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}}'''El pescador y su esposa'''. Clásico cuento escrito por los [[Hermanos Grimm]], sobre un esposo que al cumplir fielmente los deseos de su esposa, terminan viviendo en la pobreza, donde siempre lo han hecho. Muestra que la ambición sin medida ni respeto, sólo conduce a la desgracia. Este cuento aparece adaptado por José Martí en "La Edad de Oro" con el título "El Camarón encantado"Los personajes principales son Loppi el pescador y Massicas que significa fresa agria, y el camarón encantado.
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==Cuento==
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«'''El pescador y su esposa'''» es un clásico cuento de hadas recopilado por los [[Hermanos Grimm]] como «cuento n.º 19».
  
Una  vez  había  un pobre  pescador, pescando  con su caña a  la orilla  del mar. Sintió  de pronto  que la cuerda se hundía  con mucha  fuerza, tiró de  la caña  y  sacó prendido  del anzuelo  un precioso  pez  dorado.
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Trata sobre un esposo que al cumplir fielmente los deseos de su esposa, termina viviendo en la pobreza, como siempre lo hizo. Muestra que la ambición sin medida ni respeto, solo conduce a la desgracia.
  
En  el  momento  en que  el  pescador  cogía  el  pez  en  sus  manos,  oyó con  asombro  el  buen  hombre  que el pez  le  decía:
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Los hermanos Grimm tomaron este cuento del folclore de la región de [[Pomerania]] (en Alemania).
  
-''Escucha  pescador, no  me  mates.  Yo  no  soy  un pez  de verdad; soy  un  príncipe  encantado.  Déjame volver  al  agua  y algún  día  yo  podré hacerte  grandes  favores. ''
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Hacia el final de los cuentos de los Hermanos Grimm, la anciana se convierte en papisa (un indicio de la mítica «papisa Juana», del siglo IX) y busca convertirse en una diosa.
  
-''No  digas  más'' -dijo el  pescador- ''te dejaré  ahora mismo.  No  quiero  tratos  con  peces  que  hablan. Y el pez  dorado  volvió  al agua  y desapareció. ''
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Una versión más antigua de la trama es el cuento de hadas indio «el pez dorado», en que el pez dorado es el poderoso espíritu submarino de Jala Karman (literalmente ‘actividad en el agua’ o ‘pesca’). Ese cuento no aparece en los dos libros de fábulas indios ''[[Pañcha-tantra]]'' y ''[[Jitopadesha]]''.
  
Volvió  el pescador a  su  cabaña  y le  contó  a  su  mujer todo  lo  que  le  había  pasado  y las  palabras  que  el  pez había  dicho.
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Este mismo tema fue utilizado por el escritor ruso [[Aleksandr Pushkin]] (1799-1837) en su poema «La leyenda del pescador y el pez» (escrito el 2 de octubre [14 de octubre según el calendario gregoriano] de 1833, y publicado en la revista literaria ''Biblioteka dlya Chteniya'' [‘biblioteca de lectura’] en mayo de 1835).
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En la primera versión manuscrita del relato de Pushkin, la anciana estaba sentada sobre la [[Torre de Babel]], y tenía una tiara papal.
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Esa fábula folclórica se hace eco del cuento popular ruso «La vieja ambiciosa» (donde un árbol mágico actúa en lugar de un pez).
  
La mujer,  que  era  bastante  avariciosa,  le  preguntó  con mal  genio:
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Este cuento aparece adaptado por [[José Martí]] en ''[[La Edad de Oro]]'' con el título «[[El camarón encantado]]».
  
-''Y  tú, tonto, ¿no  le pediste  nada? ''
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La escritora británica [[Virginia Woolf]] (1882-1941) en su quinta novela, ''To the Lighthouse'' ''(Al faro'', 1929), hace que el personaje de la Sra. Ramsey le lea una versión de este cuento a su hijo James.
  
-''¿Qué  querías  que  le pidiera? ''
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La novelista estadounidense [[Ursula LeGuin|Úrsula LeGuin]] (1929-2018) menciona esta leyenda en su novela ''The Lathe of Heaven'' ''(La rueda celeste'', 1971).
  
-''¡Es  que  no  te has  dado  cuenta  de esta  cabaña  miserable  en que  vivimos?  Anda, vuelve  y dile  al pez que  deseamos  una  buena  casa. ''
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El novelista alemán [[Günter Grass]] (1927-2015) basa vagamente en esta fábula su novela ''The Flounder'' (''El [[lenguado]]'', 1977).
  
