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Oficina del Historiador (La Habana)

Oficina del Historiador de La Habana
Información sobre la plantilla
Institución con sede en Bandera de Cuba Cuba
1-Centro Histórico de La Habana (Small).jpeg
Centro Histórico de La Habana
Siglas o Acrónimo:OHCH
Fundación:11 de junio de 1938
Tipo de unidad:Centro histórico
Director/a :Eusebio Leal
País:Bandera de Cuba Cuba
Sede:Habana Vieja
Dirección:Habana Vieja

Oficina del Historiador de La Habana. Institución cultural donde radica el Historiador de La Habana.

Antecedentes

En la conquista y colonización del Nuevo Mundo, se dio especial importancia al relato de los acontecimientos como forma de estimular las apetencias de quienes no estaban involucrados directamente en tamaña empresa, a manera de edulcorar una realidad dramática, o extraordinariamente impresionante. Por tanto lo escrito sobre lo visto, siempre tuvo una gran carga de subjetividad.

Mediante los manuscritos de Colón, los Reyes de España conocieron de sus nuevos dominios allende los mares. De igual manera Diego de Velázquez en su Carta de relación de la conquista de la Isla de Cuba, contó la fundación de las primeras Villas y sus riquezas, o Bernal Díaz del Castillo, como cronista de la conquista de México, relató la noche negra sobre Tenochtitlan y el fin del imperio Azteca.

Además del afán de narrar las victorias en la posesión de nuevos territorios, estos relatos respondían a la Recopilación de Leyes de Indias, establecida por la Metrópoli en donde se dispone, además del cargo de Cronista Mayor y su misión de escribir los hechos de las Indias Occidentales que:

"... se envíen los papeles tocantes a historia... [para escribir]... La Historia General de las Indias con el fundamento de verdad y noticia universal de los casos dignos de memoria..."[1]

Respondiendo a estos mandatos, la Villa de San Cristóbal de La Habana recogió en sus Actas Capitulares aquellos hechos significativos, aunque no se les diera la importancia merecida.

A fines del siglo XVIII aparecieron las primeras obras históricas y los primeros historiadores: Arrate, Urrutia, Valdés y Nicolás Joseph de Ribera, quienes legaron una memoria de hechos importantes sucedidos en la Villa; seguidos más tarde, en el siglo XIX, por Jacobo de la Pezuela, y Bachiller y Morales. Por otro lado, La Habana fue reconocida en sus valores y singularidades por muchos viajeros como el gran sabio alemán Alejandro Von Humboldt, la sueca Fredrica Bremer, y por ilustradores españoles, franceses, ingleses y norteamericanos.

"No se puede pensar que haya habido una conciencia institucional ni ciudadana acerca de la protección a los valores heredados antes de 1920 en Cuba, una muy joven ex-colonia entonces, cuando, según noticias, hacia 1887, el propio desarrollo de esa conciencia a nivel europeo aparece en la ilustrada Francia...” por primera vez legislada en forma completa, toda materia concerniente a la conservación de monumentos y objetos de arte de interés histórico artístico”... pero de todos modos “resulta interesante –en nuestro contexto– que hombres cultos, en medio de los primeros pasos de la República y aun de la propia definición de cuáles eran los elementos conformadores de nuestra identidad cultural, pensasen en la necesidad de proteger los monumentos coloniales. Personalidades como Joaquín Weiss, José M. Bens Arrate, Luis Bay Sevilla, Pedro Martínez Inclán... por solo citar los más conocidos, unieron a su quehacer profesional... un claro pensamiento sobre el tema"[2]

Más adelante, la comprensión de los valores del Centro Histórico y la necesidad de su conservación se deberían, en gran medida, a la fundación de la Oficina del Historiador de la Ciudad, institución pionera en los avatares de la defensa de la ciudad antigua.

Historia

Oficina de Emilio Roig de Leuchsenring en su sede del Palacio de Lombillo

Primera etapa

(1938 – 1964)

El primero de julio de 1925 se intitula al Dr. Emilio Roig de Leuchsenring como Historiador de la Ciudad, profesional que venía desempeñando una encomiable labor en pos del rescate y salvaguarda del patrimonio cubano y, en especial, del habanero. Fue nombrado por el Alcalde Municipal Dr. Guillermo Belt Ramírez.

