El último sueño del viejo roble (cuento)
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El último sueño del viejo roble. Cuento para niños mayores de doce años, sobre un bosque poblado por muchos tipos de animales que vivían alrededor de un viejo roble
Datos del autor
Hans Christian Andersen nació en Odense y vivió una infancia de pobreza y abandono, criado en el taller de zapatero del padre, quien fallece en 1816 de una enfermedad que contrajo entre los años 1812 y 1814 cuando sirvió como soldado en las guerras de Napoleón y la madre trabajaba de lavandera. Hans Christian contaba sólo once años, por lo que no pudo completar sus estudios. En 1819, a los catorce años, Hans Christian Andersen viajó a Copenhague en pos del sueño de triunfar como dramaturgo. Trabajó para Jonas Collin, director del Teatro Real, quien se convierte en su tutor y le paga sus estudios. Viajó por Europa, Asia y África y escribió muchas obras de teatro, novelas y libros de viaje.
Valores
Admiración, aceptación
Sinopsis
Había una vez en el bosque un viejo roble. Nosotros velamos de día, dormimos de noche y entonces soñamos. Para el árbol es diferente, pues vela durante tres estaciones, y solo duerme en invierno.
Aquel insecto que apenas vive veinticuatro horas y que llamamos efímera había estado bailando, viviendo, flotando y disfrutando en torno a la copa del roble. Después, el pobre animalito descansaba sobre una de las verdes hojas de roble, y entonces el árbol le decía siempre:
—¡Pobre pequeña! Tu vida entera dura solo un momento. ¡Qué breve! Es un caso bien triste.
—¿Triste? —respondía invariablemente la efímera—. ¿Qué quieres decir? Todo es tan luminoso y claro, tan cálido y magnífico, y yo me siento tan contenta
—Pero solo un día y todo terminó.
—¿Terminó? —replicaba la efímera—. ¿Qué es lo que termina? ¿Has terminado tú, acaso?
—No, yo vivo miles y miles de tus días, y mi día abarca estaciones enteras. Es un tiempo tan largo, que tú no puedes calcularlo.
—No te comprendo, la verdad. Tú tienes millares de mis días, pero yo tengo millares de instantes para sentirme contenta y feliz. ¿Termina acaso toda esa magnificencia del mundo, cuando tú mueres?
—No —decía el roble—. Continúa más tiempo del que puedo imaginar.
—Entonces nuestra existencia es igual de larga, solo que la contamos de modo diferente.
Fuentes
http://www.cuentoscortos.com/cuentos-clasicos/el-ultimo-sueno-del-viejo-roble