[[Image:Cuento_el_pescadoryesposa1.JPG|thumb|left|180px|Imágenes del pecesito]]Volvió  el pescador  de mala  gana  a  la orilla  del mar solo  por  complacer  a su mujer, y dirigiéndose  al  agua  dijo:
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''[[Teatro Nacional de Guiñol|Polichinela]] y el pez mágico'' es la versión del pintor, dibujante, animador y escenógrafo italiano Emanuele Luzzati (1921-2007).
  
-''Pececito  dorado, mi  buen  amigo, ¿quisieras  concederme lo  que  te pido? ''
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== Texto del cuento==
  
Asomó  el pez  la cabeza  al momento  y preguntó:
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Tomado de la traducción ''Cuentos escogidos de los Hermanos Grimm'', de José Sánchez Biedma (1879).
  
-''¿Ya estás de vuelta? ¿Qué es lo que deseas? ''
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{{sistema:cita|Una vez había un pobre pescador, pescando con su caña a la orilla del mar. Sintió de pronto que la cuerda se hundía con mucha fuerza, tiró de la caña y sacó prendido del anzuelo un precioso pez dorado.<br>En el momento en que el pescador cogía el pez en sus manos, oyó con asombro el buen hombre que el pez le decía:<br>―Escucha pescador, no me mates. Yo no soy un pez de verdad; soy un príncipe encantado. Déjame volver al agua y algún día yo podré hacerte grandes favores.<br>―No digas más ―dijo el pescador―, te dejaré ahora mismo. No quiero tratos con peces que hablan.<br>Y el pez dorado volvió al agua y desapareció.<br>Volvió el pescador a su cabaña y le contó a su mujer todo lo que le había pasado y las palabras que el pez había dicho.<br>La mujer, que era bastante avariciosa, le preguntó con mal genio:<br>―Y tú, tonto, ¿no le pediste nada?<br>―¿Qué querías que le pidiera?<br>―¡Es que no te has dado cuenta de esta cabaña miserable en que vivimos? 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Anda y pídeselo al pez.<br>El pescador se fue al mar de mal humor, solo por complacer a su mujer, y cuando llegó a la orilla dijo:<br>―Pececito dorado, mi buen amigo, ¿quisieras concederme lo que te pido?<br>Apareció el pez como la vez anterior.<br>―Ya estoy aquí, ¿qué es lo que quieres? ―preguntó.<br>―Mira, querido príncipe, yo lo siento mucho, pero mi mujer quiere vivir en un gran castillo.<br>―Vuelve a tu casa ―dijo el pez― y tu mujer estará contenta.<br>Cuando llegó el pescador a su casa, entró en un soberbio castillo de piedra con grandes campos y grandes salones y muchos criados. La mujer estaba vestida como una gran dama.<br>Aquella noche se durmió tranquilo, con la seguridad de que su mujer se sentiría completamente feliz. Pero por la mañana muy temprano lo despertó su mujer y le dijo:<br>―Anda, levántate pronto. He pensado que tenemos que llegar a ser los reyes de este país. Anda y díselo a tu amigo.<br>―Pero, mujer ―contestó el pescador―, ¿no tienes bastante? 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Eso es imposible, ¿qué dirá de nosotros?<br>―No hables más y haz lo que te ordeno.<br>El pobre pescador se sintió tan desgraciado, que echó a andar casi sin darse cuenta de lo que hacía. Llegó a la orilla del mar y llamó con voz llorosa:<br>―Pececito dorado, mi buen amigo, ¿quisieras concederme lo que te pido?<br>―¿Qué es lo que quiere ahora tu mujer? ―preguntó el pez.<br>―¡Ay!, amigo mío, ahora quiere ser señora del [[Sol|sol]] y de la [[Luna|luna]].<br>―Vuelve a tu casa, pobre amigo. Ya verás lo que merece la soberbia de tu mujer.<br>A su regreso, el buen pescador encontró a su mujer a la puerta de la cabaña donde habían vivido siempre. Y allí continuaron viviendo.}}
  
-''Mira, mi mujer  me  ha  dicho  que  te pida  algo.  Ella no  quiere  vivir  en  nuestra  choza  y desea  una  casita  de campo. ''
 
 
-''Está bien.  Vuelve  a  tu casa. ''  -dijo  el pez.
 
