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Renato Zanelli

Renato Zanelli
Información sobre la plantilla
Renato Zanelli.jpg
Datos generales
Nombre real:Renato Zanelli Morales
Fecha de nacimiento:1 de abril de 1892
Valparaíso Bandera de Chile Chile
Fecha de fallecimiento:25 de marzo de 1935
Santiago de Chile Bandera de Chile Chile
Información artística
Tipo de voz:Barítono, Tenor
Instrumento(s):Voz

Renato Zanelli. Barítono y luego Tenor chileno de una fructífera carrera como cantante de ópera.

Síntesis biográfica

Nacido en Valparaíso el 1 de abril de 1892. En 1894, cuando Renato tenía dos años de edad, sus padres decidieron llevarlo a Europa junto a cuatro de sus hermanos por lo que su madre se estableció en Italia a fin de darle a sus hijos una educación de nivel europeo, propia de la posición social y económica que disfrutaban.

Cuando tuvo edad suficiente, estudió primero en la Escuela Comercial de Neufchatel (Suiza) y luego en Turín (Italia), destacándose como un buen estudiante y por su afición a los idiomas. Hablaba perfectamente, además del español, italiano, francés, inglés y alemán.

Volvió a Chile y en 1913, al cumplir los 21 años, se incorporó al ejército para hacer el Servicio Militar, y destinado a un regimiento de artillería en Santiago, conoció a Luisa Roldán Lütjen (1896-1981), hermana de un compañero de armas, con la que se casó en 1915.

Su primer hijo, al que llamaron Mario Ottorino, falleció prematuramente con un año de edad. La pareja tuvo más adelante dos hijas: Marta (1918) y María Amelia (1921).

Estudió canto con el maestro Angelo Querzé, quien “coloca” su voz en la cuerda de barítono.

Debutó el 21 de septiembre de 1916, en el Teatro Municipal de Santiago, como ‘Valentín’ en Fausto, de Gounod. Los artistas que lo acompañaron en su debut fueron: el célebre tenor chileno Pedro Navia (Fausto), la soprano Juanita Caracciolo (Margarita) y el bajo Giuseppe Quinzi-Tapergi (Mefistófeles). Se repitió el día 27 y luego la cantó en Valparaíso, el 6 de octubre. La crítica pronosticó:

“Renato Zanelli demostró que tiene sobradas condiciones para figurar con brillo en el teatro lírico” (“El Mercurio” de Valparaíso).

Como no veía mucho futuro en su patria, siguió los consejos de su maestro Querzé y decidió tentar a la fortuna en los Estados Unidos. Llegó a Nueva York en octubre de 1918 y Querzé hizo que lo escuchara un colega y viejo amigo, el bajo valenciano Andrés Perelló de Segurola.

Después de oírlo, Segurola le prometió llevarlo ante el Director del Metropolitan, Giulio Gatti-Casazza, pero le aconsejó que antes se diera a conocer al público estadounidense para lo que le organizó una gira de conciertos por la costa este de los Estados Unidos que cumplió con singular éxito.

A su regreso a Nueva York sus amigos le habían conseguido la ansiada audición en el Metropolitan. Gustó de inmediato y le ofrecieron un contrato por cuatro años. Era el primer sudamericano que se contrataba en el Metropolitan y el barítono más joven de todos, con sólo 27 años de edad.

Antes de debutar en el teatro aceptó un contrato para grabar veinte discos con la compañía “Victor”, con la que entre los meses de septiembre y octubre grabó los nueve primeros aunque su publicación se postergó esperando el resultado de su debut en el teatro.

Debutó en el Metropolitan de Nueva York el 19 de noviembre de 1919 como ‘Amonasro’ en Aida. Con un reparto realmente espectacular: la soprano Claudia Muzio fue ‘Aida’, la mezzo Gabriella Besanzoni fue ‘Amneris, el tenor Giovanni Martinelli hizo de ‘Radamés’ y la dirección de la orquesta estuvo en la batuta de Roberto Moranzoni.