El 11 de junio de 1938 se fundó la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana, por el Alcalde Dr. Antonio Beruff Mendieta como institución pública y organismo autónomo municipal, que sistematizaría la labor del Dr. Roig, y dedicada a:

"fomentar la cultura habanera e impulsar y ayudar el aumento de la nacional y americana dando a su actuación carácter y proyección eminentemente populares"[3]

De ella nacieron los pilares para la protección del patrimonio: la Comisión de Monumentos, Edificios y Lugares Históricos y Artísticos Habaneros –antecesora de la actual Comisión Nacional de Monumentos–; el proyecto de Ley de los Monumentos Históricos, Arquitectónicos y Arqueológicos (que data de 1939 y es antesala de las Leyes Uno y Dos del Patrimonio Cultural y de los Monumentos Nacionales y Locales respectivamente, aprobadas en 1977) y también el trabajo conjunto realizado con la Junta Nacional de Etnología y Arqueología.

Trascendentes para el rescate de la historia patria fueron las celebraciones de los Congresos Nacionales de Historia, y los trabajos de investigación histórica iniciados con la Sociedad Cubana de Estudios Históricos e Internacionales que hoy se continúan por la Oficina del Historiador, a través de su Dirección de Patrimonio y su Departamento de Investigaciones. En estos primeros tiempos, en la década de 1940, la Oficina del Historiador luchó por el rescate, la protección y rehabilitación de los monumentos y sitios históricos de la ciudad. De este quehacer son ejemplo las campañas libradas contra la demolición de la iglesia y el hospital de San Francisco de Paula y del convento de Santo Domingo, donde estuvo ubicada la primera universidad.

La Oficina intervino también en la regulación de los nombres de las calles de La Habana, el reconocimiento de sitios de interés y valor históricos, el rescate de la casa natal de José Martí como Museo, así como en la recuperación de tradiciones como los carnavales y las comparsas, temas que aparecen abordados en más de una crónica de los ilustres columnistas de la prensa habanera del siglo XIX, y retomados por Emilio Roig como una necesidad de conservar nuestro folklore.

Al triunfo de la Revolución, en 1959, la Oficina del Historiador fue reconocida por sus máximos líderes; desde entonces sería apoyada oficialmente en su misión de salvaguarda del patrimonio nacional, histórico y artístico.

El 8 de agosto de 1964 se extinguió en su casa de la calle Tejadillo 54 la existencia fecunda del fundador de la Oficina del Historiador, el Doctor Emilio Roig de Leuchsenring, pero su obra no estaba llamada a caer en el olvido.

Ubicaciones

Locales en que funcionó la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana en época de Emilio Roig de Leuchsenring (1938-1964)

Primer local (Planta baja del Palacio Municipal)
En el entresuelo del actual Museo de la Ciudad, donde otrora tuviera su oficina Emilio Roig de Leuchsenring, se conservan sus objetos personales

Fue inaugurado el 11 de junio de 1938 por el alcalde doctor Antonio Beruff Mendieta al fundarse ese día la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana, que quedó así instalada en dos salones de la planta baja del Palacio Municipal.

Este mismo día fueron inaugurados: el Archivo Histórico Municipal Habanero y la Biblioteca Histórica Cubana y Americana. Fue esta la primera sede de la que pudo disponer el Dr. Emilio Roig de Leuchsenring para llevar a cabo sus labores historiográficas, estableciendo contacto diario directo con el público curioso o estudioso de estas disciplinas, pues hasta entonces sólo le era posible realizarlo mediante la publicación de los Cuadernos de Historia Habanera, iniciada en 1935.

Al acto inaugural de la Oficina asistieron numerosos representantes del mundo intelectual, entre ellos, el doctor Tomás de Jústiz, Presidente de la Academia de la Historia de Cuba; los miembros titulares de la misma, doctores Francisco de Paula Coronado y Emeterio S. Santovenia; el doctor José María Chacón y Calvo, Director de Cultura de la Secretaría de Educación; el ingeniero Mario Guiral Moreno y el doctor Julio Villoldo, fundadores como director y administrador, respectivamente, de la revista Cuba Contemporánea.