 
Cuando  el pescador  llegó  a su casa  la encontró convertida  en  una  preciosa  finca  con  jardines  y  [[Árboles frutales|árboles  frutales]]  y toda  clase  de comodidades.
 
 
El buen  hombre  abrazó  a su mujer  contentísimo, pero  al  cabo  de unas  semanas  la mujer  dijo:
 
 
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-''Mira, querido  príncipe,  yo  lo  siento  mucho,  pero  mi mujer  quiere  vivir  en un  gran  castillo. ''
 
 
-''Vuelve  a  tu casa ''  - dijo  el pez- ''y  tu mujer  estará contenta. ''
 
 
Cuando  llegó  el pescador  a su casa,  entró  en un soberbio  castillo  de piedra  con grandes  campos  y grandes  salones  y muchos  criados. La mujer  estaba  vestida  como  una  gran  dama.
 
 
Aquella  noche  se  durmió  tranquilo,  con  la  seguridad  de que  su mujer  se  sentiría  completamente  feliz. Pero  por la mañana  muy temprano  lo despertó  su mujer  y le  dijo:
 
 
-''Anda, levántate  pronto.  He  pensado  que  tenemos que  llegar  a  ser  los  reyes  de  este  país.  Anda  y  díselo  a  tu amigo. ''
 
 
-''Pero, mujer''  - contestó el pescador- ''¿no tienes bastante?  A mí no me gustaría  ser  rey. ''
 
 
-''Yo  sí que  quiero.''  -dijo  la mujer- ''Haz  lo que  te digo  y no seas  perezoso. ''
 
 
El pobre hombre se puso en camino, muy triste porque  su mujer  no estaba  nunca  satisfecha.  Cuando llegó  a la  orilla  del mar,  llamó  como  siempre:
 
 
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El  pobre  pescador  volvió  a  la  orilla  del mar y  llamó otra  vez,  con  voz  apagada  por  el miedo:
 
 
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Pero  a  la  mañana  siguiente,  en  cuanto  se  levantó  la mujer,  miró por la ventana  llena  de sol,  llamó  a su esposo  y le dijo:
 
 
-''Soy  emperatriz,  pero no puedo disponer  que  salga  o no  salga  el  sol.  El  sol  sale  sin  mi  permiso,  y eso no me  gusta.  Ve  a decirle  a  tu amigo  que  quiero  mandar  en el  sol  y en  la  luna. ''
 
 
-''Pero  ¿estás  loca?  Eso  es  imposible,  ¿qué  dirá  de nosotros? ''
 
 
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El  pobre  pescador  se sintió  tan desgraciado,  que echó  a andar  casi  sin darse  cuenta  de lo que hacía. Llegó  a la orilla  del mar  y llamó  con  voz  llorosa:
 
 
-''Pececito  dorado, mi buen  amigo, ¿quisieras  concederme lo que  te pido? ''
 
 
-''¿Qué  es  lo  que  quiere  ahora  tu mujer? ''  -preguntó el pez.
 
 
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A su  regreso,  el  buen  pescador  encontró  a  su  mujer a  la  puerta  de  la  cabaña  donde  habían  vivido  siempre. Y allí  continuaron  viviendo.
 
 
==Enseñanza==
 
==Enseñanza==
'''''La ambición sin medida ni respeto, sólo conduce a la desgracia '''''.
 
 
==Fuentes==
 
 
*Almendros, Herminio. (2009). ''Había una vez''. La Habana: Editorial Pueblo y Educación.
 
*Martí, José. La Edad de Oro. La Habana: Editorial Gente Nueva, 1983.
 
  
==Enlaces externos==
+
La ambición sin medida ni respeto solo conduce a la desgracia.
  
*[http://www.cubaliteraria.cu/articulo.php?idarticulo=9436&idseccion=19 Había una vez: un libro que nunca muere]
+
== Fuentes ==
  
 +
* [[Almendros, Herminio]] (1898-1974): ''Había una vez''. La Habana: Editorial Pueblo y Educación, 2009.
 +
* [[Martí, José]]: ''[[La Edad de Oro]]''. La Habana: Editorial Gente Nueva, 1983.
 +
* [http://www.cubaliteraria.cu/articulo.php?idarticulo=9436&idseccion=19 «Había una vez: un libro que nunca muere»], artículo publicado en el sitio web [[Cuba Literaria]] (La&nbsp;Habana).
  
