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Onelio Hernández Taño

Onelio Hernández Taño
Información sobre la plantilla
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Nacimiento18 de noviembre de 1937
Ciego de Ávila, Bandera de Cuba Cuba
Fallecimiento24 de junio de 1959
Región fronteriza de Nicaragua conocida como El Chaparral, Bandera de Nicaragua Nicaragua
Causa de la muerteMuerte en combate
NacionalidadCubana

Onelio Hernández Taño. Mártir revolucionario avileño el cual se desempeñó desde temprana edad en todo tipo de actividades revolucionarias. En la actualidad lleva su nombre una escuela de enseñanza media llamada ESBU Onelio Hernádez Taño en el municipio de Ciego de Ávila, provincia Ciego de Ávila.

Infancia y adolescencia

Onelio Hernádez Taño nació el 18 de noviembre de 1937, en Ciego de Ávila. Desde temprana edad se dedicó a las labores agrícolas, perteneció a la juventud ortodoxa. Participa destacadamente en la huelga azucarera de 1955. Posteriormente pasó a las filas del Directorio Revolucionario, el 13 de marzo fue teniente del Ejército Rebelde.

A muchos avileños puede sorprenderles el dato de que el mártir avileño Ramón Onelio Hernández Taño sólo viviera 22 años. No se trata de un caso excepcional. La historia de Cuba se ha forjado con sangre joven.

Lo extraordinario del caso radica en toda la heroicidad acumulada en tan corto período por un guajirito nacido el 18 de noviembre de 1937, en la zona de Los Barriles. Como tantos de su generación sintió el rigor de la pobreza que azotaba a Cuba. En busca de mejoras, su familia se trasladó definitivamente a Ciego de Ávila.

La atmósfera de la época le transmitió aires de rebeldía y en plena adolescencia se vincula a grupos como el Movimiento Estudiantil Avileño, que en 1952 se opuso al golpe de estado perpetrado por Fulgencio Batista.

Otro momento importante constituyó su participación los días 29 y 30 de diciembre de 1955 en la huelga por el diferencial azucarero, marcada en la capital avileña por el apoyo de la juventud y los estudiantes mediante el cierre de centros escolares y comerciales, además, la colocación de obstáculos para interrumpir la circulación vial. Su presencia también fue relevante en los preparativos de la huelga del 9 de abril de 1958 junto a varios compañeros, entre ellos, Eleodoro Pérez, Abelardo Palmero, Orlando Hernández y el mártir Cloroberto Echemendía.

Luego de esa gesta, el peligro le acechaba con intensidad, y buscó su incorporación al Ejército Rebelde, cuya columna invasora número 8, Ciro Redondo, ya operaba en tierras espirituanas.

Ingreso a la columna

Al encontrar a los rebeldes, la situación no le fue fácil a Onelio y a los jóvenes que lo acompañaban. Según testimonio del comandante Armando Acosta Cordero, el contacto se produjo en la zona conocida como Algarrobo. La imberbe figura aparentaba menos años de los que tenía, afirma el jefe rebelde, quien a la vez apreció en él seguridad y persistencia al intentar su ingreso a la columna.

Los revolucionarios no podían aceptarlos de momento por la carencia de armas, pero el avileño y sus acompañantes insistieron. Ante la solicitud hecha por Acosta al comandante Ernesto Che Guevara, este aceptó. Onelio Hernández Taño muy pronto demostró pericia en las tomas de Jatibonico, Guasimal y Sancti Spíritus. Así gana el más alto galardón que alcanza un hombre de esta columna: la confianza y el respeto del Che, quien lo asciende a Primer Teniente.

Con el triunfo de la Revolución, el novel oficial llega a La Habana, donde forma parte del Regimiento de la Cabaña, donde ocupa el primer puesto en la guarnición del lugar y es ascendido a Capitán.

Impregnado por las ideas del Che, aprovechó ese tiempo para aumentar su superación cultural en las noches, pero muy pronto surgió una nueva tarea. El Comandante Guevara lo llamó para cumplir una misión internacionalista en Nicaragua, país que se encontraba bajo la dictadura de Anastasio Somoza.

Ante la propuesta no tuvo la menor duda, incluso, en visita a su familia pronunció una frase que sus hermanos no olvidan: “Cuando un revolucionario da una palabra, la cumple aunque le cueste la vida”.

Viaje a la historia

En mayo de 1959 llega a tierras hondureñas, donde se asentaron las fuerzas que luego penetrarían en Nicaragua. De los tres campamentos establecidos, le corresponde dirigir el que se hallaba en la hacienda Las Lomas. Por sus méritos alcanza los grados de Comandante, pero el momento demandaba fuertes tensiones. El presidente Ramón Villeda Morales apoyaba al movimiento, sorteaba presiones de su ejército y de una comisión de la OEA, que inspeccionó la zona donde permanecían los revolucionarios.

A mediados de junio los guerrilleros entran a la tierra nica. Las condiciones del tiempo eran totalmente desfavorables, por intensas lluvias que retrasaban la marcha. Un hecho curioso acontece el día 21 cuando un joven de débil complexión física y afectado por la miopía se incorpora al grupo. Onelio piensa que por sus características sería un problema para la tropa.

El cubano adoptaba una actitud semejante a la que sufrió cuando quería sumarse, en la Isla, a los rebeldes y no lo aceptaban por su delgadez y poca edad. Ahora el afectado era Carlos Fonseca Amador, quien en definitiva, logró su incorporación, y dio pruebas suficientes de resistencia al convertirse con posterioridad en líder del Frente Sandinista de Liberación Nacional.

Pero las horas de Onelio y varios de sus compañeros estaban contadas. Al amanecer del 24 de junio se informa la deserción de dos guatemaltecos, a quienes fue imposible capturar. Esa traición se sintió con más fuerza al mediodía, cuando la retaguardia guerrillera recibió el impacto del ejército hondureño, que entabló un feroz combate destinado a exterminar a la mayoría de los revolucionarios.

La defensa fue tenaz, mas no hubo chance de escape. Los rebeldes fueron masacrados, y los sobrevivientes, sometidos a cuanto vejamen fuera posible.

Muerte

El muchacho de Ciego de Ávila, con apenas 22 años, disparó hasta que ráfagas enemigas lo hirieron de gravedad, y luego una granada marcó su final físico, el 24 de junio de 1959 en la región fronteriza de Nicaragua conocida como El Chaparral. Con el lamentable suceso, Ciego de Ávila aportaba a la historia su primer mártir internacionalista luego del triunfo de la Revolución.
No se preocupen por mí, ya yo lo hice todo, no hay remedio, continúen ustedes”.
Así le dijo a su jefe, el Comandante Rafael Somarraba, quien fue testigo de sus últimos minutos durante el fatídico hecho conocido como la masacre de El Chaparral. Esa frase, combinada con la dicha a sus hermanos sobre el cumplimiento del deber, evidencia que la palabra de personas como Hernández Taño sigue viva y en pie 50 años después.

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