Segundo local (Entresuelo del Palacio Municipal)

El 29 de diciembre de 1941, por disposición del Alcalde Municipal Dr. Raúl G. Menocal, se trasladó la sede de la Oficina del Historiador de la Ciudad a otros locales más amplios y adecuados en el entresuelo del propio Palacio Municipal, actual Museo de la Ciudad. Coincidió este traslado con la publicación de otro título perteneciente a la Colección Histórica Cubana y Americana: las Poesías Completas de José María Heredia, en homenaje al centenario de la muerte del poeta. A esa obra se refirieron el doctor José María Chacón y Calvo, entonces Director de Cultura del Ministerio de Educación, y el doctor Francisco González del Valle, Vicepresidente de la Sociedad Cubana de Estudios Históricos e Internacionales que presidía desde su fundación el Dr. Roig de Leuchsenring.

Tercer local (Palacio de Lombillo, Plaza de la Catedral)

Por iniciativa del Alcalde Municipal Sr. Nicolás Castellanos Rivero, el 22 de diciembre de 1947 fue instalada la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana en el Palacio Lombillo, frente a la Plaza de la Catedral. Aquí se dotó también de un local propio anexo a la Oficina al Museo Municipal de la Ciudad de La Habana, creado en 1942 por el Ayuntamiento a solicitud del Dr. Roig de Leuchsenring. Tras las palabras del Alcalde, en el acto inaugural de esta sede se hizo entrega por el Presidente de la Sociedad Colombista Panamericana p.s.r., Dr. Ricardo Gutiérrez Lee, del Diploma de Honor que dicha institución otorgó al Dr. Emilio Roig de Leuchsenring en reconocimiento de su labor de rescate y conservación de los valiosísimos fondos que atesoraba el Archivo Histórico Municipal Habanero. A continuación se develó un retrato del historiador cubano Dr. Francisco González del Valle, quien hasta su muerte ocurrida en 1942 ocupó la vicepresidencia de la Sociedad Cubana de Estudios Históricos e Internacionales.

El Obispo de Cienfuegos, monseñor Eduardo Martínez Dalmau, también Socio de Honor de dicha Sociedad, hizo un elogio de los «altos merecimientos» del Dr. González del Valle, cuya imagen traslada al lienzo por el artista Enrique Caravia habría de presidir desde entonces la Biblioteca Histórica Cubana y Americana que lleva su nombre.

Archivo Histórico Municipal Habanero
Abogado de profesión y con un bien ganado renombre como periodista y escritor costumbrista, Emilio Roig de Leuchsenring (1889-1964) se desempeñaba como Comisionado Intermunicipal, cuando inicia en 1927 el rescate de las Actas del Cabildo habanero. Cual pesada maculatura, esos documentos malamente se conservaban en el Archivo del Municipio de La Habana, situado en el antiguo Palacio de los Capitanes Generales, hoy Museo de la Ciudad. Al ser nominado Historiador de la Ciudad en 1935, año en que se tomó esta foto, Roig contaba a su favor con ese definitorio aval: haber salvado la principal fuente documental de La Habana a través de los siglos (en la imagen, a sus espaldas, se ve una estantería con los Libros de Actas)

A fin de salvaguardar lo más valioso que aún quedaba en el Archivo General del Municipio por decreto número 9, de 3 de agosto de 1937, el Alcalde Dr. Antonio Beruff Mendieta creó el Archivo Histórico Municipal Habanero a sugerencia del Historiador de la Ciudad de La Habana. Así, bajo la custodia del Dr. Emilio Roig de Leuchsenring, quedaron la colección de las Actas Capitulares del Ayuntamiento de La Habana, la de las Actas de la Junta Municipal de La Habana y la de Reales Cédulas trasuntadas, así como otros documentos de carácter y valor histórico.

El Archivo Histórico comenzó a funcionar desde el 25 de septiembre de 1937, pero fue inaugurado oficialmente por el Alcalde Beruff Mendieta el mismo día de la fundación de la Oficina del Historiador de la Ciudad: el 11 de junio de 1938, en los bajos del Palacio Municipal. En 1941, durante la administración municipal del Alcalde Dr. Raúl G. Menocal, fue trasladado a más amplios locales del entresuelo de dicho Palacio. Y, desde el 22 de diciembre de 1947, fue instalado en el Palacio de Lombillo.