[[Categoría:Cuentos]]
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[[Categoría: Cuentos de Alemania]]
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[[Categoría: Libros del siglo XIX]]
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[[Categoría: Fábulas]]

última versión al 09:56 12 oct 2023

«El pescador y su esposa»
Información sobre la plantilla
Cuento el pescadoryesposa.jpg
Autor(a)(es)(as)Hermanos Grimm
GéneroCuento
PaísAlemania

«El pescador y su esposa» es un clásico cuento de hadas recopilado por los Hermanos Grimm como «cuento n.º 19».

Trata sobre un esposo que al cumplir fielmente los deseos de su esposa, termina viviendo en la pobreza, como siempre lo hizo. Muestra que la ambición sin medida ni respeto, solo conduce a la desgracia.

Los hermanos Grimm tomaron este cuento del folclore de la región de Pomerania (en Alemania).

Hacia el final de los cuentos de los Hermanos Grimm, la anciana se convierte en papisa (un indicio de la mítica «papisa Juana», del siglo IX) y busca convertirse en una diosa.

Una versión más antigua de la trama es el cuento de hadas indio «el pez dorado», en que el pez dorado es el poderoso espíritu submarino de Jala Karman (literalmente ‘actividad en el agua’ o ‘pesca’). Ese cuento no aparece en los dos libros de fábulas indios Pañcha-tantra y Jitopadesha.

Este mismo tema fue utilizado por el escritor ruso Aleksandr Pushkin (1799-1837) en su poema «La leyenda del pescador y el pez» (escrito el 2 de octubre [14 de octubre según el calendario gregoriano] de 1833, y publicado en la revista literaria Biblioteka dlya Chteniya [‘biblioteca de lectura’] en mayo de 1835). En la primera versión manuscrita del relato de Pushkin, la anciana estaba sentada sobre la Torre de Babel, y tenía una tiara papal. Esa fábula folclórica se hace eco del cuento popular ruso «La vieja ambiciosa» (donde un árbol mágico actúa en lugar de un pez).

Este cuento aparece adaptado por José Martí en La Edad de Oro con el título «El camarón encantado».

La escritora británica Virginia Woolf (1882-1941) en su quinta novela, To the Lighthouse (Al faro, 1929), hace que el personaje de la Sra. Ramsey le lea una versión de este cuento a su hijo James.

La novelista estadounidense Úrsula LeGuin (1929-2018) menciona esta leyenda en su novela The Lathe of Heaven (La rueda celeste, 1971).

El novelista alemán Günter Grass (1927-2015) basa vagamente en esta fábula su novela The Flounder (El lenguado, 1977).

Polichinela y el pez mágico es la versión del pintor, dibujante, animador y escenógrafo italiano Emanuele Luzzati (1921-2007).

Texto del cuento

Tomado de la traducción Cuentos escogidos de los Hermanos Grimm, de José Sánchez Biedma (1879).

