos de lo que había sido una unidad brillante. Al mando de los que llegaron en ayuda de las tropas españolas venía Juan Salcedo y el teniente coronel Valenzuela. Maceo creyó conveniente la retirada. Ya había destrozado el primer batallón y no iba a arriesgar a los suyos, la lección dada era suficiente.

Los españoles tuvieron 245 bajas, solo quedaron 25 hombres. Los cubanos con siete bajas; tres muertos y cinco heridos.

Significado del combate

Este combate de Maceo finalizó el 10 de febrero con la derrota de la columna española. Tuvo gran valor histórico, militar y patriótico, demostrando la intransigencia del Titán de Bronce de luchar hasta lograr la independencia o morir, reafirmando este sentimiento patriótico en la Protesta de Baraguá.

Antonio Maceo ejemplificó que la guerra podía continuar, eliminando las asperezas que tanto daño hacían a las filas mambisas.

El lugar donde se escenificó el combate de San Ulpiano se declaró Monumento Nacional el 10 de octubre de 1978. Con ello se rinde homenaje a Antonio Maceo, prócer indiscutible de la lucha en Cuba.

Fuentes

  • Holguín. Comisión provincial de Monumentos. Monumentos Nacionales de la Provincia Holguín.
  • Franco, José Luciano. Antonio Maceo. Apuntes para una historia de su vida. La Habana : Editorial Ciencias Sociales, 1975. p.124
  • San Ulpiano. Res 003 Declaratoria múltiple. Consejo Nacional de Patrimonio Cultural. Consultado: 15 de mayo de 2015.