Biblioteca Histórica Cubana y Americana Francisco González del Valle
Biblioteca Histórica Cubana y Americana Francisco González del Valle en los dias inmediatamente posteriores a su fundación.

Esta Biblioteca fue inaugurada al mismo tiempo que el primer local asignado a la Oficina del Historiador de la Ciudad, el 11 de junio de 1938, con asistencia de las más destacadas personalidades del mundo intelectual. Para conformar los fondos de la nueva institución, los socios de la Sociedad Cubana de Estudios Históricos e Internacionales, que presidía el Dr. Roig de Leuchsenring, pusieron sus bibliotecas particulares al servicio público, aunque cada uno conservaba la propiedad de las obras facilitadas.

Al trasladarse la Oficina hacia mejores locales en 1941, los del entresuelo del Palacio Municipal, el Dr. Roig de Leuchsenring llevó de modo permanente a la Biblioteca Histórica Cubana y Americana nuevos fondos de su biblioteca particular, acción que fue secundada por 18 miembros de la asociación Amigos de la Biblioteca Nacional; aparte de las demás prestaciones de los otros miembros titulares de la mencionada Sociedad Cubana de Estudios Históricos e Internacionales.

Por su parte, el historiador Francisco González del Valle, al morir en 1942, donó a la Biblioteca en su testamento literario todos los libros cubanos y sobre Cuba de su propiedad, así como buena parte de su archivo privado. Como reconocimiento a esa contribución, el 11 de agosto de 1944 se acordó darle su nombre a la Biblioteca Histórica Cubana y Americana.

Y al dejar inaugurados los nuevos locales de la Oficina del Historiador de la Ciudad en el Palacio Lombillo, el 22 de diciembre de 1947, fue develado un retrato de González del Valle, obra del pintor Enrique Caravia, que donó su viuda.

Poco después, el Sr. Valentín García, dueño de la librería Minerva, en esta capital, ofreció a la Biblioteca todas aquellas obras que no se encontrasen en las bibliotecas particulares de los intelectuales que habían hecho de ellas prestación generosa para uso y estudio de los interesados. En junio de 1948, la Biblioteca recibió un cuantioso y rico donativo, especialmente en obras cubanas, del Dr. Raúl de Zárraga, y en distintas ocasiones fue enriquecida con aportes de obras cubanas e hispanoamericanas, por el señor Víctor M. Heres. Además de las salas dedicadas a obras cubanas e hispanoamericanas, norteamericanas y españolas en relación con Cuba y el resto del Continente, la Biblioteca poseía una sala de Hemeroteca, en la que figuran colecciones de revistas de Cuba en particular, y de América y España, en general.

Tanto la Biblioteca como la Hemeroteca fueron totalmente clasificadas y catalogadas, así como también las bibliotecas particulares que conservaban en sus domicilios los miembros de la Sociedad Cubana de Estudios Históricos e Internacionales. El Dr. Emilio Roig de Leuchsenring puso igualmente a disposición del público sus varias colecciones facticias de biografías de cubanos y extranjeros relacionados con Cuba; de documentos, datos y antecedentes de la historia de Cuba durante la época colonial y durante la lucha por la independencia, y en la época republicana; y de acontecimientos internacionales, congresos y reuniones americanistas y mundiales. Y, por último, su colección iconográfica de cubanos y extranjeros.

Museo Municipal de la Ciudad de La Habana
Entrada a la sede del Palacio de Lombillo en 1947.
Vista de una de las sedes del Museo Municipal de la Ciudad en el Palacio de Lombillo en 1947.

Fue fundado por iniciativa del Dr. Emilio Roig de Leuchsenring, quien al inaugurar como presidente la sesión celebrada el día 17 de diciembre de 1940 por la Comisión de Monumentos, Edificios y Lugares Históricos y Artísticos Habaneros, logró que ésta acordase pedir al Alcalde Municipal Dr. Raúl G. Menocal la creación de dicho museo. En sesión ordinaria del 13 de agosto de 1942, el Ayuntamiento de La Habana acordó crear el Museo Municipal de la Ciudad de La Habana, e investir como director del mismo al Historiador de la Ciudad y Presidente de la Comisión de Monumentos, Edificios y Lugares Históricos y Artísticos Habaneros.