Una vez había un pobre pescador, pescando con su caña a la orilla del mar. Sintió de pronto que la cuerda se hundía con mucha fuerza, tiró de la caña y sacó prendido del anzuelo un precioso pez dorado.
En el momento en que el pescador cogía el pez en sus manos, oyó con asombro el buen hombre que el pez le decía:
―Escucha pescador, no me mates. Yo no soy un pez de verdad; soy un príncipe encantado. Déjame volver al agua y algún día yo podré hacerte grandes favores.
―No digas más ―dijo el pescador―, te dejaré ahora mismo. No quiero tratos con peces que hablan.
Y el pez dorado volvió al agua y desapareció.
Volvió el pescador a su cabaña y le contó a su mujer todo lo que le había pasado y las palabras que el pez había dicho.
La mujer, que era bastante avariciosa, le preguntó con mal genio:
―Y tú, tonto, ¿no le pediste nada?
―¿Qué querías que le pidiera?
―¡Es que no te has dado cuenta de esta cabaña miserable en que vivimos? Anda, vuelve y dile al pez que deseamos una buena casa.
Volvió el pescador de mala gana a la orilla del mar solo por complacer a su mujer, y dirigiéndose al agua dijo:
―Pececito dorado, mi buen amigo, ¿quisieras concederme lo que te pido?
Asomó el pez la cabeza al momento y preguntó:
―¿Ya estás de vuelta? ¿Qué es lo que deseas?
―Mira, mi mujer me ha dicho que te pida algo. Ella no quiere vivir en nuestra choza y desea una casita de campo.
―Está bien. Vuelve a tu casa ―dijo el pez.
Cuando el pescador llegó a su casa la encontró convertida en una preciosa finca con jardines y árboles frutales y toda clase de comodidades.
El buen hombre abrazó a su mujer contentísimo, pero al cabo de unas semanas la mujer dijo:
―Mira, tenemos tantos animales, que ya esta casa y esos patios y jardines resultan pequeños. Sería mejor para nosotros un gran castillo. Anda y pídeselo al pez.
El pescador se fue al mar de mal humor, solo por complacer a su mujer, y cuando llegó a la orilla dijo:
―Pececito dorado, mi buen amigo, ¿quisieras concederme lo que te pido?
Apareció el pez como la vez anterior.
―Ya estoy aquí, ¿qué es lo que quieres? ―preguntó.
―Mira, querido príncipe, yo lo siento mucho, pero mi mujer quiere vivir en un gran castillo.
―Vuelve a tu casa ―dijo el pez― y tu mujer estará contenta.
Cuando llegó el pescador a su casa, entró en un soberbio castillo de piedra con grandes campos y grandes salones y muchos criados. La mujer estaba vestida como una gran dama.
Aquella noche se durmió tranquilo, con la seguridad de que su mujer se sentiría completamente feliz. Pero por la mañana muy temprano lo despertó su mujer y le dijo:
―Anda, levántate pronto. He pensado que tenemos que llegar a ser los reyes de este país. Anda y díselo a tu amigo.
―Pero, mujer ―contestó el pescador―, ¿no tienes bastante? A mí no me gustaría ser rey.
―Yo sí que quiero ―dijo la mujer―. Haz lo que te digo y no seas perezoso.
El pobre hombre se puso en camino, muy triste porque su mujer no estaba nunca satisfecha. Cuando llegó a la orilla del mar, llamó como siempre:
―Pececito dorado, mi buen amigo, ¿quisieras concederme lo que te pido?
―¿Qué es lo que quieres ahora? ―dijo el pez.
―Mira, perdóname, pero mi mujer quiere ser reina.
―Vuelve a tu casa ―dijo el pez.
Al llegar a su casa vio a su mujer en un palacio, sentada en un trono de oro y rodeada de servidores y de nobles de!a corte.
―Mujer, ya eres reina ―dijo el buen hombre―. Supongo que ya estarás contenta.
―Pues mira, mientras tú regresabas, me he cansado de ser reina y he pensado que me gustaría más ser emperatriz. Anda y pídeselo a tu príncipe encantado.
―Pero eso es imposible. ¿Qué va a pensar de nosotros?
―No hables más. Tienes que ir, porque yo soy la reina y te lo mando.
El pobre pescador volvió a la orilla del mar y llamó otra vez, con voz apagada por el miedo:
―Pececito dorado, mi buen amigo, ¿quisieras concederme lo que te pido?
―¿Qué es lo que quiere ahora tu mujer? ―preguntó el pez.
―Ahora se le ha metido en la cabeza ser emperatriz.
―Vuelve, que ya es emperatriz.
Al llegar a su casa, el buen hombre vio a su mujer con una corona de cerca de dos metros de alto en la cabeza.
―¿Ya estarás contenta? ―le preguntó.
―Sí, creo que sí. Ya soy emperatriz.
Pero a la mañana siguiente, en cuanto se levantó la mujer, miró por la ventana llena de sol, llamó a su esposo y le dijo:
―Soy emperatriz, pero no puedo disponer que salga o no salga el sol. El sol sale sin mi permiso, y eso no me gusta. Ve a decirle a tu amigo que quiero mandar en el sol y en la luna.
―Pero ¿estás loca? Eso es imposible, ¿qué dirá de nosotros?
―No hables más y haz lo que te ordeno.
El pobre pescador se sintió tan desgraciado, que echó a andar casi sin darse cuenta de lo que hacía. Llegó a la orilla del mar y llamó con voz llorosa:
―Pececito dorado, mi buen amigo, ¿quisieras concederme lo que te pido?
―¿Qué es lo que quiere ahora tu mujer? ―preguntó el pez.
―¡Ay!, amigo mío, ahora quiere ser señora del sol y de la luna.
―Vuelve a tu casa, pobre amigo. Ya verás lo que merece la soberbia de tu mujer.
A su regreso, el buen pescador encontró a su mujer a la puerta de la cabaña donde habían vivido siempre. Y allí continuaron viviendo.

Enseñanza

La ambición sin medida ni respeto solo conduce a la desgracia.

Fuentes