La recepción del público fue cordial, pero la crítica no tanto:

“Zanelli tiene una buena ‘voz de salón’ pero por completo inadecuada a los roles de peso programados”.

Durante el resto del año cantó varios conciertos en el teatro neoyorquino, y el 23 de enero de 1920 tuvo la oportunidad de cantar el ‘Tonio’ en Payasos junto a Enrico Caruso, que hacía el ‘Canio’ y Claudia Muzio, que era ‘Nedda’.

El 26 de enero cantó como ‘Don Carlos’ en La fuerza del destino nuevamente con Caruso, que esta vez hacía de ‘Don Álvaro’, y por primera vez con Rosa Ponselle, que fue ‘Leonor’, Gabriella Besanzoni que hizo de ‘Preciosilla’ y José Mardones, que dio vida al ‘Padre Guardián’.

En abril y mayo cantó algunos conciertos en La Habana y luego realizó una gira por Canadá regresando a Estados Unidos. En los meses de verano de 1920, participó en varias funciones de ópera al aire libre en la Ravinia Park de Chicago y luego realizó una nueva gira de conciertos por diversas ciudades estadounidenses. Los meses siguientes, de septiembre hasta febrero de 1921, estuvieron dedicados a numerosas giras de conciertos a lo ancho y largo de los Estados Unidos.

Durante la temporada del Metropolitan 1920-1921 no le dieron muchas oportunidades al joven barítono. Cantó solamente cuatro veces y el artista culpaba de ello a la abierta oposición que le presentaban los otros barítonos establecidos en el teatro, además de los recientemente incorporados Giuseppe Danise y Titta Ruffo.

El 13 de septiembre de 1921 realizó su sesión de grabación n° 15, que fue la final en los estudios “Victor” de Nueva York, en la que grabó la romanza “Tu non mi vuoi più ben” original del barítono Antonio Pini-Corsi. Con ella expiró su contrato, que no le renovaron.

El 24 de febrero de 1922 lo llamó con urgencia Gatti-Casazza para reemplazar al indispuesto Giuseppe Danise en una función de Payasos siendo sus compañeros en esta ocasión la soprano valenciana Lucrezia Bori (Nedda), el tenor costarricense Manuel Salazar (Canio) y el barítono Vincenzo Reschiglian (Silvio), dirigiendo Roberto Moranzoni.

Al día siguiente, volvió a reemplazar a Danise, junto a Geraldine Farrar (Margarita), Giovanni Martinelli (Fausto) y León Rothier (Mefistófeles).

El 9 de marzo cantó Aida con Claudia Muzio, Julia Claussen, Manuel Salazar y José Mardones. Estas tres funciones fueron las únicas que cantó en el teatro neoyorquino en la temporada 1921/22. En mayo de 1922 lo contrató la “Scotti Grand Opera Company” cantando con ella en varias ciudades de los Estados Unidos.

Terminados estos compromisos y añorando a su familia, se embarcó de regreso a Chile. En Valparaíso dio un concierto el 14 de julio, en el Teatro Victoria, el que luego repitió en Santiago el 17 de julio, en el Teatro Municipal. El éxito hizo que lo llamaran para realizar tres conciertos más en Santiago y otro en Valparaíso.

Acompañado de toda su familia regresó a Nueva York donde durante los meses de diciembre de 1922 y abril de 1923 cantó en el Metropolitan El trovador, Payasos y Aida. La función de Aida del 21 de abril de 1923 fue la última vez que cantó en dicho teatro.

Después de dar algunos conciertos volvió a Chile. En Valparaíso cantó una función de Payasos en el Teatro Victoria y luego partió para una corta gira de conciertos por Uruguay y Argentina.

El 10 de agosto lo invitó el Teatro Colón de Buenos Aires para participar en una velada en memoria del recientemente fallecido Presidente de los Estados Unidos Warren G. Harding.

De regreso en su patria, se dedicó a dar varios conciertos en Valparaíso, Temuco, Valdivia y Osorno, y de regreso en Santiago, en el Teatro de la Comedia.