Inmediatamente después de quedar en vigor el acuerdo del Ayuntamiento, fue abierto su primer salón, único de que podía disponerse en los locales donde en el entresuelo del Palacio Municipal, antiguo Palacio de los Capitanes Generales, se encontraba instalada la Oficina del Historiador de la Ciudad.

Para ese momento, ya Roig de Leuchsenring tenía recogido numerosos objetos de valor histórico y artístico de La Habana en particular y de Cuba en general, que representaron los primeros fondos del Museo, con vistas «al empeño de que el Municipio de nuestra ciudad capital poseyese un Museo propio, aparte del Museo Nacional y los de Bellas Artes y otras especialidades nacionales o particulares que en aquélla existieran».

La mayoría de los objetos museables fueron adquiridos por donación de dependencias del Estado y del Municipio, por instituciones y por particulares, y algunos por compra con el crédito general de que disponía en los presupuestos municipales la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana. Al ser trasladada la Oficina, el 22 de diciembre de 1947, al Palacio de Lombillo, pudo ser ampliado notablemente el Museo, dedicándosele varias salas de dicho edificio.

Publicaciones

Inmediatamente que el Dr. Emilio Roig de Leuchsenring fue nombrado Historiador de la Ciudad de La Habana en 1935, se interesó por dar proyección popular a las funciones de su cargo, divulgando en forma asequible a todos el conocimiento de la historia de nuestra capital; y a ese efecto sugirió al Alcalde Municipal, que era entonces el doctor Guillermo Belt, la conveniencia de que se publicaran por el Municipio obras breves, claras, sencillas, de distribución gratuita, sobre temas históricos locales.

Cuadernos de Historia Habanera
Colección conservada en el Museo de la Ciudad.

Serie consagrada «a divulgar popularmente, con fines educativos y culturales, la historia del Término Municipal de La Habana, tanto en lo que se refiere a acontecimientos acaecidos en el mismo, a lugares, edificios o monumentos de interés y valor histórico, como igualmente a conmemorar y a enaltecer la vida y la obra de personalidades habaneras de significación y prestigio relevantes en las letras, las ciencias, las artes y la enseñanza o que más hayan figurado como benefactores públicos o como mantenedores y defensores de la libertad e independencia de Cuba».

Colección conservada en el Museo de la Ciudad

Apareció en 1935 y continuó ininterrumpidamente hasta 1962 en volúmenes de 80 a 200 páginas cada uno, y cada título tuvo una tirada de 1000 ejemplares que se distribuían gratuitamente entre quienes lo solicitaban como contribución del Municipio de La Habana a la cultura popular. Su primer título fue Homenaje al ilustre habanero Pbro. Dr. José Agustín Caballero y Rodríguez en el centenario de su muerte (1835-1935), y el último, número 75, Tradición antimperialista de nuestra historia, en 1962.

Colección de Documentos para la Historia de Cuba

En esta colección se publicaron las Actas Capitulares del Ayuntamiento de La Habana en tres tomos de 300 páginas que contienen la transcripción íntegra de los Libros del Cabildo correspondientes a determinados períodos, precedidos de un estudio histórico y con reproducciones fotográficas de documentos, grabados y retratos de la época.

  • Tomo I: En 1937 se publica en dos volúmenes que contienen la trascripción de 233 actas del Cabildo, y otros 18 documentos, correspondientes a los años 1550-1565, en trascripción literal de la versión trasuntada. El primer volumen comprende un estudio preliminar sobre la historia de las Actas y su trasuntación en el siglo XIX, realizado por Raquel Catalá, así como un extenso estudio redactado por el propio Roig de Leuchsenring sobre la historia de La Habana desde su fundación hasta 1550, fecha a partir de la cual se conservan los libros del Cabildo.
  • Tomo II: Aparece en 1939, contentivo de las 233 actas que se conservan de los años 1566 a 1574, y 35 documentos adjuntos, también en trascripción literal de la versión trasuntada, aunque señalando errores y omisiones advertidos en esta última por cotejo con el original del siglo XVI.
  • Tomo III: En 1946 se publica el tercer y último tomo, esta vez con una fiel trascripción directa del original de las 109 actas comprendidas entre 1575 y 1578, gracias al concurso del experto paleógrafo Jenaro Artiles, quien gozaba de reconocido prestigio por su labor en el Ayuntamiento de Madrid, cuyas Actas Capitulares había trasuntado junto al profesor Agustín Millares Carlo, considerado uno de los precursores de la Paleografía en España.
Historia de La Habana, I

