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Honorio III

Honorio III
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Papa de la Iglesia católica
24 de julio de 1216 - 18 de marzo de 1227
Papa onorio iii.jpg
PredecesorInocencio III
SucesorGregorio IX
Información personal
Nombre secularCencio Savelli
Nacimientoha. 1148
Roma (Estados Pontificios)
C o a Onorio IV.png
Escudo de Honorio III

Honorio III, (Roma, (ha. 1148) – 18 de marzo de 1227). Papa n.º 177 de la Iglesia católica de 1216 a 1227.

De nombre Cencio Savelli. Nacido en Roma en fecha desconocida, muerto en Roma el 18 de marzo de 1227. Fue canónigo de Santa María la Mayor durante un tiempo y después Camarlengo del papa en 1188, cardenal-diácono de Santa Lucía in Sílice en 1193. Bajo Inocencia III, cardenal –presbítero de los SS Juan y Pablo y en 1197, tutor del futuro emperador Federico II, que lo había sido dejado bajo tutela por la emperatriz-viuda Constancia. El 18 de julio de [[1216], 19 cardenales se reunieron en Perugia (donde Inocencio III había fallecido dos días antes) para elegir al nuevo papa. El revuelto estado de las cosas en Italia, la amenaza de los Tártaros y el miedo del cisma indujeron a los cardenales realizar una elección de compromiso. Los cardenales Ugolino de Ostia (después Gregorio IX) y Guido de Praeneste recibieron los poderes para elegirlo. Su elección fue Cencio Savelli, que aceptó la tiara a disgusto y tomó el nombre de Honorio II. Fue consagrado en perugia el 24 de julio y coronado en Roma el 31, tomando posesión del laterano el 3 de septiembre. Los romanos se tranquilizaron con la elección ya que Honorio III era romano y se había ganado el corazón de todos por su extremada amabilidad

La Quinta Cruzada

El objetivo principal de su pontificado fue la realización de la Quinta Cruzada, que había sido decretada en el Cuarto Concilio de Letrán y que la muerte de Inocencio III había paralizado.

Inmediatamente después de su acceso al trono papal envió cartas a los dirigentes eclesiásticos y temporales de Europa en las que les aconseja y anima continuar con la preparación de la cruzada general que, como había sido provisto en el Concilio Laterano de 1215, debía tener lugar en 1217. Para conseguir los medios necesarios para este colosal proyecto el papa y los cardenales tenían que contribuir con la décima parte y todos los otros eclesiásticos con vigésima de sus ingresos de tres años. Los obispos, bajo la supervisión de legados papales de los distintos países se encargaron de la recolecta de esos dineros. Honorio III ordenó que se predicara la Cruzada en todas las iglesias de la Cristiandad.

Aunque el dinero recogido fue considerable, no era suficiente para una cruzada general como la que quería Honorio III. Más aún, al predicar la cruzada se cometió el error de tratar de alistar a cuantos más cruzados, sin tener en cuenta si eran o no capaces de luchar. El resultado fue que impedidos, viejos, mujeres, ladrones, aventureros formaban una gran parte de los cruzados y no se pensó en la inutilidad de tales soldados hasta que se los había trasportado a distintos puertos con el dinero público. A pesar de que la recaudación fue insuficiente y que el principal príncipe cristiano, el antiguo pupilo de Honorio y rey de Alemania, Federico II no cesaba de retrasar su participación en la cruzada , un ejército al mando del rey Andrés II de Hungría puso rumbo hacia Tierra Santa tomando, en 1219, la ciudad de Damieta en Egipto.

Pero la falta de unidad entre los cristianos y la rivalidad de sus líderes y el legado papal, Pelagio, y quizás la incompetencia de éste, hicieron que fracasaran. Honorio III era consciente de que sólo había un hombre en Europa que podía recuperar Tierra Santa y ese hombre era el que fuera su discípulo Federico II de Alemania.

Sin embargo, Federico siguió contemporizando en el envío de tropas, lo que unido a una desastrosa estrategia en Egipto, donde los cruzados habían rechazado un acuerdo por el que el sultán Al-Kámil ofrecía todas las posesiones musulmanas en Tierra Santa a cambio de que las tropas cristianas abandonaran Egipto optando por dirigirse a El Cairo para conquistarla provocó una gran derrota y la pérdida, el 8 de septiembre de 1221, de Damieta y el retorno de los cruzados a Europa.

Honorio no cejó, a pesar del fracaso de la Quinta Cruzada, en su idea de recuperar los territorios de Tierra Santa para la Cristiandad, y aprovechando que Federico II había enviudado, organizó el nuevo matrimonio del emperador con Isabel II que al ser heredera del reino de Jerusalén suponía un incentivo para su participación en la embrionaria Sexta Cruzada.

Se fijó como fecha de salida de las tropas imperiales el 21 de junio de 1225, pero nuevamente logró el emperador retrasar la salida, mediante la firma del Tratado de San Germano, en dos años[1].

Este aplazamiento permitió a Honorio dirigir su atención a apoyar la cruzada contra los albigenses que, encabezada por el rey Luis VIII de Francia, tenía lugar en el sur de Francia y que probaría la toma de Avignon a pesar de las protestas de Federico II que la consideraba una ciudad imperial.

Honorio no podrá comprobar si el acuerdo se cumpliría por parte de Federico ya que falleció, el 18 de marzo de 1227, antes del cumplimiento del plazo de dos años fijado en el citado tratado.

Honorio III impulsó, durante su pontificado, varias órdenes religiosas mediante la aprobación de sus respectivas reglas. El 22 de diciembre de 1216 aprobó la Regla de los Dominicos mediante la publicación de la bula Religiosam vitam; el 29 de noviembre de 1223 aprobó la Regla de los Franciscanos mediante la publicación de la bula Solet annuere; y el 7 de enero de 1226 aprobó la Regla de los Carmelitas mediante la publicación de la bula Ut vivendi norman.

Concedió asimismo diversos pivilegios a las dos principales universidades de la época, París y Bolonia, y ordenó mediante la bula Super specula que las diócesis alejadas de los grandes centros de saber debía sostener a los estudiantes destacados en las materias teológicas.

Escritos

a obra principal que debemos al papa Honorio III es el Liber censuum Romanae ecclesiae en la que, aprovechando los conocimientos adquiridos en el desempeño del cargo de tesorero de la Iglesia Romana, realiza un inventario de las rentas y propiedades de la Iglesia, de las donaciones recibidas, de los privilegios y los contratos con las ciudades y los soberanos[2].

También escribió una vida de Celestino III , una vida de Gregorio VII, un Ordo romanus de consuetudinibus en el que describe el ceremonial u los ritos de la Iglesia, una Compilatio Decretaliumel primer libro oficial que recogió la ley canónica, y 34 sermones.

Las profecías de San Malaquías se refieren a este papa como Canonicus es larere (Canónigo de Letrán), cita que hace referencia al hecho de que antes de ser elegido pontífice fue canónigo de San Juan de Letrán.

Referencias

Fuentes