La empresa que dirigía ese año la temporada lírica en el Teatro Municipal lo invitó para actuar en una función extraordinaria de Rigoletto, en 1923, junto a Elena Gagliasso (Gilda), Salvatore Salvati (Duque), Magdalena Bertola (Magdalena) y Luigi Ferroni (Sparafucile), dirigiendo Giulio Falconi.

Luego cantó en el Teatro Victoria de Valparaíso el 26 de septiembre Aida con Bianca Scacciati (Aida), Elvira Casazza (Amneris), Nino Piccaluga (Radamés) y Luigi Ferroni (Ramfis), dirigiendo Falconi.

El 27 de septiembre cantó Rigoletto con el mismo reparto de Santiago. Esta función de Rigoletto fue la última que realizó en su vida, como barítono, en una ópera completa.

Luego regresó a los Estados Unidos para cumplir con unos compromisos de conciertos. Su último recital fue al aire libre, en el Central Park de Nueva York, el 28 de octubre de 1923 y consistió en arias y dúos de Otelo con el gran tenor portorriqueño Antonio Paoli.

Renato Zanelli permaneció en el Met durante cuatro temporadas cantando únicamente seis roles. Entre 1919 y 1923 se presentó 31 veces en dicho escenario, de las cuales 17 fueron funciones de óperas y el resto 2 galas y 12 conciertos. Con justa razón se sentía frustrado y decidió buscar otros horizontes.

De barítono a tenor

Desde hacía algún tiempo germinaba en su cabeza una idea: la de transformarse en tenor. El maestro Arturo Toscanini le había manifestado algún tiempo atrás su convicción de que su voz era de tenor, “demasiado clara para barítono” y le había recomendado viajar a Italia para estudiar en la nueva cuerda.

En Milán, los maestros Dante Lari y Tanara coincidieron con la opinión de Toscanini y le aconsejaron cambiar su registro. Es así, como al poco tiempo, se produce su debut como tenor en el Teatro Politeama Giacosa de Nápoles, el 28 de octubre de 1924, como ‘Alfredo’ en La traviata.

En el mismo teatro y reemplazando a Antonio Melandri, cantó su segundo rol de tenor, el de ‘Raúl’ en Los hugonotes. En diciembre de 1924 repitió con éxito como ‘Alfredo’ en el Teatro Comunale de Trieste.

Por entonces conoció al empresario Amedeo Indelicato quien se convirtió en su representante, que también fuera de Miguel Fleta. Este le consiguió varios contratos para cantar durante 1925 en diversas ciudades italianas.

En junio de 1926 se embarcó rumbo a Sudamérica formando parte de una compañía lírica contratada para el Teatro Colón de Buenos Aires y el Teatro Lyrico de Rio de Janeiro.

Su debut en el Colón fue el 11 de julio de 1926 como ‘Manrico’ en El trovador .

La segunda presentación del tenor en el Colón fue el 14 de julio, en una función homenaje a la República Francesa en su Día Nacional. Se representó El barbero de Sevilla con Titta Ruffo, Graziella Pareto y Roberto D’Alessio, dirigiendo Santini.

Durante los meses de agosto y septiembre de 1926 cantó en el Teatro Lyrico de Rio de Janeiro, Payasos con Rosetta Pampanini, Benvenuto Franci y Gino Vanelli, dirigiendo Santini; y Nerone, de Arrigo Boito, con Giannina Arangi-Lombardi, Luisa Bertana, Benvenuto Franci y Ezio Pinza, bajo la dirección de Marinuzzi, alternándose con Aureliano Pertile.

De regreso en Italia, cantó en octubre y noviembre en el Teatro Dal Verme de Milán su primera ópera de Wagner, Lohengrin, en italiano, y luego el rol de ‘Fausto’ en Mefistófeles.

Comenzó 1927 con una gira a Egipto, durante los meses de enero y febrero, cantando en El Cairo y Alejandría las óperas Otelo, Aida, La africana y Mefistófeles.