Al aparecer el tomo primero de las Actas Capitulares del Ayuntamiento de La Habana, Emilio Roig de Leuchsenring acometió también la publicación de esta Historia de La Habana, teniendo como fuentes principales los documentos existentes en los archivos españoles publicados y las propias Actas del Cabildo habanero. Este primer y único volumen, publicado en 1938, abarca en sus 28 capítulos desde la época colombina, con antecedentes relativos a la provincia india de La Habana, y los primeros años de la conquista y colonización hasta 1565. Fue publicada en el mismo formato de las Actas Capitulares, con más de 200 páginas y 14 láminas.

La Habana. Apuntes históricos

Aparecida en 1939 con el mismo formato de las Actas Capitulares y 112 páginas igualmente en dos ediciones: la una en papel antique, y adornada con 12 láminas, y la otra en papel gaceta sin láminas, esta monografía inserta la mayor parte del material publicado por Roig de Leuchsenring en Historia de La Habana, al que añade una serie de apuntes sobre la evolución de determinados aspectos de la ciudad (acueductos, teatros, cementerios, fortificaciones&), y otros acerca de ataques a La Habana en los siglos XVIII y XIX por potencias enemigas de España.

Examina además la contribución de la ciudad habanera al movimiento de la independencia cubana, y termina con una exposición de los servicios que presta el Municipio cubano. Según reconociera en su momento Roig de Leuchsenring: «esta obra, como ya queda indicado al referirnos a la Historia de La Habana, contiene errores históricos en lo referente a los aborígenes cubanos y el lugar de desembarco de Colón en su primer viaje, rectificados ya por las investigaciones historiográficas posteriores a la fecha en que fue publicada». Una segunda edición aumentada de esta obra fue publicada por el Consejo Nacional de Cultura en 1963 y 1964 como parte de la Colección Histórica Cubana y Americana.

El Escudo Oficial del Municipio de La Habana

También con el mismo formato de las Actas Capitulares, apareció en 1943 esta obra en papel antique, con 156 páginas, 22 láminas y un frontispicio que contiene el estudio «El Escudo de La Habana; consideraciones relativas a las armas y ornamentos usados antiguamente y en la actualidad por el Ayuntamiento de La Habana», por el Dr. Ezequiel García Enseñat. Complementan el volumen todos los documentos oficiales referentes a la fijación y adopción del nuevo escudo de la Ciudad por el Ayuntamiento habanero.

Colección Histórica Cubana y Americana

Colección de interés historiográfico integrada por obras de suma importancia. Comenzó a publicarse en 1938 en volúmenes de no menos de 300 páginas y en papel antique. El primer volumen Curso de Introducción a la Historia de Cuba publicado también en Cuadernos de Historia Habanera fue un homenaje de la Ciudad de La Habana a los Delegados al Primer Congreso Panamericano de Municipios que se celebró en La Habana del 14 al 19 de noviembre de 1938; contiene todas las lecciones del curso que, organizado por el Instituto Popular del Aire, con la colaboración del Historiador de la Ciudad, se radió bajo los auspicios de la Administración Municipal durante los años 1936-1937. Esta colección se publicó hasta 1963.

Homenajes a próceres cubanos

Iniciadas en 1948, estas ediciones «se dedican a homenajear a los preclaros cubanos que de modo sobresaliente se han destacado en la historia por su relevante personalidad intelectual y patriótica». Fue iniciada con la figura de Manuel Sanguily] a propósito del centenario de su natalicio.

Homenajes a próceres hispanoamericanos

Esta colección se propuso «enaltecer la memoria de aquellos hijos de las patrias hermanas de Nuestra América que laboraron, durante los tiempos coloniales, en pro de la libertad e independencia de nuestra patria». Sus volúmenes fueron publicadosen 1948, el primero de ellos dedicado a «la esclarecida personalidad del fraternal amigo de Martí, Federico Henríquez Carvajal, al cumplir el ilustre hijo de Santo Domingo cien años de vida al servicio de la causa antillana e hispanoamericana».

Colección del Centenario de Martí

Cinco libros publicados en 1953 para conmemorar el centenario del nacimiento de Martí, «con el propósito de divulgar popularmente los trabajos periodísticos, cartas, discursos, manifiestos y proclamas que constituyen lo fundamental de su obra política y revolucionaria, y contienen, además, consejos, advertencias y enseñanzas que deben ser considerados como doctrina permanente de nuestra República e ideario americanista e internacionalista». Cada uno de los volúmenes lleva en la cubierta un retrato de Martí, dibujado a pluma por Enrique Caravia.

Colección del Bicentenario de 1762

Publicada en 1962, esta colección es una reedición de las principales obras históricas dedicadas a la toma de La Habana por los ingleses en 1762.

Segunda etapa

1964 – 1980

Para la institución, serían años difíciles, por el vacío creado con la desaparición física de su principal impulsor. En una labor callada y anónima, sus trabajadores emprenderían la búsqueda de la documentación histórico-técnica, perdida a lo largo de los años. Las múltiples intervenciones a la que se vio sometido el Palacio de los Capitanes Generales o Palacio Municipal, sede del Ayuntamiento de La Habana (y donde Roig tuvo su último despacho), provocaron la desaparición de su colección de muebles, obras de arte y la pinacoteca.

La restauración del Palacio como sede del Museo de La Ciudad (un viejo anhelo del Dr. Roig), entidad que aglutinaría todo lo relativo a la historia de La Habana e inclusive de la Nación, fue uno de los principales trabajos acometidos durante el período que se iniciaba. Los trabajos comenzaron exactamente el 11 de diciembre de 1967, pocas horas después de trasladar las oficinas de la Administración Metropolitana de La Habana a otra sede, entidad que había heredado las competencias y atribuciones del municipio habanero.

Desde el año 1967, y durante toda la década del setenta, período en el que emergería el liderazgo del joven Eusebio Leal Spengler, la Oficina se dedicaba a la compilación de documentos y colecciones, la preparación de fondos documentales y la localización y selección de testigos históricos de La Habana colonial. Paralelamente (1976-78), la Dirección del Patrimonio Cultural del Ministerio de Cultura llevaría adelante una ardua labor en la redacción de legislaciones para la protección del patrimonio en todos sus aspectos. De esta manera, el Centro Histórico de la ciudad resultaba declarado Monumento Nacional en 1978 por la Comisión Nacional.

A partir de 1980, desde la Oficina del Historiador, comienza a propiciarse la creación de una conciencia popular respecto a los valores culturales contenidos en la ciudad y en su Centro Histórico. Periódica y sistemáticamente aparecen artículos en los diarios y revistas de mayor número de lectores; se inician también los ciclos de conferencias en el Museo de la Ciudad, con recorridos por lugares de interés, que ante la gran afluencia de público, han de trasladarse al Anfiteatro de la Avenida del Puerto. Esta iniciativa generó luego el programa televisivo semanal Andar La Habana.

Tercera etapa

1981–1993

La labor promocional de la Oficina del Historiador acerca de la ciudad, su historia y sus más relevantes monumentos, así como el reconocimiento como Monumento Nacional, condiciona que en 1981, el Estado asigne un presupuesto para dedicarlo exclusivamente a la rehabilitación y restauración del Centro Histórico. Se impone entonces un crecimiento institucional y la organización de estos recursos a manera de planes quinquenales, el primero de ellos de 1981 a 1985.

Los Planes de Restauración siguieron una estrategia de concentración de las acciones en dos de las plazas principales: Plaza de Armas y Plaza de la Catedral, así como el inicio de los ejes Oficios, Mercaderes, Tacón y Obispo. También fueron restaurados grandes monumentos, que si bien no se encontraban emplazados en estas zonas priorizadas, constituían piezas de incalculable valor, como el Convento de Santa Clara y las fortificaciones de los Tres Reyes del Morro y de San Carlos de la Cabaña. En diez años fueron rehabilitados más de sesenta edificaciones que, en su conjunto, mostraron la potencialidad de los monumentos recuperados.