De regreso en Europa, triunfó en Montecarlo en el mes de marzo, con Otelo y Tosca y luego repitió Otelo, durante los meses de abril y mayo, en las ciudades de Fiume, Niza y Ancona.

El director de orquesta Leopoldo Mugnone fue el factor decisivo que intervino en este momento su carrera. Mugnone le había escuchado cantar el Otelo en 1925 y, habiendo dirigido en el pasado a Francesco Tamagno y Giovanni Zenatello, le ofreció prepararlo para el papel del Moro, cosa que Zanelli aceptó y canceló todos sus contratos. Fueron tres meses de intenso estudio y dedicación absoluta.

A fines de octubre, Mugnone pensó que ya estaba preparado y le consiguió su presentación como ‘Otelo’ en el Vittorio Emanuele de Turín, el 17 de noviembre de 1927 papel del que cantaría cinco funciones. Su popularidad creció día a día y lo llamaron para cantar este personaje el 30 de diciembre en Módena, el 21 de enero en Piacenza, el 10 de febrero en Mantua, el 11 de marzo en Nápoles y nuevamente en Piacenza el 20 de mayo.

Aclamado por la crítica como el legítimo sucesor de Tamagno y Zenatello, lo contratan para el Covent Garden de Londres, debutando con Otelo el 11 de junio de 1928 junto a Miriam Licette (Desdémona), Giovanni Inghilleri (Iago), Olga de Franco (Emilia), Salvatore Baccaloni (Ludovico) y la dirección de Vincenzo Bellezza.

El 6 de septiembre de 1930 cantó la primera de 8 representaciones de Otelo en el Petruzzelli de Bari, con Lina Bruna Rasa y Enrico De Franceschi, para luego cantar diez funciones más en el Politeama Chiarella de Turín, a partir del 15 de noviembre, con Emma Lattuada y Vincenzo Guicciardi.

El 11 de diciembre de 1930 logró una de las grandes aspiraciones de todo artista, debutar en el Teatro alla Scala de Milán. La ópera fue Tristán e Isolda y cantó seis funciones con Giuseppina Cobelli, Ebe Stignani, Luigi Rossi-Morelli y la dirección de Víctor de Sabata. Su interpretación fue unánimemente aclamada. En el mismo escenario milanés presento “Lo Straniero”, el 8 de enero de 1931 con el mismo reparto de Roma, excepto la soprano que fue en esta ocasión la joven Maria Caniglia. Continuaron sus 'exitos y presentaciones durante 1931, 1932, 1933 hasta que en febrero de 1934 regresa a los Estados Unidos. Aunque se sentía cansado y le faltaban las fuerzas en muchas ocasiones, tenía contratos firmados para cantar óperas y conciertos, sin embargo, su enfermedad le impidió dar cumplimiento a la mayor parte de sus contratos y sólo lo oyeron en unos pocos conciertos y en radio.

Muerte

Consultó varios médicos que le diagnosticaron un tumor que debía operarse de inmediato. Ellos sabían que era un cáncer pero ocultaron la verdad al cantante. El tenor pospuso la operación, pues quiso volver a Chile con los suyos. En noviembre de 1934 regresó a Santiago siendo la sombra del hombre que todos conocían porque la enfermedad había producido estragos en su otrora fuerte figura.

Le costaba un enorme esfuerzo moverse, pues los dolores eran muy agudos y, si lo hacía, era afirmado en alguien o apoyándose en los muebles. Visitó varios médicos y le aconsejaron hospitalizarse con urgencia y se internó en el pensionado del Hospital San Francisco de Borja, donde su incurable dolencia siguió avanzando y minando las energías del cantante. Finalmente fue sometido a una operación de los riñones, pero su debilitado organismo no resistió la intervención y falleció bajo los efectos de la anestesia, una semana antes de cumplir los 43 años de edad. Murió en Santiago de Chile el 25 de marzo de 1935. Sus restos reposan en la sepultura familiar de su padre político, Alcibíades Roldán, a pocos metros de la entrada principal del Cementerio General de Santiago de Chile. Dos calles de Santiago perpetúan la memoria del gran cantante.

Fuente