La obra realizada hasta el momento, la voluntad política al más alto nivel a favor de la salvaguarda del valor patrimonial concentrado en el Centro Histórico de la ciudad de La Habana, determinaron que en 1982 la UNESCO lo declarara Patrimonio Cultural de la Humanidad, ocupando el número 27 en la lista de Patrimonio Mundial. En este mismo año, como proyecto PNUD-UNESCO, nacía el Centro Nacional de Conservación, Restauración y Museología. En 1985, esta institución, de manera conjunta con la Dirección Provincial de Planificación Física y Arquitectura, elaboraba los Lineamientos Generales para la Recuperación del Centro Histórico. Más tarde, en 1991, la Dirección de Arquitectura y Urbanismo del municipio La Habana Vieja elaboraba el Plan Director municipal.

En 1990, en el país comenzaría a sentirse el impacto de la caída del bloque socialista, con el consiguiente agravamiento de la situación económica interna, lo cual provocaría una encrucijada: por una parte el Estado cubano, que hasta el momento había subvencionado centralizadamente la recuperación del Centro Histórico, no se encontraba en condiciones de continuar financiándola ante el agravamiento de otros sectores aún más sensibles; por otra, el propio Estado era consciente de la responsabilidad que significaba salvar un patrimonio que no sólo pertenecía a los cubanos, sino a la humanidad.

Cuarta etapa

1993 a la actualidad

En la nueva coyuntura internacional, las medidas adoptadas por el Estado Cubano para paliar la crisis económica estimularían el crecimiento de la actividad turística en el país -fundamentalmente en La Habana– y la apertura al capital foráneo.

Los compromisos adquiridos con la sociedad y la voluntad de continuar con la obra rehabilitadora, hicieron que se tomara entonces una decisión de vital importancia para el Centro Histórico: dotar a la Oficina del Historiador de un respaldo legal que le permitiera llevar adelante un desarrollo autofinanciado y sostenible. Así nacía el Decreto-Ley 143, de octubre de 1993, aprobado por el Consejo de Estado de la República de Cuba, el cual consideraba al territorio, a partir de ese momento, Zona priorizada para la conservación. La Oficina deja de ser una institución supeditada al gobierno provincial para subordinarse al Consejo de Estado, lo cual implicaba una agilización en la toma de decisiones. También se le reconocía personalidad jurídica que le permitiría asociarse y establecer relaciones de diverso tipo con nacionales y extranjeros, y cobrar impuestos a las empresas productivas enclavadas en el territorio para destinarlos a la rehabilitación. También se creaba la compañía turística Habaguanex, para explotar y desarrollar el fondo hotelero y extrahotelero del Centro Histórico.

Ello conllevaba una reorganización institucional de la Oficina del Historiador, creándose un sistema empresarial dirigido a la obtención de utilidades por la explotación del patrimonio histórico, al tiempo que se fortalecería el sistema de direcciones especializadas, dando continuidad al rescate del patrimonio físico y el desarrollo de programas socioculturales. En ambos casos el salto cuantitativo y cualitativo resultaba apreciable.

Las dependencias que integraron desde un inicio la Oficina del Historiador de la Ciudad, fueron las siguientes:

  1. Dirección
  2. Archivo Histórico Municipal
  3. Biblioteca Histórica Cubana y Americana Francisco González del Valle
  4. Publicaciones
  5. Museo Municipal de la Ciudad de La Habana

Premios y reconocimientos

La restauración del Capitolio Nacional, a cargo de la Oficina del Historiador de La Ha­bana, con la colaboración de la empresa MD Projektmanagement GmbH, mereció el Bern­hard Remmers Preis 2016, otorgado por la Academia alemana del mismo nombre, un importante galardón a nivel internacional.

De carácter bianual, el Bernhard Remmers Preis constituye un importantísimo estímulo que reconoce el trabajo por la conservación del patrimonio arquitectónico. Asimismo el premio distingue la labor de especialistas, restauradores y todos los que contribuyen al mejoramiento y conservación de aquellos si­tios de incalculables valores históricos.

Referencias

Enlaces externos

Fuentes

  • Roig de Leuchsenring, Emilio: Veinte años de actividades del Historiador de la Ciudad de La Habana: 1935-1955. La Habana, Municipio de La Habana, 1955. 5 v.
  • Díaz Carranza, Araceli: Biobibliografía de Emilio Roig de Leuchsenring. La Habana, Ministerio de Cultura, Biblioteca Nacional José Martí, 1986.
  • Recibe Oficina del Historiador de La Habana el Bernhard Remmers Preis 2016. Por Ha­banaradio.cu. Disponible en: Granma